Guilty

Gen
NC-17
Finalizada
0
Tamaño:
166 páginas, 89.853 palabras, 11 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

6. Amor y pasión. El traumático enfrentamiento.

Ajustes
Tras haber saldado la cuenta pendiente que tenía con Yamazaki y haber estado un rato en el mirador, Sakura se dirigió hacia Mon Ange, pero el haberse enterado de que Shaoran era policía había minado su ánimo. Tanto, que incluso entró con desgana al salón canino. Tomoyo y Meiling se extrañaron de ver allí a Sakura. –Sakura, ¿qué haces aquí en tu día libre? –preguntó Tomoyo. –Sólo sentía que quería veros. Este es el único lugar en el que me siento bien. –dijo Sakura. Tomoyo y Meiling se miraron ante el extraño comportamiento de Sakura. –Ya casi es hora de cerrar, os ayudo con la limpieza.

00000000

Tras el día de locos que habían vivido, Shaoran fue a la comisaría, donde lo esperaba Kaho. –¿Has encontrado a Wei? –preguntó Kaho. –No. ¿Y tú? –No. Tampoco he encontrado testigos que lo vieran. ¿Estás seguro de que era él? –Sin ninguna duda. –¿Por qué siente que debe huir de nosotros? –preguntó Kaho. –Ni idea. –Por cierto, ¿has denunciado el robo en tu apartamento? –preguntó Kaho cambiando de tema mientras Shaoran encendía el ordenador de su mesa. –No. –¿No quieres saber quién entró en tu apartamento? –pero Shaoran no respondió. –Bueno allá tú. Cambiando de tema. Déjame ver todo lo que tengas de Sakura. –No lo tengo. –¿No crees que ya no tiene sentido que me lo ocultes? –Todo el material de la investigación fue lo que robó el ladrón de mi apartamento. –explicó Shaoran. Kaho comenzó a entender por qué Shaoran no había denunciado. Eso podría poner más alerta a Kaito y les obligaría a decirle lo que sabían. –¿Qué? ¿Por qué haría eso? –Vosotros, venid conmigo. Tengo algo que deciros. –dijo Kaito haciendo aparición. –Me están esperando para recoger el perro de Wei. Si no llamo, se quejarán. –dijo Shaoran como excusa, sobretodo porque hablar con Kaito era lo que menos le apetecía a Shaoran en ese momento. A decir verdad, nunca le apetecía. Sin haber visto nada, volvió a apagar el ordenador para marcharse. –Wei se ha convertido en el principal sospechoso. –dijo Kaito antes de que Shaoran saliera, lo que hizo que se detuviera. Finalmente, los tres entraron en la sala de reuniones. A pesar de que no le apetecía ver a Kaito, éste parecía tener cierta información que a Shaoran le interesaba conocer. –Me imagino que estaréis al tanto de la muerte de Takashi Yamazaki, el presidente de la compañía tecnológica. –¿Qué relación tiene eso con Wei? –preguntó Kaho. –Después de la hora estimada de la muerte de Yamazaki, testigos afirman que han visto a alguien saliendo del edificio y que coincide con su descripción. –dijo Kaito, a pesar de que Kaho no encontró ningún testigo. Para dar peso a lo que estaba diciendo, Kaito sacó de un sobre unos papeles y se los pasó a Shaoran y a Kaho. Ahí se podía apreciar un registro con la cronología o agenda de Yamazaki. Todo era aparentemente normal hasta que llegó a ciertos días. –¿Qué es esto? –preguntó Shaoran. –Pone “posible proyecto de ejecución” en sus días libres. –dijo Kaho. –También lo pone para hoy. –Sin duda, es el plan para asesinar a Yamazaki, donde se reflejan los posibles días en los que el asesino se ha planteado actuar. –dijo Kaito. –Lo hemos extraído del ordenador de Wei. La fecha de creación del documento es de una semana antes de su desaparición. –Eso es ridículo. –dijo Shaoran resistiéndose a creer aquello. –Me han comentado que vosotros también os habéis dejado caer por el lugar de la muerte de Yamazaki. –Simplemente pasábamos por allí. Fue una casualidad. –dijo Shaoran sin creerse su propia mentira. –¿Casualidad? ¿Me tomas por tonto? Estás investigando la desaparición de Wei y de repente apareces en el edificio de oficinas de Yamazaki. A partir de mañana incrementaré el personal para buscar a Wei. Después de todo, se ha convertido en el principal sospechoso de la muerte de Yamazaki. –Espere, por favor. –le pidió Kaho. –Creo que deberíamos darle protección a Wei. –Las pruebas se han vuelto en su contra. Eso no es posible. –argumentó Kaito. –Dime, Li. ¿Sabes cómo me siento por tener que buscar a Wei como sospechoso de asesinato? Mañana por la mañana tendremos una reunión sobre esta investigación. Será mejor que os vea la cara. –Es tal y como dijo Kero. –dijo Kaho una vez que Kaito se marchó, recordando lo que les dijo en el bar de Yue. Flashback. –Wei podría estar vengándose de parte de Kinomoto para compensarla por las falsas acusaciones. –dijo Kero. Fin del flashback. –Es cierto.

00000000

–Sakura, ¿estás segura con cerrar tú? –preguntó Meiling. –No os preocupéis. He venido porque he querido y me estoy ofreciendo voluntaria. –dijo Sakura. –Pues gracias. –agradeció Meiling. –Nos vemos mañana. –se despidió Tomoyo. Una vez que se marcharon, Sakura cogió en brazos a Ruby Moon y se sentó en el sofá. –Ruby Moon, Shaoran sólo ha estado espiándome, ¿verdad? Por eso era tan amable conmigo, para acercarse a mí. –reflexionó Sakura dolida. Entonces escuchó que llamaban a la puerta y se sobresalto. Al ir hacia la puerta, vio que Shaoran estaba allí. Intentando aparentar serenidad, abrió la puerta y lo dejó pasar mientras iba a buscar las cosas de Ruby Moon. Una vez que recogió las cosas del animal, se lo pasó a Shaoran. –Nos vemos mañana, Ruby. –¿Hoy también has tenido que trabajar? –preguntó Shaoran. –No. Hoy era mi día libre, pero no tengo nada que hacer en casa, ni amigos que visitar o que me visiten. –dijo Sakura con sinceridad. –Lo siento. Es hora de irme. –dijo Shaoran. –Shaoran, ¿has cenado? –preguntó Sakura antes de que se marchara. –Todavía no. –Yo tampoco. Si quieres, podríamos ir a cenar juntos. –¿Qué? –preguntó Shaoran sin esperar la propuesta. –Me gustaría cenar algo rico. Además, también me gustaría hablar contigo. –Claro. Como quieras. –accedió Shaoran. –Perfecto. Ve saliendo, yo voy a cerrar.

