ID de la obra: 1543

══ᴄʀᴀᴢʏ ᴅᴀʏꜱ ᴀɴᴅ ɴɪɢʜᴛꜱ══

Slash
NC-17
Finalizada
5
Fandom:
Tamaño:
6 páginas, 1.695 palabras, 31 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
5 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

About time

Ajustes de texto
Sergio era un niño popular. Eso recuerda de sus primeros años de vida. Tenía varios amigos, todos querían estar con él. No podía ser más feliz. Recuerda su infancia con mucho amor. Pero un día todo cambio para él. Max era el chico nuevo, al menos en su círculo de amigos. Parecía ser amable. Sin embargo, confío demasiado en él. El día que se conocieron, Max descubrió algo de Sergio: su gusto por los chicos. Veía algo peculiar en el pelinegro al estar junto a Carlos. Eran demasiado cercanos. Entonces, un Max de once años no pudo evitar hablar de eso y comenzó a molestarlo como broma. Pero para Sergio no eran bromas. Él no se estaba divirtiendo. Apenas entendía sus sentimientos y no se sentía a gusto con las acciones del rubio. Apartir de ese día comenzó a sentirse inseguro. Tanto por lo que sentía como consigo mismo. Max no entendía como sus acciones dañaban a los demás. Y un día, haciendo una travesura, termino perjudicando a Sergio. Al rubio le gustaba llamar la atención. Estaba en una etapa difícil debido al divorcio de sus padres y su comportamiento se había vuelto problemático. Max solo recordaba lo travieso que era, nada más. Pero esa ocasión sucedió algo que dio otro giro en la vida del pelinegro. El rubio había querido llamar la atención robando algo a uno de sus compañeros de la escuela. Esto provocó un revuelo entre los alumnos de los dos niños. Pues resultaba extraño que uno de ellos quisiera robar algo. Y cuando se decidió interrogar a los niños, él oculto el objeto en el bolso escolar del pelinegro y luego lo culpó durante su tiempo de preguntas. Esto no solo significó un castigo para Sergio. Su padre fue severo, no iba a tolerar dicho comportamiento. Lo saco de la escuela en la que iba y lo metió a un internado. Tres años paso ahí, donde aprendió muchas cosas y cambio su forma de relacionarse con los demás. Al poco tiempo de su regreso conoció a Lewis y se volvieron cercanos. Pasaban mucho tiempo juntos, hasta que eventualmente comenzó a desarrollar sentimientos por el moreno. Pero jamás pudo olvidar lo que Max le hizo. Pues tiempo después descubrió la verdad gracias a que George aseguro que había visto al rubio con el objeto del crimen. Max no merecía ser su amigo, mucho menos su hermano. Sin embargo, con los acontecimientos recientes comenzó a cuestionarse si debería seguir enojado por el comportamiento de un niño. Si Max se sentía atraído por él sería un problema. No lo consideraba poco atractivo, solo demasiado problemático. Además, sería su hermano. Tenía que poner un límite o el rubio seguiría haciendo esos movimientos extraños con él. Estos recuerdos habían llegado a su mente por lo ocurrido horas antes, pero también por lo sucedido con Lewis. ¿Por qué era tan difícil amar a alguien? Sentía que nadie lo podría amar de verdad. Era cierto que primero se interesó en Carlos, pero solo eran unos niños. Su verdadero primer amor era Lewis. Le había dado todo de él. Su tiempo, su amor, su cuerpo. ¿Y que obtenía a cambio? Ser usado por este a su conveniencia. Llegó a casa agotado mentalmente. Subió a su cuarto y se encerró a escuchar música. Inevitablemente comenzó a llorar en silencio. Sintiéndose libre de poder soltar lo que lo atormentaba. Max llegó a casa y se dio cuenta de que Sergio había llegado, pues había dejado sus cosas en la sala. Subió a su habitación para comprobar que estuviera ahí, entonces abrió ligeramente la puerta y lo encontró acostado en su cama. Pudo observar las lágrimas que habían bajado por sus mejillas. Esto llamo su atención. Toco la puerta, pero el pelinegro no lo escuchaba al tener audífonos puesto. Entonces se acercó a él y se sentó a su lado, algo que hizo que Checo abriera los ojos al instante. —Maldición—Susurró el pelinegro —¿No puedes dejarme solo un momento? Entonces se volteo para darle la espalda. Max no se iba a rendir hasta obtener su atención. Jamás había coqueteado con otros hombres, así que sentía que debía ser más persuasivo con él. Se acercó de nuevo y le quitó los audífonos —No puedes ignorarme para siempre—Insistió el rubio y Checo lo golpeó con su codo—Oye, no hagas eso. —Te he dicho que respetes mi espacio personal —Reclamó. —¿Por qué? ¿Te pongo nervioso?—Se burló. En ese momento Checo aventó su ipod y se sentó en la cama —Dime la verdad, ¿Te gustó?—Max no esperaba que Checo fuera tan directo. —Yo...—Se puso nervioso, no sabía que decir. Checo se dio cuenta de esto y quería divertirse. —Porque si es verdad, será un problema—Dijo para después empujarlo contra la cama y subirse encima suyo. Max sentía que le faltaba el aire. Todo se le había ido de las manos. No le gustaba no tener el control de la situación, estaba siendo víctima de su propio plan. —¿Q-que hace pensar que miento—Balbuceo un poco. El pelinegro sentía que el rubio mentía. Quizá todo era un juego para molestarlo. Ahora era su turno de jugar. Entonces se acercó a su rostro, y Max temió que lo besara. —Porque eres muy malo en esto—Se burló. Max tomo eso como un reto. Y, temiendo que su mentira cayera, se propuso a jugar de la misma manera. Coloco sus manos en la cintura del pelinegro, tocando sus piernas en el proceso. —No sabes lo malo que puedo ser—Retó. Entonces Max lo jalo de su camisa y termino de cerrar el espacio entre ambos. Junto sus labios con los del pelinegro, probando el sabor de lo prohibido. Checo le correspondió, intentando convencerse de que todo era mentira. Pero el rubio no estaba dispuesto a ceder, ya había atrapado a su presa. Así que lo atrajo más hacia él con un abrazo, profundizando el beso entre ambos. Separándose por momentos para tomar aire, Max no lo dejaría ir tan fácilmente. Así que volvía a juntar sus labios tantas veces como le fueran posible. Esto llevo a qué Checo comenzará a ceder ante sus provocaciones. Pero recordando lo que había sucedido esa tarde, haciendo que se alejara de golpe. No quería hacer con Max lo que Lewis hacia con él. No le gustaba esa clase de juegos. No estaba bien utilizar a una persona para olvidar a otra. Max no sabía que había hecho mal. Incluso creyó convencerlo de que era verdad. —Vete—Susurró el pelinegro—Sal de mi habitación. El rubio podía ver una expresión de sufrimiento en su rostro. Definitivamente no entendía a Sergio. Creyendo que era mejor irse que perder el terreno ganado, salió de la habitación confundido pero victorioso.
5 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)