"Zoro's Path"

Het
PG-13
En progreso
0
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
PFO
Tamaño:
planificada Mini, escritos 11 páginas, 4.681 palabras, 2 capítulos
Etiquetas:
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

"Mi otra mitad"

Ajustes
El puerto estaba tranquilo, se podía escuchar las olas colisionar y el viento de la noche silbar claramente. El frío quemaba un poco mi rostro pero no importaba, mi objetivo estaba ahí a varios kilometros con luces tenuamente encendidas en su interior. Me senté en el tejado del edificio donde estaba. Tenía que idear un plan para poder entrar y comprobar qué era el Epsilon 9. Con mi fruta sería pan comido... pero lo que me preocupaba eran los Cipher Pol. Suspiré mientras peinaba y sujetaba mejor mi cabello. El viento hacía que me molestara y no podía pensar con claridad. —No me vas a detener Robin —Ahora me permite oír sus pasos detrás de mí y llevo mi mentón a mi mano—. Sabo te dijo que me detengas ¿no es así? Se detiene a mi lado y se pone de cuclillas —Tan aguda como siempre. —Puedo hacerlo Robin, de verdad. ¿Cuántas misiones hemos ido juntas? Soy muy capaz como cualquiera, como tú y Maddy. —No sabes qué tienen en ese barco Kayra. Está fuertemente custodiado. —Rob Lucci estará ahí —lo sabes Robin, sabes lo importante que es para mí, así que déjame ir. Ella guarda silencio unos segundos hasta que por fin —Creo que aun no es momento para que lo enfrentes. Hasta Luffy tuvo problemas al enfrentarse a él. Me clavo las uñas en las manos. ¿Y cuando sería? ¿Cuándo obtendría mi venganza? —Sé que estás ahí Roronoa. Poco después lo veo saliendo de las sombras de los edificios —Esa tu fruta sí que es problemática. —Lamento haberte arrastrado en esto. —Nos topamos sin querer. Ya no importa. Sí, sí importa. Hubiera sido más simple si no los hubiera involucrado. Resoplé y volví la vista hacia el barco a lo lejos. Con nuestro Den Den Mushi codificado, informé a Sabo sobre la situación y, por supuesto, me ofrecí para entrar sigilosamente y fui denegada al instante. Me puse de pie. —Kayra, debes esperar a Sabo y a los demás. —Ya será muy tarde. Puede que se larguen antes —volteo a mirarla—. Debo ir Robin —y sin escuchar otra palabra más me dejo caer de espaldas al edificio de enfrente. Robin la vió desparecer y suspiró. —¿Siempre fue así de impulsiva? Volteó hacia su compañero —A veces. Cuando algo realmente le importa. —Iré tras ella. —¡Detente Zoro! ¡Llamarás la atención! Y sin poder detenerlo, lo vio siguiendo los pasos de su antigua compañera de misión. . . . Me pegué a la pared observando el barco. Por lo que puedo analizar, hacia el lado oeste se encuentra menos custodiado. Podría intentar... Siento a Robin venir detrás de mi. —Robin, no... ¿Qué estás haciendo tú aquí? —Me mira indiferente—. ¿Para qué viniste? —Voy a acompañarte. Ay no, diablos. Roronoa era demasiado impredecible para una misión tan delicada como esta. Nos iban a descubrir apenas pisemos el barco. —Ugh. —Ya he lidiado con Cipher Pol. Tengo más experiencia con ellos que tú. —¡No estaba planeando pelear con ellos! —¿Y tu venganza con Rob Lucci? Maldición. Cierto, lo escuchó todo. —Vete de aquí. —Tú no me das órdenes. Volteo hacia el barco otra vez. Carajo. Bueno. Voy a tener que modificarlo todo. —No te despegues de mí, ¿escuchaste? Bufa. —Es en serio Roronoa. No quiero que vayas a perderte ahí adentro. Nos infiltraremos sigilosamente, identificaremos el Epsilon —tomamos medidas o no— y nos largamos. —¿No te enfrentarás a él entonces? —Claro que no —digo suspirando—. Sé que es importante para el Ejército Revolucionario y no lo arruinaría. Sólo quiero ayudar a Sabo. Me mira en silencio analizándome. —Por un momento me había olvidado de que eres mentirosa. Rugí —Cree lo que quieras. No me importa. Aunque siendo completamente sincera, ni yo estaba segura de cómo reaccionaría en el momento. ¡Una abertura! —Sígueme. Me deslizo en las sombras agazapándome observando el movimiento en el interior. Doy un gran salto hasta la baranda, en donde me cuelgo esperando que el marino cambie su curso. No siento a Roronoa. Volteo desde ahí y lo veo todavía en la posición anterior observándome. Ugh, esto será un problemón. Suspiro y con un impulso salto al pasillo. Antes de que pueda reaccionar, lo sujeto del cuello con el codo y le arrebato el arma. Lo inmovilizo contra la pared hasta que pierde el conocimiento. Con mi fruta verifico si hay una habitación