I: la carta
26 de diciembre de 2025, 16:37
‘ Nezuko, querida, ¿Cómo haz estado?’ Comenzó una carta.
‘Hoy día retomé cierta rutina de entrenamiento luego de mi descanso, en este trayecto he tenido tanto en mente que, en esta carta, no entrarían las ideas.
Le pedí al pilar del viento un duelo, para ponerme al día con mis habilidades como pilar. Salió increíble, no recibí daños. Bueno, no los suficientes para que la señorita Shinobu se enfade conmigo por mi pronta dada de alta.
Cómo te habrás enterado en bocas de todos, el entrenamiento de los pilares inauguró hace un par de días. ¿Te das una idea de las idioteces que tienen los cazadores cómo conversación? No estoy a gusto con la dicha de sus distracciones y su necesidad excesiva de concebir un matrimonio’.Nezuko no pudo evitar arrugar el papel en mano acorde iba leyendo por imaginarse la voz fastidiada de Muichiro con un puchero en su rostro.
‘¿Podés creerlo, Nezuko? Despojar a una persona no solo me parece un vínculo aterrador’.Nezuko volvió a sonreír, el papel emana cierto olor a bochorno que le hacía creer, que, quizá él no piensa así.
‘Es decir, no está mal, pero somos cazadores y el deber, no sólo te arrebata el tiempo; sino la vida. No obstante, como pilar no puedo permitirme ideas fugaces. Me distraen. Después de todo, necesitaría el permiso de Oyakata-sama y sería vergonzoso.
Espero que tus futuras misiones vayan con fluidez al igual que tu mejoría. Pese a todo, cuídate.
Atentamente,
Muichiro.’
— Una carta muy larga viniendo del pilar de la niebla — comenta Aoi de chismosa mientras en mano un té tibio estaba listo para ser digerido —, desearía que su cuervo haga menos alboroto. Tengo heridos descansando en las habitaciones.
Luego de la disputa contra la luna superior cuatro, inevitablemente las heridas graves la llevaron a hospedarse por un par de meses en la finca de las mariposas.
— Es agradable. A veces dice cosas sin sentido, pero entretiene.
Los árboles afuera hacían su melodía, la luz temprana le bailaba el cabello negro y junto a ella, ese rojito en el cachete. Aoi, por su parte que observaba el rostro raramente iluminado, y esa sonrisa de estúpida que adornaba su tierna cara. Le hizo conectar ciertos cables en el cerebro que la hizo creer que lo entendió todo.
— Cuidadito, no te vayas a poner nerviosa cuando entrenes con él.
—Epa, Aoi, si hablamos de colores vos estás ciega —. Le recordó, sonriendo.
—Es un caso perdido. Hay hombres mucho más jóvenes y que ya son padres —. Preparó unas tijeras que se parecían a las cizallas, una sola pieza de bronce en forma de U con ambos extremadamente afilados, serían usados para cortar el cabello crecido de Nezuko que, traspasaba un poco más de su clavícula —. Es inteligente, pero a veces parece poseer algún retraso —. Suspirando derrotada; delicada, sosteniendo y midiendo el grosor del mechón posicionaba dicho instrumento para luego dar el primer corte —. Bue, que se la va a hacer ¿No? A su edad debía ser difícil vivir en paz.
Pelo por pelo iba cayendo sobre esa cama, esparciéndose cómo tinta que mancha el cielo al terminar el día. No suele preocuparse por ese lado de su aspecto, era un simple ‘’Listo, ya está. Lo cortó de una y me voy a ver con el pelo corto otra vez’’—Creo que, ya olvidó cómo solía verse con su melena larga—. El negro se quedaba entre los dedos de Aoi, lo dejó en la sábana y miró atentamente para repetir movimientos del lado izquierdo.
— Quedó prolijo. Mucho más prolijo desde la última vez que te lo cortaste —. Alcanzó a oírla desternillarse.
Y eso sonó a desafío. Nezuko la fulminó con la mirada, porque sabía que con ella no se contenía de decir:
‘‘¡Vos te haces dos colitas!’’
—
Ginko volvió a aparecer en la residencia de Kanroji, esta vez mucho más molesta que antes. Trayendo una carta en sus dos patas, con un graznido se lo soltó en la cara sudada por la elongación, una tortuosa elongación. Agarrando de sí el papel pegoteado, sentada en el patio bajo el sol brillante y brisas que de a poco se volvían heladas. Leyó:
‘Querida Nezuko,
Tu ausencia en mi entrenamiento es notoria, y creo no poder soportarlo.
¿Será algún tipo de arte demoníaco? Fui con la señorita Shinobu, creí que estaba enfermo, sin embargo, los síntomas eran más psicológicos y no físicos, por lo que dijo que no era grave.
Aoi se burló de mí cuando me retiré de la residencia ¡Es una irrespetuosa! Dice que estoy enamorado, y todavía se vuelve a reír de mí. ¡Yo no estoy enamorado, Nezuko! Te lo juro, pero no comprendo el temblor de mi pecho, ni la razón de mi mirada fija. ¿Vos sabrás algo? ¿Es acaso un exceso que tu nombre en mis sueños se cobija?
Espero tu actual entrenamiento esté yendo de maravilla, éxitos.
Atentamente,
Muichiro.’
Nezuko sonrió, más tarde respondería. Sus piernas pataleaban con cierta emoción, quizás su cuerpo no puede con tanta atención. Cómo destello de sol sus mejillas quemaban, con aquella ropa que traía el carmín resaltaba, ni el agua fresca insistiría en quitar el latido incontrolable de un corazón inquietante. Pasaron días, con cada misiva, el lazo crecía. Cartas manchadas de tinta y pétalos secos viajaban con ella entre cuarteles y templos, llevando versos que eludían confesiones directas, pero ardían en cada línea.
‘¿Muichiro, te das cuenta de las cosas que decís?’