ID de la obra: 1589

El encargado de indumentaria

Het
G
Congelada
1
Tamaño:
9 páginas, 3.226 palabras, 2 capítulos
Descripción:
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Capítulo 2

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Layne revolvía una bolsita de té en su taza mientras pensaba. Él también, de alguna forma, estaba preocupado por su amigo. No sabía exactamente cuándo le habían iniciado esos ataques compulsivos de ansiedad, pero ahora más que nunca le habían regresado con fuerza. No quería en ningún sentido que su amigo cayese de pronto víctima de un estrés como el que anoche se había manifestado, pero sabía también por experiencia que era mejor dejarlo solo con el silencio de sus pensamientos, que eran muchos, si no quería salir lastimado otra vez. Mil veces lo había ayudado a controlarse, pero lo suyo era algo que necesitaba una cura diferente, una medicina poderosa que pudiera hacerlo dejar de estresarse tanto. Como un guantazo en el momento correcto. Cuando el auto de Tony se estacionó enfrente del edificio, Layne, que estaba dentro y conocía el sonido particular de ese motor, se puso en pie. Él se encontraba adentro, a un paso de la puerta, para poder interceptarlo en el momento en el que su amigo atravesara la entrada. Cuando esto pasó, descubrió que Tony venía más abrigado esa mañana que muchas otras. —¿Tienes frío? —lo saludó. —¿Ese té es para mí? —y se lo quitó sin esperar respuesta y bebió un largo trago de una sola vez—. Dime que le pusiste algún tipo de relajante muscular o cualquier otra droga efectiva e instantánea. Layne se sonrió. —No... Es sólo... Agua caliente y té. —Lastima. —murmuró él. —Te ves más ojeroso que nunca. —Tú tampoco eres ningún primor Layne. Caminaron en silencio hasta un cuarto más allá en donde debía empezar a tomar las medidas de cada uno de los chicos. Estaba descolgando la cinta métrica del sitio en el que la había dejado antes, cuando escuchó a su espalda a Layne saludar nerviosamente a alguien. —¿Qué hay de la bebé? ¿Oí que se cayó de su bicicleta? —Oh no, fue del scooter. Pero ya está mejor, no más que unos raspones... —la forma de contestar de Layne debió decirle a Rachel que algo andaba mal, porque abandonó el tema. —Creo que iré a saludar a Cesar y a Eli y... —¡Perfecto! Eso será mejor por ahora. Saludos de mi parte. —... después vendré por las medidas. —completó ella frunciendo ligeramente el ceño— Estás muy raro, Layne. ¿Pasa algo? —¿Por qué tendría que pasar algo? —Porque estoy segura de que ya tienes que haber visto a Cesar y a Eli y ¿aun así quieres que les envíe saludos de tu parte? Layne pareció caer en la lógica de lo que Rachel preguntaba, por lo que se deshizo en explicaciones dándole vueltas al mismo tema sin llegar a ningún sitio. —Para, Layne —no evitó reírse ella— iré a saludarlos de tu parte si eso te hace feliz. Tranquilo. —Estoy tranquilo. —Lo he notado —asintió con sarcasmo. Si Rachel sintió extraña la forma en la que su amigo se comportaba no dijo nada más al respecto, solo salió por la puerta, frunciendo levemente el ceño. Layne suspiró y se volvió al sitio en el que Tony debía estar, solo que no lo encontró. —¿Tony? —El hombre de ojos claros salió de detrás de una caja llena de telas de diferentes colores— no me digas ¿te estabas escondiendo? —¡Por supuesto que no! —le ladró él enérgicamente— ¿yo, escondiéndome? Layne echó hacia atrás la cabeza al tiempo que dejaba salir una risa que fue larga y contagiosa. Tony le dio un golpe en el hombro para que se callara, pero no lo consiguió, su amigo siguió riendo por un rato más hasta que finalmente se dejó caer en la caja de telas. —A mí no me hace ninguna gracia. —gruñó Tony— Vaya actor resultaste ser, se te da mejor hacer de cangrejo a mentiroso ¿sabes? ¡Seguro se dio cuenta de todo! —De pronto no supe que decir —se encogió de hombros, aún sonriendo— no sabía cómo hacer que se fuera sin decírselo directamente, pero tenía que hacerlo. —¡Pareció que ocultabas algo! —Si, tu trasero. —volvió a reír— ¡te estaba salvando a ti! Quise darte tiempo para que tú mismo te acerques a ella cuando debas. Tony bajó la mirada y empezó a retorcer en sus manos su gorra de New York. —Eso no pasará. No tenemos nada de que hablar. —Puede que no, pero nadie más sabe como tomar medidas, tonto. Tienes necesariamente que hacerlo tú. Y además... Oh... ¿Y sabes algo más? No le hemos dicho que eres tú el que tomará las medidas de los trajes. Tony se encasquetó en la cabeza la gorra arrugada y se levantó, presa de un estado de terrible agitación. —Oh no, Tony, no puedes tener un ataque de ansiedad ahora. —¿Porqué no? —estalló— ¿Quién me lo impedirá? ¿Acaso lo harás tú? Layne soltó otra risa. —No seas ridículo. Lo hará tu hermana, Geoff consiguió su número. Tony reconsideró sus opciones. —Está bien, intentaré calmarme... —inhaló hondo un par de veces— Lo intentaré. —Perfecto. Te enviaré a Cesar para que le tomes las medidas. Y aprovechan y se conocen mejor. *********************************** —¡No! ¡Espera! ¡Me estás haciendo...! ¡Espera! —estalló en carcajadas Cesar apartando a Tony a manotazos y encogiéndose sobre si mismo— ¡Cosquillas! —Ya lo noté —bufó el hombre de ojos verdes dando varios pasos hacia atrás y frunciendo el ceño— pero entiende, necesito las medidas para hacerte el disfraz, hombre. Hizo el ademán de volver a ponerle la cinta métrica encima y Cesar volvió a estremecerse entre risas impidiendo a Tony hacer su trabajo. Tres ocasiones más y su paciencia, bastante exigua, se acabó. —Cesar, por amor a Dios ¡Quédate quieto o te ahorcaré con esto! —le gritó blandiendo frente a su cara la cinta— y disfrutaré hacerlo. Así que cállate, madura y estate quieto. Él enarcó las cejas con repentina preocupación, aún se estaba riendo, pero su risa se volvió nerviosa cuando Tony dijo eso. No se conocían lo suficiente como para que Cesar supiese que Tony no era capaz de ahorcar a nadie con nada de ninguna forma, solo que cuando se estresaba perdía la paciencia muy rápido, Layne le había hecho uno o dos comentarios sobre la forma en que su amigo se volvía un neurótico si lo molestaban lo suficiente. Pero nunca le aclaró que Tony no hacía más que ponerse a saltar mientras gritaba y se veía muy ridículo. Cesar, pero por si acaso, intentó quedarse quieto. En la otra sala, los chicos estaban haciendo las pruebas de sonido aún y no habían podido hasta ese momento porque las risas histéricas de Cesar y las falsas amenazas de Tony los obligaron a parar. Además, Rachel no había regresado de almorzar, pero en ése preciso instante entraba en la sala. —¿Listos, chicos? —¡Yo nací listo! —exclamó Layne sonriente. —Te estábamos esperando, la verdad. —saludó Eli— Solo falta que tú hagas la prueba de sonido. Estos son equipos nuevos, Geoff los compró hace unas semanas y queremos saber como usarlos para cuando sea el momento de grabar, todo salga perfecto. —¿Te sabes la letra? —Layne le entregó el micrófono. —Es una canción imposible de olvidar —se rió ella— la cantaba en la ducha. —Perfecto, porque necesito calibrar algunas cosas por aquí. Que Layne te ayude a subirte ahí y práctica, en un momento vuelvo para ajustar todo. A Tony le estaba dando un tic en el ojo mientras estaba tomando por fin las medidas de los hombros de Cesar que contenía la respiración para no reírse. —Nunca había conocido a alguien tan cosquilludo. —le regañaba aún, cuando un sonido se coló por la puerta entre abierta. Era Rachel que estaba cantando uno de sus solos en la plataforma. Eli y Layne se habían detenido en lo que estaban haciendo para prestarle a ella atención en la sala. Su voz era tan hermosa que era imposible que quien la escuchase no se detuviera en lo que estuviese haciendo para deleitarse con Rachel. Tony no fue la excepción, de pie tras César, sintió que todo se detenía, ella siempre, desde que ambos eran adolescentes, se las arreglaba para dejarlo boquiabierto. La voz de Rachel siempre había sido pura y maravillosa, pero no recordaba que pudiera llegar a tonos tan altos y sublimes con tanta facilidad. Sin querer, dejó caer la cinta métrica y, con pasos lentos y mesurados, se acercó a la puerta entornada. César, escuchando igual de maravillado pero aún con la amenaza presente en su cabeza, recogió la cinta métrica y se la escondió en el bolsillo del pantalón mientras Tony no observaba.
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