Out of control [Final]
22 de diciembre de 2025, 18:47
Max se interpuso entre la puerta y su novio.
—No hagas esto, por favor—Suplicó Sergio, pero el rubio hizo oídos sordo—Déjame salir.
El rubio lo tomo de la cintura para juntar sus labios, haciendo que Sergio cediera a sus encantos.
Max lo tomaba con fuerza, como si de esta forma pudiera evitar que lo se escapara de sus brazos.
Sergio no pudo evitar entregar su cuerpo al placer de los besos de su novio.
—No podemos—Dijo el pelinegro, pero parecía más un recordatorio propio que otra cosa.
—Entonces detenme—Lo retó el rubio separándose de él.
Sergio lo miró fijamente a los ojos, y pronto supo que Max estaba a punto de cometer una locura.
—No quiero creer que tú…—Comenzó Sergio, pero el rubio volvió a callarlo con un beso.
—Detenme—Volvió a retarle.
Al pelinegro le gustaba cuando el rubio lo obedecía, pero le encantaba cuando buscaba tener el control.
—Mi padre va a matarte—Le recordó.
—Primero tendrá que atraparme—Max volvió a tomarlo de la mano y lo arrastro hasta la parte trasera de la casa.
—¿A dónde vamos? —Pregunto Sergio mientras salían de la casa escabulléndose en la oscuridad de la noche.
—A donde sea menos a casa—El rubio lo llevo hasta su auto y arranco tan rápido que Sergio pensó que chocarían en cualquier momento.
Christian llamaba a su hijo una y otra vez. No había podido contactarlos en todo el día y se sentía muy nervioso.
Llamo a su futuro ex esposo, pues quizá él lo podría ayudar a encontrarlos.
—Sé perfectamente en donde están—Respondió Toto sin darle importancia a la preocupación de su ex pareja—Te pido que dejes de contactarme hasta que finalicemos el divorcio.
Toto corto la llamada antes de que Christian pudiera decir algo más. Estaba muy resentido con él. Sentía que había sido un error: la boda, vivir juntos, etc.
Si nunca hubiera conocido a Christian, quizá su hijo seguiría siendo el niño perfecto que tanto amaba y no se habría metido en tantos problemas por el tonto chico rubio.
Tomo su teléfono y marco al chofer que iría por su hijo.
—Lo lamento señor, pero creo que se han ido—Dio el hombre al otro lado de la línea.
Toto no dijo nada. Colgó la llamada y arrojo su teléfono lejos de él.
Tomo su saco y salió de la oficina como si el diablo lo persiguiera.
Estaba hecho una furia.
Max conducía como un loco. Sabía que sería cuestión de tiempo antes de que descubrieran su ausencia.
—Cariño, no vayas tan rápido—Pidió Sergio mientras veía como tomaba el volante con fuerza.
—Tenemos que irnos lejos de él.
—A otro país, no al cielo—Reclamó—Pero tenemos que ir a casa, pasaremos por mis cosas y nos marcharemos.
—¿Y si esta ahí? —Pregunto Max sin dejar de ver el camino—No me arriesgaré.
—Entonces vayamos con George, desde ahí le pediremos tu padre que nos traiga lo necesario—Sugirió.
Max lo pensó un poco antes de hablar.
—¿Y si mi padre se niega? ¿O le dice dónde estamos?
—No lo hará, no dejará que te lastimen—El rubio sabia que eso era verdad, así que no tuvo más opción que ceder.
Sergio sabia que un padre siempre amara a sus hijos, aunque las maneras no siempre sean las correctas.
Sabía bien que Toto lo amaba y creía estar haciendo las cosas por su bien.
Él también amaba a su padre. Siempre lucho por hacerlo sentir orgulloso.
Pero en sabía bien que llegaría el día en que sus caminos tomaran rumbos separados.
Y estaba cansado de mentir, de fingir algo que no era.
Nunca fue el hijo perfecto y debía hacérselo saber.
Llegaron a la ciudad y rápidamente se dirigieron al departamento de su amigo.
—¿Qué están haciendo aquí? —Dijo George cuando vio que los dejaban pasar.
—Necesitamos tu ayuda—Respondió Sergio—Mi padre quiere mandarme lejos.
—¿Otra vez? —El castaño observaba como sus dos amigos estaban muy alterados.
—Llamaré a mi padre—Dijo el rubio sacando su teléfono para contactarse con Christian.
—Deje tu laptop en casa, perdón—Comenzó el pelinegro—De igual forma debo adelantar la publicación del artículo.
Christian estaba entrando en un estado de desesperación.
La llamada con Toto solo lo altero más. Temía lo que pudiera ocurrir con sus hijos.
Su corazón comenzó a latir con velocidad cuando vio que su hijo le estaba llamando a su teléfono.
—¿Hola? ¿Hijo? —Preguntó rápidamente—He estado intentando comunicarme contigo, ¿Dónde estás? ¿Te encuentras bien?
Lo bombardeo con toda clase de preguntas. Estaba muy asustado.
—Estoy bien, papá—Comenzó el rubio intentando tranquilizarlo—Necesito que me traigas nuestras maletas, por favor.
