Capítulo 17: Lluvia, oscuridad y culpa
28 de diciembre de 2025, 17:21
Se pasó una mano por la frente, le urgía un baño con agua caliente y jabones naturales. Pero por supuesto, no se podía dar esos lujos. Ni siquiera estaba pensando en eso, la verdad. Pensaba en que la oscuridad era terrible en esa parte del bosque, había una luna poco luminosa esa noche, la visibilidad era nula. Temía por Eli, Earl y también por J. No le tenía mucho cariño a ese último, pero le había caído bien después de todo, los chicos no se equivocaron al escogerlo a él para reemplazar a Tony.
Él se encogió de hombros ante su propio pensamiento. No importaba ahora lo que cada uno pensara de los demás, sino como trabajarían los unos en favor de los otros para poder salir adelante en este ominoso juego en el que estaban metidos. Y ahora Tony se sentía responsable de la seguridad de Layne y Geoff. Ellos dos estaban en un refugio, pero Tony no sentía que estuvieran a salvo, todo lo contrario, los últimos acontecimientos le habían demostrado que aquí las cosas eran serias y que debía mantenerse muy alerta.
Por eso estaba ahora fuera del refugio, haciendo guardia, sabía que el hecho de que hubieran caminado lo suficiente, les daba ventaja al respecto de los monstruos, pero no sería la primera vez que se encontraran a algún ser hostil sin que se hubiesen cumplido las cinco horas. Layne insistió en hacer la primera ronda, pero Tony se lo impidió, quería que descansase, quería que estuviera bien. Quería compensarlo en algún sentido...
Una rama se rompió más allá de su posición y Tony fue sacado de sus pensamientos. Tragó en seco y miró hacia el sitio del que provino el ruido. Con una mano descolgó dos bombas de fuego de sus cinturones y con la otra empuñó la espada fragmentada de hoja negra. ¿Qué iba a hacer si se encontraba algún enemigo? ni él mismo lo sabía. Pero estaba dispuesto a defender a sus amigos. Dio una respiración honda y luego, avanzó hacia el ruido. Una cualidad de su vida normal, antes de esta pesadilla, siempre usó zapatos cómodos de suela suave que amortiguaban sus pisadas, esto ayudaba ahora. Quien sea que estaba escondiéndose más allá, tras algún árbol en la oscuridad, no lo oiría acercarse, o eso esperaba Tony.
De donde no hubiera imaginado nunca que algo acechaba, a su derecha tras un árbol diferente al que él vigilaba, una figura oscura saltó hacia Tony. Su primera reacción fue echarse hacia atrás, antes de darse cuenta de que se arrepentiría si atacaba. Tony estuvo a punto de sacarse un zapato y darle a Layne en la cabeza cuando se recuperó del susto que le dio saliendo de la oscuridad frente a él. Layne se llevó las manos al estómago y se dobló sobre si mismo de la risa.
—¡Madura, Hombre! Eres mayor que yo. —le recriminó Tony tomándolo por el hombro y dándole una pequeña sacudida— estuve a nada de atravesarte con mi espada. ¿Te das cuenta? Esto no es un juego, hermano.
Layne se tapaba la boca con ambas manos para evitar reírse de más. Tony no pudo mantenerse serio por más de dos segundos, había sido gracioso, pero no por eso tenía que hacerlo. Layne quizá no comprendía que su amigo tenía una espada en la mano y dos bombas en la otra que pudieron haber causado estragos si no hubiera reconocido la figura de su amigo. Era obvio que Layne se tomaba muy a la ligera la situación.
—Pon los pies en la tierra ¿Quieres? Si, fue gracioso, lo admito ¿estás feliz? Vamos a dentro de donde no te autoricé en ningún momento salir.
—¡Debiste haber visto tu cara! —repetía.
Tony estaba por responderle que la de Layne era una cara que daba mucha más risa al natural, para seguirle la corriente, porque había extrañado reírse con su mejor amigo de cualquier tontería. No obstante, arrastró a su amigo al interior del refugio para que velase el sueño de Geoff. Al acercarse a él, el herido se quejó en sueños y se removió en su camastro improvisado y ambos hombres recuperaron la seriedad y se acercaron a su amigo, inclinándose sobre su lecho. Tony había pensado que encender una fogata, a pesar de que podría servirles a Eli, Earl y J para encontrarlos, podía también atraer monstruos. Y podría ser que estuvieran armados hasta los dientes, pero seguían cansados por la extenuante jornada, y Geoff literalmente estaba fulminado, Tony no quería en ningún momento pensar en lo peor, pero temía por él. La decisión había sido la oscuridad y el frío antes que la luz y el calor, por eso mismo se habían dividido en dos turnos de vigilancia para que el otro durmiese mientras y pudieran mantener a salvo a Geoff.
El hombre en el camastro murmuraba en sueños palabras inconexas en las que se filtraba claramente el nombre de su esposa y el de su hijo. Ambos hombres se quedaron junto a él mientras Layne acomodaba con cuidado el vendaje de la cabeza y confirmaba que no hubiera fiebre. Realmente no eran enfermeros buenos, pero sabían lo básico y eso por el momento era suficiente. Era de agradecer que Geoff siguiera vivo. Cuando Layne volvió a hablar, lo hizo sin rastros de la risa infantil e histérica que antes lo había dominado.
—Tony ¿Crees que volveremos a ver a nuestras familias?
El hombre de ojos claros se quedó sin palabras. Se mordió los labios y desvió la mirada hacia el trecho de cielo que se veía fuera. No había estrellas ésta noche, la cúpula celeste estaba empañada por espesas nubes algodonosas de color gris oscuro que no auguraban nada bueno. Tony no quería responder a esa pregunta, porque él mismo se había negado a asimilar la posibilidad más contundente. No quería pensar que no había esperanzas.
