ID de la obra: 1543

══ᴄʀᴀᴢʏ ᴅᴀʏꜱ ᴀɴᴅ ɴɪɢʜᴛꜱ══

Slash
NC-17
Finalizada
5
Fandom:
Tamaño:
6 páginas, 1.695 palabras, 31 capítulos
Descripción:
Notas:
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Faker

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Max saboreaba os labios de Sergio, los había estado buscando desde el momento en que entraron a la ducha. El pelinegro sonreía ante esto, sabiendo que el rubio quería más de él. Sin embargo, no podían esta para siempre en su luna de miel. —Tienes que ir por mis cosas—Le recordó Sergio mientras se separaba de él, pero Max volvió a cortar el espacio entre ambos—Si lo haces, te recompensaré. —Quiero la recompensa ahora—Bromeo el rubio. Sin embargo, no que la respuesta del pelinegro fuera tan dolorosamente placentera. Sergio lo tomo del miembro con fuerza, haciéndolo gemir de dolor. —Ve por mis cosas—Ordenó. —Puede ser después—Insistió el rubio desafiante, pero Sergio lo tomo con más fuerza. —Las necesito ahorita—Su voz no era amable, sino amenazante—O sino, será la última vez que te toque. Max sonrió ante esto. —No lo dices en serio. El rubio no recibió respuesta alguna, pronto Sergio lo soltó y salió de la ducha dejándolo solo. Incrédulo, Max salió casi corriendo tras de él. Sergio se cubrió con una toalla a la cintura para tomar su teléfono cerca de la cama y comenzar a marcar un número. —No es en serio, ¿Verdad? —Max necesitaba una respuesta. Sergio solo intentaba concentrarse en su llamada mientras ocultaba una sonrisa. Le encantaba molestarlo y sabía bien cómo hacerlo. —George—Dijo Sergio cuando su amigo atendió a su llamado—¿Puedes hacerme un favor? Max le arrebato el teléfono rápidamente y corto la llamada, para después arrojar el dispositivo a la cama. —He dicho que iré por tus cosas, ¿Por qué haces esto? —Reclamó. Sergio no pudo soportarlo más y una sonrisa se dibujó en sus labios. —¿Es tan difícil lo que pido? —El pelinegro se acerco a su rostro—Somos novios ahora y tendremos tiempo para hacer todo lo que quieras en la ducha, pero primero trae mis cosas. Max corto el espacio entre ambos, entregándose a un corto pero dulce beso. —Me gusta cuando dices eso—Comenzó el rubio—Sobre ser novios. El pelinegro sonrió al ver lo ruborizado que se ponía su novio ante ese hecho. —Ve con cuidado—Le pidió para después darle otro beso, esta vez más íntimo que el anterior. Max salió de la habitación dejándolo solo, así que tomo su teléfono y volvió a llamar a George. —Necesito que me ayudes en algo—Dijo el pelinegro apenas su amigo atendió. El rubio llego a casa procurando actuar con naturalidad. Llego a su piso, donde su padre ya lo esperaba con suma preocupación. —¿En donde has estado? —Reclamó Christian mientras se levantaba para darle una abrazo—¿Te desapareces por horas y regresas como si nada? Al rubio no le gustaba ver a su padre en ese estado. —Perdón, yo… —¿Sabes dónde está Sergio? —Max se puso nervioso apenas escucho esta pregunta—Toto me llamo preocupado, dice que se ha escapado de nuevo. Llame a su teléfono, pero no me responde—Christian se detuvo a observarlo, se miraba diferente y no parecía mostrar preocupación alguna—Dios, sabes donde esta ¿no? —No—Mintió—Salí a buscarlo y no lo encontré por ningún lado. Christian sonrió frustrado, mientras se llevaba las manos al rostro. —¿Por qué sigues mintiéndome? —Reclamó—Puedo darme cuenta que vienes de algún lado, porque tus heridas están limpias y tu cabello no se ha secado, cuando ni siquiera ha llovido. Así que supongo que te divertiste en algún lado. Max se sentía atrapado, no encontraba excusa que lo librara de esa situación. Sabia que mentir ya no seria opción, pero tampoco podría soltar todo. Solo quería que no estuviera preocupado. —No le digas nada a él—Fue lo único que dijo el rubio y su padre comenzó a negar con impaciencia. —¿Y bien? ¿Dónde está? —Christian no estaría tranquilo hasta saberlo todo. —Él esta bien, es todo lo que necesitas saber—Aseguro Max. —Una mierda con eso—Reclamó Christian cada vez más molesto—¿Alguna vez he hecho algo para que desconfíes de mí? ¿O de donde vienen tantas mentiras? ¿Qué te impulsa a hacerme esto? —No es así, papá—El rubio no quería discutir—Confío en ti, no en él. Estará oculto hasta que todo se calme. Es su decisión y hay que respetarla. Christian pudo darse cuenta del gran afecto que Max parecía tenerle a su hijastro. Jamás lo había visto tan aferrado a alguien como lo estaba con Sergio. —Si él se entera que tú te lo has llevado y ocultado, se volverá loco—Comenzó el mayor—¿De verdad le quieres tanto como para arriesgarte así? Max sabia que estaba intentando asustarlo, pero esa idea no lo haría flaquear. —Estoy enamorado de él—El rubio hablo con una seguridad nunca antes vista por su padre—Te guste o no, no dejaré de amarle. Y vale totalmente la pena. No estaba dispuesto a responder más preguntas y arriesgarse a que Toto