Thinking i belonged there
22 de diciembre de 2025, 18:47
Max finalmente pudo descansar esa noche al saber que el foco de atención no estaba sobre él.
Se negó a irse a su habitación. Quería quedarse junto a Sergio, sintiéndose agradecido por tenerlo en su vida.
Por otro lado, Sergio no podía dormir.
Si, el tema parecía haberse cerrado para ambos, pero ahora estaba en deuda con su padre.
En ese momento su teléfono comenzó a sonar y sorprendió al ver de quien se trataba.
Se levanto de su cama evitando despertar a Max, y camino hacia el pasillo hasta la habitación del rubio para tener mayor privacidad.
—Lewis—Dijo el pelinegro apenas atendió.
—Necesitamos vernos—Soltó su ex amigo al otro lado de la línea.
—No puedo.
—Sergio, no puedes dejarme con esta basura—Comenzó el moreno—Tú y yo hemos peleado mucho últimamente, pero no te haría algo así.
El pelinegro sospechaba que esa llamada pudiera no ser del todo privada, así que comenzó a escoger sus palabras con cuidado,
—Por el contrario, se que serias muy capaz de hacerme algo así—Comenzó Sergio mientras caminaba por la habitación de su novio—Pero yo no te he hecho nada. Solo fui sincero con la policía, no se que como eso podría perjudicarte.
—Hacerte el imbécil no funciona conmigo—Le advirtió—Di la verdad.
—La verdad es algo que tú no sabes manejar—El pelinegro soltó una pequeña risa—No intentes intimidarme para mentir por ti. Pídele ese favor a tu novio.
—Sergio—El pelinegro no pudo descifrar si era una súplica o una amenaza.
—Ya es muy tarde, Lewis, en todo sentido—Respondió algo cansado—Dales mis saludos a tus padres, sin duda se merecen algo mejor.
Sergio colgó la llamada sin darle tiempo a responder.
Si Lewis lograba salir de esta, lo cual era muy difícil, utilizaría Good boys go bad para terminar de hundirlo.
El pelinegro regreso a su habitación y se entrego a los brazos de su amado.
Lewis arrojo el teléfono contra la pared. De nada le sirvió grabar la llamada si Sergio no aflojo la lengua.
Sentía que se hundía cada vez más en la desesperación.
La familia Norris ofreció un trato si Lewis admitía lo que hizo, era expulsado de Kingsley y se alejaba para siempre de su hijo. Impidiéndole convivir en el mismo circulo social.
Era un trato demasiado amable para la situación en la que estaban.
Pero Lewis no aceptaría fácilmente.
Debía buscar la forma de voltear las cosas contra su ex mejor amigo y el novio de este. Era la única salida.
Al menos eso tenia en su cabeza hasta que descubrió que Sergio y Max tenían grabaciones en una cafetería cercana. La misma donde empezaron los problemas con su ex mejor amigo.
Para ese punto ya no había nada que hacer.
Todo, convenientemente, estaba en su contra.
“Pídele ese favor a tu novio” recordó las palabras de Sergio.
Nico lo había bloqueado de todos lados. Ni siquiera lo recibió cuando lo fue a buscar a su casa.
Se había quedado completamente solo.
Y si bien sus padres parecían apoyarlo, poco a poco mostraron desconfianza a su versión. No porque no le creyeran, sino porque vieron que era mejor admitir que lo hizo accidentalmente antes de llegar a una demanda legal.
Pero aceptar eso era admitir que no creían en él.
Eso termino de romperlo.
Hacer que Sergio se retractara era la ultima esperanza que le quedaba.
Sin Sergio, sin Nico, sin amigos y sin familia.
El juego había terminado para él. Finalmente perdió.
A la mañana siguiente los Hamilton llegaron a un acuerdo con los Norris. Y para evitar el escándalo, Lewis se iría a estudiar al extranjero.
—Deberíamos salir a caminar—Dijo Sergio cuando vio que su novio finalmente despertó—Es un día maravilloso.
—¿No es muy temprano? —Pregunto Max mientras se pasaba las manos por el cabello.
El pelinegro se acerco a él y le planto un beso en los labios.
—Disfrutemos este día—Pidió para después volver a juntar sus labios, haciéndolo sonreír.
Max se levanto de la cama para comenzar a vestirse. La tarde anterior habían ido a recoger las cosas que habían dejado en el hotel, así que todo estaba hecho un desastre.
