Guilty

Gen
NC-17
Finalizada
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166 páginas, 89.853 palabras, 11 capítulos
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11. Te amaré eternamente.

Ajustes
Por fin Sakura aparecía ante él. Como no era el lugar más adecuado para hablar, Eriol propuso ir a un lugar más tranquilo y privado, a lo que Sakura accedió. Eriol condujo el lujoso coche oscuro hacia un descampado desde el cual se podía ver el famoso Rainbow Bridge, que conecta al puerto de Shibaura con la isla artificial de Odaiba por la Bahía de Tokio en la parte norte de la ciudad. El silencio reinó durante todo el trayecto. Una vez que llegaron, ambos salieron del vehículo. –Sabía que eras un cobarde. –dijo Sakura sin demorar más la conversación. –A pesar de decirme que me ayudarías, has utilizado a Kaito para intentar matarme. Has roto tu promesa. –Eso sólo ha sido un malentendido. Kaito perdió el control él solito. –dijo Eriol para justificarse. –Ya estás otra vez culpando a otros. Es lo único que sabes hacer. Pero me aseguraré de arruinaros. –amenazó Sakura. –Compararnos con un idiota como Kaito es ofensivo, querida Sakura. –dijo Eriol. –No nos subestimes, por favor. ¿Qué valor tiene ese artículo que guardas con tanto celo? –Ni te lo imaginas. Ahora mismo los periodistas están buscando el artículo desesperadamente. –dijo Sakura. –Durante mi interesante conversación con Kaito, los corresponsales de prensa en la policía estaban escuchándolo todo. Por cierto, tu padre, el famoso Clow Reed va a ser candidato del Partido Conservador, ¿verdad? ¿No crees que los partidos de la oposición desearían esa información? Me pregunto qué destino le aguarda a un hombre con aires de grandeza y que se comporta de forma tan arrogante cuando pierda su poder. Pero podría perdonarte con ciertas condiciones. –¿Qué clase de condiciones? –preguntó Eriol interesado.

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–La muerte de Kaito va a ser tratada como un suicidio. –informó Ryo Katokura a sus compañeros. –Pero la prensa está sobre la pista. Hace quince años, Kaito ayudó a encubrir un asesinato. –Me pregunto quién le pidió eso a Kaito, pero seguro que debe de ser un peso pesado de la policía. –dijo Takabe. Kaho, que había estado escuchando la charla desde su sitio, se distrajo al ver entrar a Shaoran. Entonces, saltó como un resorte para ir a su encuentro. –¿Qué has estado haciendo? Te he estado buscando por todas partes. –dijo Kaho. –¿La has encontrado? –preguntó Shaoran refiriéndose Sakura. –No, pero mira esto. –dijo Kaho arrastrando a su compañero hacia su mesa para enseñarle algo en el ordenador. –Esta foto estaba en el USB que tenía Kinomoto. Mira el uniforme. No hay duda de que es el de la Secundaria Tomoeda. En la pantalla se podía ver la foto en la que Eriol salía de fondo con el uniforme escolar. En otra foto en la que salía Eriol ampliado, Sakura lo había señalado como su próximo objetivo con un mensaje muy explícito en el que se podía leer:

Eriol Hiragizawa, eres el siguiente.

Ambos pensaron que Sakura le hizo llegar esa foto al hijo del reputado político.

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Tras el encuentro con Sakura, Eriol volvió a la mansión, donde su padre lo esperaba en su despacho tradicional japonés. –Por fin llegas. Debes saber que voy a despedirte. –informó Clow a su hijo Eriol sin paños calientes. –¿Qué quieres decir? –preguntó el más joven. –La contabilidad del ministerio se ha filtrado y debes asumir la responsabilidad. Hace quince años, cuando esa chica fue condenada a cadena perpetua, no supuso demasiada preocupación para ti, ¿verdad? Y ahora, justo antes de la elección del mayor representante del partido, ella está libre y con el artículo de ese periodista en su poder. Aunque sea un artículo escrito por un Don Nadie, no voy a poner en riesgo mi posición. Contribuir más al préstamo que te he dado con el dinero del Ministerio sólo agravaría el problema. –Entiendo. –dijo Eriol tragando saliva mientras se levantaba para salir. –Es natural para un padre recoger las piedras que hay a los pies de sus hijos mientras caminan. Deberías estar contento. Pero has tenido mucho tiempo para pagar la deuda que contrajiste hace quince años. –dijo Clow antes de que su hijo saliera. Su padre básicamente le acababa de decir que se había hartado de protegerlo y que le cortaba la financiación, con lo que no podría llevar el mismo tren de vida que hasta ahora.

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Tras la muerte de Kaito, Sakura todavía no había tenido la oportunidad de acudir al mirador que solía frecuentar tras vengarse de aquellos que le arruinaron la vida. Por lo que después de su conversación con Eriol, lo primero que hizo fue ir allí. Una vez que se acercó a la barandilla, sacó la cadena con el colgante de la pluma de cuervo de oro que le regaló su hermano Touya cuando se sacó el título de estilista canina. Allí recordó la conversación que tuvo con su madre en aquel mismo mirador hacía un año. Flashback. –¿Cómo te atreves a venir aquí? –preguntó Nadeshiko, postrada ya en una silla de ruedas. Al llegar a aquel lugar, se había encontrado a su hija, o más bien, a la hija de su marido. –Es el lugar desde el que Touya saltó para suicidarse. Desde aquí podía tener una vista de pájaro del lugar en el que creció mientras tú le arruinabas la vida. ¡Eres un demonio! ¡Deberías haber permanecido en prisión de por vida! Fin del flashback. Tras aquel amargo recuerdo de hacía un año, Sakura se soltó la cadena y la colgó en la barandilla, justo en el mismo lugar desde el que su hermano saltó para acabar con su vida. Después sacó su móvil y buscó entre sus contactos. –Soy Sakura Kinomoto. Tengo que pedirte un favor ante la remota posibilidad de que me pasara algo. Confío en ti.

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En su búsqueda de Sakura, Kaho fue al salón canino para comprobar si su jefa y compañera de trabajo sabían algo. –¿Tenéis alguna idea de dónde puede estar Kinomoto? –preguntó Kaho. Tomoyo, con cara de afectada, se sentó en el sofá. –Lo siento, pero Sakura apenas hablaba de sí misma. –respondió Meiling al ver a su jefa tan afectada. Desde que recibió aquella llamada de Sakura en la que le pedía que se deshiciera de sus cosas porque no pensaba volver, Tomoyo había estado como ausente. Kaho también se sentó en el sofá para tener una posición más cercana a Tomoyo que le proporcionara más confianza. –¿Dónde está su familia? –preguntó Kaho. –Su madre vive en una residencia. –respondió Tomoyo. –Perdone pero, ¿le ha pasado algo a Sakura? –preguntó Meiling con preocupación. –Alguien la tiene amenazada. –contestó Kaho sin querer entrar en detalles. –¿Por qué? –preguntó Tomoyo más preocupada todavía. –Hace quince años fue condenada por asesinato a pesar de ser inocente. –acabó explicando Kaho. –Ahora intenta vengarse, pero las tornas han cambiado y ahora es ella la que está en el punto de mira. Por favor, si os enteráis de algo o la veis, llamadme enseguida.

