ID de la obra: 1533

Stolen Kisses

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Tamaño:
109 páginas, 32.902 palabras, 20 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Promesas vacías

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Cuando Sergio conoció a la famosa parejita de la academia Monier, supo desde el primer instante que Nico era el más fácil de quebrar. Cuando el amor y la atención se ausentan, hasta el mínimo toque de sus labios lo haría ponerse de rodillas frente a él. Sergio se sentía cautivado por el toque de su amante. Nico lo empujó que entraron en una bodega de utilería. El rubio lo arrinconó, dejándolo sin espacio para escapar de su agarre. Había algo especial en Sergio, algo que lo hacía hipnotizante. Algo que lo ataba a él y lo hacía su esclavo. —Se ve que me extrañaste —Sergio se burló de la desesperación del rubio por evitar que se marchara. Max de cierta forma le recordaba a Lewis, pero también a Nico. Era como una combinación extraña de ambos, pero llevada al extremo. Nico habia sido su favorito, se sentía como un adolescente cuando estaba con él. Le recordaba tanto a cuando eran más jóvenes. Lo observó desabrochar sus pantalones y acariciar su miembro sobre su ropa. Algo que hizo que el pelinegro se mordiera el labio. Fue así como el rubio no tardó en deshacerse de la ropa interior y llevar su erección a su boca. El deseo entre ambos no había desaparecido. Y mucho menos el poder de Sergio sobre Nico. Pero Max estaba impaciente. Había perdido de vista a Sergio y no lo encontraba por ningún lado. ¿Se fue? No lo sabía, pero no estaría tranquilo hasta encontrarlo. Llamo a su teléfono una y otra vez. Nada. Era como si se hubiera evaporado en el aire. Así que decidió volver a dentro y continuar con su búsqueda. Observó entre el público y no lo pudo encontrar, si Sergio seguía ahí, entonces lo encontraría entre los pasillos. Por otro lado, Carlos estaba siendo atendido cuando recibió malas noticias. No podría apoyar el pie hasta recuperarse por completo. Ya que uno de los fragmentos de vidrio se había encajado un poco en su pie y les había costado sacarlo. Pero el daño era evidente. Además, tenía un corte en la ceja, un ojo morado y el labio roto. Max era un salvaje. —La hinchazón deberá bajar en unas horas, lo mejor que puedes hacer es descansar y tomar la medicación —Dijo el doctor mientras terminaba de apuntar todo en su libreta. Cuando finalmente termino todo, ambos volvieron a su departamento. —¿Qué haremos? —Pregunto Charles mientras cerraba la puerta. —Me quedaré en casa para recuperarme, pero esto afectará mucho a mi desempeño —Carlos usaba unas muletas para evitar esforzar su pie lastimado —Es una basura. —No, no me refiero eso—Interrumpió su novio —Hablo de Sergio y Max. Principalmente este último, mira lo que te hizo.  ¿Qué no le hará a Lewis si se pone celoso? Me preocupa demasiado. —No tengo idea—Comenzó el español—Pero no te pongas en medio, no podré defenderte si te hace daño. Charles se apresuró a sentarse a su lado. —No me parece lo correcto —Continuó el monegasco— Lewis debe saberlo. —¿Y que pruebas tenemos? No escuchará a nadie, está demasiado amansado por Sergio —Carlos no había podido dejar de pensar en eso—Si hacemos algo, hará todo lo posible por aislar a Lewis. Lo creo capaz de eso y más. —¿Y entonces nos quedamos callados?—Pregunto con cierta molestia. No le agradaba la idea de mentir. —Debemos hacer que Lewis se de cuenta solo, pero sin interferir directamente —Propuso Carlos— Que salga de un ensayo y venga a verlo, seguramente mañana se reunirán de nuevo. Charles asintió un poco desanimado. Sentía que estaban cometiendo un gran error al no afrontar el problema directamente. Solo el tiempo le daría la razón o no. Sin embargo, Lewis no podía estar más desconectado de ese problema. Había retomado su relación con Sergio y se sentía tan animado al saberlo entre la audiencia. Desconociendo por completo las travesuras de su pareja. Quién no dejaba de enredarse con su ex novio. Preparándose para el primer acto, poco sabía que Sergio ya estaba en marcha con eso. El pelinegro gemía de placer al sentir como Nico lo complacía con la boca. El rubio estaba rendido ante los encantos de su antiguo amante. Incluso olvidando por completo los motivos de su visita. —No deberías estar aquí, lo sabes —Susurró Sergio con dificultad— Tienes que volver a casa. —Vuelve conmigo —Suplico Nico mientras todavía lo masturbaba con su mano. —Sabes bien que no puedo —Respondió el pelinegro, pero se percató de la molestia en el rostro del rubio —No por el momento. Debes esperar a que termine el año, una vez libre de Monier podré ir a dónde quiera. Y tú estarás conmigo, si así lo deseas. Sus mentiras envolvieron y cegaron al rubio. Viendo que su respuesta dio efecto, Sergio sonrió ampliamente. Y Nico continuo complaciendolo con la lengua. Tomándolo de sus rubios cabellos para obligarlo a ir más rápido y a su ritmo. Golpeando sus paredes bucales y complicando su respiración. Nico se sintió en el cielo cuando saboreo el resultado de arduo trabajo. Cuando el rubio se levantó del suelo, fue recibido por los brazos del pelinegro. Sintiéndose de nuevo amado por este. Sergio sonrió entre sus brazos, Nico siempre había sido el más fácil de manejar. George caminaba entre los pasillos, hasta que vio una