Guilty

Gen
NC-17
Finalizada
0
Tamaño:
166 páginas, 89.853 palabras, 11 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

10. Aparición final. La verdadera cara del político.

Ajustes
Después de declararse de manera tan abrupta, Shaoran casi arrastró a Sakura del brazo hasta llegar a su propio apartamento. –A partir de ahora te quedas aquí. Y ni se te ocurra salir. –dijo Shaoran soltando a la castaña mientras dejaba un bolso con lo que parecía ser equipaje de Sakura. –Tengo cosas que hacer. –dijo Sakura. –Ni hablar. No puedo dejarte salir. –Pero… –Arrestaré a Kaito. –dijo Shaoran con firmeza. –También lo hago por Kero. ¿Qué te dijo? Te llamó para decirte algo, ¿no? –Lo siento, pero no es asunto tuyo. –Hasta que no me lo digas no pienso dejarte salir de aquí. –dijo Shaoran. –¿No confías en mí? Sakura no dijo nada, pero su expresión le hizo saber a Shaoran que sí confiaba en él, por lo que el castaño salió del apartamento. Debía ocuparse de Kaito. Kaho lo había llamado diciéndole que se había escapado.

00000000

En la comisaría, la Primera División de Investigación al completo se encontraba reunida para analizar el nuevo giro de los acontecimientos. –¿Dónde ha desaparecido? –preguntó Kaho. –No hemos podido seguirle la pista. –dijo Takabe. –¡Demonios! –exclamó Ryo frustrado. Ryo se había confiado y Kaito consiguió revertir su comprometedora situación a pesar de estar esposado. ¿Cómo podía haber cometido un error tan imperdonable? –Tenemos que arrestarlo. –¿De verdad crees que podremos hacerlo? –preguntó Takabe sin confianza. Para él también estaba siendo duro el hecho de que su antiguo jefe hubiera tomado el control y hubiera conseguido huir. –Podéis contar conmigo para buscarlo. –dijo Shaoran apareciendo por su antigua oficina. –¿Qué has estado haciendo? Llegas tarde. –dijo Ryo, obviando el hecho de que Shaoran había presentado su dimisión. De hecho, sacó la carta de dimisión de su bolsillo algo arrugada y se la pasó bruscamente contra el pecho de Shaoran, haciéndole saber que no aceptaba su renuncia. –Gracias. –dijo Shaoran sorprendido por el gesto de Ryo. –Nos faltan manos. Debías de haber venido antes. –dijo Ryo, convencido de que Shaoran volvería. A pesar de no haberse portado bien con él y que nunca lo reconocería, Ryo pensaba que Shaoran era un gran detective. –¿Cuál fue la última ubicación conocida del coche que ha robado Kaito? –preguntó Shaoran. –La última señal del localizador del coche fue en el vecindario de Shinkiba. –dijo uno de los agentes. –Tampoco ha vuelto a su casa y nadie de su círculo más cercano lo ha alojado. –No nos queda otra opción que localizar a todos sus amigos. Adelante. –dijo Ryo. Tras dar la orden, la reunión se disolvió para ponerse manos a la obra. –Kaho, espera. Necesito que me hagas un favor. Quiero que vayas a mi apartamento y le eches un ojo a Sakura. –dijo Shaoran. –¿Estás preocupado por Kinomoto en un momento como este? –Kaito irá tras ella. –dijo Shaoran. –¿Qué? –Justo cuando Kero estaba a punto de morir, ella estaba al teléfono. Sabe todo lo que ocurrió en esa azotea. –¿Te ha contado lo que ocurrió? –No, pero de alguna manera estoy convencido. –Está bien. Yo me encargo de Kinomoto. –accedió Kaho. –Gracias. Yo intentaré trazar la conexión entre Kero y Kaito. –dijo Shaoran.

00000000

Si sus antiguos compañeros no habían conseguido dar con él era porque Kaito se había refugiado en la mansión de su valedor político. –Parece que los medios no se han hecho eco del asunto de Kero. Me imagino que después de haber estado un tiempo sin trabajar y de entretener a la gente, tus habilidades se han oxidado, ¿no crees, Kaito? Hacerse cargo de un yonqui no debía suponer ningún problema y escapó de tu control. Y por si fuera poco, un periodista te ha puesto contra las cuerdas. –dijo Eriol reprendiéndole por no haber podido cumplir con su deber como se esperaba de alguien que había aspirado a ser comisario. –Me descuidé. –dijo Kaito asumiendo sus errores por exceso de confianza. –Kaito. Sólo voy ayudarte una vez más con la condición de que consigas el artículo de ese periodista, y la vida de Sakura Kinomoto. Eso será suficiente, ¿verdad, papá? –dijo Eriol, desviando su mirada hacia el lugar en el que estaba sentado su padre, que leía el periódico. –No te dirijas a mí de forma tan familiar. –dijo el padre de Eriol bajando el periódico. Clow Reed, tal y como era conocido en el mundo de la política, era un hombre de 62 años con gafas redondas y una larga melena oscura que parecía emanar gran sabiduría. –Tienes dos días para solucionarlo. –Entendido. –dijo Kaito mientras Clow Reed salía de la estancia. –Según nuestra investigación, Kinomoto y Keroberos se llevaban bastante bien. –dijo Eriol. Kaito recordó a Keroberos a punto de saltar hacia atrás, mientras se regodeaba de haber ganado, a pesar de que sabía que iba a morir. –Ahora lo entiendo. –musitó Kaito. Keroberos y Kinomoto habían estado trabajando juntos y lo habían acorralado. –La persona que tiene el artículo puede ser Kinomoto, ¿me equivoco? –dijo Eriol.

