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Mientras la conversación entre Sakura y Yamazaki tenía lugar, Shaoran había llegado a las puertas de la Simons Tower, el edificio en el que estaba la sede la empresa de Yamazaki. Era un edificio de veintisiete plantas, de las cuáles, las cinco últimas eran de la empresa Cyber Road,tal y como indicaba el cartel de la entrada. Cuando Shaoran llegó al piso 23, vio un cartel de la famosa idol Mihara Chiharu, que se había convertido en imagen de la marca en su nueva promoción. Sin hacer demasiado caso al cartel, pidió a la recepcionista ver al presidente mientras le enseñaba su placa. –Necesito ver al presidente. Es urgente. –dijo Shaoran. –Comprobaré si está en la empresa. –dijo la recepcionista. Pero el teléfono comunicaba y Shaoran perdía la paciencia, por lo que salió corriendo. –¡Espere! Shaoran intuía que el despacho de presidencia estaría en la última planta, puesto que solía ser así en casi todas las empresas. Al fin y al cabo, lo más alto era un paralelismo del poder. Cuando llegó, vio que el acceso al despacho requería de código y huella. –¡Señor Yamazaki!¡Abra, por favor! –exclamó Shaoran. Yamazaki puso en el monitor la cámara de seguridad que grababa la puerta de su despacho. Allí vio a un hombre castaño que no conocía y que parecía tener mucho interés por entrar allí. –No quiero que pongas un pie fuera del despacho. Una vez que tengas el dinero preparado, haz la trasferencia y envía el aviso al móvil de Chiharu. –ordenó Sakura antes de colgar sin darle opción a réplica. –¡Soy Shaoran Li, de la Policía Metropolitana de Tokio! –seguía exclamando Shaoran para que lo dejara entrar. –¡Pare, por favor! –dijo Eiji Tanaka, que había salido de su despacho al escuchar el alboroto que estaba provocando Shaoran. –Tengo que hablar con Yamazaki urgentemente. –dijo Shaoran. –¿Tiene usted una orden de un juez? –preguntó el ejecutivo y secretario de Yamazaki. –No. –Entonces, tengo que invitarle a que se marche. –dijo Eiji, –¿Aunque el presidente de la compañía esté en peligro? –preguntó Shaoran. –La oficina del presidente es segura. Las personas no autorizadas jamás podrían pasar este sistema de seguridad biométrico. –explicó Eiji señalando el sistema por el cual se accedía a la oficina. Entonces, aparecieron dos guardias de la seguridad privada del edificio. –Márchese, por favor. Shaoran no tuvo otra opción que hacerles caso.00000000
Sakura llegó al hotel y se dirigió a la recepción. –Vengo a traerle esto a Miki. –dijo mostrando una bolsa con unos dulces. Además, sacó uno de los paquetes y se los dio a la recepcionista. –Tome, estos para usted. –Gracias. Adelante. Como siempre tan amable. –dijo la recepcionista. Había reservado una habitación de hotel para Chiharu con un nombre falso para evitar el posible acoso de los medios y también por la posibilidad de que Yamazaki fuera al apartamento de su novia. Por eso, para evitar ser vista y que la reconocieran, la introdujo en el hotel en el trasportín. Una vez que la recepcionista le dio permiso, Sakura se dirigió a la habitación de Chiharu. Debido a la atención que estaba atrayendo el caso de las drogas, no fue difícil convencerla de que se hospedara allí temporalmente. De esa forma, no sólo evitaría a los medios de comunicación, sino que también le permitiría alejarse de Yamazaki. –Gracias por esperarme. –dijo Sakura entrando a la habitación. Era una habitación típica japonesa. Tenía una mesa baja sobre tatami y el futón plegado en una esquina. Una triste Chiharu estaba sentada con la espalda apoyada en la pared, las piernas flexionadas y la cara escondida entre sus brazos.00000000
–¿A dónde vas, Kaho? –preguntó Kaito al verla levantarse de su mesa tras haber colgado el teléfono contrariada por la llamada que acababa de recibir. Le resultó algo amenazante y debía advertir a Shaoran. –A lidiar con una reclamación. –respondió Kaho saliendo y sin darle opción a réplica a su jefe. Además, previamente le habían pasado una llamada de Cyber Road quejándose de que un detective de la PMT había intentado entrar al despacho del presidente sin guardar las formas. Aquello le dio una pista de por dónde debía andar el castaño.00000000
–¿De verdad que era un detective? ¿Qué quería? –preguntó Yamazaki a Eiji mientras movía la pierna nervioso una vez que su secretario lo puso al día. –Señor presidente, debe cancelar su viaje. –dijo el ejecutivo obviando la pregunta que acababa de hacer Yamazaki. –Mientras siga aquí, podré mantenerlos al margen. –¿Tú? Tú no puedes hacer nada. –dijo Yamazaki con desprecio. –Márchate. Lo arreglaré yo mismo. Tras echar a Eiji del despacho, cogió el teléfono para llamar al gerente de la sucursal de su banco. –Soy Yamazaki. Traspasa 500 millones de yenes de la cuenta de la empresa a mi cuenta personal. Hazlo con la discreción que te caracteriza. –le ordenó Yamazaki.00000000
Mientras Chiharu comía lo que le había llevado Sakura, el móvil de la propia Chiharu sonó indicando que había llegado un aviso de Yamazaki. Sin sacarlo del bolso, Sakura comprobó el email, viendo que Yamazaki había cumplido al realizar la transacción del dinero, por lo que Sakura sonrió. –¿Algún problema? –preguntó Chiharu. –Sólo que se rumorea que mañana van a detener a Yamazaki. –le dijo Sakura. –¿Lo dices en serio? –El periodista que me abordó el otro día me ha buscado otra vez y me lo ha dicho. –mintió Sakura. –Esto se pone serio. –Por eso mismo te ruego que permanezcas escondida aquí un poco más. De esa forma podrás mantenerte al margen hasta que todo empiece a calmarse. –le pidió Sakura. –Está bien. –dijo Chiharu resignada.00000000
