ID de la obra: 1647

¡ESTE NO ES NUESTRO TIEMPO!

Gen
NC-17
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1
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planificada Maxi, escritos 16 páginas, 5.968 palabras, 2 capítulos
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EL PASADO

Ajustes
La aldea de Konoha era considerada una de las más fuertes dentro del mundo ninja, siendo testigo del nacimiento de grandes héroes y a la vez generando terribles villanos, la villa que sigue la voluntad de fuego impuesta desde generaciones pasadas es liderada por el hokage, quien, al ser el guerrero más fuerte o el mejor estratega, tiene la obligación de mantener la paz entre todos los habitantes. Los años habían pasado desde que culminó la última gran guerra mundial liderada por Madara Uchiha, la época moderna, rodeada de avances tecnológicos, es la que ahora siembra los cimientos para una nueva generación de ninjas. Sin embargo, a pesar de todos los cambios que trajo la nueva era, aún existen detalles que ayudan a recordar lo que alguna vez fue Konoha, entre ellos, el despacho del hokage Naruto Uzumaki, el cual alberga imágenes y pergaminos repletos de la historia dentro de la villa e incluso de clanes fuera de ella. —¡Como digas viejo! —dijo Boruto, uno de los hijos del hokage, mientras se hacía un espacio en el sofá que ya estaba ocupado con algunos de sus amigos. —¿Por qué pintaron los rostros hokages? —reclamó enojado Naruto enfocándose precisamente en su hijo varón. Sin embargo, el niño volteó la mirada ignorando la voz de su padre. —Porque estábamos aburridos —Intervino Sahu al ver que su compañero no pensaba responderle a su padre. —Si están aburridos existen muchas cosas que pueden hacer ¿por qué pintar los rostros? —comentó molesto Sasuke ante la patética excusa que usó su hijo. —¿Por qué el mío, dattebayo? —Usted es el actual hokage, no tiene chiste molestar a los muertos o jubilados —Se burló Kento, un chico de ojos perla y cabello largo, sin embargo, se vio intimidado por la mirada de su padre— ¡Vamos! No me diga que no hizo una cosa como esta antes —le preguntó al hokage. —Claro que no, dattebayo, yo era un niño de bien. —Eso no es lo que dice Kakashi sama —Sonrió Sarada. —Pues Kakashi se equivoca —Naruto se frotó el rostro con desesperación— Nos estamos desviando del tema. —Tienes razón, ya perdimos mucho tiempo, vámonos —Shikadai se levantó de su asiento dispuesto a escapar de la situación, ya se había aburrido de escuchar nuevamente los sermones de los adultos. —Ustedes no van a ir a ningún lado hasta que arreglen todo lo que hicieron —Shikamaru se puso firme frente a los menores— Si se aburren de escucharnos decir lo mismo una y otra vez dejen de hacer vandalismo. —Pero… —replicó Shikadai. —Dos chunin los estarán vigilando mientras arreglan el rostro de Naruto, para que no se hagan los listos —Con un chasquido de dedos del Nara mayor dos hombres con máscaras ambus aparecieron en el despacho. Los muchachos replicaron entre quejidos, pero ninguno de los adultos pensaba dar su brazo a torcer. —Ojalá que esto les enseñé a no hacer travesuras en la aldea —regaño Sai. —Que gracia tiene una aldea sin gente que le de color—Le respondió su hijo, Inojin. —Para color esta la tele ustedes no son artistas para andar garabateando las paredes —Volvió a replicar Shikamaru. —Así que chiste —dijo Lucy, la otra hija de Sai, mientras trataba de ignorar la mirada acusadora de su padre. —Vámonos de aquí, quiero acabar con esto rápido —Himawari fue la primera en cruzar las puertas del despacho.  