00000000

Tal y como le había dicho a Kaho, Shaoran fue a trazar la pista que uniría a Kero y a Kaito. Para ello, localizó a uno de los mendigos que Kero solía utilizar para algunos recados a cambio de comida o algo de ropa. Esa era la particular red de inteligencia de Kero. A pesar de ser indigentes, eran muy efectivos, puesto que estaban por toda la ciudad y podían conseguir mucha información. –¿Qué hizo Kero al final? –preguntó Shaoran enseñándole su placa.

00000000

Cuando Kaho llegó al apartamento de Shaoran, no había ni rastro de Sakura. Cogió su móvil y llamó a Shaoran. –Kinomoto ha desaparecido. –le informó Kaho en cuanto Shaoran descolgó.

00000000

–Sakura, ¿qué haces aquí? Sabes que podías tomarte unos días libres. –le dijo Tomoyo cuando vio aparecer a Sakura en el salón canino. –Tomoyo, Meiling. Gracias por cuidar de mí. –agradeció Sakura. –Por favor, dejadme que deje Mon Ange. –¿Pero qué dices, Sakura? –preguntó Meiling sorprendida, a la que casi se le cae de la plataforma el perro que estaba atendiendo por la petición de su compañera de trabajo. –¿Acaso no estás contenta aquí? –preguntó Tomoyo. –No es eso. Me encanta trabajar aquí. Pero cuando empecé te dije que era alguien con quien no podrías tener un contrato exclusivo. –dijo Sakura. –Piénsalo un poquito más. –dijo Tomoyo. –No puedo. No voy a cambiar mi decisión. –dijo Sakura. En aquel momento, se formó un extraño silencio incómodo. Por suerte, sonó el teléfono para romper esa tensión. –Meiling, cógelo, por favor. –ordenó Tomoyo mientras ella se ocupaba de sostener al perro. –Salón canino Mon Ange. ¿En qué puedo ayudarle?...Sí, está aquí. Ahora se pone. –dijo Meiling pasándole el teléfono inalámbrico. –Es para ti, Sakura. –¿Diga? –Eres Sakura Kinomoto, ¿verdad? –dijo una voz grave. –¿Quién llama? –Soy Yuna D. Kaito. Entrégame el artículo que te pasó Keroberos. –dijo Kaito sin rodeos. –No tengo ni idea de lo que estás hablando. –mintió Sakura apartándose un poco para hablar con más privacidad. –Qué negocio más encantador. –dijo Kaito. –¿Qué? –Sería muy fácil convertir ese lugar en un baño de sangre. –dijo Kaito. Al comprender que Kaito estaba amenazando el salón canino, Sakura fue a asomarse. Allí, tras la puerta, estaba Kaito al teléfono. –El artículo no está aquí. –dijo Sakura para intentar que Kaito no hiciera daño ni a Mon Ange ni a las personas que estaban dentro. –Llévalo al parking que hay junto al parque que está cerca de aquí mañana a las tres de la tarde. –dijo Kaito. Sin decir nada más, Kaito se marchó. –Sakura, ¿qué pasa? –preguntó Meiling al ver el extraño comportamiento de Sakura tras esa llamada. Sakura le devolvió el teléfono a Tomoyo y salió corriendo para intentar alcanzar a Kaito, pero sólo alcanzó a ver cómo un coche de alta gama desaparecía por la esquina. Fue entonces cuando por la esquina opuesta apareció Shaoran. –Oye, ¿por qué has salido de mi apartamento? –preguntó Shaoran aliviado por haberla encontrado. –Déjame sola, por favor. –le pidió Sakura, pero él hizo caso omiso y la agarró de la mano para volver a llevarla a su casa. –Volvamos. –insistió él mientras Sakura oponía resistencia. Kaho también apareció allí para ayudar a Shaoran. –¡He dicho que me dejes! –exclamó Sakura. Shaoran la volvió a agarrar de la muñeca. –Sakura Kinomoto, estás arrestada por resistencia a la autoridad. –dijo Shaoran, que muy a su pesar, no vio otro modo de protegerla. Sin poder hacer nada, Sakura no tuvo más remedio que marcharse con Shaoran y Kaho a comisaría. En cuanto llegaron, la metieron en una sala de interrogatorios. –Por favor, Shaoran. Déjame que… –Ni hablar. –cortó Shaoran tajante ante el nuevo intento de Sakura de convencerlo de seguir con sus planes. –No puedo dejarte hacer algo así. Mientras estés aquí, no tendré que preocuparme y podré centrarme en atrapar a Kaito. Entiéndelo, por favor. No quiero que cometas más errores. Sólo te pido que confíes en mí. Tras decir eso, Shaoran bajó la cabeza, tal y como mandaba la costumbre japonesa cuando se rogaba algo. Kaho jamás había visto a Shaoran pedirle algo así a alguien, y mucho menos a un detenido. Pero Sakura no era una detenida cualquiera. Sólo la había arrestado para no tener que estar pendiente de ella mientras daban con Kaito. Y no sólo eso. Sabía que Shaoran estaba enamorado de ella.