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Mientras Kaho iba a Mon Ange para ver si averiguaba algo del paradero de Sakura, Shaoran se plantó frente a la mansión Hiragizawa. Tras ver la foto del USB estaba claro que era el hilo del que debía tirar. Entonces, alguien le dio unos toques en el hombro. Para sorpresa de Shaoran, era el mendigo que Kero solía utilizar para algunos recados. ¿Acaso Kero guardaba más secretos? El hombre, sin decir ni una sola palabra, sacó una pequeña cámara digital del bolsillo de su chaqueta y se la dio a Shaoran. Después, le señaló la cámara, como diciéndole que ahí encontraría algo de su interés. Shaoran intuyó que Kero pensaba que tarde o temprano acabaría yendo por allí, por eso había dejado encargado a su mendigo de confianza pasarle los recados. Sin dilación, encendió la cámara y empezó a reproducirse un vídeo de Kero. –Hola, Shaoran. ¿Ha mejorado tu humor? Seguro que te has preocupado al verme. Es como si hubiera venido desde el infierno, ¿no te parece? El hecho de que estés viendo esto significa que tanto Yuna D. Kaito como yo estamos muertos. Dicen que la mala hierba nunca muere, pero sorprendentemente, los dos hemos muerto muy pronto. De lo que más me arrepiento es de que no hayamos podido darnos un buen baño juntos en un onsen. ¡Ja, ja, ja, ja! Bueno, iré al grano. Seguro que piensas que estaba buscando desesperadamente a la persona que movía los hilos en el caso de los pastelitos de chocolate. ¿Y sabes qué? Tenías razón. Es el Viceministro de Justicia, Clow Reed, y su hijo Eriol Hiragizawa. ¿Verdad que he hecho un buen trabajo? Sólo quiero pedirte que protejas a Sakura, por favor. Prométemelo. Para culminar su venganza, irá al lugar donde todo empezó, el laboratorio de la Secundaria Tomoeda. Es increíble las cosas que se pueden encontrar allí. Entonces Shaoran se percató de que la puerta grande de la mansión se abría, entrando un coche oscuro. Eriol Hiragizawa abría la puerta trasera del coche y, para su sorpresa, Sakura salió de él. Al verse, Shaoran fue hacia ella. –¿En qué estás pensando? –preguntó Shaoran, más alterado todavía tras la información que le había confirmado Kero por medio del vídeo. –¿Estás pensando en vengarte otra vez? –No seas brusco con mi invitada. –intervino Eriol. Como respuesta, Shaoran sacó su placa haciéndole ver que estaba hablando con la policía. –Soy detective en la Primera División de Investigación de la PMT. –Ya veo. Aún así, no tienes nada de qué preocuparte. –dijo Eriol. –No hay problemas entre nosotros. Admito que tuvimos un pequeño malentendido por algo que pasó hace quince años, pero he enmendado mis errores. De hecho, nos entendemos bastante bien. –¿Es eso cierto? –preguntó Shaoran a Sakura. –Sí. –dijo Sakura. –Déjame ir, por favor. –Adiós. –se despidió Eriol, seguido de Sakura. Shaoran no se fiaba nada de Eriol. Y tampoco de las verdaderas intenciones de Sakura, pero ¿qué podía hacer? –Márchese, por favor. –le pidió uno de los escoltas de Eriol. –No dejes que ese detective se vuelva a acercar a mí. –le pidió Sakura a Eriol mientras se dirigían hacia dentro. –¿Podrás hacerlo? –Es pan comido. –dijo Eriol. Cuando Eriol entró, Sakura echó una mirada a Shaoran. Podía ver cómo le pedía con sus ojos que no fuera tras ese hombre, pero Sakura no estaba dispuesta a acceder a esa petición. Una vez dentro, Eriol la condujo a una habitación donde había una mesa de comedor y que parecía ser parte de una de las tantas estancias de la mansión. La habitación tenía muy buena iluminación al tener un ventanal. –Hasta que pueda preparar un lugar seguro te esconderás aquí. –dijo Eriol cerrando la puerta. –Esta casa le es indiferente a mi padre y no siente ningún tipo de afecto por su familia. Para empezar, se casó con mi madre para poder ascender y adquirir prestigio. –No esperaba que me dieras una respuesta tan fácilmente. –dijo Sakura sentándose. –También a mí me están pasando muchas cosas. –¿Acaso quieres matarlo? –preguntó Sakura, que no se le escapó que la relación con su padre no era tan idílica como a simple vista parecería. Eriol cerró los ojos como meditando una respuesta. –Bueno, podría ser. –Eso me parece más creíble. –reconoció Sakura. –Mi padre empieza a hacerse mayor y es la clase de persona que es mejor que deje de estar en el escenario lo antes posible. –Pues ejecuta el plan inmediatamente. –dijo Sakura. –Y por supuesto, no le des la oportunidad a ese detective de interferir. Eriol sacó del bolsillo de su chaqueta una ampolla grande con un líquido y se la mostró a Sakura con una sonrisa. –Hace quince años, un alumno de la Secundaria Tomoeda robó esta sustancia del laboratorio de ciencias. Creo que debería ir bien utilizando esto. –dijo Eriol colocando la botellita sobre la mesa. Sakura no podía dejar de mirar la sustancia que acabó con su familia, pero tras unos segundos, sonrió. –Es cierto. –dijo Sakura. Qué mejor que acabar con uno de los culpables que de la misma manera en que murió su cuñada y su sobrino. –Relájate. No fallaré. –dijo Eriol. –De ahora en adelante, yo tomaré el control de todo.

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Cuando Kaho vio entrar a Shaoran a la oficina con el ceño más fruncido de lo normal, intuyó que no le había ido demasiado bien. Sin ni siquiera saludar, fue a sentarse a su mesa. –¿Cómo ha ido? –preguntó Kaho acercándose a él. –Como suponíamos, el chico de la foto es Eriol Hiragizawa, el hijo de Clow Reed, el Viceministro de Justicia. Kaito era socio de ambos y manipularon las pruebas para acusar a Sakura. –explicó Shaoran. –¿De dónde has sacado esa información? –preguntó Kaho. –De un periodista. –Ahora que recuerdo, Clow fue el fiscal a cargo del caso. –dijo Kaho. Pero a Shaoran no era eso lo que le preocupaba en ese momento. –Sakura está en su casa. –soltó Shaoran. –¿Qué? –Planea algo, lo sé. –dijo Shaoran pensativo. –Es la casa de Clow Reed. No podremos ni poner un pie. –dijo Kaho consciente de la dificultad que entrañaba proteger a Sakura estando ella en aquella mansión. Era una persona de las altas esferas y cuanto más alto se apuntara, más difícil y turbio se volvía todo. –De todas formas, no nos queda otra que intentar pararla en lo que sea que esté tramando. –dijo Shaoran. –La mansión de Clow Reed tiene tres entradas y salidas. –intervino Katokura. El nuevo jefe de la División le hizo a Shaoran un gesto con la mano para que se acercara a la pizarra. Ryo dibujo un croquis de la mansión de Clow con los puntos clave. –Hay una al frente, otra por detrás y otra en un lado. Shaoran le preguntó con la mirada cómo es que tenía esa información. –Hace tiempo me asignaron la seguridad de esa mansión. –se adelantó Katokura antes de que le preguntaran. –Katokura, ¿puedo pedirte tu cooperación? –preguntó Shaoran. Ryo lo miró y Shaoran se inclinó. Ninguno de los presentes pensó que vería a Shaoran inclinarse de aquella manera, y mucho menos ante Katokura. Debía de estar muy desesperado para hacer aquello. Tanto, que hasta se tragó su orgullo. –Cuando un detective de raza está dispuesto a bajar su cabeza, no puedo hacer otra cosa. –dijo Ryo aceptando ayudarlo. –Entonces necesitarás al menos dos agentes para cada turno, ¿no? –dijo Takabe levantándose. Era su forma de decir que él también ayudaría. –Sí, yo también me apunto a la fiesta. –dijo Fuji. –Toma. –dijo Kaho entregándole un folio con la foto de Sakura. Shaoran se puso al frente y les mostró la foto a sus compañeros. –Quiero proteger a esta chica. Se llama Sakura Kinomoto. Es la persona que Kaito intentó asesinar. –informó Shaoran.

