"Atípico"
22 de enero de 2026, 15:27
Thea resopló mientras daba otra calada a su cigarrillo. Los Sombreros de Paja habían llegado a la isla a ponerlos a todos de cabeza, quién sabía si saldrían vivos si se percataban que aquí no tenían nada para ofrecerles.
Riahu Island había sido completamente ignorado por los Marines ante su baja población, así que ayuda no recibían de su parte. Por lo que los lugareños hacían lo que podían para soportar los ataques de los piratas y de sobrevivir todos juntos.
—Ya volví.
Volteó hacia la jovencita que venía con mochilas y bolsas en mano —Oh, Greta. Buenos días. Te lo perdiste. Los sombreros de paja pasaron por aquí.
Greta
Levanté las cejas sorprendida —¿De verdad? Falto un día por cuidar a Levan ¿y pasa esto? —digo dejando en la mesa las bolsas de insumos que ella me había pedido el otro día.
Tenía todo el cuerpo adolorido por todo el trabajo de la mañana. Me pasé la mano por el rostro tratando de recuperar fuerzas.
—Vino el capitán y la chica nueva con él.
Huh, así que con la nueva integrante.
Me veo al espejo que está detrás de las bebidas y puedo ver que mi cabello se ha desarreglado. Mi rodete se ha deshecho dejando que salvajes brotes marrones se me peguen en la cara.
Es lo menos importante ahora mismo —¿No vino toda su tripulación? —digo doblando el diario y pasándoselo.
—Ah, no— lo toma de mis manos—. Y gracias a Dios. Imagina tener a todos esos monstruos aquí.
—No serán tan monstruosos como los Dragones Celestiales—digo soltando mi cabello y poniendo la goma en mi muñeca, frustrada.
Pensar en ellos me enerva la sangre. Caprichosos e ignorantes, inútiles.
De verdad, son unos egoístas. Se llevaron todo de esta isla y hasta a algunos como esclavos. Por su culpa estamos indefensos ante los piratas pues se llevaron a los guerreros para tenerlos como mascotas.
Antes era una ciudad llena de vida y ahora... ahora nos desvivimos para que nuestros pequeños esfuerzos levanten este lugar.
¿Por qué debo soportar todo esto?
—No digas eso.
—¿Por qué? No es que vayan a oírme.
—¡Hey Greta! —grita un hombre ebrio en una de las esquinas.
—¡Hey! Qué onda —respondo al saludo con energía. Trato de recuperar el aliento —¿Puedo retirarme un momento? Necesito una ducha.
—Pasa —dice destrabando la puertita de la barra para que pase a su lado.
—Agh, en fin —tomo un trapo de la mesada y me limpio la mano. Me acerco a Thea—. Si vuelve por aquí voy a preguntárselo.
—¿Se lo vas a pedir? —me pregunta anonadada. Apaga su cigarrillo y se acerca —¿De verdad ya no te importa nada?
—¿Para irme con él? Claro. Cualquier otra isla sería lo mejor.
—Eres muy joven todavía — Por favor, tengo veinticuatro años. Thea se acerca preocupada. Mira a la puerta como si temiera que ese pirata vuelva a aparecer—. Sabes que puedes quedarte aquí conmigo.
—Ya estoy cansada de este lugar. Quiero establecerme en otro lado. Mira —digo señalando a mi alrededor—, toda la ciudad está demacrada —debo cuidar lo que digo, no quiero que se sienta mal. Armonizo mi voz—. Amo estar aquí, ayudarte en tu tienda y me has ayudado tanto Thea pero después de esa puerta no hay futuro para mí aquí.
Veo que se encoge ante la idea. Sabe que tengo razón.
—Si tengo que pedir un favor a un pirata lo haré —digo bajando la pesada mochila a mi lado. Me desparramo en una de las sillas—. Además, ellos no suenan tan mal comparando con otros desquiciados con los que hemos lidiado. Le pegó a un Dragón Celestial, tienen mi lealtad ganada.
Ríe seca sin humor —Qué fácil eres si con sólo eso se gana tu lealtad.
Tonterías. Le puse los ojos en blanco porque lo sabe. Nadie nunca se revela ante ellos.