apareciera en cualquier momento. Subió a la habitación de Sergio ante la mirada atenta de su padre. Tomo toda la ropa que pudo y unos zapatos deportivos que encontró. Lo metió todo en un maletín y después se fue a su habitación a hacer lo mismo con sus cosas. Una vez termino, bajo para irse lo más rápido que pudiera. Christian observo los dos maletines que llevaba, y lo detuvo tomándolo del brazo. —Esa es tuya ¿no? —Pregunto el mayor entendiendo lo que eso significaba—No tú, no te vayas. Detén esta locura. —Lo siento, pero tampoco pienso compartir techo con un hombre que se creyó con el derecho de golpearme de la forma en que lo hizo. Max continuo su camino después de sentir como su padre lo soltaba lentamente tras oír sus palabras. Llego hasta su auto y coloco las cosas atrás para después marcharse de ahí. Condujo rápidamente hasta el hotel y subió hasta la habitación de Sergio. Toco la puerta con impaciencia, deseaba verlo otra vez. Pero se llevo una sorpresa al ver quien abrió la puerta. Después de que Max se fue, Sergio había llamado a George para continuar con su plan. El joven estaba muy confundido y preocupado por la situación de su amigo. Llego rápidamente a la habitación de hotel y lo saludo con amabilidad, pero al ver el desorden en este lugar, opto por no sentarse en la cama. —Aquí esta—Dijo dándole su laptop. —Perdón, si tuviera mis cosas sería más fácil—Respondió el pelinegro tomándola—¿Recuerdas cuantas veces apareció su número en los correos del blog? —¿El de Lewis? Demasiados, ¿Por qué? —Necesitamos ver todo lo que mando y, principalmente, sobre quien era—Explicó antes de ponerse en marcha con la tarea. Una hora después escucharon que alguien llegaba y, para evitar riesgo, George fue el encargado de averiguar de quien se trataba. —Oh, Max—Dijo el joven mientras abría la puerta—Traes muchas cosas. —¿Y mi novio? —Pregunto el rubio mientras hacía énfasis en la última palabra. George se sorprendió por su actitud, pero principalmente por lo que salió de su boca. —Wow, novio…—Repitió el castaño todavía perplejo—Sería una bomba en el blog. Max lo hizo a un lado y entro a la habitación para ver a Sergio sentado en la cama, muy concentrado escribiendo algo en la computadora. —Llego tu novio—Anunció George en un tono algo burlón. —Cariño, ya llegaste—Respondió Sergio mientras dejaba lo que estaba haciendo. “Cariño” esa palabra se repitió en la mente de Max, haciéndolo sonreír al instante. —¿Qué es todo esto? —Pregunto George mientras tomaba una de las maletas y la ponía sobre la cama. El castaño desvió la mirada cuando vio a Sergio besar a Max en los labios como saludo. —Traje todo lo que pude—Respondió el rubio cuando se separaron. —Eso es genial—Dijo Sergio volviendo a unir sus labios. George sintió que sobraba en esa habitación y se apuro a mirar su reloj con preocupación. —Ay, es muy tarde—Dijo el castaño buscando una excusa—Ya debería irme. Puedes regresármela después, cuando hayas terminado. —No es necesario que te vayas—Respondió Sergio. —Mi mamá se molestará si llego tarde—El pelinegro se dio cuenta de que su amigo mentía, y no quería alargar su incomodidad. —Te veré mañana—Dijo el pelinegro y su amigo asintió para después tomar sus cosas y marcharse. —No pensaras ir a la escuela mañana, ¿O sí? —Max estaba confundido por la respuesta de su novio. —No necesariamente—Respondió Sergio mientras caminaba hacia la laptop—Solo quiero observar lo que esto provocará. Max tomo la laptop en sus manos y observo el texto escrito en este. —Nico tenia el control del blog—Continuó el pelinegro—Se lo he quitado. Ahora somos los dueños de la verdad. El rubio sonrió al ver de que trataba lo escrito por su novio. Una compilación de todos los correos enviados por Lewis, en donde exponía no solo cosas de Sergio, sino también de sus amigos más cercanos. Pronto Max reconoció el número de teléfono ligado a estos correos. —Era él—Dijo el rubio—Fue Lewis quien me pidió hacerlo. Sergio lo miró con confusión, necesitaba que su pareja fuera claro respecto a lo que decía. —¿Qué te pidió? —Terminar contigo, lo que teníamos—Respondió Max—Él me mando varios mensajes exigiendo que terminara lo que teníamos o expondría la foto. Pensé que no era él porque no estaba en el lugar cuando ocurrió. —Pero no fue él—Sergio lo contradijo—Alguien más la tomó, porque estaba demasiado ebrio para hacerlo por su cuenta. Tenemos que averiguar quien fue, pero primero ¿Todavía tienes esos mensajes? Max dejo la computadora sobre la cama y saco su teléfono para mostrar los mensajes que había recibido de Lewis. —¿Lo añadirás a eso? —Pregunto el rubio y Sergio sonrió. Para cuando anocheció, el articulo estaba más que listo. No sería publicado en ese instante, pues esperarían al día siguiente. Ya que ambos deseaban vengarse de lo ocurrido. Querían ver su caída en vivo.
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