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Una vez planificada la estrategia a seguir, Shaoran volvió a su apartamento, donde se encontraba Yue con Ruby Moon, a la que acariciaba cariñosamente para agrado de la perrita. –Shaoran. –Hola. Siento haberte dejado con Ruby Moon. –dijo Shaoran entrando con prisa. Abrió un armario del que sacó un bolso de viaje y comenzó a sacar cosas. –No importa. Es lo mínimo que puedo hacer para ayudar. –dijo Yue, que se sentía lo suficientemente culpable al no poder ayudarlo más. –¿Quieres que prepare algo rápido de comer? –No te preocupes. Tengo que volver a la investigación ahora mismo. –dijo Shaoran metiendo algo de ropa en el bolso. –Por fin vuelves a ser tú. –dijo Yue. Shaoran le sonrió de vuelta.

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Las zonas colindantes a la residencia de Clow Reed y Eriol Hiragizawa se llenó de miembros de la Primera División de Investigación de la PMT. Había los suficientes como para vigilar las tres entradas sin llamar excesivamente la atención. Algunos pretendían ser ciudadanos que salían a correr, mientras que otros parecían simples transeúntes u hombres de negocios que simplemente pasaban por allí. Shaoran también vigilaba desde el coche de incógnito que solía tener asignado. Ajeno al movimiento que se estaba produciendo en el exterior de su casa, Clow Reed hablaba por teléfono desde su tradicional despacho. La filtración de la contabilidad de su departamento supuso un imprevisto, pero nada que un hombre con su poder no pudiera manejar. En cambio, si salía a la luz aquel artículo escrito por Keroberos, su posición y su situación sí podría verse muy comprometida, especialmente tras la muerte de Kaito, su brazo ejecutor. –Déjame la prensa a mí. –decía a su interlocutor telefónico. –Una vez que las elecciones hayan terminado haré que mi hijo asuma su responsabilidad. Su sacrificio debería ser suficiente. Ya me ha causado suficientes problemas durante todo este tiempo. Lo que Clow no sabía era que Eriol y Sakura escuchaban toda la conversación por medio de un walkie-talkie mientras llenaba una elegante jarra con el vino preferido de su padre en la sala en la que estaba Sakura, junto a un par de copas. Preparar ese sistema de espionaje fue muy sencillo. Era como el dispositivo que utilizan los padres para saber si su bebé llora por las noches. Era rudimentario, pero efectivo. De esa forma, podía anticiparse a todos los movimientos e intenciones de su padre. –Con esto podrás hacerte una idea de todo lo que le pasará por dentro. –dijo Eriol una vez que vertió el vino de la botella en la jarra y señaló la ampolla con el cianuro potásico. –¿No ha habido ningún cambio de planes? –preguntó Sakura. –No. Antes de su reunión con sus compañeros de partido me prometió cenar conmigo. –explicó Eriol. –Si fracasas, será tú padre el que te mate. Lo sabes, ¿no? –advirtió Sakura. –Por supuesto.

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La hora de la cena se acercaba y Eriol esperaba a su padre en el elegante salón. Cuando Clow entró, Eriol estaba llenando un par de copas con el vino de la jarra. Antes de decirle algo, Clow miró la copa que llenaba su hijo con suspicacia. –¿Qué es esto? –preguntó Clow al ver un despliegue que le hacía entender que su hijo quería algo. –¿Todavía tienes algo de que hablar? –Quería hablar sobre la filtración de la contabilidad. Creo que tienes toda la razón con lo que me dijiste, por lo que asumiré mi responsabilidad. –dijo Eriol quitándose el pin de la solapa de la chaqueta de su traje que lo identificaba como un miembro del equipo de trabajo del Viceministro de Justicia. –Ahora lo mejor es que te centres en ganar las elecciones para ser el candidato del Partido Conservador. –Está bien. –dijo Clow asintiendo con la cabeza al ver que era la forma que tenía su hijo de dimitir de su cargo. –¿Podemos brindar por mi nueva vida? –preguntó Eriol ofreciéndole la copa de vino a su padre. Pero Clow, que no se fiaba ni de su propio hijo, no cogió la copa que le ofrecía su hijo, sino la que tenía su hijo en su lado. Evidentemente, ese movimiento no pasó desapercibido para Eriol. –Por tu victoria, papá… Y por mi futuro. Padre e hijo brindaron con unas copas sorprendentemente afinadas. No obstante, pese a lo educado de la conversación, la tensión entre los dos era más que palpable y parecía una partida de póker. Con las miradas que Clow lanzaba a su hijo no paraba de analizar si éste se estaba lanzando algún tipo de farol. Tras unos segundos, Eriol se llevó la copa a sus labios y apenas rozó sus labios con el caldo. –No me apetece vino. –dijo Clow dejando la copa en la mesa. El rostro de Eriol se volvió serio. Debido a la tensa relación que habían ido manteniendo durante los últimos años, Clow estaba convencido de que su hijo quería deshacerse de él envenenándolo. Se levantó y se dirigió hacia el mueble-bar y sacó su brandy favorito. Volvió al sofá y se sirvió una copa. No caería en la trampa que estaba seguro que le había preparado su hijo.–Por tu futuro. Para sorpresa de Clow, a los pocos segundos de beber, sintió cómo los conductos respiratorios ardían mientras parecían hacerse empequeñecer. Instintivamente, Clow se llevó la mano a la garganta mientras intentaba respirar desesperadamente. Eriol, desde su asiento, sonrió maléficamente. Efectivamente, se había tirado un gran farol y conocía tanto a su padre que supo bien cómo jugar sus cartas. Simplemente tuvo que fingir ser el engañado. Sabía cuál era la bebida preferida de su padre y simplemente tuvo que poner algo de cianuro potásico en la botella de brandy de su padre. El vino era una mera distracción. Era raro el día que no se tomara una copa de aquel brandy, por lo que tarde o temprano caería. Sólo utilizó el vino para engañarlo y hacerle pensar con sus gestos y sus actos que había envenenado el oscuro licor. Sabía de sobra que ni su propio padre se fiaba de él, y con razón. Pero a pesar de su sabiduría y su experiencia, Clow cayó en la trampa. Eriol no dejaba de sonreír mientras su padre intentaba buscar algún resquicio de vida que sabía que se le escapaba ineludiblemente mientras miraba a su hijo. –Sabía que harías eso, por lo que puse veneno en el brandy. –dijo Eriol revelando sus cartas mientras que Clow intentaba aflojarse la corbata para ayudar a sus pulmones a respirar. –Si hubieras bebido vino no te estarías muriendo, papá. El veneno terminó de hacer su efecto y Clow murió en el sofá a manos de su propio hijo. –Nunca confiaste en mí. Y por eso estás muerto. –recriminó Eriol a un Clow ya cadáver mientras Sakura hacía aparición en la estancia. –Ya he cumplido mi parte del trato. Ahora es tu turno. –Lo sé. Te lo daré mañana en el lugar acordado. –dijo Sakura refiriéndose al artículo de Kero. –¿No es hora de que llames a la policía? Después de todo, tu padre se ha “suicidado”. –Es verdad. –reconoció Eriol mientras volvía a ponerse el pin en la solapa.