Sus compañeros fueron tras de ella y los chunin desaparecieron al instante que los menores ya no estaban. —No sé qué hacer con ellos, dattebayo. —Parece su tradición, siempre que sus madres se van empiezan actuar así —dijo frustrado Neji. —Llegará el punto en que los chunin ya no los puedan detener —comentó Sai al ver a través de la ventana como los muchachos corrían hacia el monte hokage y los ambus los perseguían desde muy atrás. Al notar la tensión en el ambiente entre sus amigos, Shikamaru decidió cambiar el tema de conversación. —¡Oigan! Hoy Gaara viene de visita, deberíamos ir a verlo para relajarnos un poco. —¿Relajarnos? Él la debe estar pasando peor —dijo Naruto sonriendo ligeramente— Al menos con ustedes yo no me siento tan solo cuando lidio con mis hijos. —Por eso siempre viene cuando su esposa se va de misión —Sasuke se reincorporo de la esquina en donde se había recostado para irse. —Vamos, aun podemos llegar antes que el tren. Todos salieron de la oficina rumbo a la estación de tren, sin embargo, la ventana por donde Sai estaba mirando antes a sus hijos permaneció abierta, dándole entrada a dos figuras. Estas, luego de asegurarse que nadie amenazaba los alrededores, empezaron a rebuscar sin cuidado por todos los cajones y cuando obtuvieron su objetivo se fueron del lugar dejando la huella de que habían estado allí. Por otro lado, en la estación del tren, Naruto y sus amigos estaban conversando entre ellos mientras esperaban al pelirrojo. —Nunca imaginé que tu creerías en cosas de la suerte, dattebayo —comentó Naruto al observar el amuleto que tenía Shikamaru atado en su cinturón. —Aun no lo hago, tal vez solo estoy intentando dejar de ser escéptico —respondió—, aunque, hasta ahora no veo cambios.   Luego de unos minutos en silencio, el vibrar de los rieles y el sonido del silbato, anunciaron la llegada del vehículo, pronto este se detuvo delante de los hombres y descendió el Kasekage junto a su escolta. —Hola muchachos —El pelirrojo les regaló una media sonrisa mientras se inclinaba ligeramente. —Gaara, deja esas formalidades viejo —Río Naruto pasando un brazo por los hombros de su amigo—. Parece que nos conocimos en la cumbre y no cuando nos intentaste matar, dattebayo. —Es una sorpresa verlos a todos aquí. —Tuvimos algunos problemas, pensamos que tal vez los tendrías tú también —dijo Neji. —Lo necesitamos, ya saben cómo son estas épocas. —Y ¿Dónde está tu mocoso? —preguntó Sasuke. —Bueno… —murmuró el pelirrojo— Decidió bajarse antes del tren. Todos suspiraron frustrados, era lamentable la situación en la que se encontraba la relación con sus respectivos hijos. Desde que inició el problema habían intentado buscar una respuesta, los padres más experimentados alegaban que era normal a esa edad, las investigaciones realizadas por especialistas respaldaban estas ideas; los pre adolescentes son egoístas, traviesos e impulsivos debido al cambio hormonal, físico y psicológico que experimentan. Sin embargo, las conductas de sus hijos no se limitaban a lo que pasó esta mañana, enserio deseaban que solo fueran berrinches de niños buscando forjar una personalidad o atención, pero era algo más profundo, algo anormal. —Creo que a todos nos va mal con nuestros hijos —Intentó bromear Neji. —Debemos hacer algo, un descuido y Konoha podría amanecer destruida —mencionó Sai aparentemente exagerando. —Este no es el lugar para conversar, vamos a mi oficina, creo que Shinki fue al monté a ver a los demás. —Es un bonito omamori —dijo Gaara señalando el amuleto del Nara. Shikamaru hizo un sonido con sus dientes antes de encoger los hombros y ocultar mejor el objeto. —Solo es temporal. En el monte hokage El grupo de amigos intentaba quitar las manchas del rostro de Naruto, lamentándose en el proceso por