figura conocida dando vueltas como un desquiciado. Se oculto detrás de una columna y observó como el joven Max entraba en desesperación. Pero su vista se desvío cuando vio salir a Nico de una habitación y caminar en dirección hacia Max. Este parecía estar distraído abriendo una que otra puerta, pero la presencia del alemán no paso desapercibida. Max se giro a verlo marcharse. Comenzando a cuestionar si era quien creía que era. Nico no era un desconocido. Desde que estaba en la academia Monier se le destacó por su impecable talento, uno que solo se podía comparar con el de Lewis. Ambos competían por los solos y roles protagónicos. Y lo que parecía ser una competencia sana, poco a poco los fue destruyendo hasta que su relación se esfumó. Nico se cambió a otro academia a mitad de año y ahí fue labrando de nuevo su nombre. Siendo la estrella de esta. Su relación con Lewis siempre fue tan tormentosa como conocida en el medio. Así que su rostro no pasaba desapercibido. Sin embargo, mientras Max cuestionaba la identidad de aquel sujeto, George vio como Sergio salía de la misma habitación. Si ambos querían platicar, encerrarse en un bodega no era algo necesario. Esto lo puso en alerta y comenzó a cuestionarse si debía acercarse a la ex estrella de Monier para obtener más información. Sergio estaba más que tranquilo. Había esquivado tres balas en un solo día. Además, Nico se había marchado con la promesa de no interferir en su relación y esperarlo hasta que salga de la academia. Lewis estaba muy aferrado a Sergio, así que entendía el porque no había podido terminar esa relación. El rubio vio como Sergio se aparecía del mismo lado del que había salido Nico. Su cabeza comenzó a maquinar una idea. Sus sospechas aumentaron y eso le hizo enervar la sangre. El pelinegro se percató de la presencia de su amante, y esto lo puso bastante tenso. Pero rápidamente se tranquilizo. —¿Max? —Pregunto acercándose a él, tenía que actuar con normalidad —¿Qué haces aquí? El rubio se acercó y simplemente cortó la distancia entre ambos, dándose un ligero beso. George rápidamente se apresuró en sacar su teléfono, pero se habían separado para cuando quiso tomarles una foto. —Vamonos—Dijo Max casi rogando. —No puedo—Respondió Sergio—Tengo que irme con Lewis está noche. Es importante. Max renegó con la cabeza. Frustrado y molesto por la situación en la que estaban. Cuando hizo esto, no pudo evitar observar que alguien se estaba ocultando cerca de ellos. —Hay alguien más aquí—Susurró el rubio y rápidamente se acercó hasta donde se encontraba George—Aquí tenemos una rata. George intentaba liberarse de su agarre, pero Max era muy fuerte. —No estoy haciendo nada malo, tengo tanto derecho de estar aquí —Se defendió el castaño —Tanto como ustedes. El pelinegro lo miraba con desprecio. Pero una sonrisa se formó en sus labios. Le había agarrado cierto odio al joven, principalmente por aquella nota. —Leí tu nota—Comenzó Sergio —Si tienes algo que decir sobre mí, que sea a la cara. George trago en seco, pero no se dejaría intimidar. —Tú ni siquiera eres capaz de ser honesto con tu novio—Respondió el castaño mientras intentaba mantenerse sereno—¿O me dirás que puedes ir y decirle todo en la cara? —Max, creo que él necesita una lección —Dijo Sergio mientras mirada con orgullo a su amante—Le gusta mucho hablar de nosotros, quizá sea tiempo de cerrar esa bonita boca. El rubio no lo dudo ni un instante y comenzó a desquitar su enojo con el más joven. Por más que George metiera las manos, era imposible detener a alguien mucho más fuerte que él. Y Sergio solo se limitaba a observar. Una expresión de satisfacción se apoderó de su rostro. Jamás se había sentido tan poderoso. —Ya basta—Ordeno el pelinegro cuando vio que Max comenzaba a patear al joven en el suelo—Es suficiente. Mañana te recompensare. Max camino hacia él y lo tomo de la cintura para juntar sus labios. George se quejaba de dolor mientras se movía lentamente en el suelo. Entonces los vio a ambos tan acaramelados el uno con el otro. —Si te vuelvo a ver cerca de Lewis, no detendre las acciones de Max—Amenazó el pelinegro para después marcharse junto a su amante. El castaño estaba seguro de que el rubio le había fracturado la nariz. Se apresuró en tomar su teléfono y llamar a su amigo para que lo auxiliara. Y después llamo a una ambulancia. Su cuerpo, maltratado y adolorido, no tenía fuerzas para levantarse. —Tienes que irte a casa—Dijo Sergio mientras tomaba sus manos con delicadeza —Mira, te has lastimado y todo por defenderme. Eres realmente perfecto ¿No? El pelinegro sabía muy bien lo que el rubio se moría por escuchar. Su aprobación era como una droga, una muy adictiva para Max. Pero Sergio todavía no comprendía la magnitud de importancia que eso significaba para el rubio. Max se dirigió a casa, y en su mente no había otra cosa que Nico Rosberg. La idea que alguien más le estuviera arrebatando la atención de Sergio lo enfurecia. Sergio era suyo. Solo suyo. No estaba dispuesto a compartirlo más. Ya tenía suficiente con Lewis. Y su paciencia se estaba agotando. Sergio regreso con Lewis a la casa de este y pasaron esa noche juntos. El moreno sentía que todas las cosas se volvían a acomodar al lugar que pertenecían. Finalmente podría respirar en paz. O eso creía.
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