00000000

Como Kero vivía en una chabola y de vez en cuando ayudaba a otros indigentes siempre que podía, se había ganado el favor de muchos de ellos. A cambio, ellos también le proporcionaban cierta información cuando se enteraban de algo o le hacían favores. De esa forma podía estar al tanto de hechos que ocurrían en los bajos fondos de Tokio. Esa noche se había presentado una de esas ocasiones. –¿Dónde está? –le preguntó Kero a un indigente. El indigente se limitó a señalar. Kero lo vio allí acostado mientras dormía. Preparó su pequeña cámara digital y cuando llegó, le quitó el sombrero suavemente para poder obtener la prueba de su hallazgo. –Te he encontrado, Wei. El sonido de la cámara y la luz del flash despertó al susodicho. –Kero. –una vez que se espabiló, Wei se levantó y echó a correr. –¡Espera, Wei!¡¿Por qué huyes?! –preguntó Kero mientras seguía haciendo fotos de la huída.

00000000

Ante la propuesta de ir a cenar, y habiéndole prometido que en la próxima ocasión no se limitarían a cenar fideos instantáneos, Shaoran llevó a Sakura al bar de Yue. –¿Qué vais a tomar? –preguntó Yue. –Algo decente para cenar. Omurice o algo así. –contestó Shaoran. –No me esperaba que un bar como este sirviera menús tan familiares. –dijo Sakura. –Yue cocina muy bien, y el omurice en particular le sale muy bien. –dijo Shaoran. –A pesar de su seria apariencia seguro que se alegra de que alabes sus cualidades culinarias. –dijo Sakura. –¿Qué quieres de beber?¿Cerveza? –preguntó Shaoran. –Lo cierto es que nunca he bebido alcohol. –confesó Sakura. –He estado en prisión desde que tenía 19 años y estaba terminantemente prohibido. De hecho esta es la primera vez que vengo a un sitio como este. Me causó mucha sorpresa cuando salí de la cárcel. Tanto la ciudad como la gente parecía haber cambiado. La prisión es un lugar en el que se detiene el tiempo, mientras que afuera todo fluye. –Tomad un aperitivo mientras esperáis. –dijo Yue sirviendo unos frutos secos. –Pero por mí no te cortes. Toma una copa. –dijo Sakura, que no parecía que Shaoran estuviera dispuesto a pedir nada. –No. Lo he dejado. –dijo Shaoran un poco incómodo. –¿En serio? –preguntó Sakura sorprendida. –Sí. Hubo un tiempo en el que empecé a depender un poco del alcohol. Era una forma de desviar mi atención de mi propio crimen. –confesó Shaoran volviendo a recordar la mirada desesperada de Yukito y la sádica risa de Mizoguchi. Lo que Sakura no se imaginaba es que incluso Shaoran tuviera sus propios demonios por haber cometido un crimen. –Shaoran no es el responsable de la muerte de Yukito. –intervino Yue mientras le ponía un vaso de agua al castaño. –Shaoran, no uses la palabra crimen para aplicártelo. –Es como si yo lo hubiera matado. –Un asesino no entendería ni el dolor ni la pena de la familia o los amigos de la persona a la que mata. –dijo Yue antes de volver a la cocina. Sakura se preguntó si eso se le aplicaba a ella. Después de todo, ella hacía lo que hacía porque fue víctima de un asesino que de verdad, no entendía ni el dolor ni la pena. ¿Estaba ella causando también el mismo dolor? No lo sabía, pero sólo intentaba hacer justicia. La justicia que ella no tuvo. –¿De qué querías hablar? –preguntó Shaoran interrumpiendo sus pensamientos. –Ya hablaremos de eso más tarde. Disculpa un momento. –dijo Sakura yendo al baño. Una vez que terminaron de cenar, Sakura y Shaoran fueron caminando tranquilamente hacia el salón canino, donde habían dejado a Ruby Moon. –Shaoran, ¿por qué crees que entré en prisión? –preguntó Sakura deteniendo la marcha. –No lo sé. –respondió Shaoran. –Fue por asesinato. –respondió Sakura sin avergonzarse por ello. Había descubierto que Shaoran era detective e intuía que la había investigado. Para esas alturas, seguro que sabía todo o casi todo, pero aún así prefirió confesarlo. Shaoran no esperaba que le confesara aquello. Normalmente es algo que cualquiera evitaría u ocultaría. –Me condenaron por matar a dos familiares. Pero en realidad no los maté. No guardo rencor a mi familia. Ni siquiera tenía un motivo para matarlos. –Entonces, ¿por qué te incriminaron? –preguntó él, que tampoco se explicaba por qué la acusaron a ella, aunque todavía no sabía si era cierto que no fue ella. –No lo sé. –¿Por qué me cuentas esto? –Porque creo que tú me creerías. –dijo Sakura. Shaoran no sabía qué decir, y ella notó la incomodidad del policía. –Lo siento. Es un tema extraño para hablar. –No. –dijo Shaoran intentando mostrarse comprensivo. –Shaoran, no parecías muy sorprendido cuando te lo he contado. ¿Acaso ya lo sabías? –preguntó con suspicacia. –No. –respondió Shaoran intentando mantener la compostura. Pero Sakura percibió que Shaoran estaba un poco nervioso y sonrió. –¿De verdad? Muy bien. Toma la llave de tu apartamento. Olvidé devolvértela el otro día. –dijo Sakura zanjando el tema de forma radical. –Quédatela. –dijo Shaoran. –¿Por qué? –Seguramente tenga que trabajar algunas noches. –respondió Shaoran. –¿De verdad confías en mí? –preguntó Sakura. –¿Acaso no puedo? –No entiendes nada. –musitó Sakura, que aún seguía dolida por haberle mentido. Le había dado una gran oportunidad para que le contara la verdad, pero Shaoran seguía sin confesarle su verdadera profesión. –¿Qué? –Nada. Disculpa. –dijo Sakura adelantándose hacia Mon Ange. Para Shaoran había sido una conversación muy tensa e incómoda. Nunca había visto a Sakura con esa actitud. Se había sentido como si lo hubiera puesto a prueba. De lo que ninguno de los dos se había dado cuenta era de que alguien con botas de estilo militar los observaba desde la oscuridad de la noche.