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Shaoran salió del coche de incógnito desde el que hacía guardia al ver un coche patrulla con las sirenas puestas llegar a las puertas de la residencia de los Hiragizawa. Cuando uno de los policías salió del coche Shaoran ya estaba allí mostrándole su placa. –¿Qué ha ocurrido? –preguntó Shaoran mientras el policía le saludó formalmente al ver que era un superior. –Clow Reed, el Viceministro de Justicia ha intentado suicidarse con veneno. –respondió el policía. Para Shaoran era más que evidente que no era un intento de suicidio, sino que aquello formaba parte del plan de Sakura con la probable colaboración de Eriol. Cuando los escoltas abrieron las puertas, Shaoran aprovechó para entrar rápidamente con los patrulleros. Lo que Shaoran no sabía era que Sakura había salido por otro lugar sin ser vista. Cuando Shaoran llegó al lugar de los hechos, encontró a Clow Reed con un rictus de agobio en el rostro y la mano cerca del nudo de la corbata, evidenciando el sufrimiento de la muerte. Su hijo Eriol, permanecía sentado en el posabrazos del sillón. –¿Has sido tú o ella? –preguntó Shaoran sin andarse con rodeos. –¿De qué estás hablando? –preguntó Eriol. –Ha sido mi padre. –¿Dónde está Sakura? –preguntó Shaoran cogiendo a Eriol de la pechera. –¡Tráela! –Deberías mostrar algo más de respeto. Mi padre acaba de morir. –dijo Eriol. –Podrías ser un poco más comprensivo. ¿Es que no lo entiendes? Pero Shaoran, todavía cogiéndolo de la pechera lo lanzó hacia el otro sofá. –¡Deja de jugar conmigo en mi cara! –exclamó Shaoran. Los oficiales de policía fueron a separar a Shaoran de Eriol mientras unos camilleros de la ambulancia que acababa de llegar entraban para poder asistir al paciente. –¡Eres tú el que no entiende el dolor que has provocado! –¡Llevaos a este tipo, por favor! –pidió Eriol mientras que los policías, que no comprendían la reacción de su superior, sostenían a Shaoran cada uno por un brazo. Cuando los policías consiguieron sacar a Shaoran afuera, se encontró cara a cara con Ryo Katokura seguido de varios compañeros más de su departamento. –¡Li! Tenemos órdenes de arriba. Lo siento, pero tenemos que llevarte a la PMT. –informó Ryo esposando al castaño ante su atónita mirada. –Haré todo lo que esté en mi mano para ayudarte, pero ahora tenemos que detenerte. Mientras lo llevaban al coche, Kaho también apareció por allí. –¡Kaho!¡Cuídala! –le pidió Shaoran. –¡Sigue intentando vengarse! Shaoran no sabía de qué se le acusaba, pero estaba claro que Eriol había movido hilos para mantenerlo al margen y por eso había acabado en el calabozo de su propio lugar de trabajo. –¡Dejadme salir! –gritaba Shaoran. –¡No tengo tiempo como para perderlo aquí! ¡Abrid!

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Tras salir de la residencia de Eriol, Sakura acudió al lugar acordado con el susodicho, aunque el encuentro no sería hasta el día siguiente. La lluvia había hecho que el día se oscureciera antes de lo normal. Con un paraguas transparente, se plantó frente a la Secundaria Tomoeda, el lugar desde donde salió el veneno que truncó las vidas de su cuñada Nakuru y su sobrino, y por extensión la de su hermano Touya. Debía cerrarse el círculo. Sakura buscó por los alrededores hasta que encontró una tapa de un agujero de forma rectangular en el suelo entre la maleza de una zona del patio que estaba a tan sólo unos pocos metros de un generador atmosférico de agua protegido por una valla y con el que se podía suministrar agua potable al instituto. Al fin y al cabo, ella conocía muy bien aquel instituto porque también estudió allí. Aquello sería perfecto para atrapar a su presa.

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El día se había tornado lluvioso y el elegante salón de los Hiragizawa mantenía una luz tenue. Tras haber hablado con la policía y los medios, Eriol, con la camisa remangada, tomaba una copa de vino tranquilamente para relajarse después del ajetreado día. Curiosamente, era el vino que había utilizado para engañar a su padre, que había muerto justo en el sofá que estaba al lado. De fondo se escuchaba su propia voz que sonaba en las noticias de la radio cuando había salido a informar de la muerte de su padre. –Mi padre odiaba a todos los que tenía a su alrededor. Creo que eso al final lo fue consumiendo por dentro. Debió de pesarle demasiado en la conciencia y por eso ha hecho lo que ha hecho. –Quince años. –musitó Eriol, recordando una conversación con su padre de hacía quince años y que mantuvo en aquel mismo lugar. Flashback. Clow Reed sirvió de su brandy favorito a Yuna D. Kaito mientras Eriol, que todavía no había cumplido la mayoría de edad permanecía de pie tras el sofá en el que estaba su padre, vestido con su uniforme escolar.Qué buen aroma. –comentó Kaito oliendo el brandy antes de beberlo.Tienes buen sentido del olfato para esto. –alabó Clow coincidiendo con Kaito. No por nada, era su licor preferido. –Es nuestro mutuo destino, ¿verdad, señor? –dijo Kaito. –Mientras no nos traiciones, todo estará bien. –dijo Clow. –Eriol, no deberías avergonzar y deshonrar a tu padre de esta manera. –dijo Kaito al joven de gafas que se removió incómodo tras haberle contado lo que hizo. Fin del flashback. –Por fin soy libre. –dijo Eriol mirando sonriente la copa de vino. Desde aquel día tuvo que obedecer a su padre en todo sin rechistar. A lo largo de los años, y a pesar de dárselo todo y protegerlo por lo que hizo, su padre no desaprovechó la oportunidad de mostrarle su malestar por tener que hacer todo lo que tenía que hacer para que su culpabilidad en el caso de los pastelitos de chocolate no saliera a la luz y acabara siendo la ruina de su familia. Al fin y al cabo, seguramente su padre lo encubrió todo para no caer él mismo en desgracia y esa protección era en realidad una protección egoísta para poder seguir manteniendo su poder y estatus, y no porque realmente quisiera protegerlo a él. A pesar de guardar las apariencias y las formas, tanto padre como hijo eran conscientes de que la tensión entre ellos era cada vez más insoportable. Pero el modo que tuvieron de resolver y tapar lo que hizo hacía quince años y estar a las órdenes de su padre, para Eriol supuso su propia condena de prisión, a pesar de no haber pisado un centro penitenciario y haberse librado de lo que hizo. Ahora era mucho más libre, por lo que bebió de la copa para celebrar la libertad que acababa de conseguir de su propio padre.

