Capítulo 14: Mil Didyeridú's
28 de diciembre de 2025, 17:18
Tony y Layne estaban sofocados, cansados, pero lo habían logrado. Vencieron ellos solos a quince guardias. Eli, Emoni y Earl también habían despejado a los atacantes. Solo quedaban los guardias que seguían con el monstruo, no eran muchos, pero seguían conteniéndolo.
—Vámonos de aquí, tenemos que poner a Geoff en un sitio seguro. —dijo exasperado Tony, que junto a Layne lo levantaban trabajosamente.
Seguía inconsciente y un hilo de sangre bajaba de una herida entre su cabello. Los chicos lo veían con preocupación. Earl y Emoni limpiaban la herida y lo mantenían a salvo, pero era preciso sacarlo de ahí. Podría morir si no lo ayudaban pronto.
Eli negó— si el estuviera despierto podría atravesar a esa bestia con una flecha. —pareció pensárselo mejor y luego dijo— Sáquenlo de aquí, Tony, Layne y Emoni. Nosotros nos quedaremos, además, falta encontrar a Jnone.
—A lo mejor escapó. —refunfuñó Tony, con el fastidio que lo caracterizaba— se la ha pasado escapando desde que nos metimos en éste infierno.
—No, no lo creo. —negó Layne, tenía el cabello pegado a la frente por el sudor— él no es un traidor. Debe andar por ahí.
—Perdido —se rió Earl— y llamando a su madre.
—Si, tal vez perdido, pero no se habría ido sin razón.
—Eli, no pensarás verdaderamente quedarte para matar a la bestia ¿o sí? —Tony se estaba vendando una herida en el brazo con los restos de su camiseta mientras hablaba— Tenemos que ponernos en movimiento de nuevo, o no podremos aguantar otro ataque de otro monstruo.
—¿No recuerdan lo que dijo la peliteñida? No dejen a nadie atrás o serán sancionados. Solo necesitamos sacar de aquí a Geoff ¿tienen todas sus armas? —los chicos asintieron— en ese caso no hay problema, además, tienen a Emoni.
—No exactamente —negó ella.
—¿Qué? ¿Porque? —se asustaron todos.
—Por que ya cumplí mi cometido aquí. Debo irme, la alcaldesa me trajo aquí por ustedes al igual que Rachel. Venimos a ayudar y después de eso tenemos el pase de salida.
Los chicos se desilusionaron terriblemente. No pensaban que se quedarían solos tan rápido otra vez. Rachel había estado menos tiempo con ellos, pero aún así era dolorosa la separación. Todos se tomaron un momento para despedirse de ella, como hicieron con Rachel y cuando ella se fue por la puerta de salida, rodeando al monstruo y su encarnizada batalla con los guardias, se preguntaron otra vez si esto no sería un mal sueño.
—Chicos, debemos seguir adelante. —les aminó Eli— sólo así podremos regresar a nuestras vidas normales.
Los chicos intercambiaron miradas de preocupación. Pero no desobedecieron, Tony y Layne sujetaron a Geoff y lo cargaron por los brazos uno y las piernas el otro mientras Earl y Eli les cubrían la espalda, se fueron aproximando a la bestia y rodeándola para alcanzar la puerta de salida.
—Suerte, chicos. —les deseó Eli.
—Esto no es una despedida, genio —intentó burlarse Tony, para que pareciera que todo estaba normal. Pero era claro que no se sentía como tal. No querían separarse.
—No tardaremos en volver a vernos —asintió Layne con su mejor sonrisa, aunque un poco triste.
—No se alejen demasiado, chicos, pero si tardamos... No se detengan, manténganse en movimiento.
Tony y Layne, con Geoff a cuestas por los brazos y piernas, salieron por la puerta de salida dejando atrás a Eli y a Earl. Estos dos se miraron un instante y suspiraron con resignación, no obstante, estaban preparados para pelear su mejor batalla. En ese momento, el monstruo logró liberarse de las cuerdas que los guardias le habían atado para retenerlo y con ellas lanzó por los aires a varios de ellos. Eli, sin ver pero escuchando, negó un par de veces.
—No perdamos más tiempo, rápido Earl ¡Demostremos de que estamos hechos!