Y aquí tienes a Monkey D. Luffy haciendo justicia en un instante por toda la vida que me obligaron a tener.
—Sé que estás enojada y frustrada con todo pero es peligroso para ti y mucho más con ellos. Quién sabe qué puede pasarte.
Me vuelvo a mirar al espejo mientras pongo la goma en mi boca. Pantalones deshechos, camisa arrugada y poco pecho. Mi cuerpo fue moldeado por trabajo, no por cuidado.
Pero no importa.
Confío en mi misma. Puedo sacarme de cualquier situación y ahora será de esta isla.
—Puedo cuidar de mí misma Thea. No quiero que me miren como a alguien que necesita ser cuidada —confieso—. Quiero que me miren como alguien trabajadora y capaz. Me voy a hacer un lugar Thea, de las batallas y disputas se encargan ellos.
—¿De qué estás hablando?
—¿Qué? —paso mi mano por mi frente para limpiar el sudor. La espalda me está matando. No fue buena idea traer toda la mercadería de una vez—. Voy a pedirles para trabajar en su barco hasta la siguiente isla, quizás si me ven útil me dejen viajar con ellos.
—¿Quieres formar parte de ellos? —dice cada vez más disgustada.
Me encojo de hombros. No sé qué espero de Thea que ve a todos los piratas igual: con repulsión. A mi me da igual, mientras no me molesten.
Descontracturo mi espalda.
—Es poca la probabilidad. Voy a intentarlo —digo limpiando mis manos en el pantalón. Dios, otro día de calor húmedo. Se me estaba pegando el pelo en la cara.
Al menos toda la paga por hoy es buena.
—Voy a entrar a ducharme.
—Adelante lunática.
Me río de ella y paso atrás hacia el dormitorio que preparó para que viva allí. Abro el cajón de mi mesada de mala gana y busco una tijera.
—¿Tienes alguna tijera por ahí? Voy a cortarme el cabello.
—¿Y eso por qué? —camina hacia mi molesta—. ¿Qué ganas desquitándose con tu cabello?
—Me molesta para el trabajo —le digo indiferente—. No quiero nada que me estorbe.
—Dios mío Greta. De verdad —resopló cansada de mi—. Te lo cortaré yo. No harás un desastre por ti misma.
—Okay.
A veces Thea actuaba como si fuera mi madre, pero ella ya había fallecido años atrás cuando yo era todavía muy pequeña. Sólo recuerdo vagas cosas de ella.
Lo que más recuerdo es que empecé a trabajar y comerciar temprano. Tratar con las personas se volvió natural y ahora pues siento que puedo conseguir lo que quiero si me lo propongo. Y el capitán Monkey D. Luffy no será excepción.
Finalmente, Thea parece liberarse y me señala un banquito en el que tomo asiento. Escucho las tijeras cerca de mis oídos y es como música para mis oídos. Dios, qué podrida me tenía estilizarlo.
Después de unos cuantos minutos me dice que vaya a verme y lo hago. Hm, no está tan mal.
Debo decir, está muy bueno. Me gusta.
—¿Por qué lo quieres tan corto? —se queja lloriqueando.
—¿Desde cuando sabes cortar tan bien el pelo? —digo pasando mis manos por mi cabeza y, al tratar de peinarlo, mi pelo se escapa de mis dedos.
—Hay que saber hacer de todo ¿no? Espero te guste tu corte. Hasta pareces una marinerita.
Rio seca. —Gracias.
—Aunque tienes un rostro muy neutral.
—Sí, supongo que es Dios apiadándose de mi para darme algo a mi favor.
Salgo frente a la mesada y una serie de silbidos de aprobación llegan a mí. Modelo un poco para ellos en broma.
—Iré a ver si la señora Amelia necesita ayuda.
—De acuerdo —dice ella colocándose de vuelta en frente al mostrador.
Cuando salgo no hay ni una pobre alma en las calles. Camino y limpio la vereda con los pies tratando de mejorar algo, pero me rindo. Sólo estaba gastando energía y no quería ponerme a sudar de vuelta.
