Victim complex
22 de diciembre de 2025, 18:47
Checo bajo del taxi y pago con lo último que traía en efectivo.
Entro a un hotel que conocía bien cuando viaja con su padre. Era lujoso y ofrecía todas las comodidades a las que estaba acostumbrado.
—Rechazada—Dijo la joven mientras pasaba la tarjeta que Sergio le dio para pagar su estancia.
El pelinegro comenzó a sentirse nervioso cuando tomo otra tarjeta y el resultado fue el mismo.
Esto era obra de su padre.
Molesto, y sumamente avergonzado, tomo su maleta y se retiró del lugar.
No podía creer lo que su padre había hecho.
Pero no iba a retroceder. Era muy orgulloso para hacer eso.
Llegó a un parque cerca del hotel y se sentó en una banca.
Comenzó a pensar si podría soportar el frío de la noche durmiendo en ese lugar.
De igual forma se dio cuenta en el peligro que podría encontrarse al estar solo en un lugar en donde poco a poco se iba quedando solo.
Quedarse solo.
Si, eso había pasado otra vez.
Esa soledad abrumante que lo consumía lentamente.
Su corazón estaba lastimado por Max. Pero sabía que no podía obligarlo a estar con él.
¿Por qué nadie lo amaba?
Esa pregunta se repetía en su cabeza una y otra vez. Provocando que una lágrima cayera por su mejilla.
Carlos, Lewis y ahora Max. Ninguno de ellos correspondió sus sentimientos.
Siempre estaba solo.
Y sentía que nunca nadie iba a amarlo de verdad.
—¿Qué haces aquí a esta hora?—La voz de George lo saco de sus pensamientos.
Podía ver por su vestuario que había estado corriendo. Probablemente haciendo ejercicio en el parque.
Rápidamente se limpio la cara con sus manos.
—Yo...—No encontraba una excusa.
—¿Esa es una maleta?—Pregunto George acercándose para verla—¿Escapaste de tu casa?
—Si, me fui—Confeso—Las cosas se salieron de control.
George se sentía muy mal por su amigo. Era horrible verlo en esa situación.
—Puedes venir a mi departamento —Ofrecio.
—¿En serio?—Checo se levantó de la banca y George asintió—Creo que eres el único amigo que me queda.
—Vámonos.
Los dos jóvenes caminaron hacia el departamento de George. No quedaba tan lejos así que fue fácil llegar ahí.
La madre del joven fue muy amable con el pelinegro, preocupándose por la situación del muchacho.
Nadie debería sentir la necesidad de huir de casa.
Después fueron a la habitación de George, donde Sergio le contó lo ocurrido.
—Ese estúpido blog sigue causando problemas —Se quejó George mientras terminaba los deberes en su laptop—¿Por qué no lo cierran?
—Muchas personas lo leen, cambiando su percepción de todo—Sergio se sentó a su lado para ver lo que hacía—Dejame revisar tu tarea antes de que la envies.
Tomo la laptop y comenzó a leerla.
—Yo no leo el blog desde hace tiempo —Dijo George mientras se acomodaba en su cama—Pero el escándalo con Lewis fue muy fuerte.
—No lees el blog pero te uniste a ignorarme en la escuela—Se quejo el pelinegro dejando caer su cuerpo en la silla del escritorio de su amigo.
—Perdón, pero si no lo hacía me dejarían de hablar a mí —Esa respuesta llamo su atención.
—¿Fue un acuerdo mutuo?—Sergio se giro a verlo, y George se hizo bolita en la cama—George, ¿Qué hablaron exactamente?
George se sentó para verlo.
—No puedo decirlo—Se miraba nervioso.
—Es tu proyecto final, ¿no?—George asintió — Lo borraré si no me lo dices.
George comenzó a negar con la cabeza.
—Por favor—Rogó pero esto no conmovió al pelinegro —Bien, se dijo que tú te aprovechaste de él.
En ese momento Sergio entendio que no fue algo que asumieran que ocurrió, sino que alguien afirmó que así paso.
—¿Quién dijo?—Su voz ahora era sería, diferente. Un tono que George desconocía.
—L-lewis—Balbuceo un poco.
—¿Qué?—Fue lo único que pudo salir de sus labios.
—No debíamos decir nada porque era un tema difícil, pero pidió alejarnos de ti—Confesó, lastimando más al pelinegro—Dijo que si no lo hacíamos, entonces se encargaría de que todos supieran que apoyamos ese tipo de acciones.
Sergio sentía que su mundo estaba cada vez más de cabeza.
