Mío
22 de diciembre de 2025, 18:51
Max siempre había sido apartado de todos a lo largo de su vida.
Crecer en una familia disfuncional le había traído problemas para relacionarse con otras personas.
Lo único que conocía era el dolor.
Este pasó de ser sufrimiento a placer cuando descubrió que podría usarse de manera distinta.
Siempre se sintió solo y buscaba algún compañero que sintiera lo mismo que él.
Teniendo las aficiones hacia un dolor placentero, le era difícil encontrar una pareja que compartiera el mismo gusto por este.
Creyó que se quedaría solo al no poder encontrar a alguien que hiciera de su amo.
Le encantaba obedecer, sabía que de esa forma obtendría beneficios por su buen comportamiento.
Se sintió liberado al llegar a la adultez. Pues transformó toda esa obediencia y sufrimiento, en algo que podría disfrutar en el ámbito sexual.
Pero eso era una mezcla peligrosa, principalmente cuando tienes problemas emocionales sin resolver.
Las heridas de su infancia, tan dura como traumática, lo perseguían incluso hasta ese momento.
Deseaba ser perfecto.
Quería ser reconocido por todo. Amado por todos. Adorado por todos.
Por esa razón se aferró a la idea de obtener todo lo que tenía Lewis.
Era su aspiración.
La vida que siempre soñó, el amor que siempre quiso y el reconocimiento que siempre ha anhelado.
Todo eso lo tenía Lewis. Y lo llenó de envidia y resentimiento.
Todas las conversaciones que tuvieron a lo largo de esas últimas semanas en La academia.
Llenas de preocupaciones banales.
¿Cómo Lewis se atrevía a sentirse mal cuando tenía una vida tan perfecta?
Después de aquella noche en el teatro, pasando alrededor de una semana, Max se había convertido en una bomba de tiempo.
Lamentablemente Sergio le estaba prestando más atención a su novio que a él.
Y la idea de que Nico tuviera algo con Sergio también lo estaba matando.
¿Qué tan difícil era entender que Sergio es suyo?
¿Acaso tenía que ser más claro?
Cuando Lewis se disculpó con él por dudar de su amistad, Max sintió algo de complacencia. Pero no lo suficiente para calmar su molestia.
Ese mismo día habían quedado de verse con Sergio en su departamento. Pero, lamentablemente, Lewis lo había apartado de nuevo.
Algunas ideas peligrosas empezaron a invadir su mente.
¿No sería más fácil si Lewis no existiera?
Sentía que, si nunca lograban alejarse de él, Sergio siempre estaría atado al moreno.
Y cuando todo parecía perdido. Cuando su mente comenzó a divagar con la idea de lastimar a aquella persona que le arrebataba lo que más quería; una luz de esperanza apareció cuando Sergio le pidió pasar la tarde juntos.
Carlos y Charles estaban sumamente hartos.
Charles se había encargado de vigilar de cerca lo que hacían aquellos dos.
Su novio no había podido salir de casa en esos días debido a que tenía que cuidar la recuperación de su pie y rostro.
Tuvo que mentir sobre lo que sucedió porque necesitaban tiempo antes de que Sergio moviera más las piezas en su contra.
Lamentablemente para ellos Lewis estaba más que aferrado a su novio. Los últimos días se le notaba una dependencia mucho más grande de la que había tenido los últimos meses.
También se dieron cuenta de que Sergio y Max estaban actuando con más discreción. Así que era más difícil hacer que Lewis los encontrara.
Pero ese día ya se escuchó que se verían esta tarde. Así que avisó a Carlos de cualquier movimiento.
Por su parte, Lance y Fernando habían enfriado toda su relación.
Gracias a la intromisión de Sergio sabían que tenían que tener cuidado de no ser atrapados por alguien más.
Lance convenció a su profesor de que su amigo no diría nada. Omitiendo por completo las amenazas que había recibido.
Los últimos días habían sido un completo infierno para todos ellos. Uno que había sido desatado por aquel a quien llamaban amigo.
