Capítulo 1. B
9 horas y 21 minutos hace
Bastian es un cabronazo, sin embargo; no puedo evitar pensar en él, y es que hay algo que considero especial en nuestra relación.
Mi nombre es Koi, estoy por entrar a la universidad, hace poco nos estaban presionando los profesores para estudiar a saco para los exámenes finales. No estaba muy seguro de lo que quería hacer antes de conocer a Bastian, y, es que, ahora estoy convencido de que me gustaría estudiar algo que me dé la libertad de expresarme en un lienzo. Bellas artes suena como un rollazo, aún así, parece ser que es lo más cercano a lo que me interesa: retratar las gilipolleces y mierdas por las que los dos hemos pasado desde que empezamos a ser amigos, es algo bizarro, brutal.
Ser su amigo es una locura. Aunque no estoy muy seguro de si somos amigos o de qué coño está pasando entre nosotros. Pero algo hay.
Primero, me gustaría introducirlo a él y que es aquello por lo que he pasado a su lado. Entonces volvamos atrás.
…
Unos meses antes pasó algo bastante trivial: dejé unos libros en mi mesa de clase importantes que necesitaba para estudiar. Voy tan atolondrado por la vida que no me entero que me falta algo hasta mucho tiempo después. Pero esta vez fue una excepción ya que me acordé bastante rápido, y antes de pegar un paso para girar la esquina en dirección al edificio del instituto, el tío me paró en seco.
Ese compañero mío llamado Bastian, cabellos negros algo desordenados, liso, voluptuoso, yendo en varias direcciones — no le quedaba mal — ojos como avellanas igual de oscuros con un brillo que comunicaba confianza, pestañas largas pero rectas haciendo parecer que tenía menos, cejas gruesas y ligeramente arqueadas, una nariz recta que no era ni muy ancha ni muy estrecha, pómulos altos pero sin ser tan prominentes, una mandíbula y mentón bien definidos. Obvio como se veían sus labios, la verdad es que es lo que menos me suelo fijar. Su estatura es promedio como la de cualquier otro chico que veas en los alrededores, aunque para mí es algo alto — a decir verdad, no soy un chico que destaque mucho por su altura u otros rasgos.
En esos momentos, él llevaba el uniforme escolar masculino: una camisa blanca simple con un cuello que se tenía que abotonar, unos pantalones grises rectos, un cinturón negro, la mochila colgando de sus hombros y una suave sonrisa dibujada en su rostro, amabilidad.
Bastian se ve como un chaval cualquiera solo que es más atractivo y su personalidad añade a ello también, al menos yo creo que es así. No obstante; yo en esos momentos lo veía como uno más de los de mi clase, claramente lo reconocía, es el delegado. No diría que era como aquellos pesados que robaban el protagonismo de todo el mundo y tenían como necesidad el participar en clase o hacerse notar; él tenía su propia esencia, ya era cautivador por naturaleza, ya destacaba. Tenía un buen porte.
Volviendo a lo que estábamos. Al dar aquel paso, me topé con él, su voz no era profunda o grave, tampoco aguda o molesta, estaba en un punto medio, agradable al oído. Eché un vistazo fugaz a su rostro, mi mirada dirigiéndose a lo que el chico sujetaba.
—"Vi que te dejaste esto en tu mesa, así que como saliste de los últimos pensé que no estarías muy lejos." Comentó, mis libros de texto de clase como los de literatura universal o historia del arte siendo sujetados por él, sus manos extendidas y expectantes a mi reacción, listas para dejar ir el contenido tan rápido como yo los cogiera de vuelta.
—"Iba a por ellos ahora." Respondí, sin más preguntas o palabras innecesarias cogí mis libros de vuelta y volteé la mochila en dirección a mi torso, abriendo la cremallera para meter los libros de un forma algo descuidada. Mientras estaba en ello, escuché al otro de nuevo.
—"También me percaté de que te dejaste esta libretita en la parte de debajo de la mesa." De su bolsillo sacó mi libreta negra que solía utilizar para matar el tiempo en aquellas clases que no me interesaban, era allí donde hacía garabatos o escribía cosas sin sentido. Era de tapa blanda, barata y de escasa calidad, de igual modo yo le tenía cariño. No acabé de meter los libros dentro de mi mochila y solo le arrebaté la libreta de su mano, revisándola por dentro para luego alzar mi vista a sus ojos almendrados.