—Quédate aquí y no hagas estupideces —le ordenó, cambiando de tema— Déjame hacer la guardia, duérmete y cuida de Geoff. Puede despertar en cualquier momento.
—Yo también la extraño. —le murmuró Layne.
Tony suspiró pesadamente. Ya sabía a quien se refería: La pequeña Dory, la adoración de ambos. No habían hablado al respecto, pero Layne lo conocía lo suficiente como para saber que una parte grande de su seriedad era la idea de no volver a ver a su sobrina a la que amaba como a una hija.
De pronto, el mismo cansancio los agobió con el mismo peso a ambos. Tony, incapaz como siempre de decir mucho, le puso una mano en el hombro y le dio un sutil apretón para transmitirle todo lo que no podía decirle en palabras antes de salir afuera.
Aún se sentía mal por lo de la serpiente marina, sabía que todo lo que le dijese a su amigo no bastaría para disculparse con él. Casi causó la muerte de su mejor amigo y eso aún lo torturaba. Amaba a Layne como a un hermano, con toda esa aura infantil que lo rodeaba, habían pasado por muchos problemas juntos y habían salido de mil dificultades ellos dos solos y casi lo había perdido por su propia estupidez. Por su culpa, Dory casi perdió a su padre.
Sin duda era algo que nunca se perdonaría.
Para su mayor tranquilidad, esta vez Layne se quedó dentro junto a Geoff y sus pensamientos sombríos, en vez de salir tras él para divertirse a su costa otra vez. Tony, en la oscuridad, quiso dejar de pensar y sacudió la cabeza hasta que los pensamientos se esfumaron. Jugueteó con la espada segmentada que al darle una sacudida se volvió a unir para formar una sólida y letal arma. Estaba decidido a proteger a su hermano. Corrección, a sus hermanos. También consideraba a Geoff como parte de su familia. Estaba convencido de que haría lo posible para que todos estuvieran a salvo.
Justo entonces, cuando su determinación era más grande, estalló la tormenta y Tony se vio inmediatamente calado hasta los huesos por una lluvia fría. Algo que también extrañaba era su gorra, ahora le hubiera servido. Alzó una ceja, fastidiado una vez más. Dio tres pasos hacia atrás y volvió a estar dentro del refugio. Echó una mirada por encima de su hombro y vio a Layne, acostado sobre otro montón de hojarasca al lado de Geoff. Por lo menos le había hecho caso, y para su sorpresa, ya estaba dormido.
Un relámpago iluminó el bosque y Tony observó en ese destello que una sombra humana se proyectaba en la pared interior del refugio. Se volvió inmediatamente hacia el ser que producía esa sombra, con la espada en ristre y una mano un una de las bombas de sus cinturones. La forma oscura delante suyo le dio escalofríos, pero cuando un segundo relámpago iluminó la noche vio claramente la cara de Dark en la figura. No obstante, no bajo el arma ni dejó de estar alerta.
El recién llegado no se acercó sino que hizo señas a Tony para que lo siguiera afuera, a través de las cortinas de lluvia. Tony no quería dejar solos a Layne y Geoff, tampoco confiaba en ese hombre que le había disparado a Eli a quemarropa. No estaban como para arriesgarse, además. Así que apretó el mango de su espada, listo para cualquier cosa. Cuando Dark hizo el ademán de acercarse hacia él, Tony se tensó como un gato engrifado.
—Si das un solo paso más... —le siseó con los dientes apretados— prometo que probarás el filo de mi espada.
—Es curioso que lo digas, porque esa espada prácticamente te la di yo.
—Esa no es razón para confiar en ti. ¡Le disparaste a Eli! nunca olvidaré eso.
—Si lo que quieres es algún tipo de venganza, puedo asegurarte que estoy listo para ti.
Tony dudó entonces, no estaba seguro de querer enfrentarse a él, pero si le daba razones, no se detendría a considerarlo ni un instante. No quería que Layne ni Geoff corrieran ningún riesgo.
—¿Qué pretendes? ¿probar tu valía solo y sin los demás? ¿probar que aún eres digno de pertenecer a voiceplay?
Apretó los labios— Déjate de juegos mentales ¿Qué es lo que quieres?
Dark debió comprender la palpable irritación y desconfianza de Tony, porque en vez de insistir o dar explicaciones, metió una de sus manos entre los pliegues de su ropa para sacarla después enfundada en un guante. Otro relámpago iluminó el bosque y seguidamente una bola de fuego apareció en la palma de la mano de Dark.
Tony se quedó boquiabierto. Ese era el guante de Earl.
—¿De donde lo sacaste? ¿Dónde están ellos? —le gritó, acercándose a él muy lentamente, saliendo a la lluvia— ¿Hiciste algo con mis amigos, monstruo?
Media sonrisa apareció en el rostro de Dark.
—Lo sabrás en un momento, pero será mejor que bajes esa espada, o no te diré nada.
El hombre de ojos claros se dio cuenta de que no tenía muchas alternativas. ¿Qué tal si era una trampa para dejar solos a Layne y a Geoff? En este momento, cualquier cosa podría pasar y él no quería que nada malo les pasase a sus amigos. Dark observó la desconfianza en el rostro de Tony y volvió a meter su mano en el interior de su manto.
—Dijeron que serías difícil de convencer. —y sacó el búmeran de J con las incrustaciones de pedrería y una de las barras de metal de Eli— por lo visto te conocen muy bien.