00000000

Tal y como dijo Kaito, al día siguiente a las nueve de la mañana tuvo lugar una reunión de la Primera División de Investigación de la PMT. A pesar de que ni Shaoran ni Kaho disfrutaban con la sola presencia de Kaito, no tuvieron más remedio que asistir para conocer las decisiones que había tomado con respecto a la desaparición de Wei. –Como algunos ya sabéis, el detective Wang se ha convertido en el principal sospechoso de la muerte de Takashi Yamazaki, el presidente de la tecnológica Cyber Road. –puso al tanto Kaito. Tras ponerlos en antecedentes, dio la palabra a Ryo Katokura, que estaba frente a una pizarra blanca donde venían las principales pesquisas recabadas hasta el momento. En una mitad de la pizarra venía información y fotos de Yamazaki, mientras que en la otra mitad la información era de Wei. Aparecían datos como por ejemplo, la fecha y hora de la desaparición, así como fechas con testimonios en los que Wei había sido visto. –Justo después de la muerte de Yamazaki, un sospechoso que coincide con la descripción de Wei fue visto huyendo del edificio de la escena del crimen. Esta información ha sido confirmada por testigos al enseñarles fotografías de Wei. Y además, tenemos pruebas incriminatorias que el mismo Wei guardaba en su ordenador. –explicó Ryo. –Después de su desaparición, acudió varias veces a la empresa de Yamazaki. –Wei ha liado una buena. –comentó Takabe. –Además, aceptaba sobornos del crimen organizado. –añadió Ryo. –Escuchad. Esto supone un escándalo para nuestro departamento. Así que, quiero que encontréis a Wei antes de que se filtre nada para poder poner fin a todo esto. –ordenó Kaito. –Haced lo que tengáis que hacer para ello. –Takabe y yo comprobaremos los testimonios de los conocidos de Yamazaki. Mitzuki y Fuji haced una visita a la esposa de Wei en el hospital. –ordenó Ryo. –En este caso, Shaoran y yo estamos trabajando juntos, así que iré con él. –dijo Mitzuki. –En marcha. –dijo Ryo sin querer entrar al hecho de que le hubieran cuestionado una orden. Shaoran no había abierto la boca durante toda la reunión, pero no le gustaba nada el tratamiento que le estaba dando Kaito al asunto de Wei. Por eso, cuando acabó la reunión y todos se disponían a seguir con su trabajo, Shaoran no pudo evitar echarle una de esas miradas fulminantes a Kaito mientras este volvía a su asiento. –¿Qué pasa? –preguntó Kaito ante el poco disimulo de Shaoran. –Nada.

00000000

En un puente peatonal, Sakura ojeaba un artículo periodístico de Kero de hacía quince años que había rescatado convenientemente. Aquel artículo había contribuido a su caída en desgracia. En él, aparecía ella con sus ojos censurados por imperativo legal, como si eso fuera suficiente para mantener el anonimato. En la foto también aparecían recipientes de cianuro potásico. –Cuántas mentiras. –musitó Sakura. Después sacó su teléfono móvil y miró el contacto del autor del artículo, planteándose cuándo sería el mejor momento para llamarlo.

00000000

–Tenemos que ser nosotros quienes encontremos a Wei primero para esclarecer los verdaderos hechos. –dijo Shaoran todavía en el coche, que habían estacionado frente al hospital en el que estaba ingresada la esposa de Wei. –¿Sospechas de Wei? –preguntó Kaho. –Simplemente no acabo de verlo todo claro. –respondió Shaoran, que conociendo a Wei como lo conocía tenía sus dudas sobre el cariz que estaba tomando la investigación. –Es cierto. ¿Por qué desaparecería?¿De qué forma está involucrado con las personas del caso de los pastelitos de hace quince años? ¿Por qué se han suicidado uno tras otro? ¿Por qué han robado la información que recabaste en tu investigación? –se preguntó Kaho. –Son muchos misterios. –De lo que no hay duda es que Wei tiene las claves en al menos uno de esos casos. Por eso tenemos que hablar con él antes que nadie. –Si Wei está involucrado, sólo puedo pensar que Sakura lo ha estado extorsionando para que coopere con ella.. –¿Crees que es cómplice? –Sólo digo que si es así, todo encaja. –respondió Kaho. –Sakura no parece que esté al margen del caso, aunque puede que no haga ningún movimiento durante un tiempo. De todos los que están involucrados o están al tanto de alguna manera con el caso, sólo él queda con vida. No, me equivoco. En realidad hay otra persona más. Puede que haya alguien más a quien le guarde rencor. Alguien de quien le gustaría deshacerse. –¿Quién? –Keroberos, el periodista.

