ID de la obra: 1563

Las olimpiadas de CityCalithi

Gen
G
Congelada
5
Tamaño:
63 páginas, 23.596 palabras, 20 capítulos
Descripción:
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Capítulo 15: Calor envidiable

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Otra vez era de noche y los chicos seguían el rastro de sus compañeros perdidos. Habían cenado mientras caminaban y hablaban, habían rellenado sus bolsas de agua en un segundo arroyo que encontraron en el camino. Y se habían dado un breve baño para seguir adelante sin el polvo del derrumbe en la cara. La noche era esta vez más fría que la anterior y los chicos caminaban con lentitud y cuidado. Habían encontrado el rastro de Tony y Layne, a su paso habían ido creando un camino en la hierba alta al lado del bosque. Cada vez hacía más frío, pero los chicos ya no estaban tan preocupados porque tenían a Jnone con ellos y estaban en el camino correcto para encontrar a sus amigos. Para éste momento, Jnone les había puesto al tanto de lo que había pasado. Cuando su bumerán se había perdido en el agujero del techo, un pigmeo de esos verdes, había salido de una grieta en la pared que comunicaba con otra sala llena de jaulas. Le había rogado ayuda y le había indicado donde estaban sus hermanos y hermanas encerrados por los guardias. Y a cambio de su libertad, aceptaron ayudarlos a matar al monstruo. La ballesta la encontró en manos de otro guardia que tuvo que derrotar para sacar a los aborígenes verdes. Eli y Earl se dieron cuenta de que Jnone no era el cobarde que habían pensado. Era un héroe que había llegado en el momento correcto y al que nunca terminarían de agradecer. Sabían que había pasado mucho miedo y a pesar de eso había actuado de la mejor forma. En secreto acordaron dejar de molestarlo cada vez que podían. Y no mirar. Se estaban riendo de lo pasado hacía poco tiempo con la serpiente marina que los atacó en el lago, y en las condiciones en las que Jnone se hallaba cuando la vio por primera vez. Cuando Eli, atisbó un punto borroso de luz anaranjada en el horizonte. Parecía una choza pequeña en la que debía haber fuego adentro, lamparas o una chimenea de envidiable calor. Estaba en la dirección que sus amigos habían tomado. —¿Creen que sean ellos? —murmuró Earl— ¿Se habrán refugiado ahí...? ¿Tendrán comida? —Parece una choza, si ellos están ahí más vale que los acompañemos —soltó una risa juguetona Jnone— seguro tienen fuego en alguna chimenea. Y la temperatura aquí está bajando rápidamente. —Está decidido, vamos. —No, hey... Chicos, esperen. Puede ser una trampa. —quiso detenerlos Eli, que desconfiaba— hasta ahora no hemos encontrado seres humanos como tales aquí, más que las chicas traídas aquí por la alcaldesa. Nada nos asegura que ese no sea un aquelarre nocturno. —¿Aquelarre? —repitió Earl— Quieres decir... ¿Brujas? ¿Brujas aquí? —Se realista, Eli. —bromeó Jnone descartando las brujas. —¿Y qué es ser realista para ti? —se encogió de hombros— peleamos contra una serpiente marina, contra los eslabones perdidos y prácticamente estamos en un mundo de otra dimensión... —Una resonancia magnética cerebral —sonrió Earl— no nos caería nada mal. Si salimos vivos de aquí obliguemos a Tony a invitarnos una cita con el psicólogo. —¿Porqué Tony? —A él le tocaba invitar las cervezas esta vez, que nos invite algo más necesario esta vez. Eli se pasó una mano por la cara, pero no evitó reírse con sus amigos mientras decían eso. Toda esta aventura daba para una película o para un video musical de canciones épicas. Muy probablemente todos estaban locos y estaban en el mismo sanatorio con camisas de fuerza y su enfermera era esa loca, la alcaldesa. —Yo no sé ustedes, chicos, alucinación o no, locura o realidad, pero yo iré a ver por lo menos. —le interrumpió Jnone— después de todo, seguimos armados hasta los dientes con armas mágicas ¿Qué es lo peor que puede pasar? —Que sea una trampa. —No, que ellos no estén ahí, eso sería lo peor —corrigió Earl— o que estén