¿Por qué Lewis haría algo tan horrible en su contra? ¿Qué le había hecho para ser tan cruel con él?
El moreno sabía bien de su temor a estar solo. Y ni siquiera eso lo detuvo.
En ese momento no pudo aguantar más el llanto. Estaba desconsolado.
George no sabía que hacer.
Se levantó de la cama y le dio unas palmadas en la espalda. Pero se sentía muy incómodo con la situación.
—¿Por qué?—Susurró Sergio —Jamás lo he perjudicado.
—No estoy entendiendo nada—Fue lo único que pudo decir George.
—Yo jamás le hice nada—Dijo Sergio levantándose de la silla—Ni siquiera estábamos borrachos. Él fue a buscarme a casa, él comenzó todo.
—¿Entonces todo es mentira?
—Claro que es mentira, contó todo a su conveniencia—Levantó un poco la voz, pero después intento moderarse para no hacer un escándalo.
—Quizá él mando esa historia al blog—George parecía convencido.
—No tiene sentido, ¿Por qué lo haría en primer lugar? —Sergio intento tranquilizarse—Ya regreso con Nico, ¿Qué más quiere?
—¿Arruinarte a ti?—Propuso, haciendo que el pelinegro se detuviera en seco —Eso si tiene sentido.
—¿Por qué llegar tan lejos? Su acusación no solo es horrible, sino también asquerosa—Dijo mientras se acostaba en la cama intentando calmar su mente.
—Debí cerrar ese blog cuando podía —George resoplo.
Sergio se levantó al escuchar esto, y camino rápidamente hacia él.
—¿Qué dijiste?—George lo miro confundido.
—Debí cerrarlo cuando podía —Repitió sin darle mucha importancia.
—¿Y como se supone que podrías cerrarlo? —Pregunto Sergio y George se dio cuenta de lo que había hecho —¿Alguna vez tuviste acceso al blog?
George se sentó en la silla y le dio la espalda.
—No.
Sergio se acercó a él y lo giro girar para verlo a la cara.
—Esa expresión en tu rostro te delata.
—¿Cuál expresión?
—La cara de perrito mojado que sabe que hizo algo malo—Se burló.
—Si tuve acceso al blog—Confeso— Pero eso fue hace mucho tiempo.
—¿Entonces sabes quién tiene el blog ahora?—George negó con la cabeza.
—Hice el blog hace tiempo con un amigo, nos parecía divertido—Comenzó—Pero él se fue a estudiar a Londres y ya no le vi gracia al proyecto. Él termino vendiendoselo a alguien, pero no me dijo a quien.
Toda esa información era música para los oídos del pelinegro.
—¿Todavía tienes contacto con ese amigo? Quizá el podría decirnos a quien le vendió el blog.
—No tengo su número registrado, pero recuerdo que está ligado con el correo del blog—Dijo buscando en su laptop—Quizá puedo verlo todavía.
George entro al correo de good boys go bad, algo que dejó perplejo al pelinegro.
—Espera, ¿Has probado si todavía tienes acceso al blog?—Dijo Sergio pegándose a él, como si quisiera quitarlo de su sitio para hacer las cosas con mayor rapidez.
—No lo creo—Dijo George presionando unas cuantas teclas hasta que se vio el perfil de administrador del blog—Ah, mira sí.
Sergio sabía que era momento de actuar con rapidez.
—Cambia la contraseña y cierra las demás sesiones—Ordeno, poniendo nervioso a su amigo—Ahora.
George sintió la obligación de obedecer. Así que rápidamente cambio la contraseña y expulso a quien quería que fuera el dueño actual.
—¿Ahora qué?—Pregunto nervioso.
—Manda tu tarea—Comenzó el pelinegro —Pasaremos la noche leyendo cada email que llegó, vamos a desenmascarar al soplón.
Max había conducido por toda la ciudad. No había rastro de Sergio por ningún lado.
Llamo a su teléfono varias veces, pero este lo tenía apagado.
Se puso como loco llamando a los amigos de este, pero ninguno atendía.
Comenzó a llorar de la desesperación.
¿Y si le había pasado algo malo? De ser así, nunca se perdonaría a si mismo.
Su padre volvió a llamarle pidiéndole que volviera a casa.
Ya tenía suficiente preocupación con la ausencia de Sergio, no podría con la de Max.
El rubio accedió solo por el bienestar de su padre. Rogando para poder encontrar a Sergio por la mañana en la escuela.
Aunque temeroso por lo que pudiese suceder con tremendo escándalo.