—¿Qué? —Fue lo único que pudo decir el mayor antes de intentar procesar lo que eso podría significar—¿Para qué, hijo? ¿A dónde vas?
—No lo tenemos en claro.
—¿Tenemos? Claro, pediste ambas maletas—Se notaba el malestar en su voz—Déjense de tonterías y vuelvan a casa.
—No padre, tu esposo me quiere separar de mi novio y no se lo voy a permitir—Advirtió el rubio.
Christian suspiro frustrado.
¿Cuándo se detendría todo esto? ¿Algún día tendrá paz?
—Bien—Dijo rendido—Dame la dirección.
El mayor ya había sido testigo de lo lejos que podrían ir los jóvenes por proteger su amor.
Si Max se iba, al menos quería saber dónde estaba.
Si continuaba negándose a ayudarlo, solo lo alejaría más de él.
—Gracias papá, te quiero—Dijo el rubio aliviado por la ayuda de su padre.
—Y yo a ti, hijo.
Termino la llamada y fue en búsqueda de su novio.
Sergio estaba sentado en la cama de George y, mientras escribía algo en su teléfono, Max se acercó a su lado para juntar sus labios.
—No tienes autocontrol—Se burlo el pelinegro.
—Nunca lo tengo cuando se trata de ti—Max se posiciono lentamente sobre su novio, comenzando a saborear sus labios con delicadeza.
—Max, aquí no—Susurró Sergio, pero pronto sintió la mano de su novio en sus pantalones.
—¡No en mi cama! —Grito George cuando los vio, haciéndolos separarse rápidamente—Tengan algo de respeto.
Christian termino de meter las maletas a su auto cuando vio uno muy familiar estacionándose cerca de él.
—Creí que querías cortar el contacto—Dijo Christian antes de que Toto pudiera bajar de su vehículo.
—Vengo por mi hijo—Respondió el más alto mientras bajaba—Lo secuestro el tuyo.
—Deberías dejar de culpar a mi hijo por todo—Entonces Christian cerro la cajuela—Cuando nunca te has preocupado por conocer al tuyo.
—Conozco perfectamente a mi hijo—Toto se molesto cuando se le cuestiono su crianza.
—No lo creo—Respondió el más bajo sonriendo—Deberías revisar el blog con el que atacaste a tu hijo. Me hicieron llegar una nota muy interesante sobre ti.
Christian no espero respuesta alguna y subió al auto.
Toto pensaba en seguirlo, pero el tema del blog fue lo suficiente para distraerlo.
Tomo su teléfono y leyó el título de la última publicación de Good boys go bad.
“Golden boy: El hijo perfecto de un padre imperfecto”
La nota relataba todas las veces en las que Toto presiono tanto a su hijo que termino mintiendo en diversas oraciones para complacerlo.
Cada detalle de la forma en como Sergio creo esa falsa personalidad que lo hacia parecer perfecto ante los demás. El como oculto sus sentimientos para evitar incomodar a su padre.
El hecho de que se enamoro de Max y que Toto lo despreciara tanto que no se dio cuenta de lo mucho que su hijo amaba al rubio.
También los pensamientos pesimistas e incluso autodestructores que llegaron a pasar por su mente gracias a la presión de ser perfecto.
Toto había destruido a su hijo tantas veces y ni siquiera se había dado cuenta de eso.
Pronto sintió mucha culpa por todo lo que había hecho pasar a Sergio.
Si tan solo le hubiera dicho como se sentía todo ese tiempo, quizá algo habría sido diferente.
Pero se dio cuenta de que apenas escuchaba a su hijo. Y que este solo le decía aquello que quería escuchar. Lo único que le haría prestarle atención.
Había sido un mal padre.
Saco su teléfono y comenzó a llamar a su hijo, pero este no atendía el teléfono.
Quería creer que no era tarde, pero lo era.
Sergio y Max salieron del departamento de George después de recibir un regaño de la madre de este.
Para su buena suerte, Christian llego con sus cosas y pudieron marcharse del lugar después de despedirse de su amigo.
—¿Están seguros de esto? —Christian esperaba que sus niños se arrepintieran, pero pudo notar que estaban más que convencidos.
—He tenido suficiente drama por ahora—Respondió Sergio—Es momento de tomar un respiro.
—Tomaremos un avión a los ángeles, llamaremos cuando lleguemos—Dijo Max para después darle un abrazo a su padre.
—Debería decirles que no se vayan, pero no puedo obligarlos a ser infelices lejos del otro—Dijo Christian y Sergio se unió al abrazo.
—Ya debemos irnos—Recordó Max para después separarse.
—Los llevare al aeropuerto—Ofreció el mayor.
Los tres subieron al auto y se fueron rumbo al aeropuerto.
Ahí se despidieron una vez más y los jóvenes enamorados se marcharon en el último vuelo.
Durante el camino ambos sintieron que estaban dejando atrás una vida llena de conflictos, mentiras y dolor. Renunciando a todo por amor, libertad y tranquilidad.
Para finalmente eliminar el blog Good boys go bad.