ID de la obra: 1563

Las olimpiadas de CityCalithi

Gen
G
Congelada
5
Tamaño:
63 páginas, 23.596 palabras, 20 capítulos
Descripción:
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Capítulo 19: Caminata a ciegas

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Layne tenía una sonrisa graciosa en los labios. Se sentía muy bien consigo mismo y con los demás, estaba alegre a pesar de que Tony parecía más alerta que nunca. En la oscuridad, los ojos claros intentaban verlo todo al mismo tiempo. No tenían linterna, la lluvia no había cesado ni un instante, sus pies resbalaban en el barro y el agua los había calado hasta los huesos. No obstante, seguían adelante. Tony había costurado improvisadas sombrillas con hojas anchas para cada uno, usando una astilla de madera afilada con una ranura como aguja e hilos de su propia camiseta. No eran los mejores paraguas, pero eran lo suficientemente buenos como para no mojarse tanto. Pero no contaba con la debilidad de Geoff por la perdida de sangre y la contusión. El castaño se tuvo que resignar a apoyarse en Layne y Tony a mitad de camino, siendo ayudado a caminar por ambos, lo sostenían cada uno con un brazo sobre los hombros. De esa forma, sosteniendo sus armas y a Geoff, no se podían permitir llevar más de una sombrilla. Las indicaciones que Darck les había dado eran terriblemente imprecisas, como si hubieran tenido la intención de llevarlos a dar vueltas por el bosque. Por lo que Tony intentaba encontrar el único punto de referencia que le había dado: una choza, con luz anaranjada dentro. Claro que, hubiera sido más fácil encontrarla si tan solo no hubiesen habido tantos arboles que obstruían la vista y tanta oscuridad que hacían imposible la búsqueda. —Creo que doblamos mal el último árbol —le gritó Layne a Tony por encima de la cabeza de Geoff, la lluvia era tan ruidosa que debían alzar la voz para hacerse oír. Seguía estando de buen humor, se notaba una sonrisa en sus palabras. —¿Eso es lo que crees? —masculló Tony, con la voz empantanada por la frustración y el sarcasmo. —Eso es lo que creo —volvió a gritar Layne. —Yo te dije que ese no era el camino —rezongó Tony, reacomodándose el brazo de Geoff sobre los hombros, se le resbalaba por momentos— Tú insististe en ir por ahí aunque yo te aseguré que no habíamos pasado por ahí. —Era el correcto, pero después tú doblaste por aquel árbol —le contradijo Layne, señalando con la sombrilla un árbol de los que habían dejado atrás— aquel ¿lo ves? —Layne, por favor, sostén bien esa hoja, me estoy empapando. —Hubiera sido mejor que hubieras hecho impermeables de hojas en vez de estas pesadas sombrillas. El dobladillo de la hoja sombrilla de Layne se torció bajo el peso del agua acumulada que se deslizó hasta terminar sobre la cabeza de Tony. Él se detuvo un instante para escupir el agua y prepararse para gritarle a Layne, cuando Geoff se removió. —¿Qué les dije sobre gritar? —les recordó exasperado. —Lo siento —se disculparon ambos y siguieron adelante. El camino era un verdadero horror, pero Layne no tenía miedo. Mientras tuviera su espada a la mano, todo estaría bien. Tony pensaba que el adulto aquí era él, pero Layne había estado en el estómago de una serpiente marina y había salido victorioso. Eso requería valor y él tenía mucho. Lo único que lamentaba era no poder regresar a casa y a su vida normal, extraña a su familia cada vez más. Pero no pensaba mucho en ello, no quería hacerlo, estaba de buen humor porque la idea de encontrar a los demás y esas doce horas de descanso eran lo que necesitaban ahora. Reunirse todos y hacer un buen plan. La lluvia menguó poco a poco, pero no dejó de arrecia sobre ellos. Ahora era posible hacerse escuchar entre ellos sin gritar, pero seguía lloviendo incansablemente. —Chicos, —jadeó Geoff— ¿pueden detenerse