00000000

Kaito se escondía en un piso franco mientras cumplía con la tarea encomendada por Eriol y su padre. No podía volver a su apartamento porque la policía seguro que lo vigilaba, por lo que en aquellos momentos se sentía como Mizoguchi, aunque ese pequeño apartamento estaba en bastante mejor condición que el que había ocupado el pirómano. Al fin y al cabo, su estatus y clase no tenía nada que ver con la de aquel desgraciado. Ahora sólo le quedaba esperar a que llegara el día siguiente, tal y como le había indicado a Kinomoto. El sonido del teléfono lo sacó de sus pensamientos. –Buenos días, Kaito. Te he enviado tus cosas. –dijo Eriol. –Haz el favor de ponerle fin a esto. –Lo sé. –Papá se está impacientando. –le avisó Eriol mientras miraba un sobre rojo con una pluma de cuervo grabada que había recibido. –Ya sabes lo maníaco que se vuelve cuando se enfada. –Lo sé. –volvió a repetir Kaito. –Y no olvides que de ahora en adelante, te estamos vigilando. –le advirtió Eriol antes de colgar. Sobre la mesa, tenía fotos que había recibido en el sobre rojo, mostrando los cadáveres que había ido dejando Sakura hasta ahora. Eriol comprendía el mensaje, pero no le preocupaba demasiado. Tenía demasiado poder. Tras la advertencia de Eriol, Kaito cargó su reluciente pistola plateada y le puso un silenciador.

00000000

En la sede de la editorial donde el periódico Teito tenía su redacción, Shaoran fue a interrogar a Spi, el periodista que fue pupilo de Keroberos. No fue difícil dar con él, ya que en las bases de datos de la policía venía la suficiente información como para averiguar en qué lugares había trabajado Kero. Además, siendo freelance,eran las propias agencias de noticias las que compraban sus artículos y reportajes. Al ver que Spi fue discípulo de Kero y que actualmente ocupaba un cargo importante dentro del grupo editorial, Shaoran supo de inmediato que Spi debía tener una conexión importante con Kero. Tras haberse presentado, ambos se fueron al despacho de Spi para tener mayor privacidad. –¿Sabía usted que Keroberos ha sido asesinado? –preguntó Shaoran. El rostro desencajado de Spi le hizo ver a Shaoran que no. –¿No tienes idea del motivo? –En realidad no. –masculló Spi nervioso, lo cual no pasó desapercibido para el detective. En realidad, Spi estaba convencido que todo tenía relación con el caso de hacía quince años. –No hay motivo para que un periodista de la sección política como tú tenga que preocuparse como para mascullar de esa forma, ¿no?

00000000

Cuando Shaoran se marchó, Sakura se quedó a solas con Kaho. –Por favor, déjame salir de aquí. –volvió a rogar Sakura. –¿Qué clase de relación tenías con Keroberos? –preguntó Kaho haciendo caso omiso a la petición de la ojiverde. –¿Acaso no le guardabas rencor por lo que publicó en el pasado? –Sí. –contestó Sakura, que decidió contestar a sus dudas. –Las mentiras que escribió sólo causaron más dolor a mi familia y condujeron a mi madre y a mi hermano al intento de suicidio. Al final sólo mi hermano consiguió llevarlo a cabo. Pero con las cosas que ha hecho, para mí ha reparado el daño. Me contó todo. Incluso llegó a dar su vida por la verdad. –¿Cuál es esa verdad? –preguntó Kaho en un tono más cariñoso al ver la predisposición de Sakura, pero el sonido del móvil de Sakura interrumpió el interrogatorio. –Contesta. –¿Diga? –Sakura, soy Tomoyo. Hay un cliente que te quiere a ti exclusivamente. Dice que se llama Kaito. –¿Kaito? –preguntó Sakura. Aquel nombre tampoco pasó desapercibido para Kaho. –Hola, Kinomoto. –dijo Kaito sentado tranquilamente desde el sofá de Mon Ange. –Como ves, he vuelto. Debo decir que el sofá del salón canino es muy cómodo. Ya sabes lo que tienes que hacer. –¿Era Kaito? –preguntó Kaho cuando Sakura colgó. –Por favor, tienes que dejarme salir de aquí. –le volvió a pedir Sakura más desesperada. Kaito la había llamado para recordarle lo que tenía que hacer. No podía dejar que les pasara nada a Tomoyo y a Meiling. –Déjaselo todo a la policía. –Si no voy yo, la cosa se va a poner fea. Incluso podría haber muertos. –dijo Sakura. –No me importa lo que me ocurra a mí, pero tengo que salvar a personas que son importantes para mí. Por favor, señorita Mitzuki.

00000000

A las tres de la tarde, Sakura apareció en el lugar establecido por Kaito. Una docena de coches estaban aparcados, cuando Sakura vio bajar por la rampa el Lexus blanco de alta gama que el día anterior vio escapar cuando la llamó a las puertas de Mon Ange. Kaito paró el coche a unos diez metros frente a Sakura y bajó del coche con una sonrisa de suficiencia, ataviado con su gabardina abierta sobre traje de corbata y gafas de sol. –Entrégame el artículo. –ordenó Kaito. –No esperarás que llevara encima algo tan importante como eso, ¿no? –dijo Sakura. –En ese caso, iré contigo a donde lo tengas guardado. –dijo Kaito sacando su pistola plateada con silenciador del bolsillo de la gabardina y la apuntó. Tras dar unos pasos, Kaito desvió el brazo y disparó hacia Kaho, que estaba escondida tras un coche. El disparo dio en la esquina del guardabarros del coche. Kaho se protegió más poniéndose tras el capó. Después, Kaito volvió a apuntar hacia Sakura –Esperaba algo como esto. No me subestimes. Kaito estaba cada vez más cerca de Sakura, por lo que Kaho, detrás del coche, se incorporó y disparó, dando en el suelo justo al lado del pie de Kaito. En ese momento, Kaho salió y se puso delante de Sakura mientras apuntaba a Kaito para ponerla a cubierto. –¡Corre, deprisa! –le ordenó a Sakura, que obedeció con presteza. –Sólo pasaré por alto esto una vez. En el próximo lugar al que dispare no tendrás nada que te proteja. Como por ejemplo, ¿aquí, quizás? –dijo Kaito señalándose la cabeza con su propia arma sin dejar de sonreír. Kaito retrocedió sin dejar de mirarlas y apuntarlas hasta llegar al coche. Se montó, y se marchó del parking. Una vez que el peligro pasó, Kaho se apoyó en el coche que habían estado usando de escudo y se escurrió hasta quedarse sentada. –¿Estás bien? –preguntó Sakura preocupada. –No es para tanto. –dijo Kaho restándole importancia al balazo que casi la alcanza. Por suerte sólo fue un susto. –Sólo siento que haya huido de nuevo. –No te preocupes por eso ahora. Ya habrá otra oportunidad. –dijo Sakura.