–Era como tú decías. Haré todo lo que sea necesario para que no se nos vaya de las manos. –dijo Kaito por teléfono desde la sala de reuniones. Se había encerrado allí y había bajado los estores para tener más privacidad. –No te preocupes. No tengo intención de dejar que haga lo que le plazca por más tiempo.00000000
–Shaoran hoy llega un poco tarde. –comentó Meiling mientras limpiaba las perreras donde sus clientes de cuatro patas esperaban su turno o esperaban a que llegaran a que los recogieran sus dueños. –Ahora que lo dices, es verdad. –dijo Sakura despertando de su ensimismamiento mientras limpiaba el instrumental de trabajo. –¿Ha pasado algo entre vosotros? –preguntó Meiling con su típico tono juguetón. –No, nada. –mintió ella, recordando el abrazo en el puerto. –Entonces, ¿por qué no lo llamas? Podría ser que se hubiera enfermado, o que haya tenido un accidente. –dijo Meiling. Pero Sakura sólo encogió los hombros y siguió limpiando el instrumental.00000000
Shaoran esperaba pacientemente a las puertas del edificio de Cyber Road.Si no quería abrirle la puerta, abordaría a Yamazaki cuando saliera de la oficina, pero a pesar de llevar horas esperando, Yamazaki no hizo acto de presencia. Entonces, Kaho bajó de un taxi que acababa de pararse allí mismo. –¿A qué has venido? –le preguntó Shaoran. –Hemos recibido una llamada de Cyber Roadquejándose de cierto detective. –dijo Kaho aludiendo a su interlocutor. –Dime, ¿qué haces aquí afuera? ¿No estará Yamazaki relacionado con la desaparición de Wei? ¿O debería decir con el caso de Kinomoto? –Es un asunto personal. –¿Pretendes mentirme de nuevo? Dame las llaves. –¿Qué? –No puedo permitir que sigas actuando a tu antojo. –dijo Kaho. Entonces, Sakura llamó a Shaoran por teléfono, pero colgó sin contestar y le dio las llaves del coche a Kaho antes de marcharse andando.00000000
Sakura había decidido hacer caso a Meiling y llamar a Shaoran. Quizás tuviera razón y estuviera enfermo o le había pasado algo. Después de todo, también vivía solo y no parecía tener familia. Pero cuando Shaoran la cortó sin ni siquiera responder la llamada, temió que estuviera enfadado por la forma en la que lo había dejado la noche anterior en el puerto. –¿Ocurre algo? –preguntó Tomoyo sobresaltando a Sakura, que no se esperaba que su jefa apareciera de repente. –No, nada. Por cierto, Tomoyo, quería hablarte de mi trabajo. –dijo Sakura recordando la desagradable escena que les hizo vivir aquella clienta. –Me siento fatal por generar problemas al negocio, así que… –¿Te parece bien que la semana que viene no libres? –preguntó Tomoyo. –¿Qué? –preguntó Sakura, que en realidad lo que quería era presentar su dimisión. –La semana que viene estamos llenas de reservas, así que cuento contigo. –dijo Tomoyo, que intuía lo que iba a hacer Sakura. Al decirle eso, Sakura se veía obligada a seguir trabajando, puesto que su dimisión aún le supondría más problemas a Tomoyo. –Gracias, Tomoyo. –agradeció Sakura comprendiendo la estrategia de la morena. Además, Sakura estaba agradecida de corazón, puesto que pese a los problemas, seguía contando con ella como si no hubiera pasado nada. –También espero que sigas cuidando de Ruby Moon como hasta ahora. –le dijo Tomoyo.00000000
Kaho había decidido llamar a la fiscalía. Tenía un conocido que quizá le pudiera proporcionar información sobre el caso de los pastelitos. –Ya te he dicho que necesito ver los informes del juicio. Aunque lo tengas prohibido, estoy segura que tratándose de ti puedes hacer algo...Gracias, te debo una. El nombre de la acusada era Sakura Kinomoto… En cualquier caso, haz algo. Nunca antes le habían puesto tantos impedimentos desde fiscalía para obtener información sobre un caso. Cuando abrió la puerta del coche, vio la tarjeta de Kero, el periodista freelance. Fue entonces que supo cual era una de las fuentes de Shaoran en la investigación.00000000
Para canalizar el cabreo que tenía en aquel momento desde que Sakura había vuelto a cruzarse en su vida, Yamazaki tiraba dardos al póster de promoción en el que aparecía su novia. –Por tu culpa he tenido que desviar 500 millones de yenes. –decía Yamazaki tras acertar en plena nariz y seguirle un lanzamiento al ojo. –Cuando acabe todo esto, ten por seguro que voy a sacar partido de ese dinero. Entonces le sonó el teléfono. –Hola, Sakura Kinomoto me está chantajeando, pero creo que no hablará si le pago. –dijo Yamazaki a su confidente. –En cuanto a la policía, cuento contigo.00000000
Cuando Shaoran fue al día siguiente a llevar a Ruby Moon al salón, Meiling le cortaba las uñas a un caniche mientras que Sakura ya estaba acicalando a un pomodoro que estaba extremadamente relajado con la delicadeza con la que Sakura lo estaba tratando. Esa comunión entre el perro y Sakura se rompió cuando la llamó Tomoyo desde afuera. –¡Sakura, ha llegado Shaoran! –exclamó Tomoyo. Al oír su nombre, Sakura tiró un bote de producto que tenía a su lado. –¿Estás bien? –preguntó Meiling al percatarse de la torpeza de su compañera. –Lo siento, Meiling. Oye, ¿puedes salir por mí? –Ahora no puedo. Sabes lo difícil que es que estén tranquilos para cortarles las uñas. –dijo Meiling. –Sakura. No está bien hacer esperar a la gente. –dijo Tomoyo entrando. –Sal de una vez. Yo sostendré a nuestro amigo mientras tanto. Sakura no pudo hacer otra cosa que salir. –Siento llegar tarde. –dijo Shaoran pasándole a Ruby Moon. –No te preocupes. ¿A qué hora la recogerás? –preguntó Sakura. –No estoy seguro. –Entonces, llámame cuando termines de trabajar. –dijo Sakura tímidamente sin querer mirar a Shaoran a los ojos. Temía que si lo miraba le viniera a la mente lo que ocurrió en el puerto. –Siento pedirte esto pero, ¿podrías llevarla a mi casa cuando termines de trabajar? –le pidió Shaoran sacando las llaves de su apartamento. –Te esperaré aquí. –se negó Sakura. –Creo que no llegaré hasta mañana. –dijo Shaoran extendiéndole las llaves. Sakura cogió las llaves sin poder negarse. –Gracias. A Sakura le descolocó aquella acción. ¿Tanta confianza le tenía para darle las llaves de su propio apartamento? Quizás no estuviera enfadado con ella.00000000