haber utilizado una pintura tan resistente. —El viejo se pasó esta vez, dattebasa. —Justo hoy papá decidió no irse de misión, siempre desaparece —Se quejó el Uchiha varón. —Tienes razón, cuando no lo queremos esta hay como mosca —confirmó su hermana. —Que mal que mamá se fue, estos días son muy aburridos sin ella —comentó triste Himawari. —Yo estoy feliz de que mi mamá se halla ido, no la soporto —contradijo Lucy. —Pues yo prefiero mil veces a mamá que al otro —respondió su hermano. —No digas tonterías Inojin —Le advirtió, iniciando una pelea.   Todos empezaron a quejarse sobre su insoportable vida, como si fuera una pelea por ver quien sufría más, y sin darse cuenta empezaron a tallar de más el rostro, cambiando ligeramente el relieve de las líneas que le daban forma. —Yo no los soporto a ninguno de los dos —susurró Boruto irritado por los comentarios de sus amigos, sin embargo, no podía negar que le causaba algo de gracia. —No sé por qué no nos entienden, es como si nos quisieran dejar encerrados en la casa —dijo Gina, la hija de Neji y Tenten—. El papá de Denki hasta le rogaba que saliera. —Pues lo máximo que haría Denki fuera es hackear la computadora de Iruka sensei —Se burló Boruto. —Vámonos —Shikadai tiró el balde. —Todavía no acabamos y no podemos escaparnos por esos ogros que nos vigilan —Boruto señaló a los ambus. —Son ambus, con un poco de arena en el ojo saldrán corriendo —respondió el Nara con una sonrisa. —¿Arena? De pronto, algo golpeó a uno de los chunin, desmayándolo; para luego continuar con su compañero y dejarlo en el mismo estado. —Bienvenido, primo. —Ustedes son tan problemáticos. Una voz se escuchó desde lo más alto del monte, todos dirigieron su mirada hacia esa zona encontrándose con la figura del chico de la arena sentado sobre una de las cabezas de piedra. —Como si tu no lo hicieras —replicó Boruto. —Si puedes comprobarlo te pago el ramen —Sonrió Shinki. —Tal vez sea momento de estrenar la cámara que me rob… —Como sea, ahora ¿Qué hacemos? —interrumpió bajándose de la cima y recibiendo los saludos de los demás. —¿Qué tal si terminamos de pintar los rostros? Creo que Tobirama se vería lindo con un sharingan —Sonrió Sahu. El resto asintió de acuerdo y se pusieron a vandalizar de nuevo los rostros, menos Shikadai y Shinki que no eran tan tontos como para malgastar sus fuerzas en una broma que traería como consecuencia un castigo el doble de forzoso. En la oficina del hokage —¿Qué mierda pasó acá? —gritó Naruto observando todos los papeles tirados en el piso. —Fueron ellos —susurró irritado Shikamaru. —Recojamos todo esto y esperemos que no falte nada, dattebayo. Empezaron a ordenar los papeles, algunos eran sumamente importantes, acuerdos entre aldeas, secretos de guerra e incluso información sobre laboratorios ilegales, era inverosímil que la persona o personas que entraron los dejaran abandonados en el suelo. —¿Te falta algo Naruto? —preguntó Gaara. Naruto tenía sus facciones fruncidas en un gesto de preocupación, lo cual alertó a sus amigos. —Me falta un pergamino. —¿Qué clase de pergamino? —preguntó Shikamaru. —Uno que puede matar a los niños —respondió mirando a Gaara. El pelirrojo se estremeció por aquella revelación, a gran velocidad todos salieron del despacho. Y aunque no estaban seguros de que sus hijos fueran los causantes del desorden, no podían imaginarse a alguien más con los cojones para meterse a la oficina de la persona más poderosa en el mundo ninja y robar algo. —Ellos lo tienen, debemos recuperarlo antes que lo activen. En el monte hokage —Acabamos, vamos a comer algo dattebasa —dijo sonriente Boruto, pero antes de que pudiera dar un paso adelante