Capítulo 20: Una nueva herramienta
28 de diciembre de 2025, 17:24
Llevaban hablando un par de horas de la locura de aventura que estaban teniendo, a la luz de las llamas en la chimenea, cuando la lluvia inició. El frío que antes sintieron fuera se intensificó y Earl y J cerraron las ventanas para que el viento no apagase sus exiguo fuego. Se terminó el pescado y las bayas recogidas desde la cueva hasta ahí. Pero los chicos dejaron una cantidad precisa correspondiente a los tres chicos que faltaban.
—Mañana tendremos que cazar de nuevo. —les avisó Eli— tendremos que hacer buenas provisiones para el camino ya que tenemos ésta oportunidad.
—Hay una planicie más allá, al norte. Ahí quizá haya buena caza —apuntó John.
—Solo espero que los chicos no se olviden de traer nuestras armas. Porque sin mis gafas, no veo absolutamente nada, las barras tenían algo... algo mágico que me conectaba a ellas y me hacía ver sin necesidad de las gafas. Pero tuve que dárselas a Dark para convencer a los chicos. Si no veo nada no podré ayudarles en la caza.
—Vendrán, no te preocupes tanto —le tranquilizó Earl, llenándose la boca con un trozo de galleta— preocúpate por Geoff, el golpe que recibió fue bastante duro. Cayó como un costal de patatas al suelo.
—Y puedo asegurarles de que la alcaldesa pondrá su atención en él —intervino John— ahora es el mas débil. Talvez intente sacárselo de encima lanzándole dificultades a Layne y a Tony para que no puedan protegerlo.
Eli se puso muy lentamente de pie, pero su expresión no dejaba lugar a dudas.
—¿Quieres que vayamos por ellos? —sugirió Earl.
—Si, es lo mejor. No podemos dejar que se pierdan o que les pase algo.
—Dales tiempo —aconsejó John— no han pasado más de dos horas de las doce. Lo mejor será que creemos un plan mientras haya tiempo, que se dividan las diez horas en turnos para vigilar unos mientras duermen otros, estoy seguro de que no han tenido las mejores noches de sueño.
J dejó escapar una risa sarcástica— o nos interrumpía algún monstruo o ese pelmazo de Dark. A veces, los monstruos llegaron sin que el tiempo se acabase.
—Es que recuerden que esta dimensión es un mundo habitado ¿lo olvidan? este mundo resuma vida de todas las clases y lo que ustedes han estado haciendo es caminar directo a la guarida de muchos de ellos. Como las de los didyeridús, la bomba de Tony los despertó y luego lo mismo con la serpiente marina.
—¿Esos monstruos no vinieron por las cinco horas? —repitió Eli fijando su mirada en un borroso John.
—Me temo que no. La alcaldesa incitó a las criaturas a atacar, eso si. Pero no fueron parte del juego. Digamos que fueron sorpresas.
Los chicos intercambiaron miradas boquiabiertos. Eli se pasó una mano una y otra vez por los ojos mientras pensaba.
—¿Solo el monstruo que me atacó en la gruta subterránea fue parte de la alcaldesa?
—¿El wendigo? Si, esa fue una sorpresa de las cinco horas, durmieron demasiado. También lo fue el monstruo que rompió la cúpula, estuvieron atrapados en el almacén por mucho tiempo. Ambos han sido parte del juego, el resto, solo demostraciones del poder de la alcaldesa.
—¿Cuándo despertaremos de esta pesadilla? —gimió J llevándose las manos a la cabeza.
—Cuando lleguen al otro lado de la ciudad mítica, por supuesto —les sonrió John.
—¿Crees que lo lograremos? —murmuró esperanzado Earl.
—Claro que si. —su sonrisa se ensanchó— tengo mi confianza puesta en ustedes, son geniales. hasta ahora han logrado que el pueblo se niegue a cosas que la alcaldesa quería hacer. Realmente creo que lograrán llegar al otro lado.
—No si nos encontramos más monstruos inesperados —comentó J, con desaliento.
—Bueno, ahora eso ya no pasará.
—¿Cómo estás tan seguro? —alzó su vista borrosa Eli.
—Porque para eso estoy yo aquí. Para entregarles una herramienta que les ayudará a no caer en más sorpresas.
John Pinto no traía armas como ellos o como las que Emoni y Rachel habían usado anteriormente para ayudarlos. Lo que portaba John era una especia de carcaj de flechas a la espalda cerrado con un tapón de corcho o algo parecido. No obstante, lo sostenía entre las manos en todo momento, como si temiese perderlo.