00000000

Debido a la conclusión que había sacado, Kaho decidió quedar con Kero para advertirle del peligro, ya que podría ser la próxima víctima de Sakura. –¡Kaho! –lo llamó Kero desde lejos haciendo una pose ridícula. Kaho apartó la mirada por la vergüenza ajena que sentía. Para Kaho era una lástima que el talento que tenía Kero para obtener información y ejercer su profesión quedara empañado por el hecho de que le gustara hacer tanto el tonto. –Siento la tardanza. ¿Dónde está Shaoran? ¿No será que querías tener una cita a solas conmigo? –Deja de decir estupideces por una vez. –le advirtió Kaho. –Me imagino que sabes que todas las personas involucradas en el caso de hace quince años se han ido suicidando sucesivamente. –Por supuesto. También sé que el investigador Wei Wang se ha convertido en el principal sospechoso y que tu departamento ha empezado a tomarse en serio su desaparición. –confirmó Kero. ¿Cómo era posible que se hubiera enterado de eso? Al fin y al cabo, Kaito dejó bien claro que no quería que se filtrara la información. No obstante, mientras no se publicara no habría peligro. –En cualquier caso, ya no habrá más suicidios raros. Después de todo, ya no hay más objetivos. –Claro que hay. Estás tú. –dijo Kaho. –¿Yo? –Tus artículos acorralaron a la familia Kinomoto, y por eso, Touya, el hermano mayor de Sakura se suicidó. –argumentó Kaho. –Así que, lo natural es que para vengarse, tú seas su próximo objetivo. Ante el razonamiento de Kaho Kero soltó una carcajada. –Claro que no. Después de todo yo no hice nada malo. Yo sólo recopilé información preliminar y escribí artículos. Bueno, los adorné un poco. –¿No crees que esa puede ser la fuente de su resentimiento? –preguntó Kaho. –Yo sólo di a los lectores lo que querían leer. Sólo hice mi trabajo. ¿Qué motivos tendría ella para ponerme en su punto de mira? –preguntó Kero. –Por el momento, abstente de llamar la atención con tu comportamiento y deja de acudir a las escenas de los crímenes. –le aconsejó Kaho. –Si quieres estar seguro, podríamos protegerte. –Si me estás pidiendo que me vaya a vivir a tu casa, lo haré. Si no es así, paso. –dijo Kero, sabiendo que Kaho nunca le ofrecería ir a vivir a su casa para brindarle protección. –Sólo te estoy advirtiendo de que la probabilidad de que Sakura sea una amenaza para tu vida es alta. –¿Eso crees? En cualquier caso, no estaría mal morir en sus manos. Así ya sabríais quién es la culpable. –¿Es que todo te lo tomas a la ligera? –Ante todo, soy periodista. Vivo para escribir artículos que no dejen indiferente a nadie. Y estoy dispuesto a morir por ello. –dijo Kero. –¿Acaso no piensas en tu familia? Sería muy triste para ellos. –¿Crees que tengo familia? –preguntó sonriendo como si eso fuera una ocurrencia sin sentido mientras se marchaba.

00000000

Como otras veces en las que quería hablar en privado, Kaito se metió en el espacio reservado para fumadores dentro de la comisaría. –Sí, ya puedes actuar. –dijo Kaito por teléfono. –No te preocupes. Yo estoy al mando aquí. Es gracias a mi influencia que estás libre. Por supuesto que no voy a traicionarte.

00000000

A Sakura le gustó tanto el bar de Yue que se dejó caer allí para tomar un café, pero sobretodo, porque necesitaba saber más sobre Shaoran, y lo que le quedó claro era que Yue lo conocía bastante bien. –Aquí tienes. –le sirvió Yue. –Me dio la impresión de que Shaoran sufre mucho por lo que ocurrió hace un año. –dijo Sakura para entablar conversación con el barman. –Lo cierto es que siento curiosidad, pero no habla de ello. En realidad no habla mucho de sí mismo. ¿Es esa la persona a la que mataron? Yue miró la foto a la que hacía referencia Sakura. –Sí. Era mi mejor amigo. –explicó Yue. Después, Yue le contó por encima lo que había pasado con Yukito y Shaoran. –Me cuesta creer que Shaoran huyera y abandonara a su pupilo mientras moría quemado. –dijo Sakura. –No huyó, pero una vez que empezó a arder, ¿qué podía hacer él? Lo que también da asco es que aquel reportero escribiera aquella bazofia. –se lamentó Yue. –Él lo revolvió todo. –¿Es eso cierto? ¿Quién era el reportero? –preguntó Sakura con curiosidad, aunque intuía la respuesta. –Ese bastardo de Keroberos. –respondió Yue como si para pronunciar ese nombre tuviera que utilizar veneno, en lugar de saliva.

00000000

Tras la conversación con Kaho, Kero se sentó en el sofá del “salón” al aire libre de la zona de indigentes en la que vivía y se puso a contemplar la foto de su hijo. Aunque no lo hiciera ver, el hecho de que Kaho hubiera nombrado a su familia lo había removido. –Ya estás muy grande. –le habló a la foto. La foto parecía tener ya cierto tiempo. En ella aparecía un niño sonriente con el uniforme escolar sujetando la mano de alguien que presumiblemente era su madre y que había sido recortada. Entonces le sonó su móvil, pero quien le llamaba lo hacía por número oculto. –¿Diga? –Soy yo. –¿Sakura Kinomoto? –¿Por qué hiciste algo así? –¿El qué? –Me he acercado a Shaoran Li y me he enterado de algunas cosas. –dijo Sakura mientras observaba a lo lejos el instituto al que asistía el hijo de Kero. –No me importa. –dijo Kero, intuyendo que se refería a los artículos que publicó con lo que sucedió hacía un año con la muerte de Yukito Tsukishiro. –Volveré a llamarte. –dijo Sakura mientras observaba cómo el hijo de Kero salía del instituto. Tras colgar, Sakura hizo unas fotos. Por su parte, Kero se acercó a su chabola. –¿Has leído mi artículo? –preguntó Kero a la persona que había en el interior. –Kero, ¿es cierto todo lo que dices aquí? –preguntó Wei, que había estado leyendo en el ordenador portátil del periodista. –Todo es cierto. Sin exageraciones. –respondió Kero. –¿Por qué investigaste esto? –Porque rondaba por todas partes, obviamente. –¡¿Sigues haciéndolo?! –gritó Wei enfadado. –Claro que no. Mírate, actuando como una buena persona. Aunque cogieran a Sakura nosotros terminaríamos atrapados en el mismo agujero. ¿No crees? –dijo Kero. –Y tú, Wei, eres el peor de todos. Colaboraste en la fabricación de pruebas. –Eso es cierto. –dijo Wei más calmado. Aunque aquello era cierto, su expresión reflejaba que no estaba demasiado orgulloso de ello. –Wei, no tienes ninguna conexión con Sakura, ¿me equivoco? –Jamás le echaría una mano para que asesinara a nadie. –Tal y como pensaba. No hay duda de que Sakura es la que está manipulando las cosas, y no tú. Por eso no entiendo por qué desapareciste. Incluso dejaste una nota de suicidio. –Para arreglar las cosas. –respondió Wei. –¿Para arreglar las cosas? Pues la que has liado, amigo. La Primera División de Investigación te busca. Tus propios compañeros quieren atraparte. Eres el principal sospechoso de la muerte de Yamazaki. –le informó Kero. –¿Qué? –Te han señalado. Será mejor que apresures las cosas y te marches rápido. Si no lo haces, podrían matarte. –dijo Kero. –Lo sé. –Si no quieres perder, no tienes elección, Wei.