El tamaño y el lujo de la sala de reuniones en las que los ejecutivos solían reunirse evidenciaban el prestigio e importancia de Cyber Roads,aunque en ese momento, sólo estuvieran presentes tres de los accionistas. Se habían reunido en secreto y con urgencia cuando el director financiero detectó que en el capital de la empresa había 500 millones de yenes menos, pero no habían hecho partícipe al presidente porque tenían fundadas sospechas de que había sido él quien había desviado los fondos a su cuenta personal. –Si perdemos dinero a este ritmo, de un día para otro, será el fin de Cyber Roads. –dijo uno de los ejecutivos. –¿Qué podemos hacer? –preguntó otro de ellos. –No nos queda otra que enfrentarlo.00000000
Mientras la reunión secreta tenía lugar, Yamazaki llamó a su abuela por videoconferencia. –Hola abuela, ¿cómo estás? –le preguntó Yamazaki viéndola en la pantalla del ordenador. –Me sorprende que llames. Pensaba que te ibas a París. –dijo su abuela. –He tenido que posponer mi viaje. –le explicó Yamazaki. –Vaya, es una lástima. –lamentó la anciana. –Mañana te llamo, abuela. –dijo Yamazaki al ver a Eiji Tanaka entrar a su despacho. –Presidente, hemos recibido este paquete para ti. –dijo Eiji. –Déjalo por ahí. –dijo Yamazaki. Eiji dejó el paquete en la mesilla que estaba en la zona de los sofás. –Creo que para mañana ya estará todo listo. –Me alegro de oírlo. –Sí, así que, me iré de viaje pasado mañana. Resérvame dos billetes. En primera clase, por supuesto. –le ordenó Yamazaki. –Señor, debería ser más cuidadoso con sus actos. La empresa está intentando recortar gastos superfluos. Creo que ir en primera clase ahora mismo no es lo adecuado. –Soy el presidente, ¿no? Así que haz lo que te digo. –Entendido. –dijo Eiji sumiso. No merecía la pena ponerse a discutir por algo que ya no tenía remedio. Estaba seguro que la presidencia de Yamazaki pendía de un hilo.00000000
Al igual que el día anterior, Shaoran se plantó en la entrada de la Simons Tower, el edificio donde Cyber Roadtenía su sede para esperar que Yamazaki hiciera acto de presencia. –No creo que salga. –dijo Kero llegando hacia donde estaba Shaoran. El rubio iba con su ropa habitual mientras comía unos onigiris. –¿Por qué estás aquí? –preguntó el detective. –¿No lo sabes? Yamazaki está obteniendo mucha atención estos días. –explicó Kero mostrándole la portada de un periódico que había extraído de su bandolera señalando a la persona de la portada. –Este tío es una estrella y es el mejor amigo de Yamazaki. –¿Y? –Ya habían rumores antes de su arresto. Se dice que hay alguien mucho más importante detrás de todo esto. Cualquiera que piense un poco pensaría que es Yamazaki o su novia. Así que, parece que se han metido en un buen lío. Pero se rumorea que tienen una gran habilidad para desaparecer. –dijo Kero. –¿Quién es la novia de Yamazaki? –preguntó Shaoran. –No puedo decirte eso. Es demasiada información gratis. –dijo Kero riendo. Shaoran le devolvió el periódico y se volvió para no seguir aguantando a Kero. –Está bien, Shaoran. Te lo diré. Es Chihary Mihara. –dijo con morbo. –¿Quién es? –¿No la conoces? ¿Pero en qué mundo vives? Eso te pasa por ser un marginado de la sociedad. Mira esto. –dijo Kero sacando una revista donde salía una joven castaña posando para una revista. A Shaoran le pareció una esclava de la moda. –Es toda una estrella que está en todo su esplendor. Es una famosa idol. La típica novia con pinta de muñequita de un tipo rico. Pero nunca se sabe cuándo la desgracia va a caer sobre ti. Mientras Kero le contaba todo eso, Shaoran miró en las páginas interiores, donde Mihara posaba con su perra Silk. –Un perro. –musitó Shaoran. Entonces se dio la vuelta para irse. –¡Eh, espera!¡No te lleves la revista!¡Es mía! –exclamó Kero siguiendo a Shaoran. En otra zona de la calle, Kaito había estado vigilando a Shaoran desde un coche.00000000
Sakura fue de visita a la residencia de lujo para hacer compañía a la señora Yamazaki. O eso es lo que le hizo creer. Nada más lejos de la realidad. Sus verdaderas intenciones era continuar con su particular venganza contra Yamazaki. –Siento causarle problemas. –se disculpó Sakura mientras tomaban un té. Le había contado que una amiga suya estaba siendo acosada y estaba de los nervios. Por eso, Sakura se disculpó, al pensar que la estaba agobiando con sus problemas. –¿Está tu amiga más tranquila? –le preguntó la anciana. –Sí, está un poco mejor. Pero cuando se trata de extraños, no se fía demasiado. –dijo Sakura, sin que la anciana sospechara de que se trataba de la novia de su nieto. –Bueno, es normal cuando estás en el punto de mira de un acosador. Lo siento mucho por ella. –dijo la señora Yamazaki. Tras decir eso, pareció acordarse de algo y se levantó con la ayuda de su bastón y se dirigió al mueble de la tele, donde había una cesta con fruta. –Mi nieto me ha regalado esta cesta con frutas. ¿Por qué no se la das a tu amiga? –Tienes un nieto muy atento. –dijo Sakura. –La verdad es que sí.00000000