00000000

Nada más conocer lo que había ocurrido con Kaho y Sakura, Shaoran se puso nervioso. Cuando llegó a la comisaría nada más anochecer buscó a Sakura y a Kaho como un loco. –¿Dónde está? –preguntó bruscamente a Kaho. –En la sala de reuniones. –respondió Kaho. –¿Por qué la has dejado salir? ¿Acaso querías ponerla en peligro? –preguntó Shaoran. –Lo siento, pero lo consideré cuidadosamente como detective, y no poniendo mis sentimientos por delante. Por eso le puse como condición ir yo también. –replicó Kaho. –Ella prefería morir a poner en peligro a personas que no tienen nada que ver con el caso. Estaba decidida. Voy a por algo de comida. Una vez que Kaho se marchó, Shaoran se dirigió a la sala de reuniones. –¿Por qué fuiste aún sabiendo que estás en el blanco de Kaito? –preguntó Shaoran directamente cuando entró en la sala. –Porque yo empecé todo esto. –respondió Sakura, que estaba sentada como una niña buena. –Te dije que encontraré a Kaito, así que ya puedes parar. –dijo Shaoran sentándose en la mesa con aire cansado y dándole la espalda a Sakura. –Es como aquella vez, ¿verdad? –comentó Sakura. –¿A qué te refieres? –Como cuando salvaste a Ruby Moon. No hago más que causarte problemas. Fuiste tú quien me echaste una mano aquel día. –dijo Sakura recordando con añoranza el día que Shaoran sacó a Ruby Moon cuando se quedó atrapada. Sentía que habían pasado años desde aquel día, aunque no fuera así. –Aquel día, si hubiera estado más pendiente de Ruby Moon, quizás no nos hubiéramos involucrado en todo este lío. Por cierto, ¿dónde está? –Yue la está cuidando por hoy. –respondió Shaoran. –Tiene mucha suerte. Es importante para todos. –comentó Sakura. –Me encantaría cambiar mi lugar por ella. –¿Crees que no eres importante para nadie? –preguntó Shaoran. –Porque yo creo que lo eres para tu jefa y tu compañera de trabajo… Y también para mí. –Ser importante para alguien es más de lo que merezco siendo quien soy ahora. –Si no hubiera ocurrido todo… –Pero después de todo, quizás fuera mi culpa. –¿Qué quieres decir? –Que fui yo la que compró los pastelitos de chocolate. –Tú sólo querías complacer a tu sobrino cuando fue de visita. –Sí, pero mi hermano mayor le prohibió comer chocolate por las caries, pero él tenía tantas ganas de comer un poco que le prometí llevarle aún en contra del juicio de mi hermano. Cuando le di el paquete se le iluminaron los ojos de la ilusión. –se lamentó Sakura con una sonrisa triste. –Quería ver su cara de aprecio y escuchar el agradecimiento de sus labios. Mi madre nunca estaba contenta con todo lo que hacía. Por eso quizás reaccionó de la forma que lo hizo. –¿Por qué? –Me odiaba. Me parezco demasiado a la amante con la que mi padre me tuvo. Creo que se le hizo muy duro cuidar de mí al no ser su hija de sangre. –explicó Sakura. –¿De verdad te odiaba por algo de lo que no tienes culpa? –Son ese tipo de cosas las que causan las heridas más profundas. Aunque no tenga culpa, a veces me hacía sentir como mi mayor pecado. Ese es el mundo en el que vivo. Por eso he tenido que esforzarme tanto para ganarme el afecto de mi sobrino. –dijo Sakura. Kaho, que había vuelto con una bolsa para que Sakura cenara, no pudo evitar escuchar la conversación que ambos castaños estaban manteniendo dentro. –Al final, después de todo, sólo quería sentirme bien conmigo misma. Por eso compré los pastelitos. Debí haberlos probado yo primero. Si lo hubiera hecho… Shaoran se acercó a ella al ver que las lágrimas comenzaban a escurrirse por su rostro y voz empezaba a romperse. –No es culpa tuya. Sólo te viste arrastrada a todo esto. –consoló Shaoran posando su mano sobre su hombro. Después, posó su mano sobre su cabeza y Sakura la apoyó sobre la cintura de Shaoran, que permanecía de pie. Kaho no vio por conveniente interrumpir un momento tan íntimo y doloroso, por lo que colocó la bolsa con la cena de Sakura en el pomo de la puerta antes de marcharse. Sin duda, Sakura había sufrido mucho y a pesar de sentir ciertos celos porque Shaoran se hubiera fijado en ella, también para ella estaba siendo inevitable protegerla. Aunque desde el principio comenzaron teniendo una relación tensa, el corazón de Kaho también se había ablandado en cierta manera por la situación de Sakura. Una vez que Sakura se tranquilizó, Shaoran le proporcionó una manta y la dejó dentro de la sala de reuniones cenando e intentando descansar, mientras que él se quedó fuera, sentado en su mesa haciendo guardia durante toda la noche. A pesar de haberla llevado allí como detenida, no la pensaba meter en un calabozo.

