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La policía cumplió con su amenaza de derribar la puerta. Fany no se movió de la cama, tampoco despegó la vista de la pared frente a ella. Alguien se sentó a su lado, no le miró. —Soy el inspector Comas, ¿se acuerda de mí? —Fany no contestó—. ¿Puede contarme qué está haciendo? —Le estoy pidiendo a la habitación que me devuelva a mis amigos. —La habitación no tiene voluntad propia. No era que no lo supiera, pero si la culpa no era de la habitación ¿entonces de quién? —Silvia se quedó aquí y desapareció. Jordi se ha quedado aquí y ha desaparecido. Quiero que me devuelva a mis dos amigos. —Déjenos hacer nuestro trabajo, señorita Casals, confíe en nosotros. Comas le tocó el hombro con suavidad, ella no se movió ni rechazó el contacto, tampoco apartó la mirada del punto indeterminado de la pared que miraba. Sollozó como si aquel sencillo gesto hubiera sido el detonador de una bomba de tristeza, dolor y rabia contenidos. —Vamos, acompáñeme a comisaría —pronunció con tono tranquilo, tomándola del brazo con delicadeza para ayudarla a levantarse—. Repasaremos juntos lo que sabemos y encontraremos a sus dos amigos ¿de acuerdo? Fany asintió, las lágrimas le corrían por las mejillas sin que hiciera nada por secarlas u ocultarlas. —Yo lo único que quiero, lo único que deseo, es que mis amigos vuelvan.14
30 de enero de 2026, 16:00