Sergio reviso su teléfono y vio el mensaje de su único amigo, George.
“Lewis acepto que fue él. Te dije que siempre sospeché”
—George.
El pelinegro sonrió al leer esto.
Tomo la laptop de su amigo y comenzó a escribir el penúltimo post del blog.
—Ya casi estoy listo—Dijo Max mientras se ponía los zapatos—¿Qué haces?
—Escribo para Good boys go bad—Respondió sin quitar la mirada del computador—Hoy cerraré el blog.
—Finalmente—Respondió el rubio con alivio descomunal, algo que hizo reír a su novio—Un poco de paz después de tanto tiempo.
Sergio sonrió amargamente.
Una vez terminado, el pelinegro apago el aparato y bajo a desayunar con su novio.
Mientras estaban en la mesa, Christian no pudo evitar notar que Max siempre buscaba tomar la mano de Sergio. Ya sea consciente o no.
Esto hizo sonreír al mayor, sabiendo que había tomado la mejor decisión.
Les diría sobre el divorcio esa noche, pues no quería arruinarles, o alegrarles, la mañana. No sería una distracción para la pareja enamorada.
Sergio y Max salieron a caminar al parque cerca de su casa. Era sábado, así que estaban despreocupados de todo.
El clima era especialmente fresco esa mañana.
La brisa del viento despeinaba sus cabellos y el sol calentaba sus mejillas.
Sus manos se tomaban como si no quisieran ser separadas, sus dedos se entrelazaban como si fueran piezas de rompecabezas destinados a estar juntos.
—Me gustaría ir a la casa de playa una vez más—Sugirió Sergio para sorpresa del rubio.
—¿Ahora? —Pregunto y el pelinegro asintió—¿Quieres que nos quedemos a dormir?
Sergio sonrió en respuesta.
Ambos jóvenes subieron al auto del rubio y emprendieron su viaje a su nido de amor.
Lewis caminaba hacia la entrada al avión, reviso su dañado teléfono una última vez y vio la nueva publicación de Good boys go bad.
“It boy o Hit boy”
Era lo único que decía, pero venia acompañado de una fotografía.
Se trataba del moreno sentado recibiendo atención médica.
Lewis sonrió sabiendo de donde nació la idea de culparlo.
Apago su teléfono y lo arrojo a un bote de basura cercano.
Los jóvenes enamorados llegaron a la casa de playa justo a tiempo para disfrutar de las cálidas olas.
Jugando entre las olas, besándose en la arena.
Era como el sueño perfecto.
Max se detuvo a apreciar a su novio, observando cada parte de su rostro, queriendo siempre verlo por las mañanas.
Pero la mirada de Sergio no podía estar más cargada de melancolía.
Se aferraba con todas sus fuerzas a la vida que deseaba. Una libre de mentiras y sueños de papel.
Max era todo lo que siempre deseo. Y sentía que su corazón se detendría con cada respiro que daba.
Lo amaba tanto que haría todo por él. Incluso si eso lo hiciera infeliz.
Cayó la noche tan rápido como su fantasía.
Max comenzó a acomodar las almohadas en la cama, pero su vista capto algo que llamo su atención.
Un auto conocido estacionado fuera de la casa.
No le llevo mucho tiempo saber de quien se trataba.
Bajo corriendo las escaleras, y entonces se encontró a Sergio de pie frente a la puerta principal.
—¿A dónde vas? —El rubio temía la respuesta.
—Tengo una deuda que pagar—Confeso el pelinegro y Max corrió hacia él para tomarlo de las manos.
—No, dijiste que no te irías—Reclamó el rubio—Sabes que te amo.
Sergio sentía que le faltaba el aire.
No se suponía que el chofer llegara tan temprano.
—Solo son dos años—Intento tranquilizarlo, pero ni siquiera a él le gustaba la idea—Volveré en menos de lo que pienses.
No sabía si lo decía para convencer a Max o a sí mismo.
—No, no te dejare ir—Respondió Max mientras lo rodeaba con sus brazos—No como esa noche. No cometeré ese error dos veces.
No había forma en que el rubio lo dejara ir. Sabia bien que eso sería imposible y por esa razón había llegado a un acuerdo con su padre cuando lo llamo esa mañana.
Tendría el día perfecto junto a la persona que amaba, pero debía renunciar a todo al final del día. Sin embargo, Max no permitiría que eso ocurriera, y estaba dispuesto a todo por impedirlo.