00000000

Mientras Shaoran esperaba a Kaho en el coche mientras ella hacía algunas preguntas a algunos ejecutivos de Cyber Road, alguien lo llamaba desde un teléfono público. –¿Diga? –contestó Shaoran. –Hola, Shaoran. –¿Wei? ¿Dónde estás? –De inmediato, el castaño reconoció la voz de su mentor y a pesar de estar en el coche, miró por todas partes para ver si se escondía en alguna cabina cercana. Como el coche le quitaba visión, decidió bajar del automóvil, pero no había ni rastro de su maestro. –Shaoran, necesito que me hagas un favor. Necesito que interfieras en la investigación de Kaito y los demás. Sólo necesito un poco más de tiempo para poder esclarecer las falsas acusaciones contra esa chica. –dijo Wei. –¿Qué quieres decir, Wei? Explícamelo todo. –le pidió Shaoran. –Cuando todo esto acabe ten por seguro que lo haré. Pero hasta entonces, haz que Kaito vaya en círculos para que no llegue a ninguna parte. –le pidió Wei, que colgó sin aclararle nada. Pero si hubo algo que le había quedado claro a Shaoran en su corta conversación era que el objetivo de Wei era demostrar los cargos falsos que se le atribuyeron a Sakura.

00000000

El salón canino ya estaba cerrado, pero Sakura aprovechó para preparar el siguiente sobre rojo. Una vez que lo preparó, llamó a Kero, pero salía el buzón de voz. Pese a todo, decidió dejarle un mensaje. –¿Me estás ignorando? Porque no soy tan tolerante. Así que iré a verte.

00000000

Cuando Kaho llegó a la comisaría, el resto de detectives ponían a Kaito al tanto de los avances en la investigación sobre el paradero de Wei. –La cámara de seguridad del pasillo de la oficina de Yamazaki muestra que Wei no entró en el despacho. Seguiremos comprobando el resto de cámaras de seguridad del edificio. En cuanto al ordenador de Yamazaki estaba lleno de virus y ha sido imposible analizarlo. –dijo Takabe consultando sus notas. –¿Qué conclusiones sacas de esto? Al fin y al cabo, estaba al mando de una empresa tecnológica. –preguntó Katokura por el hecho de que el ordenador de alguien que se dedicaba a la tecnología estuviera infestado de virus. –Sí. En teoría debería tener los mejores sistemas de seguridad en su software. –añadió Takabe. –¿Y si se dedicaba a ver porno por internet? Y por vergüenza, introdujo un virus antes de suicidarse. –sugirió uno de los agentes al que no hicieron ni caso por lo absurdo de su teoría. –Mitzuki, ¿alguna novedad de los ejecutivos? –preguntó Katokura. –Nada en particular. No hubo testigos. –dijo ella. –¿Y dónde está tu compañero? –volvió a preguntar refiriéndose a Shaoran. –Vigilando. Kaito, permíteme revisar el ordenador de Wei. –le pidió al jefe de la división. –Ya lo han revisado lo suficiente. –dijo Katokura. –Para mí no ha sido suficiente. –dijo Kaho. –Comprendo que quieras creer a Wei, pero los hechos son los que son. –intervino Kaito por primera vez. –Sé que hay una mujer que le podía guardar tanto rencor a Yamazaki como para matarlo. Quiero investigar si existe algún tipo de conexión entre esa mujer y Wei. –dijo Kaho para convencerlo. Aquello alertó a Kaito, que supo que Kaho y Shaoran sabían más de lo que querían hacer ver.

00000000

Tal y como le dijo por teléfono, Sakura se fue directamente a la zona de chabolas en las que sabía que malvivía Kero. Cuando llegó frente a la chabola del periodista, Sakura volvió a llamarlo por teléfono, pero le seguía saliendo el buzón de voz. Sakura decidió hablar en cuanto escuchó la señal. –Qué extraño. ¿Por qué no estás aquí? Te dije que vendría a verte. Al menos deberías haberme recibido. No eres muy buen anfitrión. Además, he venido a dejarte un regalo. ¿Verdad que tienes un hijo maravilloso? Sería una pena que le pasara algo, cuando lo que tendría que hacer es crecer. No te perdonaré nunca. Tras colgar, le dejó el sobre rojo en un lugar que lo pudiera ver nada más llegar.

00000000

Cuando Shaoran llegó a Mon Ange para recoger a Ruby Moon ya estaba todo cerrado, por lo que intuyó que Sakura habría llevado a la perra a su apartamento.

00000000

Tras haber ido a dejarle el “regalo” a Kero, volvió a Mon Ange, recogió a Ruby Moon y se fue con ella hacia el apartamento de Shaoran mientras daba un paseo lentamente. Mientras lo hacía escuchó un ruido, como si alguien la siguiera. Preocupada por la mala sensación que le atravesó el cuerpo, cogió a Ruby Moon para marcharse de allí más rápido. En cuanto aceleró la marcha, para Sakura ya era evidente que alguien la seguía, por lo que aceleró el paso todavía más. Al intentar huir, llegó a un callejón sin salida. Para cuando se dio cuenta, delante de ella había un encapuchado con una máscara de alienígena verde y unos pantalones y botas militares. Sin mediar palabra, forcejeó con ella y la empujó hasta tirarla con Ruby Moon en sus brazos. Ya en el suelo, Sakura soltó a Ruby Moon, de manera que pudiera defenderse mejor. Ruby Moon salió corriendo mientras Sakura se levantaba. Mientras tanto, el agresor empuñó una porra eléctrica que tenía escondida. Ante una embestida del encapuchado, Sakura interpuso su bolso, pero en un nuevo intento, consiguió agarrarla y volver a tirarla al suelo. Sakura estaba completamente acorralada.