Kaho tomaba notas en una agenda mientras hablaba por teléfono desde la sala de reuniones de la comisaría. –Sí. Entonces, ¿el abogado Seiichi Matsunaga se suicidó? Entiendo. Gracias. –una vez que colgó, releyó las notas que había tomado. En ellas ponía que Yoshiyuki Terada había muerto en septiembre, Suganuma en octubre y Matsunaga también en octubre. Todos ese mismo año y todos por suicidio, lo cual era cuanto menos, curioso. Tanto, que ni ella misma se lo creía. Por eso salió de la sala de reuniones y fue directamente hacia el ordenador de Kaito, aunque sus “lameculos” estuvieran por allí. –¿Ya estás utilizando el ordenador de Kaito sin permiso otra vez? –preguntó Takabe. –¿Y qué quieres que haga si sólo puedo mirar ciertas cosas desde el servidor? –pero cundo Kaho metió la contraseña, no funcionó. –¿Alguien sabe la nueva contraseña? –¿Te crees que nos la iba a decir? –preguntó Takabe con ironía. –De hecho, tú eres la única que utiliza ese ordenador. –Mitzuki. –dijo Ryo acercándose demasiado a Kaho. –¿No estás actuando demasiado por tu cuenta? ¿Qué estáis investigando de forma tan secreta? Pero Kaho dejó el ordenador como algo imposible y se marchó sin contestar.00000000
Una vez que Shaoran supo quién era la novia de Yamazaki no fue difícil averiguar dónde vivía. Por ello, se dirigió al bloque de apartamentos en el que residía y habló con el portero. Éste le dijo que hacía varios días que no veía a Chiharu, cuando era común verla cada día. De hecho, solía pasear al perro todos los días. Mientras se marchaba, Kaho lo llamó por teléfono. –He conseguido los informes del juicio de Kinomoto. He comprobado quiénes eran los testigos y he encontrado muchas cosas. –le dijo Kaho. –Bien, nos vemos en el bar de Yue.00000000
Cuando cerraron Mon Ange, Sakura se debatía entre ir o no al apartamento de Shaoran mientras miraba la llave que él mismo le había prestado. –Sakura. –dijo Meiling mientras limpiaba las jaulas. Sakura estaba tan ensimismada con la llave que se sobresaltó tanto que hasta volcó un cubo de basura. –Lo siento. –agachándose para recoger toda la basura que había caído al suelo. –Déjalo, ya lo recojo yo. Tú ve a casa de Shaoran. –se ofreció Meiling. –Todavía es pronto. –¿No crees que estaría bien que lo esperaras allí mientras le preparas una rica cena? –sugirió Meiling. –Sería la oportunidad perfecta para tomar la iniciativa en vuestra relación. –Sólo voy a llevar a Ruby Moon. No te hagas ideas raras. –dijo Sakura. –Insisto, ¿qué pasa entre vosotros? –preguntó Meiling. –No se le da las llaves de casa así como así a alguien, a menos que quiera verte. A ti te gusta Shaoran, estoy segura. –Ese tipo de sentimientos no tienen nada que ver conmigo. –dijo Sakura sonriendo para restar importancia a la charla. –¿Lo dices por tu pasado? –Sakura asintió con la cabeza. –Pues creo que te equivocas. No hay nadie que no tenga nada en su pasado que preferiría que nadie supiera. Incluso yo. Meiling se apartó la muñequera que siempre llevaba. Siempre llevaba colores diferentes, pero ocultaban lo peor de su pasado. Sakura vio unas marcas que evidenciaban que Meiling también lo había pasado muy mal en alguna etapa de su vida, hasta el punto de haber intentado atajar la situación de la manera más drástica. –Meiling. –dijo Sakura sorprendida. –Ante cualquier contrariedad, me frustraba tanto que me autolesionaba cortándome en las muñecas. No dejaba de pensar que no tenía nada por lo que vivir. Pero cuando llegué aquí y os conocí a Tomoyo y a ti, me di cuenta de que podía tener un estilo de vida diferente al que tenía hasta entonces. Conoceros a vosotras me cambió la vida. Por eso no quiero que dudes por tu pasado. –Aún así…–comenzó a decir Sakura con duda. –Sakura, de la forma que eres ahora, reúnes todos los requisitos para enamorarte. –la cortó Meiling para que dejara atrás sus dudas. Sakura le sonrió con agradecimiento. –Así que, ya cierro yo. Tú ve directamente al apartamento de Shaoran.00000000
–Aquí tienes. –dijo Kaho pasándole los informes a Shaoran. –Los testigos Terada y Suganuma, y lo que es más, Matsunaga, el abogado defensor de Sakura, se han suicidado en menos de dos meses. Eso no puede ser accidental, ¿no crees? –Normalmente sería imposible. –dijo Shaoran mientras revisaba el informe. Con esa documentación, Shaoran estaba confirmando lo que ya sabía, pero necesitaba los informes del juicio que la fiscalía le negó para corroborarlo. Gracias a los contactos de Kaho, pudo obtener la información. –Ahora entiendo que intentaras entrar al despacho de Yamazaki. Es el tercer testigo. –dijo Kaho. –Sí. –dijo Shaoran sin quitarle ojo al informe. –Puede ser que Wei haya desaparecido por este caso. –Eso parece. –¿Y sabiendo esto, por qué has dejado a Kinomoto campar a sus anchas? Wei podría ser su próximo objetivo. –lo regañó Kaho. –¿Wei? –intervino Yue, que había estado en silencio hasta entonces. –Cuando se trata de familiares, tus ojos se nublan, ¿verdad? –dijo Kero haciendo aparición y haciendo alusión al parentesco de Wei y Yue. Wei y Yue eran tío y sobrino. –¿Qué haces aquí? –preguntó Yue al ver entrar a Kero. –Me gusta tu melena. –dijo Kero con la guasa que le caracterizaba. –Lo cierto es que no puedo rechazar una invitación cuando la belleza de la Primera División de Investigación de la PMT me llama. –Seguiste el caso de Sakura Kinomoto hace quince años, ¿verdad? –preguntó casi afirmando Kaho, haciendo caso omiso a sus salidas de tono. –De cualquier modo, no puedo dejar que te impliques en esta historia otra vez. –Vaya, pero si son como mis notas corregidas. –dijo Kero al ver el informe. Entonces cogió una botella de whisky de la barra sin permiso, pero Yue se la quitó. –¿No os parece raro que os dieran los informes después de que os dijeran que no os los darían? –¿De qué estás hablando? –preguntó Kaho. –Si encontráis algo nuevo, ¿no creéis que sería problemático? Por ejemplo, pruebas de cargos falsos. O incluso algo más que eso. Dime, Shaoran, ¿tú también lo has notado? Yo creo que sí, pero no lo quieres decir. Todo está escrito aquí. –dijo Kero sacando la nota de Wei que Shaoran mismo le pasó. He hecho algo que para un policía no debería estar permitido. Aunque lo sienta, no puedo arrepentirme lo suficiente. Por eso, al menos creo que debería terminar con ello yo mismo. Wei Wang. –Wei podría estar vengándose de parte de Kinomoto para compensarla por las falsas acusaciones. –dijo Kero. Lo que dijo el periodista llamó mucho la atención de Shaoran. No lo había visto desde ese enfoque, pero no era una teoría descabellada. La nota de Wei podría interpretarse así. –¿Tú también crees que puede ser cierto? –le preguntó Kaho a su compañero, pero no contestó. –Shaoran, ¿por qué no dices nada? –le urgió Yue. –¿De verdad crees que mi tío Wei podría hacer algo así? –No sería descabellado. Después de todo, un investigador como Wei tiene la habilidad suficiente para hacer pasar un asesinato por un suicidio. –dijo Kero, reafirmando su teoría. Kero volvió a coger la botella, que Yue le volvió a quitar. –Bueno, si averiguo algo más, me aseguraré de contároslo.00000000