sin usar y la encuentro a tres pasos, la abro y lo escondo ahí. Siento finalmente a Roronoa caer en el pasillo. Ya no hay vuelta atrás. —Pareces un gato —suelta de repente. Me lo voy a tomar como un halago —Gracias. Me pego a la pared. Si seguimos aquí derecho bajando a la cubierta... Deberíamos toparnos con la puerta que da a las escaleras inferiores, sólo que está abarrotado de marines ahí adentro. Aprieto los dientes. Volteo a ver a Zoro. Está en medio del pasillo mirándome con brazos cruzados, ni siquiera se esfuerza en actuar sigilosamente. —¡Pégate a la pared! —le susurro y se pone de espaldas contra la pared. Yo dije que evitaría pelear con Rob Lucci, pero si él actua así yo creo que inevitablemente va a ocurrir. —¿Y qué hacemos? —Déjame pensar un momento. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué hago? Abro la puerta para ver al hombre incapacitado. —Creo que será mejor vestirnos —Él levanta una ceja—. ¿Propones algo mejor? Como él y Robin querían que evite mi venganza, no me va a proponer— —Entonces no tenemos opción. ¿Qué? ¡Desenfunda sus espadas! —¡¿Qué crees que haces?! —lo obligo a enfundar sus espadas de vuelta y me mira sorprendido por no soltarlo— ¿Que no íbamos a evitar pelear? Resopla. Retira sus manos de sus espadas por lo que le suelto. Bien, al menos me escucha un poco. Giro y me pongo de cuclillas para inspeccionar al hombre frente a mí. Quizás esta ropa me quede bien, tendré que buscar el suyo. —No puedo creerlo —murmura detrás mío. —Iré por tu uniforme. Mientras te quedas aquí —Me mira supuestamente indiferente pero percibo que está irritado—. Genial. Salgo del pasillo sin hacer ruido, deslizándome entre las sombras como una extensión de ellas. Dos marines conversan a unos metros. No necesito escucharlos para saber que están relajados... ja, error suyo. Me pego a la pared, espero el momento justo y avanzo. Uno cae primero al golpearlo por detrás. El otro apenas tiene tiempo de girarse antes de que lo golpee en la sien. Silencio otra vez. ¿Debería llevarme a los dos con Zoro? Miro en todas las direcciones buscando más marines pero no hay nadie más. Mi fruta advierte que hay más gente en la proa que aquí en la popa... lo cual es extraño. Arrastro a los dos para esconderlos ignorando mi presentimiento y desvisto rápidamente a uno. Tomo su uniforme y regreso en silencio. Zoro sigue donde lo dejé. No se movió ni un centímetro. —Toma —le lanzo para que se vista. La atrapa sin esfuerzo, observándola como si fuera un objeto sospechoso. —Póntelo. —No pienso hablar con nadie. —Perfecto, porque tampoco te lo pediría. Extiende las ropas con evidente disgusto. No es su estilo. No es su mundo. Y sin embargo, lo hace de todas maneras. Eso... no me lo esperaba. Pensaba que era un tipo difícil de tratar. Desvisto al hombre en el suelo sin mucha dificultad y ubico su uniforme a mi lado. Supongo que el pantalón, la chaqueta y la gorra son suficientes para integrarse. Gracias a Dios lleva cinto. —¡Oye! —dice levantando la voz. —¿Sí? —volteo a mirarlo. —¿Vas a cambiarte aquí? —pregunta con el ceño fruncido. —¿Y dónde sería entonces? ¿Quieres que salga al pasillo? Se cruza de brazos y me mira seriamente. Luego aparta la mirada —Haz lo que quieras. ¿Ha? ¿Y qué estaba haciendo? Me visto por completo y confirmo para ambos de que estamos listos. Ignoro su actitud mientras me acerco a la puerta. —Sígueme. Salimos al pasillo principal. Esta vez no nos escondemos tanto. Hay que mantener un paso firme. Así es, sin dudar. Como robots. Dos marines pasan a nuestro lado e ignoro el malestar. Apenas nos miran. Funciona. Llegamos a la puerta que da para ir más abajo, donde parece más custodiado por marines. Zoro abre la puerta y me hace una seña para que ingrese primero a lo que asiento. Una escalera metálica que desciende aparece y esto no me está gustando. Según lo advertido, hay marines reunidos más abajo y, considerando una zona liberada en mi mapa, debería ser el lugar donde se encuentra el Epsilon. Empiezo a bajar con paso decidido y enseguida escucho los pasos de Zoro detrás de mí. Nos cruzamos con varios marines mientras descendemos pero parecen completamente desinteresados en nosotros. Llegamos al final de la escalera y me dirijo hacia donde registré la habitación vacía que parece ser una bodega. Veo a lo lejos una puerta metálica entreabierta— —Detente. Zoro se frena detrás de mí. Los marines parecen conversar entre ellos y pasando