—"Gracias, no me había ni enterado de que la había dejado." Confesé. Finalmente, con un movimiento brusco, forcé los libros dentro de la mochila y la cerré, devolviéndola a mis espaldas. Cuando me iba a girar para irme, el azabache soltó con un tono que, aunque parecía ser algo parecido a estar avergonzado, no se sentía del todo genuino: algo así como si se estuviese forzando a fingir aquello.
—"Oye, es vergonzoso, pero... no pude evitar cotillearla. He visto que te gusta Deftones, ¿no? Se me hace gracioso, te llamas Koi...y ya sabes, Koi No Yokan... jajaja." Bromeó, y es que tienen un álbum que, efectivamente, se llama de ese modo. Creo que era la primera vez que alguien me lo decía o porque no hace tanto que había salido, tal vez era porque no me hablaba con mucha gente. Y es que en ese momento no pude evitar preguntarme dos cosas: ¿Habrá estado pensando, desde que husmeó en mi libreta, en hacer ese chiste ingenioso? Y segundo, ¿En serio él conoce el grupo? Era el que menos se esperaba de que tuviese conocimiento de la existencia de tal banda dentro de su aula. No me salió una risa aunque sí que me hubiese parecido algo chistoso.
—"Ah, sí, me gustan sus canciones. Xerces es mi favorita."
—"¿En serio? La mía es Pink Maggit." Estaba tratando de recordar cuál era esa canción, pero simplemente no se me venía a la cabeza.
—"No me suena haberla escuchado." Dije así sin más. Anoté el nombre mentalmente. Cambié el peso de mi cuerpo a mi otra pierna y una de mis manos sujetaba cómodamente el asa izquierda de mi mochila negra. Mi espalda algo encorvada como de costumbre, de vez en cuando mi atención se dirigía a los transportes que pasaban por la carretera cerca del edificio. Mientras observaba, él seguía hablando.
—”Me gustó mucho ese dibujo eh..bueno, cómic, que hiciste inspirado en Sextape . Dibujas bien.” Afirmó con certeza, parecía seguro de sus palabras, eran genuinas y es algo que aprecié. Supuse que lo que Bastian estaba haciendo es aquello que llaman small talk, pero no veía el propósito de hacerlo precisamente conmigo. En ese entonces yo aún no lo sabía, pero Bastian me iba a cambiar la vida.
—”Lo hice en clase, tenía la canción pegada así que pensé que a lo mejor dibujar me ayudaría.” Tras eso, instintivamente abrí la libreta y en un par de segundos vi mi propio cómic inspirado en aquella canción: Sextape . La cerré de nuevo. — “Bueno, me tengo que ir, adiós.”
Sin más rodeos me giré y comencé a caminar hacia mi casa, Escuché su voz despidiéndome.
…
Las horas pasaron, no había hecho mucho ese día, recuerdo haber estado garabateando y haciendo bocetos en una de mis libretas, mi mano se sentía desgastada de tanto dibujar. Ni siquiera había hecho los deberes o había abierto la mochila para nada más que sacar un lápiz, goma y un boli negro. Con eso me servía. No cené, no me duché. Solo me acosté en mi cama para finalmente irme a dormir. Pero fui ahí cuando me acordé de la canción que Bastian me había dicho.
Pink Maggit. La busqué en los catálogos de revistas de música que tenía por ahí, era del álbum White Pony: él tenía el disco pero no había llegado a escuchar la que Bastian mencionó, al menos no con mucha atención. Así pues, puso el disco y empezó a saltar hasta que llegó la que quería. Le bajó el volumen para que solo la pudiera escuchar él.
Yo aún no lo sabía: esa canción la escogió Bastian aposta para describirme lo que era su relación ideal, ya me tenía en la mira desde hace tiempo, sin embargo; yo no estaba enterado.
Bastian apesta, pero es que ahí yo aún no lo conocía tanto como ahora. No es que me disguste, es solo que…es confuso.
De todos modos, me gustó la canción. Dejé mi reproductor de discos a un lado y me volví a cobijar, decidido a irme a dormir.