Cuando Sakura salió de Mon Ange fue todo el camino debatiéndose qué hacer: si dejar a Ruby Moon y marcharse, o hacer caso a Meiling. Cuando Sakura llegó al edificio de Shaoran para dejar a Ruby Moon, decidió hacer caso a Meiling. Pero cuando entró, no esperaba que sus planes fueran a cambiar. El pequeño apartamento estaba hecho un desastre, pero no porque Shaoran fuera un desordenado, sino porque estaba claro que alguien había entrado allí.00000000
–Será mejor que trabajemos juntos de ahora en adelante. –le dijo Kaho a Shaoran al salir del bar. –Sí. –admitió Shaoran sin poder postergar más su tozudez. –¿Qué vas a hacer? –Intentar hablar con Yamazaki. –dijo Shaoran. –En ese caso, yo me pegaré a Kinomoto. –dijo Kaho. –No creo que sea tan inocente. Justo cuando hablaban de ella, Shaoran recibió su llamada. –¿Diga? –Siento llamarte pero, estoy en tu apartamento y parece que alguien ha venido a desvalijarlo. ¿Qué hago? –le explicó Sakura. Mientras Sakura le explicaba lo que había ocurrido, el teléfono de Chiharu, que estaba en el bolso de Sakura, estaba recibiendo una llamada desde un teléfono público. –No llames a la policía. No toques nada. Ya lo ordenaré yo. Voy en seguida. –dijo Shaoran. –De acuerdo. –¿Un ladrón? –preguntó Kaho al intuir lo que había pasado por la conversación. –Eso parece. –dijo Shaoran. –Vuelve a casa. –¿Hay alguien en tu apartamento? –preguntó Kaho extrañada. Después de todo, Shaoran vivía solo y no tenía familia. –No. –No me mientas. Deja de mantener el secreto. Esto puede perjudicar a la investigación. –dijo Kaho sin creerlo. –Lo siento, ahora tengo que irme. –dijo Shaoran marchándose con prisa y evitando el tema. Kaho se quedó allí plantada, viendo como Shaoran se subía en un taxi.00000000
–Debe ser agotador estar confinado en un lugar como ese. Sal de allí. Yo me ocuparé de lo que pase a partir de ahora. Espero tu llamada. Adiós. –dijo Kaito hablando por teléfono de manera secreta en la cabina dedicada a fumar que había en esa planta de la comisaría. Cuando acabó la llamada, se puso un cigarro en la boca y encendió una cerilla, que miró con un sonrisa traviesa.00000000
Yamazaki estaba siendo obediente a Sakura y no había salido de su enorme despacho desde que se lo ordenó. Era una suerte que estuviera lleno de comodidades para hacer ese encierro más ameno. Para descargar tensión, Yamazaki se sentó en el banco de ejercicio y se puso a ejercitar los brazos abriéndolos y cerrándolos. –¡Aahhh!¡Estoy exhausto! –dijo Yamazaki después de que sus brazos hayan soportado las pesas durante un tiempo. Entonces, vio el paquete que Eiji le había dejado encima de la mesa donde estaban los sofás. Casi lo había olvidado, así que, como no tenía nada mejor que hacer, abrió el paquete. Dentro, había un paquete más pequeño envuelto con papel rojo, extrañamente similar al sobre que contenía las fotos comprometedoras. –Ella otra vez. Al desenvolver el papel, abrió la caja con precaución, pero sólo era una corbata. ¿Por qué le enviaría algo así? Él jamás usaba corbata. –¿Se está riendo de mí? –dijo Yamazaki lanzando la corbata al suelo con rabia.00000000
Shaoran llegó a su apartamento en tiempo récord. Cuando llegó, Sakura estaba allí en pie sujetando en brazos a Ruby Moon para que el animal no husmeara por ahí. –Lo siento. –se disculpó Shaoran mientras se descalzaba. –No te preocupes. Shaoran entró y echó un vistazo general, pero lo que a él le interesaba era toda la información que tenía recopilada del caso que investigaba. Tanto la información impresa como su ordenador portátil habían desaparecido. –¿Dónde está la llave? –La tengo yo. –¿Se la has dejado a alguien antes de venir? –No. Oye, ¿te ayudo a limpiar? –se ofreció Sakura mientras veía cómo Shaoran recogía cosas. –No. Por hoy ya me has ayudado lo suficiente. –Entonces, ¿prefieres que me lleve a Ruby Moon por esta noche? –preguntó Sakura. –Me harías un gran favor si lo hicieras. –reconoció Shaoran. –Sobre lo que ocurrió ayer, no quiero que me malinterpretes. Sé que sólo lo hiciste para animarme. –dijo Sakura refiriéndose al abrazo en el puerto, aunque Shaoran en realidad no lo sentía así. –Creo que las cosas están bien tal y como están. Bueno. Es hora de irme. Sakura se marchó, dejando a Shaoran con su casa desvalijada. Parecía una ironía del destino, pero en ese momento, su apartamento parecía reflejar cómo se sentía Shaoran en aquel momento: un completo desastre.00000000
Kaito se ocultaba en un coche aparcado en la oscuridad mientras revisaba la documentación que había sacado del apartamento de Shaoran. Para alguien como él, fue muy sencillo allanar su casa. Kaito comprobó que investigaba los casos de los recientes suicidios que habían tenido lugar en los últimos dos meses.00000000