Y mientras el grupo de amigos se miraba con recelo y tensión. George se recuperaba de las heridas recibidas por Max.
Cuando fue encontrado llevado a un hospital debido a sus lesiones, tuvo que mentir respecto a lo que le había pasado.
Nadie le creería si mencionaba que Sergio y Max se habían encargado de silenciarlo.
Y si lo decía era muy probable que Lewis se alejara de él, y todo su trabajo, y el terreno ganado entre ambos, se vería perjudicado.
Deseaba tanto hacerlos pagar por lo que le hicieron. Pero sabía que tenía que tener paciencia.
Sergio era muy inteligente. Sabía manejar bien a Lewis, sabía controlarlo y hacerle creer lo que él quería.
Para poder vencerlo, tenían que jugar su mismo juego.
Debían pensar antes de actuar Sergio siempre parecía tener ventaja y la única forma de revelar su verdadera naturaleza era haciendo que Luis lo descubriera por sí mismo.
Pues entendieron que no importaba lo que le dijeran, él siempre que creería en Sergio. Y la única persona que podía develar esta verdad, era el mismo Sergio.
Esa tarde Sergio y Max se encontraban en otro de sus juegos sexuales.
El pelinegro lo había atado a la cama y comenzó a jugar con una pluma sobre su piel.
Max temblaba bajo su toque. Amaban demasiado cuando recibía atención de quien consideraba su amante y amo.
Sergio sabía bien esto y se aprovechaba.
No lo miraba como su pareja, su novio o amante, sino como su perro. Un animal fiel que haría lo que él quería cuando lo necesitara.
Dicho poder alimentaba más su ego.
—Dime lo que más deseas y te lo daré—Comenzó Sergio mientras pasaba el artefacto sobre el cuerpo del rubio, deteniéndose en su miembro para hacerlo temblar.
—A ti, te deseo a ti—Suplico Max y el pelinegro sonrió.
Sergio abrió ligeramente las piernas del rubio y tomo un poco de lubricante antes de comenzar a estimular su entrada.
Max se retorcía bajo su toque. Sentía que moría si no estaba con él.
Poco sabían que los vecinos de Sergio estaban más que dispuestos a que fueran atrapados.
Carlos había llamado a Lewis pidiéndole ayuda porque necesitaba algo de la casa de Sergio y no podía ir debido a su condición.
El moreno, algo frustrado, salió del teatro para ir a auxiliar a su amigo ya que le había afirmado que era una emergencia.
Y mientras Sergio comenzaba a entrar en el cuerpo de su amante, Lewis tomaba la llave de emergencia que esté la había dado hace tiempo y abría la puerta.
Charles llegó y vio cuando Lewis entro al departamento.
Sergio gemía de placer al sentir como Max apretaba su miembro en su interior. Sintiéndose tan embriagado por las sensaciones que se apoderaban de su cuerpo.
El rubio pedía cada vez más, moviendo sus caderas en busca de más contacto.
Lewis se sorprendió con novio a su amigo ahí.
Pero nadie estaba más impactado que Charles al darse cuenta de que el encuentro había sido en otro lado.
El silencio en el departamento era palpable. Definitivamente no había nadie.
Su plan había fallado, Sergio no cometía un error dos veces.
Desde que los atraparon juntos aquel día, el pelinegro le había propuesto a Max que sus encuentros ahora serían en su departamento.
No podía arriesgarse a Lewis los encontrara.
Y mientras el moreno no entendía qué pasaba, Sergio dejaba que todas sus excitación llenara el cuerpo de su amante.
— Carlos me dijo que no estabas así que me apresuré a llegar— Comenzó Lewis mientras regresaba hacia la entrada—No encuentro lo que me pidió, ¿Podrías revisarlo por mí? Tengo que volver al teatro.
Charles se quedó mudo. Pensó que esta vez lo lograrían.
Cuando Lewis se retiró del lugar, entendió que era más difícil lo que pensaba. Sergio no era idiota y mucho menos cuándo se trataba de cuidar su imagen.
Una vez desatado, Max abrazó al cuerpo de Sergio deseando que este siguiera prestandole atención.