Earl, por respuesta, convocó fuego en una mano y hielo en la otra. A la señal de Eli, ambos se lanzaron contra la bestia. Ya quedaban muy pocos guardias, por lo que no hubo resistencia que los detuviera cuando quisieron ayudar, es más, cuando se dieron cuenta de que los dos cantantes estaban de su lado, se unieron a ellos para ayudarse entre todos. No obstante, la pelea seguía sin estar nivelada, Earl e Eli se hallaban cansados para ese momento como para combatir a un enorme monstruo. Aún haciendo su mejor esfuerzo.
Earl probaba combinando ráfagas de hielo y fuego a la vez, reduciendo los movimientos de la bestia. Eli usaba sus barras para asestarle golpes en sus puntos ciegos, pero nada parecía ser suficiente. En un momento, Earl fue alcanzado por la cola del monstruo que lo precipitó contra una de las paredes, mientras Eli era atrapado bajo la enorme garra contra el suelo. Ambos estaban heridos y fatigados, no sabían cuanto más podrían soportar, cuando pasó lo imposible. De una de las galerías, Jnone reapareció. No sólo traía consigo una ballesta grande de metal que en vez de lanzar flechas, disparaba arpones, sino que traía consigo ayuda.
Tras él venían los ejércitos de aborígenes verdes con máscaras de madera, parecidos a los que los habían perseguido antes. Y venían a ayudar. Eli fue liberado por el monstruo cuando Jnone le asestó con un arpón en la pata y éste logró a duras penas salir huyendo de ahí para ir hasta Earl. Earl estaba bien, algo dolorido, pero mejor de lo que había pensado Eli al principio. Después de lo de Geoff, temía mucho más por la vida de sus amigos.
—¿Es Jnone?
—Yo tampoco lo creo, hermano. ¡Y nosotros pensábamos que había escapado! —le dijo a Eli. Se miraron y estallaron en carcajadas. Jnone había venido a salvarlos en el mejor momento.
—Chicos, puedo explicarlo todo. —les dijo éste ayudándolos a salir por la puerta de salida.
—Más te vale que sea una buena explicación, muchacho —lo regañó Eli despotricando antes de dejarlo hablar siquiera— ¿tienes idea de por todo lo que nuestros traseros han pasado en tu ausencia?
—Eli, vino a salvarnos ¡Maldición! Da igual lo que hubiera estado haciendo antes. Da igual si ha estado friendo espárragos o jugando a las escondidas.
Los aborígenes verdes rodearon la bestia y profiriendo sus gritos parecidos a los que harían miles de Didyeridú's a la vez, aturdieron al monstruo. El techo y las paredes volvieron a temblar y todos salieron al exterior, ya que la cueva artificial amenazaba con venirse abajo. Entonces, la bestia pareció despertar de su aturdimiento y en el momento en el que se encontraba por salir para atraparlos a todos afuera, el bumerán de Jnone también regresó y le dio en la frente deteniéndola lo suficiente como para que la cueva le cayera encima.
Eli y Earl se quedaron con la boca abierta. Jnone sacó de entre los escombros su bumerán y cacareó de felicidad e hizo un baile gracioso de victoria.
—¡Atrévete otra vez a molestar a mis amigos otra vez, monstruo!
Los aborígenes hicieron un sonido diferente a los que hasta ahora recordaban haberles oído, eran palabras en un idioma extraño, pero era claro que ellos también estaban celebrando su libertad. Luego de acercarse a los cantantes, dijeron otras palabras que sonaban a los bajos que Geoff sabía hacer, probablemente para agradecerles y se fueron de regreso al bosque, que se veía más allá.
Eli y Earl tomaron a Jnone de los hombros y lo obligaron a sentarse bruscamente sobre uno de los escombros.
—Auch ¡hey! —gritó— ¿Hice algo malo?
—No, todo lo contrario —suspiró Eli sonriendo— pero no es momento de bailar J. Dinos que pasó o catalogaré esto como que alucinamos.
—Que nos lo diga en el camino, tenemos que alcanzar a Tony, Layne y ver como sigue Geoff. —sugirió Earl— no sabemos cómo está y si los demás necesitan ayuda.
—¡Maldición! Cierto. —aceptó el de ojos azules— rápido, andando.