Dios, el sol estaba muy fuerte. Espero no me obligue a hacer trabajo al aire libre. Llego al centro de la ciudad donde está la plaza, con una fuente innecesaria en el medio de todo, obviamente, sin funcionar.
Veo al escurridizo Thomas correr por las calles y me río —¡Hey Thomas!
Me saluda con la mano —¡Hey!
Le miro extrañada. Esa no es su voz.
El me devuelve la misma mirada.
—¡Heeeey! ¿Hola? —es la voz de un niño.
—¡Hola! ¿Hay alguien por aquí? —luego una chica.
—¡Thomas! —le trato de gritar lo más bajo que puedo pero él ya está aterrado. Nunca supo lidiar con extraños. —¡Ven aquí!
—Creo que escuché algo por allá —una voz masculina se oye cerca y eso es suficiente para ver a Thomas correr al lado contrario.
Yo no temo a los extraños pero me da una flojera lidiar con ellos. Las miradas de lastima o de asco me ponían rápidamente de mal humor.
Y como todo siempre sale como planeo, enseguida llegan a donde estoy. La conformación de este grupito me parece cómica: una chica guapa de pelo negro que camina lento hacia mi con un mapache en brazos y un rubio con cejas raras.
Diría que estoy loca, pero estoy segura que hay de todo ahí afuera. Además, es notable que son Los Sombreros de Paja.
Debo llevarme bien con ellos. Indudablemente eran Nico Robin, Tony Tony Chopper y Vinsmoke Sanji.
—¡Oye! —se acerca Vinsmoke corriendo y se detiene frente a mi. Me analiza de pies a cabeza —¿Eres...?
Lo desafío con la mirada a decir algo y, aunque esté muriéndome de terror frente a este pirata, jamás huiría otra vez.
—No estamos aquí para causar problemas. Sólo queremos consultarte algo —dice con cautela, aunque amablemente.
—Oh, vaya. Qué chico tan lindo —me sonríe Nico Robin alertándome. Tony Tony Chopper me observa unos segundos, incómodo.
¿Creen que soy un chico? Exhalo despacio —Bienvenidos, ¿en qué puedo ayudarles?
—¿Donde podríamos encontrar los mercados en esta ciudad?—pregunta él.
Ya sé a quién pueden darle un susto de muerte—Thea es justo lo que necesitan. Síganme.
Me pongo en marcha y escucho que luego de unos segundos me siguen por detrás en silencio.
—¿Es una chica o un chico? —murmura el pequeño del grupo confundido lo que me causa ternura.
No digo nada ignorando su conversación. No voy a negar que me causa cierta diversión y curiosidad.
—¿Sanji?
—¿Sí Robin-chan?
—¿Tú que piensas?
—Bueno... yo—carraspea—. Eh...
Se está volviendo incómodo —Pueden llamarme como quieran, mientras no se estén burlando de mí.
Se quedan en silencio y espero no haber sonado tan antipática. No tenía mala intención para nada.
—Discúlpanos. No nos estamos burlando de ti —dijo amablemente Robin.
—¡Así es! Seas chico o chica eres muy precioso o... preciosa!
—Gracias —digo de corazón sonriéndole al pequeñito. Vinsmoke se queda analizándome por lo que me mantengo en silencio unos segundos... pero no dice nada—. Ya estamos por llegar.
Abro la puerta e ingresamos a su local. Thea vendía un montón de víveres, lo que la hacía uno de los establecimientos más importantes del pueblo. Mucha gente se reunía aquí tan sólo para pasar el tiempo, pues siempre era agradable compartir entre vecinos.
La sonrisa de Thea de recibimiento titila a caer y yo le sonrío orgullosa, pues estaba un poco más cerca de lo que quería.
—Hola... Bienvenidos —dice cohibida.
—Buenas tardes señorita, espero esté bien esta tarde —dice él cambiando su tono ligeramente, acercándose al mostrador tendiéndole la mano todo galante. Thea se ríe suavemente ante la situación.
Sus nervios con respecto a estos piratas se esfumaron en el momento que tomó la mano de ese chico.
No la culpo. Era un joven rubio increíblemente atractivo: de facciones finas, esbelto y elegante. Se notaba que era un tipo educado, caballeroso y amable.
