Afecto y atención
22 de diciembre de 2025, 18:51
Habían pasado días desde su primer encuentro. El príncipe Emilian dedicaba gran parte de su día a dar largos paseos con el compositor.
Michel rápidamente fue reconocido como el favorito de su alteza, pero creyéndose que su lazo era solo de amistad.
Para la princesa era una maravilla tenerlo cerca. Pues solía asistir con frecuencia al palacio y en ocasiones la complacía al tocar en sus fiestas de té.
Pero pronto comenzó a sospechar de que la larga estancia del compositor no estaba relacionada con ella, sino con alguien más.
Pues Michel comenzó a marcar cierto espacio entre ambos, centrando su atención en el hermano de esta.
Pero en la privacidad de las habitaciones del príncipe, ambos dejaban de lado las apariencias para satisfacer sus deseos ocultos.
A veces era solo por placer, pero en ocasiones se dedicaban largas platicas sobre, las cuales casi siempre giraban sobre las preocupaciones del príncipe.
Sin embargo, esto solo demostraba que Emilian había encontrado en Michel alguien de confianza.
Sentía que podía hablar con él de lo que fuera, pero el compositor casi siempre se mantenía callado sobre sus propios problemas.
—Quiero que vengas conmigo—Dijo Emilian mientras acariciaba el cabello de su amante.
—¿A dónde, alteza?—Preguntó Michel mientras se abrazaba al cuerpo de su señor, sintiendo su pecho subiendo y bajando con cada respiración.
—A la caza real, me gustaría que me acompañarás—Emilian nunca había querido imponer su voluntad sobre Michel, siempre dándole la oportunidad de negarse.
—No creo que sea apropiado —Se excuso el pelinegro —No debe exponerse de esa forma.
—¿A qué te refieres?—Pregunto el rubio y Michel se levantó para sentarse junto a él.
—¿Qué haré ahí? ¿Cuál sería la mentira más creíble para mi presencia?
Emilian se detuvo a pensar por un momento.
—Puedes componer una canción sobre mis grandes hazañas en el campo—Se excusa los divirtió a ambos.
—No seas tonto—Soltó Michel mientras le daba una palmada en su brazo, y pronto se avergonzó por hablarle de esa manera—Discúlpeme.
El rubio sonrió ante esto, le causaba ternura la preocupación del pelinegro.
Tomo su mano y lo obligó a acercarse a su rostro, besando sus labios tiernamente.
Emilian sabía que pagaba por el afecto y la atención del pelinegro. Pero habían momentos en donde pensaba que lo suyo parecía real.
Y le gustaría que Michel lo tratará como su igual. Tal como lo hizo cuando lo llamo “Tonto”
No quería que le tuviera miedo.
Michel comenzó a besarlo con mayor intensidad, como si quisiera saltarse dicha conversación.
Temía que fuera demasiada obvia su cercanía con el príncipe. Pues entre los dos, él era quien más perjudicado saldría de todo eso.
—No me llames alteza—Pidió Emilian cuando se separaron por un momento —Nos conocemos demasiado para esas formalidades.
—No quiero abusar de su confianza—Respondió el pelinegro con una sonrisa, al rubio le encanta verlo sonreír.
—No me trates de usted —Exigió el príncipe—Muchos menos cuando estás dentro de mí.
El príncipe envolvió a su amante entre sus brazos. Deseando siempre pertenecer ahí.
Los días pasaron y finalmente se dio el viaje al bosque, se quedarían en una casa señorial donde tendrían cubiertas todas sus necesidades.
Michel no creía que fuera buena idea, pero al final acepto ir sabiendo que el príncipe se sentiría muy solo sin su presencia.
Toda la familia real asistió, pero Emilian solo tenía ojos para una sola persona.
Pronto busco la manera de quedarse a solas con el compositor, y durante el inicio de la caza lo hizo alejarse junto a él.
No supo cómo logro hacerlos perder de vista, pero lo había conseguido.
—Nos van a descubrir —Dijo Michel cuando Emilian lo hizo bajarse del caballo.
—Primero tendrán que encontrarnos—Respondió el rubio mientras lo arrinconaba contra un árbol para comenzar a besarlo.
Michel se retiró un poco, algo que molesto a Emilian.
—Es una pésima idea—El pelinegro temía que pudieran ser vistos por alguien indeseable.
—Es un bosque muy amplio—Aseguro el rubio para continuar besándolo.
No muy lejos de ahí, alguien se había percatado de la ausencia del príncipe y dio aviso para comenzar su búsqueda.
La princesa Jane, quién amaba pasear a caballo, se fijo en que no solo Emilian había desaparecido, sino también Michel.
Llena de curiosidad, comenzó a buscarlos en lo profundo del bosque.
Pronto se ropo con uno de los caballos, y cuando se acercó un poco más, vio como su hermano, el príncipe, tocaba inapropiadamente al compositor.
También noto que ninguno mostraba resistencia al otro, además de compartir ciertas risas entre sus toqueteos.
Jane se sintió sumamente sorprendida.
Era la primera vez que veía a dos hombres en esa situación. Y lo peor, cercanos a ella.
Notando que uno de los encargados de la búsqueda y protección del príncipe se encontraba algo cerca del lugar.
Jane pego con su crop a uno de los dos caballos que se encontraban sueltos y esto provocó que salieran corriendo.
Emilian se separó rápidamente de Michel. Pues el ruido los había alertado.
La princesa aprovecho la distracción para marcharse. Pero no podía explicar la angustia que sintió por ambos.
En ese momento todo cobro sentido para ella.
Las constantes visitas, los pretextos para irse rápidamente y el tiempo que pasaba con Emilian.
El príncipe jamás había tenido un mejor amigo, así que le alegraba que hubiera encontrado uno en el compositor.
Sin embargo, no esperaba que su relación fuera más allá de una amistad.
Y comenzó a preocuparse no solo por lo “antinatural” que esto le resultaba, sino también por las consecuencias que les pudiera traer a ambos.
Los dos hombres rápidamente recuperaron la compostura. Y comenzaron a intentar acceder a sus caballos.
Pronto se encontraron con dicho mozo que tanto los estaba buscando.
Pero al notar que esté no había presenciado su actuar, le metieron alegando que el príncipe se había caído y Michel lo ayudo.
Después regresaron a la casa donde se hospedaban. Pero Emilian deseaba siempre tener la compañía de Michel, insistiendole en pasar la noche en sus aposentos.
El príncipe se preguntaba si algo de lo que pasaba entre ellos era real. ¿Michel tenía las mismas dudas que él?
Deseaba que así fuera.
Quería a Michel más allá de que fuera su cortesana. No solo un afecto amistoso, sino más romántico.
Y añoraba que el compositor sintiera lo mismo por él.