Cortesana
22 de diciembre de 2025, 18:51
Era una mañana diferente, o al menos así lo sentía el príncipe Emilian.
Había regresado triunfante de su aventurera noche. Durmiendo tranquilamente al saber que su amante pasajero no lo reconoció.
Pero mientras sus sirvientes lo vestían, no podía dejar de pensar en lo que sucedió la noche anterior.
Se preguntaba si podría salir de nuevo a buscarlo. Nadie aceptaría que el príncipe tuviera esas preferencias, así que le gustaría ser otra persona una vez más.
Siguió con su rutina de siempre. Aunque esa tarde había decidido ir a cabalgar, hasta que recibió una invitación de su hermana.
La princesa lo invitaba a pasar la tarde en su fiesta de té. Esos eventos no le fascinaban, pero lo haría por su hermana.
Michel estaba un poco nervioso. Se encontraba en medio de aquel salón rodeado de desconocidos.
Hacía tiempo que no tocaba para un evento privado. Sin embargo, debía hacerlo porque podría impulsar su carrera.
Comenzó a tocar el piano, mientras sentía la mirada de la princesa sobre él.
Estaba fascinada con su presencia.
Sonrió para ella y continúo tocando.
Entonces una voz se alzó, anunciando la llegada de alguien especial.
“Su alteza real, el príncipe Emilian”
Michel continúo tocando, pero se detuvo al escuchar esto.
Estaba a punto de levantarse del piano cuando se giró para ver al príncipe.
Entonces sintió que le faltaba el aire.
Emilian no era consciente de la otra persona en la habitación. Estaba centrado completamente en su hermana, a quien siempre quería ver feliz.
—Te ves muy bien, ¿Qué te tiene tan de buen humor? —Pregunto ella mientras ponía su mano en su mejilla—¿Acaso conociste a alguien especial?
—Jane—Dijo en un regaño —Solo creo que es un buen día.
—Me alegra que ambos tengamos un buen día —Comenzó—Hay una persona que quiero presentarte, me encanta su trabajo y creo que también te puede gustar.
Emilian caminaba a su lado, sin percatarse de aquí se estaban acercando.
Michel se levantó rápidamente, aunque era un manojo de nervios.
Sentía que su corazón latía con más velocidad a la par que estos se acercaban a él.
—Señor Michel, le presento a mi hermano, el príncipe Emilian—El rubio finalmente reconoció de quién se trataba, quedándose mudo al instante—Hermano, él es Michel, el compositor del que tanto te hablé.
—Alteza—Michel se apresuró a rendirle pleitesía al príncipe. Pero no era capaz de mirarlo a los ojos.
Emilian estaba en la misma situación. Los recuerdos de lo ocurrido la noche anterior no dejaban de aparecer en su cabeza.
—Un placer—Fue lo único que pudo salir de sus labios.
—Por favor, maravíllenos con su música—Pidió la princesa y Michel no se lo pensó dos veces para volver a su lugar.
El pelinegro tocaba mientras sentía la mirada del rubio sobre él. Así que intentaba ignorarlo con todas sus fuerzas.
—¿Te pasa algo? —La voz de Jane hizo que Emilian regresara su mirada a su hermana—Te siento distraído.
—Tu invitado captó mi atención —Confesó.
—¿En serio? ¿Por qué?
—Su música es exquisita—Mintió, no había estado prestando atención a la música en ese momento.
—Sabía que te gustaría —Ella sonrió.
Cuando la fiesta termino, la princesa se acercó a conversar con Michel. Ella no solo se había sentido cautivada por su música, sino también por su físico.
Sin embargo, el pelinegro solo quería agradarle para obtener su favor. Necesitaba ayuda económica y el apoyo de la princesa le vendría bien.
Emilian no podía quedarse solo viéndolo, necesitaba hablar con él en privado.
Entonces se acercó, interrumpiendo la conversación de ambos.
—¿Vendría a visitarme? —Preguntó la princesa y Michel asintió al notar la presencia de Emilian.
—Vendré las veces que usted desee—Afirmó.
—No deberías agobiar así a tus invitados, Jane—Se burló y ella le dio un pequeño golpe en el brazo.
—Es un placer servir a la princesa—Respondió Michel.
—Yo también soy un príncipe—Le recordó—Y también soy amable, así que déjeme acompañarlo en su camino.
Michel no dejaba de sentirse inquieto. Pero debía mostrar la mejor cara ante ellos.
No podía negarse, así que solo lo siguió. Pero se dio cuenta de que lo estaba alejando de las personas, aislándolo en un pasillo muy lejos de la entrada.
—¿Siempre supiste quien era yo? —Pregunto el rubio mientras se giraba para verlo.
Quería evitar el tema, pero era consciente de que mentir no le serviría de nada.
—No, alteza—Respondió con un nudo en la garganta—Y no diré nada.
—No estoy molesto contigo—Intento tranquilizarlo—Ambos sabemos que lo que hicimos puede traernos graves consecuencias a ambos.
—Lo más apropiado será que no vuelva—Propuso el pelinegro.
—No—Emilian se apresuro a hablar—Eres el invitado de mi hermana. Si te vas sería una falta grave.
—Es extraño hablar con usted de esta forma—Confeso—Cuando anoche practicamos actos que no requerían tanta formalidad.
El príncipe sonrió ante esto.
—¿Por qué lo hiciste? —Comenzó el príncipe—¿Por qué conmigo?
El pelinegro se avergonzó por un momento.
—Lo confundí.
—¿Con quién? ¿Con una cortesana? —Se burlo pensando que eso sería imposible.
Pero su expresión cambio cuando se dio cuenta de que había adivinado sin querer.
—¿Por qué me escogió a mí? —Susurro el pelinegro.
—Porque también te confundí con una cortesana—Respondió con una sonrisa.
Ambos sonrieron ante tal confusión.
Era muy común ver a cortesanas en esa clase de fiestas. Pues son mujeres, en su mayoría, que venden placer a los grandes señores que pueden pagarlo.
—Dudo mucho que desee tener una cortesana—La frase del pelinegro sonaba más como una propuesta.
—Tendría que saber esconderse bien—Le siguió el juego.
—Y la paga debería ser buena—Emilian sonrió ante esto.
—Soy perfectamente capaz de pagar una cortesana.
Michel sonrió listo para marcharse de ahí.
—Entonces encuentre una.
Y cuando estaba a punto de irse, Emilian lo tomo del brazo.
—Ya lo encontré, solo necesito saber si estaría dispuesto a ser mi amante por las noches.
El pelinegro lo miro a los ojos fijamente, quería descubrir algún indicio que lo alarmara de una posible mentira.
—Siempre que no pierda la cabeza—Susurró.
El príncipe volteo a ver a su alrededor, asegurándose de que no hubiera alguien cerca.
Una vez inspeccionada la zona, se acerco al más bajo, lo tomo de la cintura y junto sus labios en un cálido toque.
Michel le parecía atractivo, vivaz y muy interesante. Lo había observado toda la tarde. Era imposible quitarle la mirada de encima.
Lo quería solo para él. Algo finalmente suyo. Y si bien no había amor real entre ellos, sería una relación sincera. Un acuerdo mutuo. Compañía a cambio de dinero.