00000000

Cuando Shaoran volvía a su apartamento desde Mon Ange, vio extrañado que Ruby Moon, todavía con su correa de paseo arrastrando, girara la esquina asustada corriendo a toda velocidad. El detective se agachó para recibir a la perrita, que ya estaba más que acostumbrada a la presencia del castaño y se detuvo junto a él como si intentara pedirle ayuda. –Ruby Moon, ¿qué haces aquí? –le preguntó Shaoran. Entonces escuchó el grito desgarrador de Sakura. –¡Suéltame! –gritó Sakura. Shaoran se incorporó de inmediato y fue corriendo hacia el lugar del que procedía la voz y por el que había visto venir a la mascota. Al girar la esquina, vio que un “alienígena” encapuchado tenía sometida a Sakura, amenazándola con una porra eléctrica. –¡Eh, tú!¡¿Qué haces?! –preguntó Shaoran mientras corría hacia el “alienígena”, que estaba a punto de golpear a Sakura. Al oír a Shaoran, se giró y pareció que al encapuchado le pareció mucho más interesante enfrentarse a Shaoran. Ante la primera embestida del encapuchado, Shaoran lo esquivó y le dio una patada que lo tiró hacia unas rejas. –¡Corre! –le gritó a Sakura. –¡Rápido! Sakura, todavía con el susto en el cuerpo, se levantó con timidez, pero se encontraba demasiado bloqueada como para huir. Mientras tanto, el encapuchado se levantó y atacó a Shaoran con la porra eléctrica, que volvió a esquivar. Era evidente que Shaoran era un gran luchador, porque el agresor todavía no había conseguido golpear a Shaoran ni una sola vez. De hecho, incluso consiguió desarmarlo. Pero en una caída del “alienígena”, consiguió agarrar la porra, seguido de Shaoran. Sakura no sabía que había pasado, tan sólo escuchó el sonido eléctrico de la porra. Fue entonces que el “alienígena” se zafó del cuerpo de Shaoran, que se agarraba en el costado con un dolor insoportable. –¡Shaoran! –exclamó Sakura, consciente de que aquel malnacido había conseguido herir a Shaoran. El enmascarado se levantó y se dispuso a preparar la porra eléctrica de nuevo, pero por lo visto se quedó sin batería porque ya no se encendía. Entonces, tiró la inservible porra y le dio una patada en el mismo costado en el que Shaoran había recibido el correntazo de la porra, dejándole casi sin respiración. El agresor miró a Sakura y comenzó a dirigirse hacia ella. –¡Para! –le pidió Shaoran casi sin aire y sin poder incorporarse por el dolor. –¡No te atrevas a ponerle ni un dedo encima! Cuando estuvo justo delante de Sakura, el “alienígena” levantó la mano y le hizo el gesto de despedida. Para alivio de todos, se marchó sin más. Cuando el agresor se marchó, Sakura se agachó muy nerviosa junto a Shaoran, que seguía tendido en el suelo. –Shaoran, llamaré a una ambulancia. –dijo Sakura buscando su móvil, pero Shaoran la agarró de la muñeca. –No. Estoy bien. –dijo Shaoran sin voz.

00000000

Cuando el enmascarado se alejó lo suficiente y llegó a otra calle aledaña, se quitó la capucha y la máscara verde. Había huido porque no estaba del todo seguro de que la castaña hubiera llamado a la policía mientras luchaba contra Shaoran, y el hecho de que la porra eléctrica le hubiera fallado podría haberle retrasado en el cumplimiento de su tarea. Fue una suerte que consiguiera darle de lleno a Shaoran con la porra, porque en la lucha cuerpo a cuerpo contra él no tenía la menor oportunidad de vencer. –¡Ha sido muy divertido! –exclamó Takeshi Mizoguchi riendo como un poseso. Cogió su teléfono y comenzó a hablar riendo. –Lo siento, he fracasado. Pero no te enfades. No te preocupes. Lo conseguiré la próxima vez. Después de todo, lo tengo todo preparado para utilizar mi método favorito, Kaito. Al decir eso, encendió una cerilla mientras seguía riendo como si fuera un enajenado.

00000000

Mizoguchi lo había llamado para decirle que había fracasado en su misión, cosa que no le gustó nada. A Mizoguchi parecía que le divertía todo aquello y debía andarse con cuidado, porque aunque era la persona perfecta para llevar a cabo su misión al no tener reparos morales, no dejaba de ser un completo drogadicto al que sólo le importaba divertirse.