00000000

Clow Reed firmaba varios documentos tranquilamente en una habitación tradicional japonesa. Pese al minimalismo que caracterizaba ese tipo de estancias, la luz tenue y la poca decoración mostraba un aire elegante y sofisticado. Lo único que hacía pensar que se encontraban en la época actual era que el político vestía de traje y corbata, aunque en ese momento no llevaba la chaqueta puesta. Fue entonces que Eriol, arrodillado en el pasillo de fuera, abrió la tradicional puerta shojide papel traslúcido para interrumpir, tal y como se solía hacer desde la época de los shogunatos, en la que los samuráis interrumpían a sus daimioso señores feudales para informar de algo. –Señor, ya tengo la agenda de hoy preparada. –dijo Eriol refiriéndose al político con profundo respeto, a pesar de ser su padre. –Hoy tiene una reunión con el Ministro de Justicia después de ir a una visita de inspección de la Policía Metropolitana. Esta tarde tiene una reunión con los nuevos miembros de la Dieta del Partido Conservador. –Cancela lo último. –dijo Clow sin apartar la vista del documento que estaba revisando. –Pasaré por el apartamento de Madoushi. –¿Otra vez esa mujer? –¿Alguna queja? –preguntó Clow sin mirar a su hijo. Si hubiera mirado, habría visto que el gesto de Eriol no mostraba su acuerdo. –Como Secretario Adjunto del Ministerio de Justicia, no tengo nada que decir. –dijo Eriol. –¿Es esa tu forma de morderte la lengua? –preguntó Clow, que a pesar de no mirar, sí que sabía lo que opinaba su hijo de que cancelara compromisos profesionales por visitar a una mujer. El tono en el que lo había dicho prácticamente delataba a su hijo. –Con permiso. –dijo Eriol cerrando la puerta shoji.Eriol veía más conveniente no contestar aquella pregunta. Tarde o temprano recibiría la respuesta.

00000000

La luz del nuevo día hacía ya un rato que se había empezado a colar por los resquicios de la estora de la sala de reuniones de la Primera División de Investigación de la policía, pero Sakura seguía con la cabeza sobre los brazos, apoyados encima de la mesa, la manta sobre los hombros y la bolsa con los restos de la cena sobre la mesa. No era un sitio demasiado cómodo para dormir, pero agradecía que no la hubieran encerrado en el calabozo ni que le hubieran requisado su bolso. No fue hasta que una llamada con número oculto que Sakura se incorporó. –¿Diga? –respondió Sakura con los ojos aún medio dormidos. –Gracias por enviarme la carta, Sakura Kinomoto. –dijo Eriol desde un salón más occidental del que había estado antes con su padre. Con ese comentario, Sakura se espabiló de forma instantánea. Se levantó y miró a través de las estoras, viendo que Shaoran también dormía sobre la mesa de su oficina. Estaba claro que no era la única que había tenido una noche incómoda. Tras comprobar que Shaoran estaba dormido, se acercó a la ventana que daba al exterior. –Por fin podemos hablar tú yo. –dijo Sakura. –¿Sabes? Eres una persona increíble. Te admiro. Tú y yo somos mucho más útiles y efectivos de lo que ha resultado ser Kaito. –dijo Eriol. –¿Estás seguro de decir eso de ese tipo tan horrible? Al fin y al cabo, lo has estado utilizando durante quince años. –Puedo librarte de Kaito. Pero a cambio, quiero que me entregues el artículo de Keroberos. –¿Eso es todo? –Por supuesto, aportaré pruebas concluyentes de que fuiste acusada con pruebas falsas y que no tuviste nada que ver con los asesinatos en forma de suicidio que has perpetrado. –propuso Eriol. –De ahora en adelante, podrás ser feliz y tener una vida normal. Y también la gente de tu alrededor. ¿Qué me dices?

00000000

Cuando Sakura terminó de hablar con Eriol y salió de la sala de reuniones, se encontró a Shaoran en la misma postura que cuando se había asomado unos minutos antes. –¿Shaoran? –preguntó Sakura cerciorándose de que le oía. –Buenos días. –Buenos días. –dijo Shaoran aún medio dormido y con voz de recién despertado. –Me gustaría lavarme un poco. –pidió Sakura. –Entonces lo siento, pero tengo que ir contigo. –dijo Shaoran levantándose para acompañarla. Shaoran fue delante, seguido de Sakura, no sin antes mirar de manera enigmática uno de los teléfonos de la oficina. Todavía era temprano y apenas se veían agentes por los pasillos de la sede de la PMT, salvo los más madrugadores o los que acababan el turno de noche. Cuando llegaban a la zona de los lavabos, Shaoran se percató de que Sakura se detuvo a mirar un tablón de anuncios que había en el pasillo porque algo le había llamado la atención. –¿Qué pasa? –preguntó él. –Nada. –respondió Sakura retomando su camino. No obstante, le había dado el tiempo suficiente a leer que el Viceministro de Justicia visitaría la comisaría durante aquella misma mañana. Una vez que llegaron a los lavabos, Sakura entró a una de las cabinas de los retretes mientras que Shaoran esperaba fuera. La castaña aprovechó aquel momento para llamar a Kaito. –¿Diga? –contestó Kaito. –Por mi voz sabrás quien soy, ¿verdad, Kaito? –dijo Sakura. –Acabo de hacer un trato con tu jefe. Así que voy a entregarte el artículo de Keroberos. –¿Dónde? –En un lugar que te encanta. Lo he dejado encima de tu mesa de inspector de policía. –dijo Sakura. –Ahora mismo, estoy bajo la protección de la Primera División de Investigación. Así que será mejor que te des prisa para recogerlo. Alguien podría verlo. –Está bien. Iré a recogerlo. –dijo Kaito antes de colgar. –Supongo que se lo ha tragado. –le dijo Eriol a Kaito, que estaba sentado tranquilamente en el mismo salón. –Tendrás la zona despejada. Ya me he encargado de aportar testigos falsos para que se entretengan buscándote por otra parte. Asegúrate de traer el artículo. –Entendido.