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A la mañana siguiente de la muerte del famoso político Clow Reed, el día amaneció mucho más claro, por lo que en la residencia en la que vivía Nadeshiko Kinomoto aprovecharon el buen día que hacía para llevar a los enfermos con movilidad reducida a la azotea para que pudieran respirar aire fresco. Tras ser informada en la recepción, Kaho subió a la azotea para ir al encuentro de Nadeshiko. –¿Es usted Nadeshiko Kinomoto? –preguntó Kaho. Sabía de sobra que era ella, ya que con toda la investigación había visto su foto, pero lo preguntó por educación y para no resultar tan violenta. –¿Quién eres? –preguntó Nadeshiko. –Soy Kaho Mitzuki, de la Primera División de Investigación de la Policía Metropolitana de Tokio. –se presentó la pelirroja. –¿La PMT? –Estoy buscando a Sakura. ¿Ha venido por aquí? –preguntó Kaho. –Ella no vendría aquí. –dijo Nadeshiko con la mirada perdida en el horizonte. –No sé nada de ese demonio. Ella es el demonio que me arrebató a mi familia. –Se equivoca. No fue ella. Sakura es inocente. –la contradijo Kaho. Nadeshiko la miró por primera vez negando con la cabeza. –No, eso no puede ser. –negó la anciana. Después se llevó las manos a los oídos y comenzó a gritar. –¡No!¡No!¡No! La celadora se dirigió hacia Nadeshiko al ver que se estaba alterando. –¡Señora Kinomoto!¡Tranquilícese! Vamos a volver a la habitación. –decía la trabajadora del centro intentando calmar a la mujer.

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A pesar de la lluvia de la tarde anterior, Sakura había preparado el exterior del instituto por si acaso. Nunca se sabía el cariz que podían tomar los acontecimientos. Estaba a punto de culminar su venganza. Tan sólo faltaba el último eslabón de aquella cadena: Eriol Hiragizawa. Curiosamente, se había entendido muy bien con él a la hora de deshacerse de Clow Reed. Fue una extraña colaboración. Ella quería deshacerse de él por haber contribuido a encubrir lo que hizo su hijo; y Eriol quería deshacerse de su padre porque para él le supuso una falta de libertad durante quince largos años. Una vez muerto Clow Reed, Sakura debía entregarle el artículo de Kero, pero Sakura debía cubrirse las espaldas. Después de planear tantas venganzas, Sakura se había revelado como una gran estratega. Por ello, aún siendo muy temprano, se coló en el laboratorio de la Secundaria Tomoeda y comenzó a verter un líquido de una enorme lata en unas matraces balones de laboratorio.

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Ya era la una menos cuarto de la tarde y Kaho había estado toda la mañana buscando a Sakura sin éxito alguno, por lo que volvió a la PMT. Al llegar a su mesa, encontró un sobre marrón cuyo remitente era Sakura. Tras ver el contenido, casi se queda de piedra. Lo primero que pensó fue en Shaoran, que permanecía en el calabozo de la comisaría y fue corriendo hacia allí decidida a soltarle. Era consciente de que habían encerrado a Shaoran allí sin motivo alguno y sólo porque Eriol había dado la orden de encerrarlo, quizás influenciado por la propia Sakura. Shaoran se había convertido en un personaje demasiado incómodo para los planes de aquellos dos. Cuando Shaoran escuchó las llaves, vio a Kaho abriendo las rejas del calabozo. –Date prisa. Eriol Hiraguizawa ha desaparecido. –dijo Kaho. –Kaho, ¿estás segura de dejarme salir? –preguntó Shaoran consciente de que su leal compañera podría meterse en un lío por dejarlo escapar, a pesar de que todavía no conocía los cargos de los que se le acusaba. –Sólo he roto una regla, pero no he abandonado a la justicia. –argumentó Kaho. –Pero no te preocupes por eso ahora. Debes apresurarte. Creo que va a intentar suicidarse. Shaoran, debes pararla. Eres el único que puede. Tras decir eso, Kaho le dio su propia arma. –Gracias. –dijo Shaoran, que cogió el arma y salió corriendo. El sobre que había recibido de Sakura contenía el dispositivo USB con el artículo de Kero. Sabía que era lo que más deseaba Eriol, y si le había llegado a ella, estaba segura de que Sakura no tenía intención alguna de entregárselo a Eriol. Sabía que Sakura estaba dispuesta a llegar hasta el final.

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Shaoran conducía a toda velocidad. Había puesto la sirena en el techo del coche para poder justificar la velocidad que llevaba. En el asiento de al lado estaba la cámara que le dio el mendigo con el último mensaje de Kero, en el que le pedía que protegiera a Sakura. Gracias al último mensaje de Kero, sabía exactamente dónde debía ir: al laboratorio de la Secundaria Tomoeda.

