ID de la obra: 1641

Un único deseo

Gen
NC-17
En progreso
1
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planificada Mini, escritos 8 páginas, 3.324 palabras, 2 capítulos
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Capítulo 2: La batalla y el primer encuentro

Ajustes
Cuando la consciencia volvió a él, aun sintiendo la bruma del sueño nublar un poco su mente, pudo sentir esa incomodidad en la parte baja de su vientre, lo que le hacía saber que vendría, logrando que un pequeño bufido saliera de sus labios. Sin más abrió uno de los compartimientos de su nave, tomando con su mano enguantada un puño de pastillas que sin más se llevó a la boca. Esas pastillas fácilmente podían acabar con el sistema reproductor de cualquier Omega de su planeta de origen, pero bueno, a él nunca le había importado aquello, después de todo su deseo al obtener las nombradas esferas del dragón sería cambiar su biología para siempre, pero claro a Nappa le diría otra cosa para que colaborara. Le diría que simplemente estaban ahí para tomar las esferas, dominar el universo y tener a todos a sus pies, incluso a los mismos dioses, pero no podía ser el amo del universo si cada tres malditas veces al año entraría en ese estado de Celo. El golpe producido por el choque entre su nave y la atmosfera terrestre lo sacó de sus pensamientos, por lo cual se sentó de mejor manera, para sentir el impacto contra el suelo terrestre. Una vez salió de su nave, volaron con suavidad unos metros por sobre esos humanos. Su mente no pudo evitar pensar que en realidad eran bastante similares a los Sayaiyin, excepto claro por su poder de pelea y que no tenían cola. No le había prestado demasiada atención a Nappa hasta que este sin más levantó uno de sus dedos, destruyendo esa ciudad sin más, como si no fuera nada más que polvo, que realmente para ellos eso era, diciendo que lo hacía en modo de saludo para aquellos terrícolas y para llamar la atención de Kakarotto. — Debes tener más cuidado, Nappa, las esferas podrían haber estado aquí y tú podrías haberlas destruido — Le dijo soltando un pequeño gruñido, mientras flotaba sobre el gran cráter que había dejado esa ciudad, buscando con su rastreador una energía que fuese a ser la de Kakarotto, después de todo debía ser la que sobresalía en aquel mugroso planeta. Giró con suavidad sobre sí mismo, buscando obtener una dirección a la cual ir, siendo que cuando dio con un poder que se veía lo suficientemente decente, comenzó a volar en aquella dirección un poco más rápido, pero en aquel lugar sólo se encontró con un ser de piel verduzca, que su mente le dijo que debía ser un namekiano o algo así. Junto a él estaba un niño bastante pequeño, que parecía esconderse en la pierna del mayor, pero algo le llamó especialmente la atención de aquel mocoso. — ¿Es el hijo de Kakaratto? — Preguntó con simpleza mientras miraba a aquel niño, que temblaba cada vez más de miedo. A su nariz, que por su raza resultaba ser mucho más sensible a los olores en realidad, llegó el olor que había imaginado. Ese niño era un Beta. Kakaratto había tenido un hijo Beta, a pesar de que seguramente la madre del mocoso sería una simple humana, su hijo había logrado ser un beta lo cual le molestaba un poco, haciendo que gruñera. Él simplemente se sentó en una piedra, iba a esperar a Kakaratto en aquel lugar, siendo que dejo que Nappa jugara con aquellos insectos que habían llegado a pelear con ellos, después de todo al sentir su presencia de alguna manera, pues no llevaban rastreadores de poder como ellos, habían llegado más sujetos. Ellos no le importaban en lo más mínimo, sólo le importaba aquel Alfa que había quedado con vida, ver su poder, saber si podía derrotarlo, pues la verdad aunque nunca lo admitiera, su condición natural siempre fue un complejo para el orgulloso príncipe de los Sayayin, que siempre había buscado superar lo que significaba ser un Omega, porque a pesar de que ya no hubiera Sayayin, era algo que él mismo tenía, su lucha interna que parecía no tener fin realmente. Miró la lucha de aquellos sujetos con los Saibaman, aquellos seres con los que el entrenaba cuando era un niño parecían ser demasiado para aquellos terrícolas, que lucharon duro, para morir unos cuantos insectos, siendo que después de aquello Nappa comenzó a pelear. El sujeto verde murió para proteger a aquel niño, siendo que sólo quedaba aquel Beta, como lo llamo en su mente, y el enano calvo, que estaban bastante heridos en realidad. Se dijo a si mismo que ya deberían acabar con aquello de una vez, pues su paciencia se estaba agotando, pero fue entonces cuando su rastreador lo detectó. En su visor una energía más poderosa se hizo presente, por lo cual alzó su vista, para ver a aquel guerrero vestido con un traje anaranjado. Sin poder evitarlo su mente le dijo que sería un buen Alfa. Esa molesta voz que le hablaba era aquella que silenció durante toda su vida, pues aquel hombre, con aquel gesto serio, parecía ser un verdadero Alfa, como los que alguna vez había alcanzado a ver en su planeta antes de que este fuese destruido por Frezzer, pues