—¿Es una espada laser? —le preguntó Earl, en un descuido del joven, se había colocado detrás de él y fisgoneaba por encima de su hombro.
—¿Esto? no, no —se ruborizó de risa— ojalá lo hubiera sido. Sería quizá más útil. Pero la alcaldesa no les va a dar demasiadas facilidades. El pueblo hizo una votación, Dark está detrás de eso, y llegaron a un acuerdo. Se dieron cuenta de que ustedes tendrán más posibilidades de llegar antes al otro lado, si evaden las zonas más habitadas y van por caminos que la alcaldesa no espera que tomen.
—Esa adolescente peliteñida nos odia ¿no es cierto? —se quejó J echando un pedazo de madera al fuego para intentar avivarlo.
—Lo que no los hace muy diferentes de otros competidores de estos juegos —sonrió de lado, encogiéndose de hombros.
—Tampoco te quejes tanto, J, recuerda que ahora tienes una ballesta —le guiñó un ojo Earl— que por casualidad encontraste.
—Eso no quiere decir que me prefiera en lugar de a ustedes —le restó importancia J negando varias veces— porque mi puntería es buena al lanzar, pero no tanto al disparar.
—Todavía no nos vamos, —bromeó Eli— aun tienes tiempo para practicar.
—Ni tanto, caballeros. —interrumpió John— No hay limite de tiempo en estos juegos, pero lo mejor es que se apresuren. Ya han tenido una prueba de lo que es capaz esa bruja. Su crueldad no conoce limites. Y pasadas estas doce horas, es probable que no cumpla su pacto con el pueblo de volver la dificultad a normalidad.
—Conocerá el filo de nuestras armas —gruñó Earl sonriendo de medio lado.
—¡Así se habla, hermano! —dejó escapar una carcajada J, emocionado— ¡le enseñaremos de lo que somos capaces!
Eli sonrió, él también estaba seguro de que darían una buena pelea y que si su destino era morir en manos de esa alcaldesa inmisericorde, morirían luchando por los suyos, defendiéndose hasta donde les fuese posible.
—Me temo que no puedo traerles armas galácticas, pero si algo que les servirá de mucha ayuda.
John se quitó el carcaj de la espalda y descorchó la tapa. Vació su interior en la mesa, era un pergamino de buen tamaño que al caer se desenrolló quedando extendido sobre su superficie: Un mapa. Los chicos se inclinaron sobre él para intentar ver lo que representaba. Eli, sin sus gafas, estuvo a un centímetro del pergamino para intentar distinguir algo.
—Esta es Citycalithi, chicos. —anunció John— es más grande de lo que imaginaban ¿no es cierto? Y está plagada de seres raros desde los más bonitos como los conejos-aves hasta monstruos repulsivos de pesadilla como los wendigos.
El mapa mostraba gran variedad de sitios marcados con puntos de colores. Estaba decorado con enredadas letras que debían explicar algo que ellos no entendían pero que John parecía comprender a la perfección. Había ríos, así como montañas, planicies y demás sitios como bosques. Los árboles estaban por todos lados. Eli, forzando su vista, reconoció el lago de la serpiente y más antes, el bosque de los didyeridús. Todo estaba ahí, lo que habían recorrido y lo que faltaba por recorrer.
—¿Qué demonios es esto? —cuestionó Earl señalando las palabras en el idioma desconocido— ¿Tiene algún sentido para ti?
John ladeó la cabeza— más o menos.
Los chicos lo miraron con ligera angustia. Él sacó de su bolsillo un cristal oblongo del tamaño de una moneda con los colores del arcoíris y extrajo una linterna con forma de embudo de su morral. Cuando la luz salió por el extremo más estrecho del embudo, la apuntó al cristal, sosteniéndolo con pinzas, que lanzó un rayo diferente, un delicado rayo de luz blanca que al caer sobre una sección del mapa, tuvo una reacción interesante.
La sección escogida era una extensión de montañas, al contacto con la luz, figuras extrañas aparecieron en el pergamino. Figuritas de tinta marrón que se movían en la pequeña franja iluminada, entraban y salían una y otra vez. Al principio los chicos no entendían lo que ocurría, pero luego fue evidente. Eli sonrió, esto representaba una gran esperanza.
—Solo sabiendo quienes son los moradores a los que se enfrentan, es que estarán preparados.