Sakura volvió a Mon Ange para dejar a Ruby Moon. Evidentemente, con lo tarde que era ya no había nadie allí. –Ruby Moon, hoy vas a quedarte aquí conmigo. –dijo Sakura a la perra. –Me pregunto si Shaoran está bien. Después de acomodar a Ruby Moon, Sakura se acostó en el sofá y pasó allí la noche. Se había hecho demasiado tarde como para irse a casa y Mon Ange le quedaba más cerca. Cuando a la mañana siguiente despertó y fue a mirar su teléfono, vio el teléfono de Chiharu. Había estado tan distraída con Shaoran y Ruby Moon que se había olvidado por completo de su venganza. Al comprobar el teléfono, vio que tenía un mensaje de voz de la propia Chiharu. –Sakura, voy a salir un poco. Estoy cansada de estar encerrada. Al escuchar el mensaje de Chiharu se dirigió inmediatamente hacia el lugar donde la había mantenido oculta. Lo que Sakura no sabía era que Kaho la había estado siguiendo desde que salió de Mon Ange. Cuando Sakura entró en la habitación del hotel, en efecto, no estaba. Lo primero que se le ocurrió fue preguntar en recepción. –Disculpe, ¿sabe a dónde ha ido Miki, de la habitación 214? –No. Sólo sé que ha salido hace un rato. –respondió la recepcionista. Entonces, Sakura también vio a través de los cristales de la entrada que Kaho Mitzuki esperaba fuera sin comprender qué hacía allí, pero pensó que no podía ser casual. ¿Acaso no podía ir peor? Primero Chiharu sale de su escondite y encima había sido seguida. Así que, Sakura volvió entrar en la habitación de Chiharu para pensar cómo podía proceder, cuando le sonó el teléfono. –Chiharu, ¿dónde te has metido? –preguntó Sakura. –¿Qué? ¿Los medios de comunicación han dado contigo? De acuerdo. Luego te llamo. Al final había pasado lo que habían intentado evitar. Pero pese a lo delicado de la situación, Sakura debía seguir con su plan, por lo que decidió ir a la residencia de ancianos en la que estaba la señora Yamazaki. Quizás no fuera tan malo que Chiharu hubiera salido de su escondite. –Buenos días. –saludó Sakura. Pero la anciana parecía algo afligida mientras sostenía la foto en la que salía sonriente con su nieto. –¿Qué le pasa?¿Ha ocurrido algo? –Ayer me llamó un periodista de una revista y me dijo que iban a detener a mi nieto por consumo y posesión de drogas. –dijo la mujer sin poder contener las lágrimas. –También me dijo que la empresa corría peligro. He estado tan preocupada que no he podido dormir nada. –Pero no sabemos si eso es cierto. En cualquier caso, debe descansar. –dijo Sakura intentando tranquilizar a la pobre mujer. Sakura la ayudó a incorporarse para meterla en la cama. Mientras la anciana se acomodaba, Sakura sacó unas pastillas de su bolso y le puso una cápsula en la palma de la mano. –Cuando estoy preocupada me tomo una de estas pastillas y me ayuda muchísimo a relajarme y dormir. Le traeré agua. –Gracias, Sakura.00000000
Yamazaki caminaba de un lado a otro dentro de su despacho. En la mesilla que había en la zona de los sofás seguía el papel rojo con el que había venido envuelta la corbata que había recibido. La espera de noticias lo estaba poniendo muy nervioso. Gracias a su arrogancia y poder nunca imaginó que alguien como Sakura llegaría a ponerlo en una situación como aquella. Estaba tan nervioso que hasta la uña de su pulgar había menguado considerablemente. Entonces, Eiji Tanaka entró. –¡¿Qué pasa ahora?! ¡Dime lo que me tengas que decir y vete! –bramó Yamazaki furioso. –Tengo que tratar algo contigo que no se puede postergar. –dijo Eiji con firmeza. En la reunión secreta que mantuvieron acordaron aquel momento para hablar con él y, cómo no, la responsabilidad recayó en él, su mano derecha. –¿A qué viene esa actitud? –preguntó Yamazaki, extrañado por el comportamiento del ejecutivo. Ante él siempre se había mostrado dócil y obediente, y esta vez, había entrado con una seguridad impropia, o que al menos, él no le conocía. –En nombre de toda la ejecutiva, te pedimos que dimitas. –dijo él pasándole unos documentos. –Tenemos pruebas de tu abuso de confianza. Has desviado 500 millones de yenes de la empresa a tu cuenta personal. –¿De dónde has sacado esto? –preguntó Yamazaki nervioso. Ahora no sólo estaba acorralado por Sakura, sino también por su propia empresa. A pesar de haberle pedido discreción a su banquero. –También he recibido pruebas de tu consumo de drogas. –añadió Eiji. –O renuncias voluntariamente, o te obligarán los miembros de la junta de accionistas que se reúne esta tarde de forma extraordinaria. –¿Acaso no es suficiente con devolver el dinero? Lo devolveré. –dijo Yamazaki intentando enderezar su situación. –No. Demasiado tarde. –dijo Eiji inflexible. –Ya he presentado las pruebas al representante del banco. En los próximos minutos, todas tus acciones serán embargadas. Sin decir nada más, se marchó del despacho. –¡Jamás te perdonaré esto! –exclamó Yamazaki con rabia.00000000
Cuando Shaoran llegó al edificio de Chiharu,los medios de comunicación estaban apostados en la puerta. Entre ellos, Kero. –Oye, ¿por qué está aquí toda la prensa? –le preguntó Shaoran. –Porque va a ocurrir algo interesante. Parece que va a haber revuelo en la empresa de su novio. –respondió Kero con su libreta en la mano y preparado para apuntar en cuanto se produjera movimiento.00000000
Kero tenía razón. Diversos medios esperaban noticias y algunos informaban en directo en la televisión. –Los medios de comunicación hemos sido convocados por Chiharu Mihara. Se espera que la famosa idol salga a emitir un comunicado en los próximos minutos, lo que ha suscitado la atención de todo el mundo. No dejan de llegar periodistas.–informaba una reportera. Sakura, desde la habitación de la señora Yamazaki, sonreía al saber de antemano lo que iba a pasar.00000000