él sabía bien que lo del meteorito había sido una mentira, nada más que una simple mentira que aquel alienígena inventó para que ellos no se rebelaran, pero hubieran sido idiotas de hacerlo. Sí, parecía realmente un buen Alfa, aunque no tuviera su cola, eso muchas veces le quitaría el interés a los Omegas, pero ahora no. Kakaratto tenía toda la atención de Vegeta sobre él. — Ve a por él, Nappa — Sonrió de lado, para volver a sentarse como si nada en la piedra en que estuvo apoyado desde el momento en que llegaron a ese terreno, como si esa fuera su trono. Quería ver las habilidades de aquel Alfa, de Kakaratto le dijo su mente, pero cuando Nappa iba a hacer claramente derrotado el mismo lo asesino sin siquiera detenerse a pensar que aquel había sido el hombre que lo había cuidado toda su vida y que le había dado aquellos supresores que tanto necesitaba, sólo lo asesino, como si nada le importase, para luego ver a aquellos dos insectos y a aquel Sayayin. La lucha fue dura para ambos, de aquello no cabía duda, siendo que no podía evitar estar disfrutando de aquello, de aquella pelea que estaba teniendo con Kakaratto, donde ambos resultaban heridos por igual, pero sin más decidió utilizar un recurso extra. Creo una Luna falsa para poder verla, siendo que se transformó en aquel mono gigante, aquella forma que siempre tomaban los Sayayin para conquistar algún planeta. Riendo de esa manera comenzó a pelear con Kakaratto, aunque tenía lastimado uno de sus ojos, no le importaba, siendo que lucharía igual. Pelearon hasta que lo atrapo entre sus manos y comenzó a romper cada hueso del cuerpo del hombre. Podía escuchar a aquel Alfa gritar y algo en su mente le decía que no lo hiciera, era el único Alfa que quedaba para él, el único Sayayin Omega que había en el universo, siendo que para cuando finalmente iba a aflojar su agarre lo sintió. Sintió como su cola era cortada. No podía sentir las presencias como lo hacían Kakaratto y los otros insectos, aquello lo tomó por sorpresa, siendo que antes de darse cuenta había vuelto a su tamaño normal y su cola no estaba, lo que afectó un poco más su ego en realidad. Pero esta vez fue el hijo de Kakaratto, aquel beta cualquiera, que se transformó en el simio gigante y comenzó a atacarlo, siendo que apenas podía moverse por los ataques, pues estaba demasiado cansado como para parar la furia del mocoso en aquel estado que se veía que no sabía controlar, pues a su padre también le estaba causando daños. Jadeó con fuerza cuando pudo cortarle la cola y él con el mocoso terminaron en el suelo, siendo que sin más se lo quitó de encima y llamó a su nave, debía irse de ahí. No podría hacer mucho más herido, si el mocoso despertaba era capaz de matarlo, pensó jadeando, mientras se arrastraba hasta su nave que llegó. Su orgullo estaba bastante herido, eso no cabía duda, pero ninguno de los dos –el alfa y él- tenía más poder para continuar. — H-Hueles bien — A sus oídos llegó ese pequeño murmullo que lo sorprendió realmente, lo que logró que se girara a mirar a Kakarotto, que tenía la mayoría de sus huesos quebrados, además de estar en un muy mal estado respirando. Al analizar esas palabras, en su mente cansada, pudo sentir un pequeño cosquilleó en su vientre junto con un pequeño calor que se comenzaba a expandir, incluso calentando sus orejas. — N-No digas… t-tonterías — ¡Maldición!, estúpida condición, pensó, mientras se arrastraba hacía la nave, intentando ignorar lo que su cuerpo le decía, que se quedara con aquel Alfa, el cual era un Alfa fuerte, con el cual estaría bien procrear, que además le gustaba su olor. Como pudo se metió a su nave, pero había olvidado a aquel insecto calvo, que le estaba apuntando con una espada, siendo que maldijo, sino cerraba la maldita puerta de la nave y tomaba sus supresores entraría en Celo únicamente por ver a Kakaratto, por las palabras que le había dicho ¡que idiotez! ¡Entrar en Celo solamente por aquello no era posible se decía! — Krillin... dejalo ir... — Ambos, el sayayin y el nombrado, se sorprendieron por aquella petición que hacía Kakaratto en el piso. — L-La próxima vez los destruiré… — Les gruñó, siendo que finalmente se sentó dentro de su nave, para poder irse de ahí de una maldita vez por todas. Llegaría a curarse, pensó, se curaría, tomaría sus pastillas y luego mataría a Kakaratto, aunque una parte de su mente no lo quería matar... era un buen oponente y un buen Alfa, se decía molesto y gruñendo. Él no vio como Kakaratto o Goku, como le decían sus amigos en la Tierra, estaba tendido en el piso apenas jadeando, mientras pensaba en Vegeta. Aquel hombre, aunque realmente despiadado... tenía un olor que le era agradable, que hacía que quisiera morder su cuello y de cierta forma protegerlo también, lo cual le estaba sorprendiendo, porque nunca antes con nadie se había sentido así. No entendió aquello y cuando Krillin le preguntó por qué lo había dejado ir, simplemente contestó que porque quería otra lucha con Vegeta, aunque la verdad era que lo había dejado ir, porque Vegeta olía bien.
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