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Eriol conducía el coche oscuro que solía emplear para llevar a su padre a todas partes. Al llegar a la Secundaria Tomoeda, no se conformó con dejar el coche fuera, sino que lo metió dentro por la puerta exterior hasta llegar a la entrada principal del edificio. Como solía ser costumbre en él, vestía con elegancia un oscuro traje con camisa blanca, aunque esta vez iba sin corbata. El instituto estaba completamente vacío. Sakura se había asegurado de citarlo en un día en el que no hubiera clases. Nada más entrar en la zona en la que los estudiantes solían cambiarse de calzado, sacó una pistola que cargó por si se veía en la tesitura de disparar. Entonces, vio a Sakura saludarlo a través de una ventana de un aula. Hacía tiempo que no iba por allí, pero sabía que Sakura estaba en el laboratorio de ciencias. Siguió caminando, giró a la izquierda y entró en el laboratorio, un laboratorio que no estaba para nada como él recordaba. Era como si estuviera desmantelado. Parecía que Sakura se había molestado en quitar todo lo que hubiera por en medio. Tan sólo había armarios abiertos, algún trasto por en medio y una mesa detrás de Sakura con tres grandes latas metálicas que había estado utilizando previamente y que recordaban a latas de combustible. –Bien. Supongo que es hora de finalizar nuestra relación. –dijo Eriol. Tras decirlo, alzó el arma y la apuntó. –¿Pretendes matarme? –preguntó Sakura sin parecer inmutarse. Era como si se lo esperara. –Tú eres la última persona en saber todo lo que hay detrás de lo que ocurrió hace quince años. Cuando mueras, la verdad desaparecerá contigo. –dijo Eriol. –Sólo quiero liberarme de todo eso. –Lo sabía. Intuía que me traicionarías. –dijo Sakura girándose un poco hasta coger un matraz balón por el cuello que contenía un líquido transparente. –¿Por qué te crees que te he citado en este lugar? Un solo disparo, y esta aula volará por los aires. Si crees que miento, ¿por qué no pruebas? Aunque supongo que no tienes el valor necesario. Tras un resoplido, Eriol bajó el arma y la metió en el interior de su chaqueta. –Parece que has estudiado sobre toda clase de cosas durante los catorce años en tu estancia en prisión. –Dime. –dijo Sakura dejando la matraz en el porta matraz. –¿Por qué causaste toda esta tragedia?¿Tenías algo contra mi familia? –No fue nada de eso. Sólo quería saber a cuánta gente podía manejar utilizando mi poder de persuasión. –confesó Eriol. –¿Y no te importaba que alguien muriera a consecuencia de todo eso? –preguntó Sakura tragándose su propia rabia. A pesar de que se esperaba una respuesta así, puesto que Kaito ya se lo había anticipado, quería confirmarlo de la boca del propio culpable de todo. –Naturalmente, si había alguien a quien quisiera matar, lo habría hecho utilizando un método mucho más fiable. No habría utilizado a esos dos estúpidos alumnos. –dijo Eriol refiriéndose a Suganuma y a Yamazaki. –Pero otro motivo por el que lo hice fue porque quería mostrarle a mi padre que la personalidad de su hijo era mucho más retorcida que la suya propia. –Eso son motivos muy triviales. –dijo Sakura aguantando la rabia. Eriol percibió que Sakura comenzaba a perder el control de sus emociones y cogió más confianza en sí mismo para seguir provocándola. –Sólo era un adolescente desenfrenado por su juventud. –dijo Eriol sonriendo. –Te estoy verdaderamente agradecido. Realmente me has hecho un gran favor, porque te has encargado de matar a todos los que estaban relacionados con el caso. Aún así, sabes demasiado. Aquí fue donde esos dos prepararon los pastelitos. –¿Sabes? Hay alguien que ha investigado el caso durante diez años. –dijo Sakura refiriéndose a Kero. –No sólo descubrió que eres el cerebro detrás de todo, sino el hecho de que de repente, desapareciste como alumno de la Secundaria Tomoeda. Todo. –Veo que no te cansas, ¿eh? Incluso has ido detrás de un detalle tan insignificante como ese. –dijo Eriol provocador. Sakura no aguantó más, cogió la matraz y la lanzó al suelo cerca de Eriol. Un trozo de cristal rebotó hacia la cara de Eriol haciéndole una pequeña herida justo debajo de la lente de sus gafas. –¡¿Insignificante?! –gritó Sakura. Aquello era más de lo que podía soportar. –No quiero golpear a un hombre insignificante con una bocaza como la tuya. –¿A qué ha venido eso? –preguntó Eriol, que se había esperado que el aula explotara. –La prueba. No iba a venir hoy sin ella. –dijo Sakura. –Con tu padre muerto, no hay nadie que obedezca tus órdenes, ¿verdad? Sin tu padre no hay nadie que te preste la más mínima atención. ¡Tu existencia no tiene ningún valor! –No quiero deberle nada a nadie. No necesito a nadie. –dijo Eriol sin querer reconocer que aquellas palabras de la castaña lo habían afectado más de lo que quería reconocer. –¿De verdad? Entonces, intenta quitarme esto tú mismo. –dijo Sakura sacando un dispositivo USB de color azul del bolsillo de su cazadora. Sakura echó a correr saliendo del laboratorio por una puerta lateral y cruzó por una zona de patio hasta entrar por otra puerta a otro pasillo. Sakura corría a toda velocidad por el largo pasillo seguida de Eriol, que sacó el arma y disparó. Falló en ambos disparos pero le dio a la puerta de cristal que tenía enfrente, favoreciendo a Sakura, que no le hizo falta detenerse para abrir. Después de correr varios metros más, llegó al gimnasio y entró en un cuarto de material y cerró la puerta corredera tras ella. Cuando Eriol llegó al gimnasio, miró a su alrededor y no había ni rastro de Sakura. Eriol fue caminando hacia el cuarto de material y lo abrió preparado para disparar, pero no había ni rastro de Sakura. Eriol vio una pequeña puerta y fue hacia ella. Tenía toda la pinta de que Sakura había huido por allí. Por lo que se dirigió hacia allí y accedió a al exterior. Eriol era muy rápido y vio a Sakura correr en el horizonte. Parecía dirigirse a la parte trasera del instituto, donde estaba el enorme generador atmosférico de agua protegido por una valla. Eriol volvió a disparar, dándole a la valla metálica. Eriol estaba allí. Sakura no tenía dónde esconderse y alzó las manos mostrando su rendición. Eriol se acercaba a ella lentamente para asegurarse de no fallar en el próximo disparo, cuando de repente, tras varios pasos, Eriol se escurrió hacia abajo. Sakura sonrió. Su plan había funcionado. Lo había llevado hasta allí expresamente. Era el lugar donde la lluviosa tarde anterior había abierto la tapa que cubría algunas instalaciones del instituto. La había dejado abierta y se había asegurado de cubrir el agujero con maleza. Era un plan más propio de dibujos animados, pero había funcionado y había resultado ser muy efectivo. El cazador había sido cazado. Sakura se aproximó al agujero al que había caído Eriol. La pulcritud de su traje había desaparecido por el agua y el barro que se había acumulado dentro de aquel pozo. Sakura cerró una de las puertas metálicas conformada por barras y después hizo lo propio con la otra. –¡No!¡Abre! –exclamó Eriol al ver las intenciones de Sakura. –¡¿Qué estás haciendo?! Después cogió un palo de madera previamente preparado y lo pasó por el asa de las dos puertas para evitar que pudiera salir de allí. –Aunque grites, no hay nadie por aquí que pueda oírte. –¡Está bien!¡Tú ganas!¡Pero déjame salir, por favor! –insistió Eriol. –Yo también pedí muchas veces que me hicieran caso, pero nadie me escuchó. –dijo Sakura recordando aquellos amargos momentos. –Por tu culpa, mucha gente ha sufrido. Has arruinado muchas vidas y aún así, nadie te juzgó. Por eso seré yo la que te juzgue. –¡Me equivoqué! –dijo Eriol mirando a Sakura a través de los barrotes de la puerta metálica. Era lo más parecido a una prisión que Sakura había encontrado para Eriol. –¡Ya he reconocido que me equivoqué!¡Déjame salir! Sakura desapareció del campo visual de Eriol y fue hacia el generador de agua. Fue justo a una zona de la valla que rompió la noche anterior. Giró una rueda y comenzó a salir agua de una manguera que Sakura llevó con mucho esfuerzo hacia el agujero en el que estaba Eriol. –¡Jugar con las vidas de la gente de esa manera merece la muerte! –gritó Sakura mientras llevaba la pesada manguera hacia el agujero. –Debes pagarlo con tu vida. –¡Espera, por favor! ¡Para! –gritó Eriol. Pero Sakura no hizo caso. Entre el agua de la lluvia del día anterior, y lo que había llenado Sakura el día anterior, el agujero no tardó en llenarse, dejando a Eriol atrapado, juzgado, condenado y muerto. Por fin había completado su venganza. Todavía no. Faltaba alguien. Ella también había cometido demasiados crímenes y también debía pagar por ellos. Por eso, el día anterior había preparado unos cristales cerca del lugar donde Eriol estaba ahogado.

