CAP 2 - DE VUELTA A LA REALIDAD
De pronto, Vegeta volvió en sí. Estaba a punto de aterrizar en el planeta Vegeta y comprendió que todo había sido solo un sueño. De un manotazo apagó la alarma de la nave para silenciarla. Se sentía confuso: el dolor de cabeza había desaparecido, pero el recuerdo de aquella mujer era tan vívido que aún podía saborear su saliva. Aterrizó. Abrió la compuerta y, paso a paso, fue anclándose de nuevo a la realidad. Miró sus manos, las giró, cerró los puños. Sí, estaba despierto. —Príncipe, lo hemos estado esperando. Su habitación ya está lista para su descanso —le informó uno de los empleados de menor rango. Vegeta caminó hacia sus aposentos, decidido a convencerse de que todo había sido solo un mal sueño. Real, sí, pero al final solo un sueño. Frente a la entrada, Kahina lo esperaba. Su armadura impecable, su largo cabello negro cayendo por su espalda. Su belleza era innegable, y lo usaba como arma igual que cualquier otra. Sus labios dibujaron una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. —Bienvenido, príncipe —dijo, inclinando apenas la cabeza, la voz suave pero firme. —¿Qué haces aquí, Kahina? —Sabía que no tardarías en conquistar ese planeta. No había guerreros, era lógico que volverías rápido — respondió, midiendo cada palabra—. Ordené un gran banquete para ustedes. Vegeta arqueó una ceja. Sabía leerla. Sabía que detrás de cada gesto se escondía ambición pura. —Solo llegué yo. Nappa y Raditz se quedaron completando el informe. Igual no tardarán. Kahina apresuró el paso para alcanzarlo, lo bastante cerca para dejar claro que podía invadir su espacio personal y lo tomó del brazo para detenerlo. —Te esperaré en el comedor. Tal vez después podamos festejar… —Kahina sostuvo su mirada sin parpadear, como si retara al príncipe a negarle algo. Luego giró sobre sus talones, sus botas resonaron en el mármol. Ni una palabra más. No la necesitaba. Vegeta la observó marcharse, fascinado a pesar de sí mismo. No podía apartar la mirada, aunque quisiera. Kahina lo sabía, y aunque fingía indiferencia, últimamente se comportaba con una cercanía calculada. Él lo entendía bien: su reciente atención no era casualidad. La ascensión al trono estaba cerca, y en el fondo, Vegeta sabía que sus intenciones eran solo interés puro. Pero no le importaba. En su mundo, todas las alianzas Saiyajin se forjaban por conveniencia o por poder. Nada de romanticismos. Solo estrategia. Pero esta vez no caería tan fácil. Ese sueño lo había descolocado. Quería estar solo. —No —respondió Vegeta, seco como un disparo—. Que un sirviente lleve la comida a mi habitación. Kahina parpadeó, sorprendida. Nunca la había ignorado de esa forma. Se sintió invisible ante él, y eso la quemaba por dentro. —¿Sucedió algo malo, príncipe? —insistió, queriendo sonsacar el motivo de su frialdad. —No. Nada. —Siguió caminando, acelerando el paso hacia su habitación. —P… pero… ¡te estaba esperando! —soltó, más como reproche que como súplica. Vegeta llegó a la puerta, se giró, tomó las hojas de metal con ambas manos y, antes de cerrarlas en su cara, soltó, firme y sin mirarla: —Que me envíen la comida aquí. Y que nadie —remarcó la palabra con dureza— me moleste. —Pero, Vegeta… La puerta se cerró de golpe frente a ella. La ira se le subió a la cara al notar cómo varios sirvientes habían presenciado toda la escena. —¿Qué esperan? —escupió, volviéndose hacia ellos con veneno en la voz—. ¡Llévenle la comida al príncipe en lugar de quedarse ahí parados! Dentro de la habitación, Vegeta se quitó la armadura y la ropa de batalla. Tal como le prometieron, su cuarto estaba preparado: la enorme tina humeaba, lista para recibirlo. Se metió en el agua caliente, intentando borrar de su mente ese sueño tan lúcido. Se dijo a sí mismo que lo mejor era olvidarlo, dejarlo ir como se esfuma el vapor en el aire. Pero había un problema. No podía. No podía olvidar a aquella mujer. CONTINUARÁ.Capítulo 2 De vuelta a la realidad
21 de enero de 2026, 16:35