Pero se decepcionó un poco cuando lo vio levantándose dispuesto para limpiar el desastre, vestirse y marcharse.
La poca paciencia del rubio era muy obvia.
Sin embargo, volvió a guardar silencio, reconocía a Sergio como su amo y no quería molestarlo.
A la mañana siguiente se dio a conocer una increíble noticia.
Se abrían las audiciones para “La bayadera” las cuales se llevarían a cabo esa misma semana.
Cuando Sergio leyó esta noticia, una sonrisa se dibujó en sus labios.
Sabía bien que todos estarían peleando por el papel de Solor.
Pero ese papel sería suyo a como de lugar.
Y esto solo significaba una cosa, tenía que volver a quebrar a Lewis.
Carlos debía volver a la academia esa misma semana. Se había enterado de todo el asunto con el plan fallido.
Estaba muy desanimado y molesto, y la incertidumbre de poder apoyarse bien en su pie lo estaba matando.
Sin embargo, tenía el apoyo de su pareja quien no dejaba de animarlo y decirle que todo estaría bien.
Observó aquel anuncio con un poco de recelo. No se sentía seguro para hacer la audición, pero todo bailarín desea el papel de su Solor.
Sin que se lo pidieran, Charles inscribió a su novio a la audición y también apuntó su nombre.
Cuando escribía en aquel papel, no pudo evitar disgustarse al observar el nombre de Sergio arriba del suyo y el de Max al lado de este.
Y se entristeció al ver el nombre de Lewis. Sintiéndose culpable por no revelarle la verdad.
Esa mañana pasó todo con tranquilidad. Tanto Carlos como George habían vuelto a la escuela.
Y Sergio aprovechó la tarde para visitar la oficina de su querido profesor Fernando.
Cuando Alonso lo vio entrar, sin siquiera pedir permiso, se tensó inmediatamente.
—Lamento haber interrumpido su tarde, pero necesitamos hablar —Dijo mientras cerraba la puerta.
Fernando lo observó con mucha atención, había algo que no le agradaba en ese joven bailarín.
Más allá de la situación en la que se habían envuelto, no se sentía cómodo con Sergio en ningún sentido.
El pelinegro tomó asiento en la silla frente al escritorio del profesor y sonrío ampliamente.
—¿En que te puedo ayudar? —Fernando intento actuar con normalidad.
—¿Recuerda aquella tarde cuando entré a la sala de ensayos y usted tenía a mi amigo Lance entre sus piernas?— la pregunta tan directa de Sergio lo puso nervioso— Quisiera saber cómo pasó todo eso.
—Eso no es de tu...— Hablo Fernando pero fue interrumpido.
—Solo quiero saber cómo es que un profesor tan respetable se está aprovechando de uno de mis mejores amigos— Continuo Sergio sin siquiera apartar la mirada —Porque si no me responde, tendré que llamar a su padre y contarle todo lo que está haciendo. Conozco bien al señor Lawrence, nos ha invitado de vacaciones con su familia en muchas ocasiones ¿Quiere que lo llame?
Fernando tragó en seco. Sabía que nada bueno podría salir de negarse a hablar.
—No le digas a nadie, por favor—Comenzó el profesor algo avergonzado —Ya no lo estamos haciendo, no tienes por qué exhibirnos si ya lo hemos detenido.
Sergio sonrío ante esto y levantó su mano para mostrar su teléfono grabando el audio, para después detenerlo.
—Gracias por su confesión —El pelinegro se deleitaba con el rostro estupefacto de su profesor —Ahora hablaremos de negocios.
Fernando no sabía que decir. Había sido tan tonto para caer en su trampa.
—Sé que usted estará siendo parte de las audiciones y ayudara a seleccionar los papeles— continuó Sergio mientras intentaba ocultar una sonrisa— Ya tiene a su Solor, dejemos eso en claro.
Sin esperar una respuesta, Sergio se levantó de la silla y salió de la habitación.
Fernando estaba haciendo devorado por sus propias decisiones. Y ahora debía afrontar las consecuencias de sus actos.