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La cadena con la pluma de cuervo de oro que Sakura colgó en la baranda del mirador se soltó y cayó, como si tuviera vida propia y supiera que otra muerte más se había producido.

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Shaoran por fin llegó a la Secundaria Tomoeda y dejó el coche al lado del coche de Eriol y entró al instituto para buscar a Sakura. Después de no haber ni rastro en ninguna parte, fue a la parte trasera del edificio. Era un lugar que estaba bastante descuidado. Fue entonces cuando la vio. –¡No! –gritó Shaoran al ver a Sakura a punto de clavarse un cristal en el cuello. Al no esperarse la presencia de Shaoran, el chico llegó hasta ella y tras un forcejeo, consiguió quitarle el cristal. –¡Déjame, por favor! –gritó ella mientras él la sujetaba de los brazos. –¡Déjame morir, por favor! –¿Has matado a Eriol? –preguntó Shaoran forcejeando con ella e intentando tranquilizarla. –¡Déjame morir, por favor! –insistió Sakura. –¿Crees que puedes redimirte de todo suicidándote? –preguntó Shaoran. –¡¿Puedes decirme otra forma de hacerlo?! –gritó Sakura. Sakura creía firmemente que aquellos que arruinaron su vida y la de su familia debían pagar por lo que hicieron, pero ella, como asesina que era, también. –Viviendo. –dijo Shaoran. –¡No tengo derecho a hacer eso! –insistió Sakura mientras intentaba librarse del agarre de Shaoran, que al tener mayor fuerza física sus esfuerzos estaban resultando infructuosos. –¡Aún así!¡Vive!¡Te esperaré!¡Te esperaré toda la vida! –dijo Shaoran. El cansancio y lo que dijo Shaoran hizo parar a Sakura. Ambos se miraron serios por el momento, pero con amor. Sakura acarició la mejilla de Shaoran hasta que él consiguió reducir la distancia y se abrazó a ella. Aún así, Sakura, con la cabeza sobre el hombro de Shaoran negó con la cabeza y empezó a resistirse de nuevo. En su intento por librarse de Shaoran estiró el brazo intentando alcanzar uno de los cristales, pero Shaoran lo evitó. A Shaoran no le gustaba lo que iba a hacer pero no le quedaba más remedio. Sacó las esposas y se las puso a Sakura. –Sakura Kinomoto, estás arrestada como sospechosa de asesinato. –dijo Shaoran con dolor. En cada palabra de ese acto oficioso, Shaoran sentía como si él mismo se estuviera clavando un puñal. Una vez más tranquila, Shaoran acompañó a Sakura al laboratorio donde el castaño recogió el bolso de la detenida. Llegando a la salida del instituto, ninguno de los dos esperó encontrar a Tomoyo Daidouji seguida de Kaho Mitzuki. –Sakura. –dijo Tomoyo sorprendida de ver a su querida peluquera canina arrestada. –Tomoyo. –musitó Sakura. Para sorpresa de todos, pero sobretodo de Sakura, Tomoyo se arrodilló y bajó la cabeza. –¡Lo siento muchísimo! –se disculpó Tomoyo. Sakura no entendía nada. Shaoran preguntó a Kaho con la mirada, que tenía un semblante triste. –¡Fui yo! Fui yo la que empezó todo hace quince años. Quería vengarme de Clow Reed. Yo inspiré y animé a su hijo Eriol a ejecutar ese plan. No me importaba nada. Sólo tenía que vengarme de él. Clow Reed dejó tirada a su prometida, mi madre. Para ganar todavía más estatus y poder, cambió a mi madre por otra mujer a pesar de que sabía que mi madre estaba embarazada de mí. Por eso, cuando fui lo suficientemente mayor y me enteré de todo tomé la decisión de asegurarme de que Clow Reed perdería su privilegiada posición. Por eso me acerqué a su hijo Eriol y lo provoqué diciéndole que vivía por el poder de sus padres. Él era muy orgulloso y lo negó en rotundo. Por eso le dije que me lo demostrara mostrándome cuánta gente podía manipular él solo. –Por eso montó el incidente de los pastelitos. –completó Shaoran sorprendido de lo que estaba escuchando. Con las veces que había visto a Tomoyo jamás habría sospechado que el origen de todo fuera su culpa. –Pero todo acabó con Sakura en prisión. –dijo Tomoyo rompiendo a llorar. –Muchas veces pensé en confesarlo todo a la policía. Les habría dicho que el asesino era otra persona. Pero simplemente no encontré el valor para hacerlo. ¡Lo siento mucho, Sakura! Sakura no esperaba algo así de Tomoyo. Justo la persona que más la había ayudado tras salir de prisión. Fue ella la que le había proporcionado un trabajo que le encantaba y le había dado la oportunidad de rehacer su vida. ¿Acaso había sido para calmar su propia conciencia? Sakura no sólo la había considerado como una jefa, sino su mejor amiga. Y escuchar esa confesión hizo que le flaquearan las piernas. Por suerte, Shaoran estaba junto a ella y no permitió que cayera. –No puede ser. –dijo Sakura llorando. Las piernas le flaquearon tanto al conocer aquella traición que Shaoran la ayudó a arrodillarse en el suelo. –¡No!¡¿Cómo me puede pasar todo esto a mí?!¡¿Cómo?! Tras la desgarradora escena, Shaoran se llevó a Sakura detenida en el coche, mientras que Kaho se quedó con Tomoyo, que se despedía del coche con una inclinación. –Kinomoto me ha encargado la custodia del artículo que escribió Keroberos. Normalmente lo entregaría como una prueba más a nuestros superiores. Pero creo que voy a hacer que lo publiquen en la prensa antes de que algún superior podrido se encargue de hacerlo desaparecer. –dijo Kaho. –Después de una venganza, no queda nada excepto cicatrices.