aquí? ¿Solo un momento? —No tenemos toda la noche, Geoff —gruñó Tony de nuevo— quien sabe si no era mentira lo de las doce horas. —¿Porqué eres tan desconfiado? —le preguntó Layne. —No estoy de humor para preguntas psicológicas, Layne. Ahórratelas. —le soltó en tono amargo— nos detendremos junto a ese árbol. Era un árbol con ramas bajas que se enredaban a manera de una terracita baja. Les serviría para descansar y guarecerse a medias de la lluvia. Tony ya estaba calado hasta los huesos, pero Layne y Geoff parecían medianamente secos. —Solo espero no pescar un resfriado. —resopló. —No seas tan negativo, mira a Geoff. Con la herida de su cabeza y su debilidad y no se ha quejado más que de nuestros gritos. —De hecho creo que se volvió a desmayar. Recostaron a Geoff bajo las ramas al pie del árbol. Inconsciente y pálido. La herida no había vuelto a sangrar, se hallaba bien, solo bastante débil. —Necesita descansar. —concluyó Tony. —¿Piensas que lo llevemos cargado otra vez hasta encontrar la choza? Con calma y decidido a usar argumentos convincentes, Tony le dijo: Creo que uno de nosotros debe seguir y el otro quedarse a cuidar a Geoff. Layne se puso de pie de un salto. —¿Separarnos? No ¿en que estás pensando? En este momento no lo recuerdo bien, pero estoy casi seguro de que la alcaldesa dijo que no nos separaremos. —No te alteres —intentó llamar al orden pasándose una mano por los ojos, el cansancio estaba también en él— no podemos llevarlo inconsciente otra vez, estar alerta y tener las armas a mano. Por lógica la noche es más peligrosa que el día, lo trajimos cuando aún era de tarde y había luz suficiente. Si salimos otra vez afuera quien sabe que otra cosa nos encontraremos. Layne, serio por fin, desenvainó su espada. —Entonces iré yo. Tony se quedó mudo un instante cuando entendió que Layne se estaba ofreciendo voluntariamente a ir a buscar a los demás. —¿Y si te pasa algo? —murmuró con recelo— ¿y si te ataca algún monstruo? Layne se sacudió las gotas de lluvia del cabello y los pantalones. —Te recuerdo que tengo una espada. Y que no he tenido las mejores oportunidades para usarla. —¿Y si te pierdes? —Te aseguro que mi memoria es mejor que la tuya, sabré encontrar el camino. Te lo aseguro. —¿Y si tardas demasiado? —¿Bromeas? soy más rápido que tú. Cuando Geoff se despierte lo primero que verá serán los ojos saltones de J, la sonrisa de lado de Earl y la ceja arqueada de Eli. Tony frunció el ceño. Estaba claro que lo fastidiaba la idea de no poder decir nada para convencerlo porque había sido su idea en un principio el que uno de ellos fuera en busca de los demás. No se lo diría, pero temía por su seguridad, después de lo que había pasado antes, temía que esta vez no volvería a ver a su hermano otra vez. —¿y si no regresas? ¿Qué le diré Cindy y a tus hijas? Layne desvió la mirada. Por supuesto que esa idea, la de no regresar y no poder despedirse de su familia, no era la idea más agradable en la que Layne podía pensar. No obstante, no se acobardó. —Les dirás que pensé en ellas hasta el último momento. Tony ya no vio qué otra cosa proponerle para que no se arriesgara, por lo que no lo detuvo cuando Layne tomó las armas de sus amigos que Dark les había traído y las metía en la bolsa de conejo ave. A pesar de su propia resistencia, Tony fue hasta Layne y lo abrazó. Solo por un segundo muy corto y después volvió cerca de Geoff, sin sonreír en ningún momento. Él también desenvainó su propia espada negra segmentada a regañadientes y le apuntó con ella. —Más te vale volver pronto. Envíales saludos a de mi parte a los chicos. —Tenlo por seguro —su rostro se iluminó con una sonrisa— deséame suerte. Tony bufó una maldición por lo bajo y lo empujó en juego con una risa— Solo regresa pronto.
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