The Madonna vs the whore
22 de diciembre de 2025, 18:47
Sergio y George comenzaron a revisar cada correo. Sorprendentemente los últimos trataban sobre Max y algunos de él.
Esto lo puso nervioso.
—Mejor revisa la hora de esa entrada en el blog—Propuso el pelinegro.
De esta forma descartaran los correos que llegaron después de la publicación.
George obedeció y ambos se llevaron una sorpresa al ver qué la última entrada era una nueva sobre el pelinegro.
Sergio no quería leerlo, pero George no pudo con su curiosidad.
Entonces sintió que su mundo seguía dando vueltas hasta marearlo.
—No puede ser—Dijo George mientras baja—¿Te acostaste con tu hermanastro?
El pelinegro camino hacia la casa y se dejó caer.
Pego un grito de frustración contra la almohada, intentando no ser escandaloso.
—¿A caso Dios me odia tanto?—Se quejó.
—¿Es verdad?—Pregunto George mientras seguía bajando —Ay mira, tiene una foto.
Sergio se levantó rápidamente de la cama y vio la fotografía.
Reconocía perfectamente el lugar y el momento en que ocurrió todo. Pero en su memoria no había alguien que le pareciera sospechoso.
De todas formas, ya no tenia tiempo ni ganas de llorar.
Había sido víctima demasiado tiempo, ahora era su turno.
—Revisa la hora y busca los mails que llegaron antes de la publicación—Pidió y George se movió rápidamente.
—Oh...—Dijo el joven mientras revisaba uno de los correos.
En este estaba la imagen de la publicación. Además de muchas mentiras que Sergio leyó.
“Lo sedujo para darle celos a su amigo”
—Ahí está el soplón—Respondió Sergio. Pero el correo y el número ligado no le eran familiares— Tendremos que llamar a ese número para averiguarlo.
El pelinegro saco su teléfono dispuesto a llamar, pero George se lo quito de las manos.
—No es necesario—Dijo George evitando que Sergio protestará—Conozco ese número.
—¿Cómo lo conoces?
—Porque era mío—Explicó—Lo usaba para gastar bromas pesadas. Deje de usarlo hace más de un año y se lo regale a una persona—Sergio lo miraba con atención—La persona que mando esto... Es Lewis.
Entonces Sergio comenzó a unir los puntos.
Tenía sentido desviar la atención hacia él como el verdadero problema, y no sobre la infidelidad del moreno.
Ahora Sergio era el malo y los demás sus pobres víctimas.
—Revisa si él también mando el primer artículo—Pidió.
George se apresuró en buscar en el blog la publicación por la que empezó el problema.
Después apuntó la hora y comenzó a revisar los emails. El número no era el mismo.
—No coincide—Respondió mientras le mostraba la evidencia.
Sergio comenzó a desesperarse.
¿Cuántas personas estaban metidas en esto?
—Dame tu laptop —Exigió el pelinegro.
—¿Qué vas a hacer?
—Mi propio artículo—Respondió mientras lo hacía levantarse de la silla.
Max no podía dormir sabiendo que Sergio no estaba en casa. Las dudas lo carcomian por dentro.
Seguía llamándolo con la esperanza de que en cualquier momento prendería su teléfono y le respondería.
Eventualmente el cansancio hizo efecto y no pudo luchar contra ello.
A la mañana siguiente George se miraba preocupado.
La noche anterior fue testigo de Sergio vengativo, que paso gran parte del tiempo escribiendo en su computadora.
Iba hacia la escuela sin decir una palabra.
Pero veía una actitud diferente en el pelinegro.
Cómo si nada le importara en ese momento.
Ni siquiera le permitió leer lo que había escrito anoche. Solo le aseguró que compartiría el centro de atención con alguien más aparte de Max.
—¿Tienes el número de teléfono?—Pregunto Sergio mientras llegaban a la entrada del instituto.
—Aquí esta—Le pasó el número y Sergio predio su teléfono para realizar una llamada.
Fue en ese momento que recibió un ataque de llamadas y mensajes de diversas personas, pero principalmente de Max.
El pelinegro decidió ignorarlo.
Entraron a la escuela y Sergio tomo un actitud aún más desafiante.
Si las personas creían que era malo, lo sería.
Llevaba puesto unos lentes negros, de esa forma no verían si dudaba o no de su actuar.
A lo lejos vio a Lewis conversando con Carlos, en ese momento se acercó a él y el moreno se giro para verle.
—Pero si son dos de los hombres más importantes de mi vida—Dijo el pelinegro con una sonrisa.
El moreno iba a marcharse, pero Sergio lo tomo del brazo.
—No quiero hablar contigo—Respondió Lewis sin siquiera voltear a verle.
—No necesitamos hablar mucho, pequeño soplón—Comenzó el pelinegro, haciendo que el moreno se tensara—Solo responde una pregunta, ¿De dónde sacaste esa foto? Porque no pudiste haberla tomado cuando te caías de borracho.
—No sé de qué me estás hablando
Muchos de sus compañeros se habían detenido a ver el escándalo que estaban provocando esos dos.
—Veamos si está aquí con nosotros —Sergio tomo su teléfono y marcó el número.
Un celular comenzó a sonar en ese instante, haciendo que la vista de todos se desviará hacia donde provenía el sonido.
—Ahi está el otro—Dijo el pelinegro señalando al otro implicado.
Lando se apresuró a apagar el celular, pero ya era tarde. Se había delatado al no ser lo suficientemente listo como para no usar su número personal.
—¿Por qué me miran a mi? Yo no hice nada—Lando se puso a la defensiva—Ni siquiera sabemos de qué esta hablando.
Max llegó y observo la escena a lo lejos. Entonces corrió hasta llegar a dónde se encontraba Sergio.
—Ya llegó tu novio, puedes dejarme en paz—Se burló Lewis.
—Los últimos días he tenido todo menos paz—Hablo Sergio.
—¿Qué está pasando?—Pregunto el rubio poniéndose a su lado.
—Atrapamos al soplón—George finalmente habló—Al del vídeo, y al de la foto.
—¿Lewis? ¿Qué hiciste?—Pregunto Carlos levantando la vista de su teléfono para después alejarse de él.
—Ya debe haberse subido—Sergio se burló.
—¿Subirse qué?—El moreno estaba visiblemente confundido.
—Oh, carajo...—Dijo Lance revisando su teléfono.
—Siempre te ha gustado la atención que te daba—Comenzó el pelinegro—Quizá sea momento de que todos sepan cómo eres en realidad.
Poco a poco los jóvenes a su alrededor comenzaron a revisar sus celulares.
Llevándose una sorpresa al leer la nueva entrada de Good boys go bad.
Max leyó un poco, lo suficiente para entender de qué iba.
—¿Estas bien?—Fue lo único que salió de los labios del rubio.
—Estare mejor cuando él experimente lo que yo viví—Respondió el pelinegro.
En ese momento Lewis reviso el blog, sintiendo que su mundo se venía abajo.
—¿Por qué?—Preguntó el moreno.
—¿No lo sabías? Estoy obsesionado contigo —La burla de Sergio no le cayó en gracia.
—Sergio, Alex me respondió—Dijo George llegando a él—No vas a creer quien compró el blog.
Le dio su teléfono para que viera el nombre. Algo que hizo reír al pelinegro.
—Debe ser una maldita broma.
Todos los que lo lastimaron tenían que pagar. Y ahora tenía más que razones para hacerlo.