Comprensión y liberación | Understanding and liberation

Het
R
En progreso
5
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 17 páginas, 7.700 palabras, 5 capítulos
Descripción:
Notas:
Dedicatoria:
Publicando en otros sitios web:
Permitido mencionando al autor/traductor con un enlace a la publicación original
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Capítulo 5

Ajustes
Thranduil había salido de la tina con desgana. Se vistió con la bata de tela sedosa y vaporosa que mejor le sentaba al dormir, y secó su cabello antes de regresar a su diván. El fuego en la chimenea finalmente se había apagado, las brasas que quedaban eran muy pocas para iluminar, lo único que conseguían era crear sombras oscuras y dramáticas en la habitación. Volviendo todo un augurio de oscuridad que lo hizo tratar de reavivar las ascuas con el atizador un par de veces. Su vida estaba yendo bastante bien por el momento, a pesar de todo, tener a Tauriel cerca fue la forma de aliviar su obsesión de tantos años. Ahora, a pesar de la culpa y el arrepentimiento, podía decir que su vida era más cómoda y feliz de lo que lo había sido en muchos muchos muchos siglos... Pero si veía en su interior, ahí estaba de nuevo, esa angustia que nació en su interior desde que se planteó la idea de traer a Galadriel. La idea de que esa dama de la luz podría de alguna forma curar a su Tauriel, no lo dejaba estar tranquilo ni un segundo. Sabía que debía confiar pero... no quería hacerlo. No le gustaba que las cosas se salieran de su entero control. Y aunque le costase admitirlo, tampoco quería curarse. No si eso terminaba la felicidad que tanto le había costado reencontrar. —¿Cuándo ibas a decirme? Thranduil se sobresaltó y giró bruscamente. —¿A qué hora volviste? Se acostumbra tocar a la puerta cuando se va a entrar, Tauriel —una leve irritación se asomó en su voz, antes de que la joven se acomodase de nuevo entre los brazos de su señor, en esa posición tan cercana que se había instaurado como parte de su relación desde hacía tiempo— espera... ¿esas son lágrimas? Tauriel no levantó la cabeza, sus dedos se cerraron en la tela de la bata del rey mientras hablaba. Se quedó un rato ahí, contra él, aspirando el aroma familiar y masculino del elfo. Un olor que hace tiempo que se había impregnado en su propia piel. Una esencia que por mucho tiempo le desagradó, le supo a miedo, a opresión y a angustia. Ahora era tan normal para ella que lo sentía como el mismo aire. —¿Cuándo ibas a decirme de la misión? —repitió ella, con voz suave, afónica y trémula. Thranduil tardó unos segundos en ordenar las piezas de lo que oía y lo que sabía. —No es tan grave... —quiso justificarse él— a lo mucho un día de camino y otro de vuelta. Pero no sé porqué te preocupa, ni siquiera irás a esa misión, yo mandé expresamente que no lo hicieras. Es solo un par de avistamientos de sangre élfica en el rio negro, bastaría con ir al pozo de agua dulce en la montaña y verificar que todo esté bien. Una de las manos de Tauriel dio un rodeo sobre la tela del camisón de su señor, pasando los dedos distraidamente por el bordado. Las yemas de sus dedos se quedaron ahí mucho más de lo necesario, acariciando, sintiendo la textura aterciopelada, fina y rica como solo podía serlo la tela élfica. —No tienes porqué salir del castillo. —concluyó Thranduil, su voz se endureció sin pretenderlo al añadir eso. Tauriel no quería despegarse de él, se arrebujaba y apretaba a su cuello, disfrutando el calor anormal de su piel sobre la mejilla y la sensación de protección que le daban sus brazos. —Si Lady Galadriel dice la verdad... podría ser más que un asesinato... dice que debo ir... dice que debo apartarme de ti... Las brasas crujieron en la chimenea y por fin las ultimas luces se apagaron. Thranduil sintió que era lo más propicio para una relevación de ese nivel. Primero sintió como si la ira que lo caracterizaba se encendiera. Una ira súbita, brutal, que se apoderó de él justo cuando las últimas brasas de la chimenea morían. —¿Galadriel… —en esa pausa Tauriel alzó la vista en la oscuridad para tratar de encontrar el rostro de su señor— ha dicho eso? —No te molestes, porfavor... —quiso reprimirlo ella, aún acariciándolo suavemente, con docilidad, buscando calmarlo tanto con sus manos que con sus palabras— dejame explicarte... —¿Que no es ella la dama de la luz? —la frialdad con la que ahora Thranduil hablaba la aturdió, era peligrosa y hostil, ella l sintió en la tensión de los brazos que la sostenían— Si busca