ahí y nosotros no nos acerquemos por miedo. Eli seguía pensativo y desconfiando mucho. Los últimos sucesos que habían vivido no les habían dejado lugar a dudas, cualquier cosa podía resultar peligrosa. —No lo sé chicos, podría ser mejor alejarnos... El estómago de Earl gruñó de hambre. Los otros dos lo miraron con sorna, no hacía ni media hora que habían cenado. —Hagamos algo. —sugirió el gordito— vamos a investigar. Nos quedaremos a prudente distancia y observaremos ¿Quién viene conmigo? Jnone alzó la mano dispuesto a seguirlo. Eli lo miró con reproche por no detenerse a pensarlo mejor. —¿Qué? Si Earl pasa otro momento más sin comer nos comerá a nosotros. Eli se pasó la mano por el rostro otra vez. Estaba cansado y frustrado, también le dolía una parte de la espalda. Pero tenía que admitir que la idea de una choza con una chimenea, comida y quizá una cama decente sería maravilloso en ese momento. —Está bien. —aceptó— pero nos quedaremos a distancia. Y tú, Earl, reprime tu hambre, tus gruñidos estomacales alertarán a quien sea que habite esa choza. —No prometo nada. —Mírenlos, ni idea de como siguen adelante. Ya llevan tres días apenas y ni uno solo ha muerto ni se ha visto la sangre que necesitamos —el publico estalló en una renovada carcajada colectiva ante las palabras de su alcaldesa— Hasta mucho han durado estos chicos, quizá el hecho de que sean tantos les da cierta ventaja. Pero no se aflijan, ya casi vuelven a descansar y cuando se acaben las cinco horas la dificultad volverá a aumentar, la próxima visita está a la vuelta de la esquina. —No puedes hacerlo. Un personaje raro había aparecido al lado de la alcaldesa. DarkFire estaba sentado al lado de la adolescente de pelo teñido. Ella alza una ceja. —No seas ridículo, yo puedo hacer lo que yo quiera. —No realmente. —negó el misterioso personaje— no puedes aumentar la dificultad sino han infringido las leyes. —Se han separado ¿o no? —le inquirió ella. —Están por encontrarse de nuevo. —le contraatacó él— además, han demostrado mucho valor. Lo que deberías hacer es premiarlos. Hubo un momento de silencio en todo Citycalithi. Pocas veces traían a los moradores de la ciudad interna a comentar los juegos, pero cuando lo hacían, nunca ocurrían estas escenas penosas en las que alguien contradecía a la vanidosa y cruel alcaldesa. Curiosamente, el publico aceptaba la sugerencia de premiar a Voiceplay, desafortunados jugadores de éste año, por el valor y la camaradería que mostraron alrededor de todo el inicio, quizá se habían encariñado con ellos, después de todo, eran los más admirables jugadores de toda la historia de los juegos míticos. —Se merecen un descanso. Dales cinco horas de descanso, para los seres de Citycalithi siempre es difícil encontrar seguridad. Ellos no están acostumbrados a una vida tan movida. Además, hay un herido y los demás terminarán muriendo por fatiga si no les das un descanso. Un rumor de aceptación creció en todo Citycalithi y su alcaldesa, conectada a cada uno de sus habitantes, sintió crecer su irritación en contra de éste comentarista invitado. —¿No es eso lo que queremos? ¿Muerte? —No. Buscamos diversión. No hay diversión en ver morir a seis tontos que han demostrado la valentía del ser humano. La alcaldesa torció la boca y con un gesto hizo desaparecer a DarkFire del asiento a su lado. Pero el daño ya estaba hecho, todo Citycalithi apoyaba esta resolución misericordiosa. Quizá porque hacerlos descansar significaría que su rendimiento sería mejor la mañana siguiente. —Esto es preocupante, gente. ¿Se están ablandando? Siglos de sangre, crueldad y masacres en los juegos para que ahora quieran preservar a seis jugadores humanos bastante torpes... ¡Ustedes ganan! Esta bien, les concederemos a los Voiceplay doce horas de descanso. Y mañana tendremos la dificultad de siempre. El público estalló en vítores y la alcaldesa negó, totalmente inconforme. ¿Qué les deparaba a los chicos?
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