00000000

Con un esfuerzo casi sobrehumano de Shaoran, y también de Sakura ayudándolo, debiendo coger también a Ruby Moon, consiguieron llegar al apartamento de Shaoran. Sakura ayudó a Shaoran a tenderse en la cama. Una vez que lo hizo, bajó la mirada avergonzada. –¿A qué viene esa mirada? –preguntó Shaoran con debilidad al ver la cara mustia de la castaña. –Es mi culpa. –dijo Sakura, a la que se le había olvidado por completo el hecho de que Shaoran le hubiera mentido con respecto a su profesión. –¿Estás bien? ¿Te ha hecho daño? –preguntó Shaoran preocupado, a pesar de que él se había llevado la peor parte. –No te preocupes por mí. –dijo Sakura casi sin poder contener las lágrimas. –Fíjate cómo estás tú. –Estoy bien. –susurró Shaoran restándole importancia a su estado, que evidenciaba que estaba realmente dolorido. –Sólo necesito un poco de tiempo para recuperarme. –No tendrías que haberte arriesgado por mí. –dijo Sakura. –Quédate esta noche. –le pidió Shaoran. Sakura no se esperaba aquella petición. –¿Qué? –No quiero que te vayas sola a casa. –No te preocupes. Me iré una vez que te hayas dormido. –le dijo Sakura. Al decir eso, Shaoran hizo un esfuerzo por incorporarse. –¿Qué haces? –Entonces te acompaño. –dijo Shaoran sin soltarse la mano del costado en el que había recibido la violencia de la porra eléctrica. –¡No!¡Para! –dijo Sakura al ver que Shaoran estaba dispuesto a acompañarla a pesar de su lamentable estado. –¡Está bien, me quedaré, pero vuelve a acostarte en la cama e intenta dormir! Shaoran le hizo caso y Sakura volvió a ayudarlo a acostarse en la cama. –No te vayas. –le volvió a pedir Shaoran ya sin fuerzas. –No me iré. –accedió Sakura. –Me alegro de haberte ayudado. –se sinceró Shaoran. Tras decir eso, cerró los ojos y cayó rendido, mientras Sakura lo arropó y comenzó a velar su sueño. El hecho de que le hubiera mentido en cuanto a su profesión había quedado en un segundo plano en el momento en que salió en su defensa, por eso la tenía muy confundida. Tras un rato, Shaoran comenzó a tener un sueño intranquilo. El castaño estaba sudando profusamente, seguramente por el efecto de la fiebre que había empezado a tener a consecuencia de las magulladuras. Cuando Sakura fue a hacerle una caricia en la mejilla para intentar tranquilizar a Shaoran, se detuvo justo antes de hacer contacto. Aunque sus sentimientos pugnaban por salir todo el tiempo, no se creía con derecho de amar a nadie. Porque Sakura comenzó a intuir que lo que sentía por Shaoran era amor. Un amor que no le estaba permitido. Era como si se lo hubieran recordado toda la vida, de manera que acabó creyéndoselo. Por eso, no se permitió ni hacerle una simple caricia, aunque se muriera de ganas. El teléfono móvil de Shaoran rompió el hilo de sus pensamientos, por lo que se dirigió hacia la chaqueta del detective, de donde procedía el sonido, viendo que era Kaho Mitzuki. El estado de Shaoran no le permitiría contestar y ella prefería no contestar para alimentar más suspicacias, por lo que colgó.

00000000

Cuando Shaoran despertó a la mañana siguiente un poco sobresaltado, Sakura ya se había marchado, pero se había asegurado de dejarle una nota y un par de analgésicos para que se los tomara al despertar.

00000000

Sakura había decidido marcharse antes de que Shaoran despertara. Sentía que con él le costaba mucho mantener la estoicidad y la impasibilidad que necesitaba para llevar a cabo sus venganzas. De manera que para evitar perder el dominio sobre sí misma, le puso la correa a Ruby Moon y salió para dirigirse al salón canino dando un tranquilo paseo con el que pudiera relajarse. Apenas puso un pie en la calle, llegó Kaho Mitzuki en coche. –¿Por qué estás aquí? –preguntó Kaho, que no esperaba que Sakura saliera tan temprano de allí. –Pues… –¿Has pasado aquí la noche? –preguntó Kaho. Sakura se mantuvo en silencio sin saber qué contestar. –Así que por eso no pude localizarlo. –Lo siento. –se disculpó Sakura. De hecho fue ella la que le colgó el teléfono sin ni siquiera contestar mientras Shaoran permanecía en la cama debido a los dolores producidos por la porra eléctrica. –Creo que te estás equivocando. –le advirtió Kaho. –No vuelvas a acercarte a Shaoran. Sé la clase de persona que eres. ¿No estarás intentando arruinarle la vida? –Yo no… –Porque en ese caso, lo protegeré con todos los medios a mi alcance. –interrumpió Kaho. –Sé que no debería acercarme a él. Pero no tengo el control sobre ello. –dijo Sakura. –¿Qué puedo hacer? Kaho pensó que la Sakura que tenía delante y la que interrogó en el salón canino parecían Sakuras diferentes. Mientras que la del salón canino mostró fortaleza y seguridad, la que en esos momentos tenía delante parecía insegura e indefensa. –Tengo que irme. –dijo Sakura, dejando a Kaho algo descolocada. Tras la extraña conversación, Kaho subió al apartamento de Shaoran. –¿Has vuelto? –preguntó Shaoran sentado en el sofá, creyendo que era Sakura. –¿Quién? –Shaoran giró un poco la cabeza al ver que aquella voz no pertenecía a Sakura. –¿Por qué estás aquí? –Porque aunque te llamé, no cogías el teléfono. Déjame que me preocupe, aunque sea como colega. –respondió Kaho. –Toma, las llaves que me ha dejado el portero. Devuélveselas cuando puedas. El portero ya conocía a Kaho de la etapa en la que fueron novios, por lo que al explicarle que estaba preocupada por Shaoran, no dudó en prestarle su llave. Al intentar incorporarse para coger las llaves, Shaoran hizo un gesto de dolor que no pasó desapercibido para Kaho. –¿Qué te pasa?¿Estás herido? –preguntó Kaho al ver el esfuerzo que había tenido que realizar el castaño para coger las llaves. Además, se había llevado la mano al costado como si eso le ayudara a calmar el dolor. –Un poco. –No pareces tú. –Me atacó un alienígena. –¿Un alienígena?¿Estás de broma? –Alguien con una máscara de alienígena. –especificó Shaoran con molestia. –Parecía querer matarme. –¿A ti? –entonces Kaho ató cabos. –Estás herido por intentar proteger a Sakura, ¿verdad? –Sí. –Pero crees que intentaba matarte a ti. ¿Qué pasa? –preguntó Kaho, que pensaba firmemente que ocurría algo más. –No lo sé. –Creo que pasáis demasiado tiempo juntos. ¡No rompí contigo para que te enamoraras de una asesina! –le reprochó ella, dejando a las claras que eso era lo que pensaba que pasaba. Tras decir eso, Kaho se marchó enfadada. Shaoran no pudo decir nada. Kaho le había puesto nombre a lo que le pasaba. Se resistía a creer que fuera cierto, pero sin haberse dado cuenta, Shaoran sentía que debía proteger a Sakura, a pesar de que probablemente fuera una asesina.