Sí, no era del tipo que se fijaría en una persona como yo.
—Estamos buscando algunos víveres para suplirnos.
—¡S-Sí! ¡Claro! Dígame lo que haga falta.
Me siento en una esquina a mirar la situación. Robin, Chopper y Sanji conversan entre ellos con diversión mientras deciden qué llevar. Thea ríe con ellos y sugiere algunos de sus productos más buenos y frescos.
El pecho se me aprieta de repente pero me sacudo. No es momento de estar emocionales.
Puedo soportarlo.
—¿Quieres que te ayude en algo Thea? —le propongo.
Todos voltean a verme unos segundos —No, ya hiciste mucho por mi hoy. ¿Has ido con Amelia?
—No, me crucé con ellos y los traje aquí.
—Entiendo.
La mirada intensa de Robin hace que voltee a mirarla. Tiene una manzana en la mano mientras analiza mi persona.
—¿Quieres un poco? Pareces cansado.
—No, estoy bien —me sorprende su amabilidad—. Gracias por preocuparte.
—Siempre está ayudándonos a todos aquí en el pueblo. No sabe tomarse un respiro.
Me río suavemente y cruzo miradas con Tony Tony Chopper. Eso parece animarlo a hablar —¡D-Debes cuidar más tu salud!
—Sí, lo tendré en cuenta doctor.
Asiente con seriedad pero yo no puedo tomarlo en serio con esa galletita en su mano.
—¿A qué te dedicas? —pregunta Vinsmoke.
—En lo que se necesite. Jardinería, carpintería, mandados de lo que sea. Aprendo rápido.
—¿Cuantos años tienes? ¿Diecinueve?
Thea suelta una carcajada que los deja descolocados —Tiene veintitrés.
—Tengo veinticuatro —le corrijo.
Eso los asombra más.
—¿De verdad? Te ves muy joven —ella guarda la manzana en la bolsa.
Me encojo de hombros divertida—Debo agradecer a mis padres.
—De acuerdo —dice cerrando la conversación—. Gracias por la ayuda —dice él, acomodando una de las bolsas—. Con esto nos alcanzará.
—Me alegra —responde Thea con una sonrisa tímida—. Cuídense.
Asienten los tres y comienzan a dirigirse a la puerta. Yo los observo un segundo de más... y sé que si no hago algo ahora, no lo haré nunca.
—Greta, no lo hagas.
—¡Oigan!
Las palabras se me escapan antes de que pueda pensarlas. Los tres se detienen y voltean hacia mí.
Trago saliva. Bien. Ahora o nunca.
—¿El capitán está en el barco, verdad?
Robin ladea la cabeza, curiosa. Sanji frunce apenas el ceño.
—Sí —responde él—. ¿Por qué?
Puedo hacerlo. Camino hasta quedar frente a ellos.
—Quiero hablar con él —Thea abre la boca para decir algo, pero no la dejo. No esta vez —Sólo un momento. Por favor.
Nico Robin me observa unos segundos... y asiente, resignada.
—Está bien.
Volteo hacia Thea, que me observa preocupada. Gracias a ti sobreviví todos estos años.
Me inclino en agradecimiento y me despido con la mano. La veo suspirar triste por última vez.
Salimos del local. El calor vuelve a golpearme de lleno y el camino hacia el puerto se siente más largo de lo que es. Ninguno dice nada.
—No es común que alguien quiera subirse a un barco pirata —comenta Robin, rompiendo el silencio—. Menos alguien que parece muy preciado por aquí.
—No es algo que planee hacer seguido—respondo con sinceridad.
Sanji me lanza una mirada rápida, evaluándome. No dice nada.
El Sunny aparece a lo lejos, imponente, ridículo y hermoso a la vez. Ahora puedo creer realmente lo que estoy a punto de hacer, de lo que estoy por sugerir.
Sólo quiero irme de aquí. Mis ojos se humedecen, debo distraerme con algo.
—Espera aquí —dice él—. Voy a llamar al capitán.
Asiento, sintiendo cómo el pulso me golpea en las sienes.
No voy a retroceder.
No esta vez.