00000000

–¿Qué haces ahí? –preguntó Kaho al encontrar a Shaoran plantado al lado de la puerta de los lavabos de mujeres. No obstante, no le dejó ni responder porque tenía que decirle algo de manera urgente. –Acabo de hablar con Ryo. Dice que las chicas de Mon Ange han visto a alguien que responde a la descripción de Kaito merodeando cerca del salón canino. –¡Por favor, id al salón canino! ¡Kaito acaba de llamarme! –les pidió Sakura saliendo abruptamente de los lavabos. Aquello confirmaba la información que había traído Kaho, pese a ser una mentira para mantener despejada la comisaría. Sakura necesitaba que al menos esa unidad de la policía no estuviera rondando por el departamento. Pese a ello, Shaoran negó con la cabeza. –Te prometo que me quedaré aquí. –Está bien. –dijo Shaoran. Él y Kaho salieron corriendo por el pasillo, aunque Shaoran miró hacia Sakura no muy convencido. –¡Date prisa, Shaoran! –le apremió Kaho al ver como el castaño se entretenía mirando atrás, hasta que finalmente, desaparecieron por el pasillo. Una vez que Sakura tenía la zona despejada, volvió al Departamento de la Primera División de Investigación y sacó el dispositivo USB de color granate que le pasó Kero. No obstante, el que colocó encima de la mesa de Kaito era de color blanco. Pese al trato al que había llegado con Eriol, no podía fiarse de las personas que no tuvieron reparos en arruinarle la vida. Debía cubrirse las espaldas, así que simplemente había introducido algunas fotos bastante reveladoras y ella se quedaría con el artículo original. Con un poco de suerte, si su plan funcionaba, aquel USB blanco con la copia acabaría en manos de la policía. Unos minutos después, Kaito entró en la comisaría impunemente con la placa bien visible en el bolsillo de su chaqueta mientras todos los que se encontraban a su paso le hacían la típica reverencia de alguien que se encontraba en escalafones superiores de la jerarquía. Al fin y al cabo, su orden de búsqueda y captura no había salido a la luz y sólo era un asunto interno de la Primera División de Investigación. Sería un trabajo muy fácil. Una vez que llegó al que había sido su departamento dentro de la comisaría, vio a Sakura de pie, delante de la que fue su mesa. Kaito se aseguró de cerrar el pestillo que estaba situado en el pomo de la puerta. Todo sería más sencillo si no eran interrumpidos con visitas inoportunas. –Ha sido muy irresponsable por parte de la policía permitir que un asesino como tú escapara. Pero no importa cuánto desees acabar conmigo, aquí no podrás utilizar un arma, ¿me equivoco? –dijo Sakura mientras Kaito se acercaba como si estuviera dando un paseo. –¿Dónde está el artículo? –preguntó Kaito. –En tu mesa, como te dije por teléfono. –dijo Sakura apartándose poco a poco mientras Kaito se acercaba lentamente sin dejar de mirarse el uno al otro, como si intentaran estudiar cual sería el próximo movimiento de su contrincante. –Para conseguirlo, mataste a Kero. –Saltó porque quiso. –dijo Kaito. –Sólo hizo un numerito para hacer que pareciera que lo había matado yo. –Entonces, ¿qué pasó con Wei Wang? –preguntó Sakura una vez que se había alejado de la mesa, colocándose delante de otra de las mesas, mientras que Kaito se colocaba tras la que había sido la suya y sacaba su arma, provista con un silenciador, aunque sin apuntarla. Al sacar el arma, Sakura supo que no tendría reparo en disparar. –Yo no lo maté. –respondió Kaito. –Eso es cierto. –admitió Sakura. –Para eso tenías a Mizoguchi, al cual liberaste del hospital psiquiátrico. Utilizar a otra persona para matar a tu propio subordinado es más rastrero todavía. Eres de la peor calaña. –¿Qué tiene de malo utilizar una herramienta? Es el método que cualquier persona sabia utilizaría. –dijo Kaito sentándose en la silla de la que fue su mesa y desde donde había dirigido a todo su equipo durante tantos años. Al volver a sentarse allí se sintió como si hubiera recuperado su poder e influencia. –¿Por qué me hicisteis pasar por la asesina de mi familia? –preguntó Sakura. –Porque tu vida no tenía valor. Fabricar aquellas pruebas falsas fue incluso más fácil de lo que imaginaba. –respondió Kaito sonriendo cruelmente, mientras recordaba cómo se fraguó todo hacía quince años. –Todos a los que implicamos se vendieron por dinero y poder. Eran muy buenos incentivos. Flashback. En el salón de la mansión Hiragizawa, un jovencísimo Eriol y un Yuna D. Kaito que todavía no había llegado a los cuarenta, conspiraban sobre lo que planeaban hacer para evitar tener problemas con lo que el propio Eriol había provocado por sus curiosos caprichos. –Ya lo he discutido con tu padre. Me ha prometido que me ascenderá. –informó Kaito a Eriol. –Lo sé. –dijo Eriol.

00000000

Kaito, frente a un asustado Yoshiyuki Terada, le dejaba claro el modo en el que debería proceder. –El cianuro potásico ha sido robado de tu instituto. Y no sólo eso. El asesino parecer ser un alumno de este centro. Pero podré echarte una mano en ocultarlo. –dijo Kaito poniendo una foto de la alumna Sakura Kinomoto delante del director.