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Para sorpresa de Sakura, Shaoran no la llevó a la comisaría, sino a la residencia donde vivía su madre. Pensó que debía verla antes de que un juez la volviera a enviar a prisión. –Ve a verla. –dijo Shaoran librándola de las esposas. Shaoran la acompañó hasta la azotea agarrándola de la mano. Sakura se paró. No quería volver a vivir otra desagradable escena con ella, pero Shaoran le hizo un gesto con la cabeza animándola a que se acercara. Cuando llegó, Sakura se acuclilló para que su madre pudiera verla de forma más cómoda. –Nakuru. ¿Has venido? –preguntó Nadeshiko con una tierna sonrisa. La demencia debía estar haciendo de las suyas, puesto que la estaba confundiendo con su malograda cuñada. No obstante, Sakura decidió no contradecirla. Aunque la confundiera con la esposa de su hermano, Sakura decidió seguirle la corriente para poder mantener unos minutos de paz con su madre, por lo que le sonrió de vuelta. –Sí. –dijo Sakura. –Hoy me encuentro muy bien. –dijo Nadeshiko. –Me alegro de oírlo. –Nakuru, ¿qué tal le va a Sakura? –preguntó Nadeshiko. ¿Acaso realmente se había preocupado por ella? –Hace tiempo que no la veo. –decidió contestar Sakura. –He sido una madre horrible con ella. La he odiado por algo de lo que ella no tenía ninguna culpa y le he hecho daño. –se lamentó Nadeshiko. Una rebelde lágrima se le escapó de los ojos. Entonces la agarró de las muñecas. –Cuando ocurrió todo el incidente no la escuché. No escuché ni una sola palabra de las que me dijo. Nakuru, ¿podrías decírselo? Dile que me equivoqué. –Claro. Me aseguraré de ello. –dijo Sakura con dificultad para mantener la emoción. Nadeshiko parecía haber mezclado la realidad con el hecho de que la víctima de todo lo que ocurrió estaba muerta y que creía que estaba delante de ella. Pero quizás era mejor así, porque aquella visita con su madre le trajo algo de paz al herido corazón de Sakura al descubrir que su madre, aunque no fuera de sangre, se arrepentía de cómo se había comportado con ella. Por ello, Sakura lo consideró como una forma de pedir perdón. –¡Mamá! –exclamó Sakura sin poder aguantar más. Al escuchar aquello, Nadeshiko se quedó mirándola. De repente parecía haberla reconocido y le acarició las manos que seguía sosteniendo, hasta que la cuidadora puso fin a la visita. Mientras la celadora llevaba la silla de ruedas, Nadeshiko no dejó de mirarla, hasta que pasaron junto a Shaoran y Nadeshiko lo agarró de la muñeca. Él se agachó. –Cuida de Sakura, por favor. –dijo Nadeshiko, que parecía más lúcida que nunca. Era la segunda vez que había visto a Shaoran, pero con la preocupación mostrada en la primera visita y el hecho que siguiera junto a ella, le demostró que aquel joven era lo que su hija necesitaba. Shaoran sólo asintió con la cabeza. Una vez que se volvió a incorporar, vio que Sakura había desaparecido. Debió hacerse escapado por la puerta contraria a la que se llevaron a Nadeshiko. Temiendo que se hubiera lanzado se asomó por la valla, pero no había nadie, así que fue a buscarla temiéndose lo peor.

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Kaho Mituzki tenía el artículo escrito por Kero en la pantalla del ordenador, cuyo título era La mujer que hizo un pacto con el diablo.Entonces, recordó la nota que le llegó en el sobre junto con el dispositivo que contenía el artículo de Kero. Sólo debía añadir un nombre más al final. Soy Sakura Kinomoto. Tengo un favor que pedirte. Confío en ti. Sólo ante la remota posibilidad de que me ocurriera algo, publica el artículo de Keroberos. Él arriesgó su vida e incluso murió por la verdad.

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Fue una suerte que su madre se pusiera a hablarle a Shaoran. Sin saberlo, la había ayudado a aprovechar aquel despiste para huir. Si no hubiera sido así, no sabría cómo podría haber escapado de él. También quiero que le des las gracias a Shaoran de mi parte. Después de todo lo que ocurrió, mi corazón se llenó de resentimiento, ira y dolor. Creer y confiar en alguien que haga latir mi corazón es lo que más he deseado sentir. Pero no quedaba espacio dentro de mí para contener esos sentimientos. Toda mi vida se ha desperdiciado en la oscuridad. Como después de cada muerte, Sakura se marchó al mirador y fue directamente al lugar de la barandilla en la que colgó la pluma de oro que le regaló su hermano. Al no verla en el suelo se asomó, pero dar con aquello desde allí arriba sería como encontrar una aguja en un pajar. Cansada, se dejó caer sentada junto a la barandilla con desasosiego. Fue entonces que para su alivio, la encontró entre las hojas de los árboles caídas por la estación otoñal. Al encontrar la cadena y cogerla sintió como si se reencontrara con su hermano. Nunca creí que la luz encontrara un resquicio. Esa luz se produjo cuando lo conocí. Aunque me había hecho a la idea de quedarme sola para siempre. A su lado sentí que era alguien con quien quería estar.

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Shaoran sabía lo importante que era su hermano para Sakura, por lo que fue corriendo al mismo lugar desde el que Touya Kinomoto saltó. Era el único lugar donde se le ocurría buscar. En circunstancias normales habría ido al salón canino, pero con la confesión de Tomoyo, estaba seguro de que Sakura ya no querría volver allí, a pesar de haber sido un lugar en el que se había sentido bien. No obstante, mientras corría al encuentro de la castaña, no dejaba de mirar por todas partes mientras cruzaba el parque cercano que lo llevaría al mirador. Fue entonces cuando la vio, de espaldas a él y mirando al horizonte. En el suelo yacía su bolso. Entonces, le cayó algo de la mano y seguidamente, la vio caer a ella. Ya en el suelo y estando de lado, la castaña se encogió un poco y Shaoran volvió a emprender la carrera hasta llegar a ella. –¡Sakura! –gritó él. Ha pasado poco tiempo desde que nos conocimos, pero ha sido el tiempo suficiente para que mi corazón brillara. Deseo que sea feliz. Sólo eso. Porque toda la felicidad que he sentido en este corto espacio de tiempo ha sido gracias a Shaoran. Cuando Shaoran llegó hasta ella la cogió en brazos y la abrazó. Entonces se dio cuenta de que en el suelo había una llave cuyo llavero parecía una especie de capsula que en ese momento estaba abierta. Sabía lo que Sakura había hecho y lo que contenía aquella cápsula. Había guardado cianuro potásico dentro. Quiero que Shaoran vuelva a ser como era. –Sakura. –dijo Shaoran. Débilmente, la castaña miró a Shaoran a los ojos y levantó un poco el brazo para que Shaoran cogiera la cadena con la pluma que le entregaba. Sakura sentía como el veneno iba haciendo efecto y se agarró con fuerza a Shaoran mientras intentaba decir algo. –Te…te amo. –dijo Sakura. Shaoran negó con la cabeza mientras se le soltaban las lágrimas. Shaoran comprendía por qué Sakura se había empeñado en morir, pero no compartía aquel deseo y no lo quería respetar. Al fin y al cabo, sus sentimientos eran correspondidos y ella lo sabía. También le había asegurado que la esperaría todo el tiempo que hiciera falta hasta que saliera de la más que probable entrada en prisión. El veneno terminó de hacer efecto y sus bonitos ojos esmeralda se cerraron mientras que las fuerzas abandonaron a Sakura. El último pensamiento de Sakura fue que no había mejor forma de morir que en brazos de su amado. –Sakura, ¡Sakura! –la llamó Shaoran, aunque sabía de antemano que la castaña no respondería. Shaoran acarició la mejilla de Sakura y juntó su frente con la de Sakura. Después, decidió que aunque pasaran muchos años hasta su final, no quería abandonar el mundo sin un beso de Sakura, por lo que juntó sus labios con los de ella. Aquel beso contenía todos los intensos momentos que pasó con ella, pero sobretodo, contenía un amor infinito. Dile que le amaré eternamente.

Fin.

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