Comprensión y liberación | Understanding and liberation

Het
R
En progreso
5
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 17 páginas, 7.700 palabras, 5 capítulos
Descripción:
Notas:
Dedicatoria:
Publicando en otros sitios web:
Permitido mencionando al autor/traductor con un enlace a la publicación original
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Capítulo 4

Ajustes
Un espejo de plata flotaba en medio de la sala, junto a la luz de su piel pura como polvo de estrellas, eran las únicas fuentes de claridad en medio de toda la habitación. Galadriel llevaba desde la partida de Legolas oteando el destino próximo. Llevaba unas horas buscando la mejor forma de darle un esquinazo a lo que vendría, debían ser sumamente astutos, porque aunque esto pareciera simples problemas maritales, la situación escalaba al destino de toda la tierra media. En el espejo, la versión más joven del rey Thranduil, Legolas Hoja verde el heredero, se movía por el bosque, atento y en tensión. Sus hombros se hallaban crispados por el frío de la noche y aunque sus ojos claros seguían la luz de las constelaciones sobre su rubia cabeza, parecía que no sabía del todo donde se encontraba. —Más al norte, príncipe —dijo la dama, buscando mandar sus palabras al subconsciente mismo del joven elfo—, busca a tus semejantes. Pero no te desvíes del camino o todos lo pagaremos caro... Un sonido tras ella la alertó. Aunque nadie podría nunca ser capaz de apartar a la lady Galadriel de su paz eterna, sus manos fueron rápidas sin dejar de ser elegantes al disolver el espejo entre sus manos. Al instante un fuego blanco se propagó por los maderos en la chimenea, las velas en sus candelabros y el agua corrientes cerca del rio volvieron a correr alegremente. La habitación que ella había pedido a Thranduil era justo la más cercana a la cascada, por donde una vena de agua mantenía las paredes de roca musgosa húmeda y rica en vida de toda clase de flora. Desde que se conocían, aún antes de que fuera Thranduil el rey, ella escogía siempre esa sala para hospedarse en el reino del bosque oscuro. La habitación más cercana a la naturaleza que le daba todo su poder. La puerta se abrió y Tauriel dio unos pasos dentro de la sala, admirando con ojos curiosos todo como una niña. Con cautela, efectuó una reverencia antes de saludar a la dama de la luz. —Mi señora... me han dicho que usted deseaba verme. Galadriel, de pie en medio dela opulenta sala natural, asintió despacio con una de sus sonrisas enigmáticas. —Percibo que tienes dudas. La joven elfa torció los labios mientras desviaba la mirada, casi como si se sintiera atrapada en una travesura. Pero asintió al final, con docil obediencia. —El rey me ha dicho que usted hará algo esta noche que cambie por completo todo... —explicó, aún en tensión al pensar en todo el asunto— asi que comprenderá... me siento algo inquieta al respecto... pero créame, estoy confiada en lo que usted crea correcto, mi señora. —Empecemos por tomar asiento —la dama de la luz señaló hacia un sitio en la sala que Tauriel no había visto antes—, eso te ayudará a calmarte. Se trataba de unos asientos paralelos, con forma de media luna ambos, que servían para sentarse dos personas una frente a la otra cómodamente. En medio de ambas medialunas, una mesita pequeña de mármol blanco profundo, casi como si tuviera luz propia, mantenía en medio una vasija del mismo material. Tauriel fue y tomó asiento en el lado derecho, observando con ojos sorprendidos todo. —No estoy tan nerviosa —mintió la joven, pero inmediatamente se dio cuenta de ello y bajó la vista, avergonzada—, no tanto... por lo menos... —Es de mortales estar nerviosos ante las circunstancias diferentes y adversas —la consoló la dama, tomando asiento frente a ella—, lo extraño sería que te mostrases indiferente. Eso nos preocuparía a todos. El mismo hecho de que te sepas enferma, el que admitas que necesitas ayuda, ya es bastante. La elfa pelirroja suspiró con melancolía, la esperanza se mantenía en ella, pero el miedo imperaba. —Estoy lista... Todo sea por Thranduil y su seguridad. La dama tomó la jarra de sobre la mesa, y reveló que a un lado había una copa del mismo material. Dentro del recipiente grande había una especie de poción brillante, aunque de un color perlado y de tonos cerúleos. —Dime, pequeña flor —sirvió una cantidad pequeña en la copa, suficiente para un trago, y al recibirla Tauriel, el color cambió a rojo sangre—, ¿Qué es lo que crees que debería cambiar? —¿Cambiar? —repitió ella, distraída por el color imposible de la poción— pues la... la dependencia, supongo, mi lady. No es normal que ambos suframos tanto por la ausencia del otro. No es sano lo posesivo que él es conmigo, ni lo mucho que yo soy con él ahora tampoco. Debe terminar... si va a ser una relación, debe ser algo normal... —Cuéntame de tu última relación normal. Tauriel frunció los labios levemente, se removió en su asiento, contemplando la copa por unos segundos. —Nunca he tenido nada con nadie, a excepción de lo que ocurre ahora con el rey. La dama, lejos de sorprenderse, asintió. Claro, ella ya lo sabía. Ella sabía todo, nada se le podía ocultar a una elfa de tremenda