Una vez que le pidieran la dimisión, Yamazaki intentó desesperadamente obtener la ayuda de diversos contactos, pero todos le dieron la espalda y le decían que era demasiado tarde, puesto que la televisión ya se había hecho eco de algo, lo cual extrañó al todavía presidente. Yamazaki encendió la televisión, donde salían las puertas del edificio de su novia. –Chiharu Mihara acaba de salir.–decía una periodista. Los medios rodearon a Chiharu, que no había ni podido salir apenas del portal del edificio. –¿Por qué ha convocado a los medios? –Estaba preocupada, pero no he podido mirar hacia otro lado. Así que seré honesta. Lo he visto. Yamazaki toma speed. –declaraba Chiharu. El rótulo en la pantalla no tardó en salir, ofreciendo el titular de que el presidente de la compañía Cyber Roadconsumía drogas. Mientras los medios seguían entrevistando a su novia, su móvil sonó. A pesar de que en la pantalla ponía que era su novia, sabía que era Sakura, por lo que se afanó en responder. –¿Qué quieres? –Parece que la cosa se ha puesto fea, ¿no crees? –dijo Sakura. –¿Por qué has hecho esto? Teníamos un trato. –le recriminó Yamazaki. –¿Un trato? Yo sólo llevé a cabo mi parte. ¿Lo estás viendo? Tu novia es muy guapa. –dijo Sakura, dejando entrever que las declaraciones en los medios había sido cosa de Chiharu. Yamazaki apagó la televisión. –¿Y qué me dices del dinero que me pediste para el rescate? –preguntó él. –Quédatelo. No quiero dinero. Además, no deberías de haber metido la mano en las cuentas de la empresa. –dijo Sakura. –Si no me equivoco, pronto pedirán tu cabeza. –¿Eso era lo que tramabas? –preguntó Yamazaki. –Sí. –reconoció Sakura. –Jamás tuve intención de matar a Chiharu. Si mato a alguien, prefiero que sea alguien de tu familia. –¿Qué quieres decir? –Tu abuela, la que está en la residencia de mayores, está muy preocupada por tu situación. –dijo Sakura. –Es tu única familia y la única que no te abandonaría con la que te está cayendo, a pesar del disgusto que le has dado. ¿Quieres verla? Cuando le ofreció verla, Yamazaki se puso más en alerta si cabía. Entonces recordó que le regaló un ordenador a su abuela con el que hablaba de forma asidua con ella. En seguida abrió el programa y realizó la videollamada. Al conectar, vio a Sakura colgando el teléfono móvil delante de la pantalla del ordenador. –Hola. –saludó Sakura. Entonces giró un poco la cámara para que la abuela de Yamazaki entrara en plano y la viera en la cama. –¿La ves? Está profundamente dormida. Le he tenido que dar un medicamento para calmar su ansiedad y que durmiera. Por tu culpa se ha pasado la noche en vela. Probablemente duerma durante unas veinte horas. –¡¿Qué vas a hacerle a mi abuela?! –exclamó Yamazaki enfadado. Él tendría muchos defectos, pero adoraba a su abuela. A modo de respuesta, Sakura le mostró una jeringuilla. –¿Ves esto? He puesto una dosis de la misma droga que tú pusiste en aquellos pastelitos. Si se la inyecto en el gotero, ¿qué crees que pasará? –Detente. ¡Mi abuela no tiene nada que ver con esto! Pero Sakura no hizo caso, se levantó y clavó la aguja en la parte superior del gotero, donde no había líquido, pero que si presionaba el botón de la jeringuilla, el contenido de la inyección se mezclaría con el suero del gotero. –Mataste a la mitad de mi familia por diversión. Terada y Suganuma me lo contaron todo. –dijo Sakura. –Así que, sólo voy a hacer justicia. –¡No sé nada de eso! –dijo Yamazaki envalentonándose. –Tú eres la asesina. –Quien robó el cianuro potásico del instituto y lo inyectó en los pastelitos fuiste tú. Lo tenías muy fácil al trabajar en la pastelería Tachibana después de clases. Le ordenaron a Suganuma que te vigilara. –dijo Sakura. Yamazaki volvió a morderse las uñas al ver a Sakura, que podría liberar el contenido de la inyección en cualquier momento. –Me traicionaron. –dijo Yamazaki reconociendo las cosas. –De acuerdo. Es cierto que quien puso el veneno en los pastelitos fui yo, pero sólo cumplía órdenes. ¡Yo no quería hacerlo! –¿Ah sí? ¿Y quién te lo ordenó? –preguntó Sakura. Pero Yamazaki se resistía a responder. –Dímelo o inyectaré el cianuro. –Haz lo que quieras. Lo siento por mi abuela. Pero si digo su nombre, me cortarán en mil pedazos. –dijo Yamazaki con una entereza que pareció haber recuperado de repente. –Lo que pensaba. –dijo Sakura volviendo a sentarse frente al ordenador. –Eres un bocazas estúpido. –¿Qué quieres decir? –Esta conversación está siendo grabada. Si la cuelgo en internet, imagina la de rumores que van a correr por ahí. Dirán que tú eres el asesino. Y si los medios se enteran de que el presidente de una famosa compañía tecnológica es un asesino, ¿crees que lo van a dejar correr? Buscarán desesperadamente al famoso criminal. Y tarde o temprano, descubrirán quién te dio la orden de hacer lo que hiciste. –¡Por favor!¡Por favor!¡Te lo ruego!¡Dame otra oportunidad!¡Te pagaré 100 millones de yenes al mes!¡Te lo ruego, por favor! –Yamazaki jamás había suplicado así por nada, evidenciando el nivel de estrés y apuro que sentía en aquellos momentos. Sakura lo estaba llevando al límite. –¿Todavía eres presidente? –preguntó Sakura. Con aquella simple pregunta, Yamazaki sabía que sus intentos desesperados por arreglar la situación no iban a surtir efecto. –Ya no tienes dinero, ni estatus, ni novia. Si hay algo que tienes ahora, es tu vida. Si pones un solo pie fuera de ese despacho, se volverá en un infierno, me aseguraré de ello. –¡Por favor!¡Por favor!