00000000

Yuna D. Kaito estaba enfadado con Mizoguchi. Cuando lo llamó para decirle que había fracasado se impacientó porque todo se pospondría más. Mientras que esperaba en el departamento a que llegaran todos sus detectives, recibió una llamada de Shaoran. –Li, ¿qué pasa? –preguntó Kaito. –He visto a Wei. –mintió Shaoran, que seguía en el sofá de su casa. Tal y como le había pedido Wei, Shaoran decidió entorpecer la investigación para darle más tiempo para hacer lo que fuera que planeara. Wei podría haber hecho muchas cosas mal, pero de lo que estaba seguro Shaoran era de que era mucho más de fiar que Kaito, por lo que decidió acceder a lo que le pidió su mentor y darle una pista falsa. –¿Dónde? –preguntó Kaito poniendo toda su atención y preparado para tomar nota. –En Takanawa. –respondió Shaoran. –Vale. Enviaré a algunos efectivos hasta allí. –dijo Kaito. –Li, debo reconocer que por fin estás mostrando ser útil. –Con esto al fin se van a poner las cosas en su sitio. –dijo Kaito para sí una vez que colgó.

00000000

A pesar de que fuera arriesgado, en los exteriores de la comisaría Wei se quedó mirando el enorme edificio de la PMT. –Voy a hacerlo antes que tú, Kaito. –musitó Wei.

00000000

Cuando los analgésicos comenzaron a hacer efecto y se sintió con la suficiente energía, Shaoran se duchó y salió a la calle. Decidió ir hacia el lugar en el que tuvo lugar la agresión del “alienígena”, cuando en una calle cercana, colgado de la rama de un árbol, vio la máscara que utilizó el agresor. Sacó un pañuelo para cogerla y no dejar sus huellas, pero entonces, se percató de que en el suelo había varias cerillas. Automáticamente se le vino a la cabeza Mizoguchi y el momento en el que dejó caer la cerilla sobre un Yukito cubierto de gasolina, con su risa de poseso. –No puede ser. –musitó Shaoran atando cabos. Mientras que Shaoran recopilaba esas pruebas, Mizoguchi lo espiaba desde una esquina y llamó a Kaito. –¿Quieres que acabe primero con él? –preguntó Mizoguchi. –Entendido.

00000000

Una vez que Sakura dejó a Ruby Moon en Mon Ange se marchó a casa para darse una ducha y cambiarse y seguidamente, se dirigió al lugar en el que vivía Kero. Se acercó a él sigilosamente mientras miraba la foto de su hijo y que Sakura le había dejado en el sobre rojo. –Gracias por esperar. –dijo Sakura. –Aquí tienes. El material para el nuevo objetivo que me pediste. –dijo Kero dándole un sobre que reposaba en el sofá que hacía las veces de salón de los vecinos indigentes, pero en el que sólo estaban ellos dos a aquellas horas. –¿No has tardado menos de lo usual? –preguntó Sakura mientras Kero se sentaba en el sofá. –Parece que la foto de tu hijo ha hecho efecto. –Por supuesto, cuando vi el sobre rojo me entró prisa. –reconoció Kero de forma desenfadada. –Es horrible que lo hayas hecho, a pesar de trabajar contigo. –Tú eres el horrible. Me has ocultado que Shaoran es detective. –le reprochó Sakura. –Sakura, no te enfades o se te estropeará esa bonita cara que tienes. Por cierto, Wei está vivo. –le informó Kero mientras se metía el sobre rojo con la foto en el bolsillo interior de su chaqueta. –Piensa que no tenemos ningún tipo de relación, así que hemos hablado de muchas cosas. –¿Wei estuvo aquí? –Sí, justo ayer. –¿Y por qué no lo retuviste? –¿Qué motivos tendría para hacerlo? Este malentendido tuyo es una molestia, Sakura. No soy tu asistente. Tan sólo soy tu fuente de información. Nuestra relación es un toma y daca. –dijo Kero. –Lo sé todo sobre ti, Kero. Y también sé dónde y cuándo acorralarte. –dijo Sakura amenazante. –Lo sé. Y también gracias a ti he obtenido muchas y muy buenas fotos. –dijo Kero como si la amenaza le importara más bien poco. –He recopilado muchas pruebas. Y es por eso que a veces soy cortés contigo. –¿Qué quieres decir? –Que no has seguido mi consejo de no enamorarte. A pesar de advertirte de lo peligroso que es Shaoran, te has enamorado. –dijo Kero. –¿O acaso no has notado que sospecha de ti? Así que, ahora tienes que pensar una forma de que aparte la mirada que tiene sobre ti. Yo ya he pensado algo. Podemos aprovechar la desaparición de Wei. Eso puede ayudarte a seguir con tu rol perfectamente. –¿Cómo? –Ahora mismo, en vez de tú, Wei es el principal sospechoso de la muerte de Yamazaki. –Yo no te he pedido eso. No actúes por tu cuenta. Yo pagaré por mi propio crimen. Aunque quiera mi venganza con él, odio que carguen la culpa a gente inocente. –dijo Sakura, que era justo lo que hicieron con ella. Por eso tenía un odio absoluto a esas situaciones. –Eres demasiado ingenua, Sakura. Nunca llegarás al verdadero culpable del asesinato de tu familia por tu cuenta. Sabes que necesitas mi ayuda. –dijo Kero. –No necesito tu ayuda. Tengo mis propios métodos. –dijo Sakura. –En ese caso, adelante. Hazlo por tu cuenta. Pero llegarás a un punto muerto. Al final, ni Suganuma ni Yamazaki te dijeron quiénes ordenaron el asesinato de tu familia. Y Terada y Matsunaga tampoco sabían quién había detrás de todo. Y si atrapan a Wei, se acabó. En resumen, tu plan de venganza ha llegado a su límite. Esto también sería muy malo para mí porque hasta ahora todavía no he recopilado las suficientes pruebas. Pero bueno, ¿qué se le va a hacer? Por cierto, la próxima vez, no escribiré “Chica A”, sino tu nombre real, Sakura Kinomoto. La próxima vez, serás tú la que esté acorralada. Continuará…
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección