ID de la obra: 1598

El lago

Gen
R
En progreso
5
Tamaño:
planificada Midi, escritos 35 páginas, 17.416 palabras, 15 capítulos
Descripción:
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No había demasiadas cosas que se pudieran hacer allí. Silvia propuso regresar al pueblo y registrar las casas, deseando tener más fortuna con las otras de la que había tenido con la suya. Jordi sugirió empezar por la iglesia y Silvia estuvo de acuerdo, al fin y al cabo, por algún sitio había que empezar, tan buena era la iglesia como cualquiera de las casas. La boca oscura y hambrienta que era su espacio para la puerta les mostraba una densa oscuridad que parecía un agujero hacia el más allá. Silvia deseó tener su teléfono móvil para poder usar la linterna y romper aquella armonía tenebrosa. Le temó la mano cuando vio a Jordi dar el primer paso adelante deteniendo su avance, él le miró interrogante. —Si salimos de aquí hay algo que tengo que decirte. —Normalmente es al revés, ¿no? —replicó él sonriente—. Si no salimos de esta quiero que sepas que... y el resto ya lo sabes. —Si no salimos de esta no importará nada lo que quiero decirte. Se encogió de hombros y movió la mano para poder entrelazar los dedos con los de ella. —Muy bien. Pues lo haré yo. Silvia, si no salimos de esta, quiero que sepas que te quiero y que esta salida pretendía ser un intento para declararme. También que siento haberme comportado como un idiota y hacer que nos distanciásemos. —Idiota —susurró apretando su mano con fuerza—. Yo también te quiero. Repítemelo cuando hayamos salido de aquí. Él rió. Bien sin besos sin nada, cuando salieran de allí tendrían tiempo por supuesto, porque iban a salir no tenía ninguna duda. Se adentraron en la oscuridad de la iglesia, se entreveían algunas siluetas, tal vez los bancos para los feligreses, era difícil de saber en aquella penumbra tan densa. Un sollozo quebró el silencio, Jordi sabía que no era Silvia, se detuvieron al unísono ella se pegó a su brazo inquieta. —Yo lo único que quiero, lo único que deseo, es que mis amigos vuelvan —resonó por toda la iglesia provocando un fuerte eco. Era la voz de Fany que parecía surgir de un enorme altavoz. —Qué lástima —murmuró una voz desconocida y demasiado cercana. Sonaba como si masticara cada sílaba antes de pronunciarla—, me gustabais mucho, lo estabais haciendo bien, os habría liberado, pero ya es tarde. —¿Qué...? ¿Quién...? El suelo tembló. Jordi quiso arrastrarla hacia afuera temiendo que la iglesia pudiera venirse abajo, sin embargo, no lo logró. Sus pies parecían haber echado raíces. La refugió entre sus brazos, cubriéndole la cabeza con los brazos en un vano intento de protegerla. Algo les golpeó con fuerza, empujando sus pies, despegándolos del suelo e impulsándolos hacia arriba. Todo a su alrededor parecía crujir y rugir como si estuvieran atrapados en el interior de una gran burbuja de aire que lo destruyese todo a su paso y después, silencio.
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