Bad idea, right?
22 de diciembre de 2025, 18:47
Lewis dio un puñetazo a la pared al sentirse muy frustrado por el rechazo de Sergio.
“¿Por qué es tan difícil controlarlo ahora?” pensó.
En ese momento recordó la presencia de Max en la entrada, y la forma en como sus manos se agarraban.
—Maldito idiota—Susurro el moreno.
Max le había quitado su mayor juguete y eso lo llenaba de rabia.
Además, su relación con Nico se había enfriado después de lo que sucedió.
“No es el mejor momento para que nos vean juntos” recordó sus palabras.
Se estaba quedando solo y no había nada que pudiera hacer para detener ese hecho.
Decidió concentrarse en intentar limpiar su cabello, pero pronto pensó que seria mejor idea si regresaba a casa.
Ese día era muy desafortunado para él y no pretendía que se pusiera peor.
Salió de la escuela y vio el rastro de la malteada que se le había sido arrojada esa mañana.
Bufo molesto antes de caminar un poco por la calle, esperando a que su chofer regresará por él.
Fue entonces cuando se sorprendió al ver llegar una ambulancia, y si bien tenía curiosidad, lo único que deseaba era volver a casa.
Así que subió a su auto y se marchó, desconociendo que el día si podría ser peor para otras personas.
Los jóvenes se asomaban para ver lo que estaba sucediendo.
Los docentes rápidamente llamaron su atención, evitando que se distrajeran y hablaran de lo ocurrido con Lando.
Daniel estaba en un estado de desesperación.
Su mente comenzó a tejes ideas sobre lo que había ocurrido. Pero ninguna le gustaba. No le agradaba pensar que Max estuviera detrás de todo esto.
La simple idea de que uno de sus amigos casi matara al otro le revolvía el estómago.
Y se sentía mal por no estar ahí para intervenir. De alguna forma sentía que era su culpa.
Christian atendía el rostro herido de su hijo, vio sus manos lastimadas y las beso.
Max no había dicho ni una sola palabra desde que Sergio se marchó.
—¿Tú tampoco me vas a decir lo que sucedió? —Pregunto el mayor con una dulce voz, intentando que su hijo se sintiera en confianza.
El rubio temía decir lo que había sucedido, no quería que su padre lo viera diferente por sus acciones imprudentes.
—Nada—Susurró el rubio, pero esta respuesta no sería aceptada por su padre.
—Vamos Max, tú no lloras por nada—Insistió—Te he dicho muchas veces que no te guardes las cosas.
En ese momento el rubio comienzo a llorar de nuevo, haciendo preocupar a su padre.
—Lo siento…—Apenas pudo decir el joven, no solo estaba asustado sino también avergonzado—Lo arruine todo.
—No pasa nada, hijo—Christian no sabia de lo que estaba hablando, pero parecía que presionarlo demás solo terminaría alterándolo.
—No quería hacerlo…—Continuó hablando el rubio—Pero estaba tan enojado, y él no se callaba.
Christian comenzó a tensarse mientras el relato de Max avanzaba.
—¿Qué hiciste? —Pregunto temiendo la respuesta.
Max trago seco antes de hablar.
—Creo que mate a alguien—Susurró.
Toto hizo un par de llamadas antes de regresar con su hijo. Estaba muy estresado por la situación, pero no se dejaría vencer tan fácilmente.
—¿Hay algún lugar público cerca de tu escuela? Algún restaurante o cafetería—Pregunto Jerome, el abogado de su padre, mientras apuntaba todo en una pequeña libreta—Una donde te puedan reconocer, Sergio.
—Si, hay una cafetería a donde voy con mis amigos con regularidad—Respondió el pelinegro—Iba con ellos—Corrigió.
—Necesito que me digas el nombre del lugar y la hora exacta en la que ocurrió el altercado—Pidió, pero Sergio no podía recordar la hora con exactitud.