a nuestro lado despreocupadamente subiendo las escaleras. —¿Qué pasa? —Se están retirando. —¿Eh? Volteé a mirarlo y al hacerlo, veo que los marines ascienden por las escaleras a paso rápido esforzándose en pasar inadvertidos. —Esto va mal —murmura él—. ¡Tú! —le sujeta a uno que pasa por su lado del cuello de la chaqueta. Este se intenta liberar de su agarre. Los otros se sobresaltan ante la acción y veo que se preparan para tomar sus armas. —¡Retirada! ¡Sigan órdenes! —el grito me pone en alerta. La retirada de los marines es veloz por las escaleras. Mierda, no pensé que tomarían medidas tan rápido. Intercambio una mirada con él. No me gusta. Deberíamos retirarnos. Si él sigue por la zona... —Debemos irnos —le susurro. Zoro tira al hombre a un lado concentrándose en algo más. —El Epsilon. Mi Territorio vuelve a expandirse. Y entonces— Ahí está. Lo vemos aumentar su tamaño... Justo frente a nosotros, haciéndose paso entre los marines para detenerse frente a nosotros. Mi pulso se descontrola. —Kayra —me ordena él calmarme a mi lado. Lo siente. Claro que lo siente. Y entonces— —No pensé que tardarían tanto. La voz corta el aire. Fría. Calmadamente fría. Sus ojos celestes, tan fríos e insensibles como los recuerdo perforan los míos. Aquí está. Rob Lucci. Mi mandíbula se tensa. Mis dientes parecen estar a punto de romperse. —Vaya —continúa, enderezándose apenas—. El Ejército Revolucionario... y un Sombrero de Paja. Su mirada se posa en mí. —Qué combinación tan... inconveniente. Hijo de puta. Hijo de puta. Mis manos empiezan a temblar y aprieto los puños. La mano de Zoro casi imperceptiblemente se desliza un poco en mi periferia para detenerme. Le mantengo la mirada incapaz de ocultar la furia que me quema y recorre todas mis venas. Siento mi rostro calentarse. Lo odio. Lo voy a matar. Lo voy a matar. Este hijo de puta mató a mi hermana. Mi melliza. —¿Qué asuntos tienes con nosotros Roronoa Zoro? —dice pasando de mí y su desinterés me golpea duro en el estómago dejándome sin aire. No me reconoce. Es como si me atravesara con sus garras arriba para abajo por todo el pecho que tengo que jalarme la chaqueta para aplacar el dolor en el corazón. Perdí mi otra mitad. Mi compañera desde que tengo consciencia, con quién aprendí a hablar, caminar, reír y llorar. A quién podía tan sólo mirar y sabría lo que sentía... Mi confidente. Mi mejor amiga. Ella... Mi hermana. Toda una vida con ella. ¿Cómo iba a saber que iba a ser la última vez que la vería? Zoro da un paso al frente. —No te muevas —le amenazo al equivocado. Zoro me observa con interés. Su atención vuelve a mí por mi restricción a su contrincante —¿Y quién eres tú? Saqué mis puñales y las puse en cada mano, preparándome para atacar. Mi respiración agitada era difícil de acompasar. —Hmm, tu postura es extraña. Desequilibrada. —Tú me quitaste mi equilibrio —bramé. Me observa unos segundos más, su cola se mueve ligeramente a los lados. Ladea la cabeza y parece concentrarse en sus pensamientos. —Ah, las hermanas revolucionarias. Misión número 1673. Mellizas, misma complexión, una identificada como usuaria de la fruta Teri Teri No Mi. Asegurado el objetivo, fue ejecutada. —¿Qué? —¿Asegurado? Pero si estoy aquí. Repasé lo sucedido esa noche rápidamente. Mi hermana corriendo hacia mí preocupada con él persiguiéndola detrás... y luego caí y perdí el conocimiento. No. No... Anastasia... ¿Qué hiciste? —Kaku aseguró tu defunción —resopló—. Debí comprobarlo por mí mismo. —¿Dónde está el arma? —Zoro desenfunda sus dos espadas. —¿Hablas de lo que está detrás de esa puerta? —responde él. No era ella. Era yo. Mataste a la equivocada. Empiezo a jadear. Veo todo negro. Me aprieta el pecho. La garganta. El vacío se expande. Concéntrate. Estás en misión. Ahora no. Ahora no es momento— —Ve por el Epsilon. —¿Qué? —mi voz sale débil. Todo parece tambalear. Mis piernas fallan. —Yo me encargaré de él. —¿Estás loco? —desde el fondo de mi corazón se me escapa una risa—. No puedes estar pidiéndome esto. —No estás en condiciones para pelear. Mírate. —No puedo dejarlo pasar. O voy a matarme. —¿Luego de todo lo que hizo tu hermana por ti? —dice levantando su espada al nivel de sus ojos midiendo a Rob Lucci—. Sabemos algo que ellos no. Ahora cumple tu misión —pone en posición sus dos espadas. Inhalo profundo, pero se me escapa un sollozo. No puedo caerme a pedazos. No ahora.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección