King of pretend
22 de diciembre de 2025, 18:47
Max salió corriendo por los pasillos, intentando calmarse un poco, pero sin dejar de pensar en lo que había ocurrido.
Estaba muy asustado. ¿Y si lo había matado?
Entro a uno de los baños, se metió a un cubículo y vomito casi automáticamente.
Sergio no podía encontrar a Max por ningún lado, estuvo dando un par de vueltas por la escuela hasta que lo vio corriendo en dirección a los baños.
Al entrar, escucho un par de arcadas y lo vio arrodillado frente al retrete.
—¿Cariño? —Pregunto Sergio, estaba muy preocupado al verlo en esa situación—¿Estas bien?
Max se levanto del suelo y volteo a verlo con los ojos rojos de tanto llorar.
Por un momento dudo se debía decirle, pero sabía que no podría cargar con ese peso él solo. Y si bien no quería involucrarlo, entendía que no era momento para mentiras.
—Yo…—Comenzó a hablar, pero la voz se le quebraba y esto solo aumento los nervios del pelinegro.
—Max, ¿Qué paso? —Esta vez el tono de su voz era más seria, entendiendo que algo muy malo paso y necesitaba la verdad o no podría ayudarlo.
—Lo mate…—Susurró el rubio, haciendo que Sergio se tensara.
—¿Qué? —Pregunto mientras lo tomaba de los hombros—¿A quién? Max, ¿A quién mataste?
—Lando…
Sergio lo soltó en ese instante.
Su mente comenzó a dar vueltas intentando entender como habían llegado hasta ahí.
—Tenemos que irnos—Fue lo único que salió de la boca de Sergio—Pero nadie debe verte así.
El pelinegro intentaba distraer su mente del problema. Ayudo a Max a limpiar su rostro de los golpes que tenía, además de intentar distraerlo hablando de tonterías para que no volviera a los recuerdos que lo atormentaban.
Daniel se había preocupado cuando vio a Max llevarse a Lando. Temía lo que conversaran.
No pudo evitar compararlo a cuando Lewis llego exigiendo hablar con su amigo. Ambos no entendían que el pasaba, pero pronto salió la razón del problema: La foto.
Si, esa estúpida foto que tomo para chantajear a Max cuando lo necesitaran.
Recordó como siguió a su amigo esa noche de fiesta. Como lo vio arrinconar a Sergio y el shock que le genero al verlo besarlo.
Todos creían que se odiaban,
Sin embargo, pudo sacar su teléfono a tiempo para sacar la fotografía perfecta que los arrastro a todos a ese punto en sus vidas.
Después de tomarla, Daniel solo se la mostro a una persona: Lando.
Sin embargo, no esperaban que Lewis los hubiera escuchado y que luego los amenazara para que se la entregaran.
Creían que era protector con Sergio.
Pero la falsedad del moreno ya había sido probada y, para su sorpresa, era capaz de traicionar a más de uno de sus amigos.
La preocupación aumento cuando vio a Max salir corriendo hacia los pasillos de la escuela, pero la ausencia de Lando le hacía demasiado ruido.
Esto llevo a Daniel a retroceder en los pasos de Max, intentando averiguar donde estaría su amigo.
—Lando, debemos ir a clases—Dijo esperando a encontrarse a su amigo en cualquier rincón asustado.
Llamo a su teléfono, pero no obtuvo respuesta.
No tardo mucho en llegar a la escena del crimen.
—¿Lando? —Fue lo único que salió de su boca al ver a su amigo en el suelo.
Daniel no podía creer lo que veía.
Su amigo estaba en el suelo con golpes en el rostro y detrás de su cabeza caía un hilo de sangre. Por un momento creyó que estaba viendo un cadáver.
—Daniel…—Susurró Lando con dificultad y todavía aturdido por el golpe.
—No te preocupes, llamaré a una ambulancia—Dijo Daniel mientras sacaba torpemente su teléfono y llamaba a emergencias.
Sergio termino de ayudar a Max, mientras que el rubio todavía intentaba tranquilizarse.
—Necesito que actúes con normalidad—Sergio poso sus manos en las mejillas de su amado obligándolo a verlo, y con su pulgar limpio una lagrima que caía lentamente.
—¿Qué pasara cuando lo encuentren? —Esa pregunta era la que más temían.
—Solo intenta que no sospechen de ti—Respondió el pelinegro para después darle un ligero beso en la frente.
Sergio sabia que uno de los dos debía mantener la calma para ambos. Su mente se sentía perturbada ante la idea de un homicidio accidental, pero no tenia tiempo para lamentaciones. Una idea comenzó a cocinarse.
Cuando el rubio dejo de llorar, Sergio supo que era el momento indicado para salir del baño.
Caminaron lentamente por los pasillos, siendo cuidadosos de a quien se encontraban en su trayecto.
Pero el sonido de las sirenas los puso en alerta y el pelinegro vio como un maestro caminaba hacia donde estaban.
Sergio actuó rápido y arrincono a Max en un pasillo, juntando sus labios y obligándolo a poner sus manos en su cintura. Así actuando como si hubieran estado haciendo eso todo este tiempo.
Max se quedo petrificado, pues solo seguía las indicaciones de su novio.
—Chicos, aun lado, dejen pasar a los médicos—Dijo un maestro interrumpiéndolos—Vienen a la escuela a estudiar, no a besarse. Los vuelvo a ver fuera de clases y los mando a detención.
El pelinegro suspiro aliviado porque el maestro no cuestiono el rostro colorado de Max. Y con justa razón, pues pensaría que se trataba de vergüenza y no un colapso emocional por la culpa.
Vieron pasar la camilla, algo que también le dio más tranquilidad, pues había una posibilidad de que Lando no estuviera muerto.
Pero eso cambiaba sus planes.
—Tenemos que irnos a casa—Susurró Sergio.
—Volvamos a nuestra habitación—Sugirió Max, pero el pelinegro negó con la cabeza.
—Esto es mucho más de lo que podemos manejar—Continuó el pelinegro—Necesito la ayuda de papá.
—Te mandará lejos—Le recordó.
—No lo hará, lo prometo—Sergio lo tomo de la mano y lo arrastro hasta el auto.
Ahí Max comenzó a conducir, algo que no le pareció buena idea al pelinegro, pero el rubio insistió en que eso lo ayudaba a calmarse.
Christian no había dejado de pensar en las palabras de su hijo, pues habían hecho eco en su corazón.
Rápidamente comprendió que no había otra salida. Que no podía obligar a su hijo a dejar de amar a alguien.
Pero que tampoco podría obligarse a sí mismo a quedarse en un lugar donde no lo respetaban junto a su hijo.
Observaba los papeles frente a él, dándole vueltas una y otra vez.
“Solicitud de divorcio” se leía.
“Otro matrimonio fracasado” pensó.
Al menos eso resolvería el problema de los hermanastros, aunque sabía bien que podría haber sido de otra manera.
El ascensor anuncio la llegada de alguien. Christian se levanto algo confundido, pues no creía que Toto estuviera en casa.
Su corazón dio un vuelco cuando vio a los dos jóvenes llegando.
La imagen era desoladora, se podía ver la desesperación en sus miradas.
—¿Qué paso? —Pregunto Christian mientras se acerba a su hijo.
Podía notar que había llorado.
—Ocurrió un accidente, pero primero necesito saber donde esta mi padre—Respondió Sergio mientras obligaba a Max a sentarse en el sofá.
—Debe estar en su oficina—Dijo Christian para después abrazar a su hijo—¿No me dirás que paso?
Sergio tomo dinero de la billetera de Max y se dirigió al elevador.
—Max estará bien, es lo único que necesitas saber—Fue lo último que alcanzo a decir antes de que las puertas de elevador se cerraran.
El pelinegro tomo un taxi y se dirigió a la oficina de su padre. Subió al ascensor mientras repasaba en su mente todo lo que iba a decir.
Toto se encontraba en una junta cuando su mirada de desvió para encontrarse con la de su hijo.
Rápidamente les pidió a todos que se marcharan, y salió de la sala de juntas casi corriendo.
—Sergio—Dijo acercándose a él—Sabia que recapacitarías.
—Necesitamos hablar a solas—El tono de voz serio que uso el pelinegro le hizo entender que no tenían mucho tiempo.
Ambos se dirigieron a la oficina de Toto y este le pidió a su asistente que no los molestaran.
—Dime, ¿En que problema te metió ese idiota? —Fue lo primero que salió de la boca del mayor.
Sergio conocía bien a su padre y sabia cuanto lo amaba, Daría su vida por él, pero toto no movería ni un dedo por Max.
—Fui yo quien se metió en problemas—Comenzó el pelinegro—Casi mato a alguien y necesito que me ayudes a salir de esta.
Toto no le creía. Era imposible para él pensar que su hijo hiciera un acto tan bárbaro.
—Sergio, sabes que no me gustan estas bromas—Le dio la oportunidad de retractarse, pero no la tomo.
—Se trata de Lando—Continuó para su mala fortuna—Lo he lastimado y creí matarlo, la ambulancia llego por él y ahora temo que hable.
La falta de emociones al hablar, hicieron que la piel de Toto se erizara.
—No creo lo que mis oídos escuchan—Comenzó el más alto—Tú no serias capaz, no con tal frialdad.
—No es frialdad—Corrigió—Es autocontrol, ¿crees que estoy feliz solo porque no me ves llorando? La mayor parte de mi vida he ocultado quien soy en realidad, solo quiero a mi padre a mi lado.
—Es una locura, Sergio—Toto negaba una y otra vez—¿Por qué harías algo así?
Sergio entendió que no sería tan fácil obtener el favor de su padre. No avanzaría sin un sacrificio.
—Estaba harto y explote—Mintió sobre sus razones, ya que no podían esta relacionadas a Max—Pero si me ayudas, te prometo, haré lo que me pidas.
Toto no dejaría que un hijo suyo cayera en desgracia. Mucho menos que fuera acusado de ser un criminal. Haría todo lo que estuviera en sus manos para salvarlo de esa situación y, si podía, también de Max.