profundidad espiritual como a ella. No por nada era la dama de la luz. Galadriel sonrió de lado, podía ser que hubiera escuchado eso también. —Sostenla con ambas manos —le indicó y Tauriel obedeció con prontitud—. Sin embargo, veo que tu corazón sigue anhelando a Kili ¿no es cierto? Una expresión de suma tristeza y arrobamiento consumió los rasgos de la joven pelirroja por unos instantes antes de contestar. Se llevó una mano al cabello, tratando de ganar tiempo, pasando distraída el índice por el lagrimal del ojo izquierdo, secando una lágrima invisible sin darse cuenta. —Conectamos a la perfección... él se fue tan pronto... Otro asentimiento confirmó a Tauriel que era otro asunto que Galadriel conocía incluso mejor que ella misma. Empezó a preguntarse porqué le hacía preguntas cuya respuesta ya sabía. Pero entonces, la dama alzó unas hojas suaves y, usando un morterito pequeño, las aplastó hasta crear una pastita que depositó en la copa de Tauriel. El color se volvió más intenso, a la vez que burbujeaba levemente. —El corazón y el alma son dos cosas que ninguna raza ha terminado de conocer al completo —comentó Galadriel, terminando sus preparativos antes de reclinarse en su asiento e insitar a Tauriel a beber de su copa—, pero con algo de tiempo, se pueden llegar a aprender muchas cosas fascinantes. Tan pronto como Tauriel se llevó la copa a los labios, todo su cuerpo hormigueó con electricidad y sensaciones sin nombre. De la nada sintió como si agujas pincharan desde adentro de su piel hacia afuera por unos segundos largos, sobresaltándola y haciéndola dejar caer la copa. El sonido de la piedra al golpear el mosaico del suelo se extendió por toda la sala nocturna. La joven soltó un jadeo, cuando su visión se apagó y volvió a encenderse, brillos azules y platinados flotaron en el aire delante de ella a medida que parpadeaba hasta que se hubo acabado. —¿Qué fue todo eso? —Una poción bastante fuerte, he de decir que la reacción es diferente en cada persona, pero en ti ha sido bastante leve según veo —las manos blancas, delicadas, perfectas de la dama de la luz, asieron las de la joven capitana de la guardia—. Ahora necesitaré que me escuches, Tauriel. La situación que Thranduil y tú atraviesan es seria, no se remonta solo a problemas de dependencia, sino a asuntos más trascendentes. Dentro de un rato lo sabrás, he dicho al rey que te diga lo que debes saber, él se negó al principio, pero ahora tendrá que hacerlo. —Pero... con todo respeto, Lady Galadriel —murmuró ella, confundida— ¿para qué esa poción? ¿de qué debe hablarme el rey? —Piensa en él, Tauriel —la mirada intensa de la elfa mayor hicieron callar a la más joven—. Piensa en Thranduil ahora mismo. Concéntrate. Tauriel se vio en un momento de pequeña, aunque marcada, angustia. Hico acopio de todas sus fuerzas y pensó en el rey, en la sensación de repentina seguridad que su señor le daba, en la dulzura de sus caricias, en el calor al principio sofocante de su piel. En la sensación de sus manos reorganizando sus cabellos encarnados. Entonces, se formó entre ambas elfas, sobre la mesa, la imagen del rey de los elfos. Tauriel se quedó boquiabierta observando con sorpresa. Al principio fue solo un espejismo, pero luego la hermosura trascendente de Thranduil se perfiló a la perfección delante de los ojos de ambas. Era él, no había duda de que lo era. El rey se hallaba sin vestir aún, estaba tal y como Tauriel lo había dejado hacía un momento, aún en la tina, con el agua caliente y al espuma cubriendo su cuerpo fornido hasta el pecho. Había una expresión de leve preocupación en su rostro, al llevarse a los labios otra copa de vino elfico. —¿Porqué me ha dado esto, lady Galadriel? —murmuró ella, apenas. —Porqué sé que separarte de él no te matará —contestó ella con suavidad, con la serenidad propia de su sabiduría—, aunque creas que así es. —¡No! —ella se puso en pie y la imagen se deshizo en el aire— ¡No, si me alejo morimos ambos! —Eso es lo que tú crees, pequeña —volvió a decir ella, con la misma suavidad tranquila y sosegada. No hubo necesidad de levantar la voz para que Tauriel sintiese que debía escucharla—. Es lo que ambos creen. Pero no es así, pueden separarse con la condición de poder reencontrarse después, lo has demostrado desde que él te ha dejado salir cada mañana a los entrenamientos para volver a él por las noches. Eso es lo que te he dado ahora, Tauriel, en tus manos está el reencontrarte con él cada vez que quieras a pesar de la distancia. Tendrás que irte de su lado, no porque lo decidas tú como tanto querías, sino porque es necesario. Hay una misión que solo la capitana de la guardia puede llevar a cabo, y no puedes encasillarte en el hecho de tu enfermedad compartida. Deberás ir, porque debes aprender a apartarte de él... La joven temblaba, la sola idea de desprenderse de su señor la volvía loca de ansiedad y tristeza. La imagen de Thranduil volvió a aparecer en el aire, frente a ella, y una nueva ola de ansiedad la consumió al querer acercarse a él y que sus manos solo tocasen el aire. —Tendrás que hacerlo, Tauriel... porque es por un bien mayor a ti y a Thranduil mismo.
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