00000000

La siguiente persona a la que implicó, o más bien chantajeó con un asunto comprometedor con unos informes falsos sobre la aceptación de unos sobornos fue a su propio compañero, Wei Wang. –Elige entre mi promoción o el fin de tu matrimonio. –dijo Kaito, amenazando con hacer llegar esos informes a su mujer. Fin del flashback. –Este mundo está hecho de personas así, que sirven de trampolín para personas como yo. Me convertí en oficial de policía y aprendí a vivir con esa realidad. Tú eras la persona perfecta para ser el chivo expiatorio de todo porque no me importabas nada. Si no hubieras sido tú, hubiera sido otra persona cualquiera. Sin embargo, por mucho que intentes acabar conmigo, no funcionará. –dijo Kaito riendo. Sakura comprobó que Kaito era mucho más rastrero de lo que pensaba. Era una persona sin moral a la que no le importaba nada.

00000000

Mientras tanto, Shaoran frenaba el coche en un lado al escuchar que tenía un mensaje de Kaho, que desde el principio había permanecido escondida tras una de las mesas armada con su pistola a petición de Shaoran. Antes de salir de comisaría le había explicado a Kaho que no se fiaba mucho de aquella pista que situaba a Kaito en las inmediaciones del salón canino. En todo este tiempo había conocido lo persistente que era Sakura y la obsesión que tenía con completar su venganza y estaba seguro que permaneciendo cerca de ella los verdaderos culpables del crimen de los pastelitos acabarían llegando solos. Por eso, mientras Shaoran se cercioraba de la pista que habían recibido sobre Mon Ange, le pidió a Kaho que se mantuviera escondida en la oficina. El mensaje que le había enviado Kaho pidiéndole que volviera a comisaría le confirmaba que su suposición era cierta.

00000000

–Si guardas rencor a alguien debería ser contra ti misma, por intentar proteger tu propia inutilidad. –dijo Kaito continuando con su alarde de crueldad y mezquindad. –Te aseguro que pagarás por tus crímenes. –amenazó Sakura. –En ese caso, tendré que cerrarte la boca. –dijo Kaito levantándose y guardándose el dispositivo USB en el bolsillo de la chaqueta mientras que le apuntaba con su arma. –¿Acaso has olvidado que soy un asesino? Diré que me atacaste por un resentimiento injusto contra mí. Eso legitimará que te disparé en defensa propia. Pero lejos de reaccionar como Kaito esperaba, Sakura comenzó a sonreír. –¡Muchas gracias! Con todo lo que acabas de decir se demuestra la credibilidad del artículo de Keroberos, ¿no lo creéis así, amigos de los medios de comunicación? –dijo Sakura apartándose y dejando ver un teléfono que estaba en plena llamada con el altavoz activado. Cuando vio el teléfono antes de ir al lavabo, recordó la estrategia que había utilizado Kero desde la azotea. Gracias a esa idea de Kero, decidió llevarla a cabo ella también. Kaito se dio cuenta de la jugada. La sorpresa hizo que bajara el arma. Era la segunda vez que esa táctica fastidiaba los planes de Kaito, aunque no era consciente de que en la azotea también había habido un teléfono descolgado. En cuanto fue consciente, desactivó el altavoz y colgó desde el teléfono de su mesa. Después se rascó la cabeza como pensando qué hacer y volvió a apuntarla. –Maldita Kinomoto. –maldijo Kaito. –Quítate la vida para reparar el daño que has hecho. –le ordenó Sakura. Pero Kaito estaba dispuesto a usar el arma. Ya que iba a caer, no caería solo. –¡Tira el arma! –ordenó Kaho saliendo de su escondite al ver que Sakura se la había jugado a Kaito y que éste podría reaccionar de la peor manera posible. La detective lo apuntó con su pistola. Al verse acorralado, Kaito levantó el arma y la dejó lentamente encima de la mesa para mostrar sus manos en alto. –Eres el ser humano más asqueroso que he conocido. Kaho se acercó lentamente, y cuando fue a coger el arma, Kaito se revolvió con un movimiento inesperado, impidiendo que la detective pudiera usar su arma. Tras un pequeño forcejeo, Kaito le arrebató el arma y la golpeó en la cabeza con la culata haciéndola caer. Mientras Kaito volvía a golpearla en el suelo para asegurarse de tenerla neutralizada, Sakura se acercó a la mesa para coger el arma de Kaito, pero éste se dio la vuelta antes y no alcanzó a cogerla. –Tienes un ojo muy malo para los hombres. –le dijo Kaito a Kaho de forma vengativa. Kaho siempre lo había rechazado y hasta sintió celos de Shaoran por haber salido con ella. Una vez retomado el control, se metió la pistola de Kaho en la cintura del pantalón y volvió a coger la suya, provista de silenciador. Sería más conveniente usar esa para no llamar la atención y lograr tiempo para escapar. Kaito volvió a apuntar a Sakura para acabar con ella. Mientras tanto, Shaoran llegó al Departamento de la Primera División de Investigación, pero se encontró la puerta cerrada. Abrió la puerta de una patada y se ocultó por si recibía algún disparo, pero no pasó nada. Al mirar, Kaito tenía a Sakura tomada por detrás como rehén. Lo hizo en cuanto escuchó que intentaron abrir la puerta. Shaoran se acercaba lentamente sin dejar de apuntar a Kaito. Pero no podía disparar. Se arriesgaba a darle a Sakura, que en aquel momento hacía de escudo. Y sobre todo, se arriesgaba a que Kaito apretara el gatillo. –¡Dispara! –le pidió Sakura. Entonces, Kaho, desde el suelo, pateó una silla con ruedas que se desplazó hacia donde estaba el policía corrupto. Aquello distrajo a Kaito, momento que aprovechó Sakura para deshacerse del agarre del ex inspector. Shaoran también aprovechó ese momento y disparó, dándole en el brazo derecho. –¿Estás bien? –preguntó Kaho yendo hacia Sakura y apartándola del peligro. –Sí. –respondió ella. –¡Sakura está bien! –avisó Kaho a Shaoran, sin dejar de apuntar a Kaito. Con alguien así nunca se sabía. –Kaito, confiesa todos tus crímenes. –le ordenó Shaoran, que no sabía que sus crímenes ya eran de dominio público. Sólo faltaba que los medios de comunicación elaboraran la noticia y la publicaran. Kaito, con algún quejido, se llevó la mano al brazo donde tenía el balazo. –Confiesa. –Está bien. Déjame que me siente, al menos. Necesito un cigarrillo para esto. –dijo Kaito mientras se llevaba la mano al bolsillo interior de la chaqueta. –¡No te muevas! –exclamó Shaoran. –Está bien. Coge uno por mí. –pidió Kaito. –No me tomes el pelo. –dijo Shaoran. –No eres muy amable. –dijo Kaito. En un movimiento rápido, cogió el arma de Kaho que se había guardado en la cintura y apuntó. En la oficina se escuchó un único disparo. Tras unos segundos que parecieron una eternidad, Kaito bajó la cabeza y vio que la placa policial que tenía a la altura del corazón tenía un agujero. Estaba tan cerca de Shaoran que la bala había conseguido atravesar esa barrera, llegando hasta el corazón de Kaito, que comenzó a tener dificultades para respirar y de mantenerse en pie. Kaito cayó al suelo. Shaoran no dejó de apuntarlo, especialmente al ver como intentaba incorporarse. Con gran dificultad, llegó arrastrándose hasta la silla de la que fue su mesa. Kaito se quejaba de dolor mientras que escalaba lo que le parecía la cima de una montaña. Tras mucho esfuerzo, consiguió sentarse mientras comenzó a reír, pero era una risa con llanto. Después, con otro esfuerzo más, puso sus pies sobre la mesa. La bala seguía haciendo su trabajo y le hizo escupir sangre. Después cerró los ojos y su cabeza se giró hacia el lado. Yuna D. Kaito había muerto. Si hizo tal esfuerzo era porque sabía que iba morir, así que por lo menos lo haría en la que había sido su mesa, mostrando su estatus y su jerarquía hasta el final. Shaoran estaba paralizado. Era la primera vez que mataba a una persona y ni siquiera podía bajar el arma. Consciente de ello, Kaho fue hacia él y le bajó el arma lentamente. Sakura aprovechó ese momento de desconcierto para marcharse mientras que por su rostro se escapaba una solitaria lágrima. Lo que más le dolía de todo era que no pudo evitar que Shaoran acabara convirtiéndose en otro asesino. Unos segundos después, aparecieron el resto de investigadores de la División encontrándose con la escena. –Kaho, llévate a Li e informa a los superiores. –le pidió Ryo. Fue entonces que Shaoran se dio cuenta de que Sakura no estaba. –¿Dónde está? –preguntó Shaoran saliendo corriendo. –¡Li! –exclamó Ryo. –Déjalo. –dijo Kaho deteniéndolo del brazo. Fue entonces que empezó a escucharse alboroto fuera. De algún modo, la prensa había conseguido colarse hasta allí, intentando obtener una imagen. Después de todo, habían estado escuchando la confesión de Kaito. Los detectives intentaron hacer salir a la prensa. Mientras lo hacían, Kaho sacó un pañuelo y fue hacia el cadáver de Kaito para recuperar el dispositivo USB del bolsillo de Kaito.