¡Te lo ruego! –dijo Yamazaki levantándose de allí, nervioso y asustado. –Sentir placer por cometer un crimen es algo por lo que merece la pena morir. –dijo Sakura, recordándole que él tampoco tuvo piedad en el juicio que la condenó, al mentir en su testimonio con una prepotencia desmesurada. –Si quieres resarcirte, quítate la vida. Yamazaki negaba con la cabeza tremendamente aterrorizado mientras Sakura sonreía maliciosamente. –¿Recibiste la corbata que te envié de regalo? –preguntó Sakura. Yamazaki miró la corbata, que seguía en el suelo al haberla lanzado tras su arrebato. –Morir por un tormento terrible siendo el foco de atención, o morir en tu querido despacho presidencial. Te dejo elegir. Yamazaki estaba paralizado. ¿Le estaba dando a elegir cómo morir? Pero Sakura se impacientaba. –Si no te decides pronto, publicaré el vídeo. –apremió Sakura. –Está bien. Se ha acabado de todas formas. –claudicó Yamazaki intentando asumir su propia muerte. Se mirase por donde se mirase, Sakura había ideado un plan tan perfecto que lo había puesto jaque. Yamazaki recogió la corbata del suelo y la miró durante unos segundos. ¿Quién le iba a decir que una corbata, que era una especie de símbolo de bonanza empresarial como la que había gozado sería la que le causara la muerte? Yamazaki preparó la corbata en el banco de gimnasia a modo de horca. –He perdido contra Sakura Kinomoto. –dijo Yamazaki antes de colgarse. A pesar de que él jamás había llevado corbata, murió con una puesta.00000000
–No tiene sentido que hablemos si no podéis conseguir una orden judicial para continuar con la investigación. Empezad a ganaros el sueldo. –reprendió Ryo Katokura a dos de los detectives más novatos del departamento. –Sí, señor. –dijeron ambos detectives. –Katokura, ven conmigo. –lo llamó Kaito. Ambos se encerraron en la sala de reuniones para hablar con más privacidad. –Hay fundadas sospechas de que el detective Wei Wang es sospechoso de asesinato. –le contó Kaito. –¿Wei? –preguntó Ryo sonriendo al pensar que eso sería un golpe definitivo para Shaoran.00000000
Una vez que Yamazaki murió al colgarse con la corbata en el banco de ejercicio de su despacho, Sakura se dirigió hasta la anciana y le quitó el gotero. –Lo siento mucho, señora Yamazaki. –se disculpó Sakura mientras la anciana seguía durmiendo profundamente.00000000
Tras las declaraciones de Chiharu, Shaoran, al igual que muchos medios de comunicación, se dirigió hacia el edificio donde la compañía Cyber Road tenía su sede. Evidentemente, el foco de atención se había desplazado de Chiharu hacia Yamazaki, por eso parecían salir periodistas de todas partes. De repente, Kero salió del edificio y corrió hacia él. –Shaoran, grandes noticias. Yamazaki se ha suicidado. –dijo el periodista. A pesar de la sorpresa que le produjo la noticia, en su fuero interno, Shaoran se preguntaba cómo se enteraba de todo casi en el acto, pero no tenía tiempo para pensar en eso. Justo en ese momento, llegaba un coche patrulla. Sin pensarlo dos veces, entró al edificio. Dada la situación, esta vez, Eiji Tanaka sí lo dejó entrar a su despacho. Yamazaki estaba colgado del banco de ejercicios con una corbata. –No había nadie en el despacho aparte de él. –dijo Eiji. –¿No sospechas de nadie? –le preguntó otro detective al accionista. –Su ordenador está infestado con un virus. –Continuemos la conversación en tu despacho. Mientras la policía salía con Eiji, Shaoran se fijó en el papel de regalo rojo que había sobre la mesa de los sofás. Se cubrió la mano con un pañuelo y lo cogió para observarlo. Al darle la vuelta, vio una pluma de cuervo grabada.00000000
Kaho iba por la calle siguiendo a Sakura a varios metros, cuando vio que Shaoran la llamaba por teléfono. –¿Diga? –Yamazaki se ha suicidado. –le informó Shaoran a las puertas de la Simons Tower. –¿Qué? –Sí. Su secretario asegura que estaba solo en su despacho. Dice la verdad. Lo hemos confirmado con la empresa de seguridad. ¿Dónde estás? –Estoy siguiendo a Sakura. Va caminando a unos metros de mí. Ha estado un rato en una residencia de ancianos. –explicó Kaho. –Es improbable que haya escapado algún intruso. Además, están todas las puertas llenas de periodistas desde las declaraciones de Mihara a la prensa. –dijo Shaoran. Al terminar de decir eso, Shaoran vio en la acera de enfrente a Wei. Estaba allí plantado mirando hacia arriba. Tras echar el vistazo, levantó una mano para pedir un taxi, mientras que Shaoran echó a correr para alcanzarlo. –¡Wei! Era evidente que había escuchado que alguien lo llamaba porque miró hacia el lugar del que procedía la voz, pero llegó el taxi y se montó. –¿Wei está allí? –preguntó Kaho al haber escuchado cómo Shaoran había llamado a Wei. Pero la llamada se cortó en ese instante. Para cuando Kaho se dio cuenta, Sakura había desaparecido de su vista. Lo que ella no sabía, era que Sakura se había dado cuenta desde el principio de que estaba siendo vigilada por Kaho. Esta vez, fue Sakura la que comenzó a seguir a Kaho, llegando hasta la Simons Tower donde Yamazaki tenía afincada su empresa. –Policía. –dijo Kaho mostrando su placa para que los policías que vigilaban el cordón policial la dejaran pasar. Para sorpresa de Sakura, Kaho se reunió con Shaoran en la puerta del edificio. Al ver la placa puesta en el bolsillo de su chaqueta, a Sakura no sólo se le heló la sangre, sino que se sintió defraudada. Shaoran le había estado mintiendo todo el tiempo. No era ingeniero de sistemas como le hizo creer, sino un detective de la policía. Y Kaho Mitzuki también. Como cada vez que actuaba, Sakura se dirigió al mirador. Siempre que culminaba una de sus venganzas, se sentía vacía, pero esta vez, fue especialmente doloroso al enterarse de que Shaoran no fue tan honesto como pretendió hacer ver y sin saber por qué, se sintió muy decepcionada. Para ella, los momentos vividos con él fueron muy significativos: la noche que limpiaron las pintadas de la pared de Mon Ange, la noche que nacieron los cachorritos, la noche que estuvo en su casa cenando, o cuando la abrazó en el puerto. Sin darse cuenta, Shaoran se había metido en su mente y en su corazón, pero por lo visto él sólo había estado fingiendo. Continuará...