—¿Es necesaria la hora? Es que no lo recuerdo, fue hace al menos dos horas—Sergio no podía dejar de torcer un papel que tenia en sus manos, estaba nervioso.
—Es necesario—Comenzó el abogado—Si tú estabas en la escuela a las 10:15 en medio de un altercado, nosotros te pondremos a las 10:15 en dicha cafetería donde más de dos personas te vieron derramar tu café por accidente.
—Suena demasiado fácil—Dijo Sergio mientras analizaba la situación—Pero no fui a la cafetería solo, me acompañaba mi novio Max.
—Tu novio no puede ser un testigo—Le recordó—Habría un sesgo evidente.
—No importa, no narrare una historia en donde él no este conmigo—Advirtió.
Sergio no dejaría de lado a Max, y mucho menos como un cabo suelto que Toto pudiera usar para inculparlo. Aunque este fuera en realidad el verdadero culpable.
—Bien—Continuó Jerome—Contactaré de nuevo con unos socios y te daré la historia que debes aprender.
El pelinegro suspiro pesadamente cuando el abogado dejo la oficina.
Se recostó en su asiento y miro hacia el techo.
Esa situación era exasperante. Pero prefería ser él quien respondiera las preguntas y no Max.
Su teléfono comenzó a sonar una y otra vez. Lo reviso y vio que se trataba de George.
Decidió no atender.
De pronto escuchó la puerta abrirse y se acomodó en su asiento cuando vio a su padre entrar.
—¿Cómo te sientes? —Pregunto Toto al ver el desastre que había hecho con el papel.
—Agotado—Comenzó el pelinegro—Ojalá pudiera retroceder en el tiempo y evitar esto.
Toto sonrió con amargura.
—Ya es un poco tarde para arrepentirse—El mayor intentaba no sonar molesto—Pero tienes suerte de que me preocupe por ti.
Un silencio abrumador se apodero de la habitación.
La relación entre ambos seguía tensa. Eran demasiado orgullosos para ceder ante el otro.
—Hable con mi contacto en Kingsley, tienen las grabaciones y pueden eliminarlas antes que las autoridades las pidan—Dijo Jerome entrando a la oficina— El precio es razonable.
La conversación con su contacto había despertado las dudas del abogado.
“El chico es rubio” le pregunto su contacto, pues ese era el color de cabello del atacante.
Sin embargo, recordó algo que le había dicho Sergio: “Me acompañaba mi novio Max”.
Jerome no estaba para nada contento cuando se dio cuenta de que el hijo de su cliente le estaba mintiendo sobre lo ocurrido.
Pero decidió no delatarlo para evitar retrasos y discusiones poco necesarias para el limitado margen de tiempo con el que contaban.
—¿Qué hay de la coartada? —Toto quería terminar con eso lo más rápido posible.
—Estamos llegando a una resolución—Dijo el abogado para después acercarse a Sergio—Escucha bien, abre tus oídos y presta total atención. Esto es lo que debes decir. Esto es lo que en verdad paso esta mañana.
Lando abrió los ojos lentamente, sintiéndose abrumado por las brillantes luces del techo.
—¿Dónde estoy? —Susurró y una mujer se acercó a él.
—Estarás bien, hemos detenido el sangrado—Lando apenas comprendía lo que la doctora le decía—Tus padres vienen en camino.
—¿Qué paso? —Pregunto el joven todavía sin terminar de reaccionar.
—¿Puedes decirme tu nombre? —Pregunto la doctora mientras apuntaba todo en una tableta.
—Lando Norris—Respondió sin balbucear, lo cual era bueno.
—¿Qué es lo último que recuerdas?
—Max me llevo junto a él—Comenzó el joven intentando volver a sus recuerdos—Llegamos a un lugar, después todo esta borroso.
Lando se sentía cansado, no sabía si eran las medicina o el golpe en su cabeza.
Sus recuerdos estaban algo borrosos, pero se tensaba al solo recordar a Max. Como si todo su dolor estuviera relacionado, de alguna forma u otra, a su rubio amigo.