00000000

En los garajes de la policía Eriol volvía a su coche, donde lo esperaba su padre en el asiento de atrás. Acababan de llegar para realizar la visita programada que tenían a las dependencias de la policía, pero al escucharse los disparos, aconsejaron que Clow volviera al coche y que volviera otro día. –¿Qué ha pasado? –preguntó Clow. –Parece que Kaito ha fracasado. –informó Eriol, que había visto a Sakura de refilón. –Ya no podremos disponer de él. Sin embargo, Sakura Kinomoto sigue viva.

00000000

Sakura volvió a su apartamento y llamó a Tomoyo. –Tomoyo, siento las molestias que te he causado. –se disculpó Sakura. Era consciente de que habría tenido que lidiar con un montón de policías, pero era necesario para despejar el camino y para obtener su venganza de Kaito. –Deshazte de todas mis cosas, por favor. No creo que vuelva a ir por allí. Gracias por todo. Una vez que colgó, se llevó la mano a su colgante, como era costumbre en ella tras completar uno de sus crímenes. Después, se puso a recoger todo.

00000000

Kaho introdujo el USB en la clavija de su ordenador y mientras iba viendo el contenido, sus ojos se abrían como platos.

00000000

Mientras tanto, Shaoran corría como si no hubiera un mañana hacia el apartamento de Sakura, pero cuando llegó, estaba todo recogido y no había ni rastro de que alguien hubiera vivido allí. –Sakura.

00000000

Tras la fallida visita del Viceministro de Justicia a la PMT, y también el fallido intento de Kaito por obtener el artículo de Kero, Eriol y su padre volvieron a la mansión. Mientras Clow Reed entró en la mansión, Eriol decidió tomar un poco de aire fuera, cuando le sonó el teléfono. –¿Diga? –Traigo el artículo de Keroberos. –dijo Sakura. Al decirlo, Eriol miró a su alrededor y, efectivamente, Sakura estaba allí. Eriol sonrió enigmáticamente. Continuará...
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección
Comentarios (0)