arreglar nuestra situación, será mejor que lo haga con magia y no con absurdas estrategias. Estuvo a nada de proferir algo verdaderamente fuerte, pero Tauriel lo sostuvo con fuerza. —No, Thranduil... no es una estrategia, ella vio el destino —oprimió ambas manos sobre el pecho fuerte del rey, mientras buscaba verlo a los ojos para que su atención se centrase solo en ella—. Debe ser así. Los claros ojos masculinos la observaron, en la cercanía y la oscuridad, apenas y podía verlo. Pero podía distinguir sus preciosos ojos hipnóticos y profundos. En ellos, la locura de su enfermedad oscilaba con la ira y con algo que Tauriel creyó percibir como miedo. Si, claro, tenía que ser miedo. Él temía perderla, siempre había sido así. —¿Sigues queriendo irte? —siseó él, acercándose más, hasta que su frente se apoyó delicadamente sobre la de ella y su aliento a vino le acarició los labios— ¿es eso? ¿es otro truco? —¿Cuándo entenderás que no puedo irme por gusto? —le suspiró ella, con el mismo tono intimo y cercano— Si no voy, puede que estalle una guerra enorme e incontrolable. Hay que sofocar una rebelión antes de que sus líderes consigan más hombres para su ejercito... ¿lo entiendes? es necesario. —Es menester que te quedes conmigo —pronunció él con frialdad, sus fuertes manos asieron los hombros de la joven y se sorprendió brevemente de que su calor le resultara tan propio—. Enviarás a otros y ellos te informarán para que después me presentes a mi todo. Tauriel vio, de nuevo, esa locura que tanto la perturbó en su momento, cuando apenas estaba empezando todo. La voz de Thranduil descendió, volviéndose baja y peligrosa aún más en la oscuridad. —No abandonarás este castillo —Hubo un silencio breve. En él, el rey pareció tomar conciencia de la intensidad con la que la sujetaba. Aun así, no aflojó el agarre—. Moriré sin ti… —murmuró finalmente— Y tú morirás sin mí. —Mi señor —murmuró ella, tomándolo a su vez de ambos lados del rostro—, Thranduil, escúchame. Galadriel lo ha pensado todo. Con cierta tristeza, ella se separó del rey. Fue como arrancarse de un lugar al que pertenecía. Cerrando los ojos, se concentró en lo que la dama le había enseñado. De la nada, una imagen se perfiló en medio de ambos. Para Thranduil, fue como verse al espejo, era él aunque estaba en oscuridad completa. Podía verse por una luz apaciguada y leve que lo hacía visible. —¿Qué es...? —Es la manera en la que podré estar contigo cuando me vaya... La imagen se difuminó de inmediato y Tauriel se quedó un instante mirando atónica el aire vacío. Con cierta frustración suspiró intentando de nuevo, pero ya no era necesario, Thranduil se había quedado callado definitivamente. —¿Ella quiere que vayas y que me encuentres en una imagen en el aire? —meditó él, desviando la mirada a la joven en sus brazos— ¿Qué hay de mi...? ¿Cómo te veré yo? ¿Cómo te sentiré? Ella piensa que te dejaré tan fácilmente, que eres un pajarillo en una jaula que puedo abrir sin más. Pero los barrotes son mis huesos y no estoy dispuesto a dejarte ir de entre mis costillas, Tauriel. Esa posesividad de nuevo, ahora a Tauriel le parecía tan razonable porque ella misma no quería apartarse de él. Y ni siquiera porque lo amara, sino por la misma necesidad que la enfermedad traía. —No lo sé, eso tendrás que hablarlo con ella... —No —sanjó él, sin siquiera pensarlo— no te irás. —No estoy tratando de convencerte —murmuró ella—, pero quiero que pienses en mi posición. Soy la capitana de la guardia, me has dejado ir a todas partes del bosque oscuro mil veces por situaciones menores como las arañas o los orcos... necesito que... La opresión de los brazos del rey no disminuyó, pero el fuego de la ira en su mirada bajó de intensidad poco a poco. —¿Tú quieres ir? Es eso ¿no es cierto? —Quiero ser una buena capitana, Thranduil —contestó ella, con la misma docilidad—. Es de vida o muerte... —Nunca he podido retenerte de verdad —suspiró él, una melancolía casi física transformó sus facciones—. Ni siquiera con la cadena ni con mis propios brazos... De alguna forma, la tristeza de su voz enterneció en gran medida a la joven. Volvió a enterrar su rostro en su hombro, correspondiendo a su abrazo con ternura y la misma posesividad que él. —Volveré —prometió—, estaré continuamente pensando en ti... tienes mi palabra, me tendrás aquí junto a ti lo más pronto posible... No te entristezcas, porfavor... si Galadriel lo dice, puede que de verdad nos ayude a la larga...
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