algo impacto sobre su cabeza— ¿Quién fue el maldito? ¿Dónde estás? me las pagarás dattebasa. —No seas tonto, es un pergamino —Sahu recogió el rollo. —Ábrelo —propuso Sarada. —Yo lo hago —Kento le quitó el objeto a su amigo y desató el seguro para leer—. Qué raro, no hay sellos, ni siquiera menciona que tipo de jutsu es, solo pone sangre. —Parece una broma —Lucy se asomó detrás de su amigo para observar el objeto—. Tal vez sea una cámara escondida y nos darán un premio por ser valientes. —O nos llenaran de slime por ingenuos —dijo Shikadai. —No lo sé, y si enserio pasa algo malo —reflexionó temerosa Himawari. —No hay manera de que algo peligroso entre a Konoha con tanta facilidad —respondió Gina— Olvidas quien es tu padre. —La mayoría de pergaminos son inofensivos y los que son peligrosos están resguardados por el hokage —explicó Shinki intentando calmar a su amiga—. Si pasa algo malo, siempre podemos quemar el pergamino o revertirlo, la mayoría de estas cosas tienen soluciones —Señaló el reverso del papel donde se notaban garabatos. —Así es, pero está en una lengua complicada —dijo Kento, aunque nadie lo escuchó por estar peleando entre ellos—, aunque si habría solución en caso de que algo salga mal. —Y ¿por qué nos arriesgaríamos a que algo salga mal? —respondió la chica Uzumaki. —Solo se vive una vez, tal vez nos de algo —Sonrió Boruto. —Shikadai, tú eres el más sensato. —Entiendo tu punto, pero si no lo usamos todos, uno se lo robará y morirá solo. —No seas dramático, la asustarás más —Lo regañó Kento. —Y probablemente sea tu hermano —añadió Shinki. —Basta. —No lo niego —Sonrió el susodicho. —Y será en mi casa —Himawari suspiró—, está bien, hay que usarlo. Todos celebraron emocionados, esperando que sea un tipo de premio. Cinco de ellos se pusieron en un círculo alrededor del pergamino, mientras que los otros se mantenían alejados para actuar si se salía de control. Se mordieron un poco el dedo hasta que salió algo de sangre, la letra en el papel brilló, como si hipnotizara a los menores para que no retrocedieran. —Es atrayente —dijo Shinki acercando su dedo. —Algo así no puede traer nada malo —susurró Boruto. Colocaron sus dedos sobre el pergamino y el brillo se volvió escarlata e intenso, cegando incluso a los que permanecían alejados. —¡No! ¡Aléjense de allí! —gritó Naruto. Los muchachos de alrededor intentaron acercarse para detener el pergamino, pero los que permanecían cerca se empezaron a acercar en lugar de alejarse, atraídos por el brillo. —Esto ya no me gusta —Himawari, quien era una de las más alejadas, retrocedió dispuesta a correr lejos. Sin embargo, no logró dar ningún paso, sus piernas no le respondían, como si una fuerza la estuviera tomando. —Aléjense de ahí ahora mismo, es peligroso —gritó Sasuke intentando utilizar un jutsu para quemar el pergamino, pero este desapareció antes de llegar, como si una barrera lo detuviera— ¿Qué es eso?   —¡Corran! —gritó Sarada. —¡Chicos! —Shikadai intentó acercarse a los que permanecían hipnotizados. Los jóvenes intentaron acercarse para alejar a sus amigos, pero el pergamino empezó a levitar en el aire y su brillo se volvió aún más intenso, obligando a todos a tirarse al suelo en busca de un refugio. —¡¿No puedes acercarte Naruto?! —gritó Shikamaru. —Lo intento, pero —El chakra del bijju se formó a su alrededor—, no puedo moverme. —Arrástrense hasta acá, esa cosa los está adsorbiendo —gritó Gaara, su arena intentó acercarse, pero se desmoronaba al entrar en contacto con alguno de los niños. Los chicos intentaron gatear con lentitud hacia la zona segura, pero cuando el pergamino sintió el chakra alejarse, empezó a actuar. Unas manos negras, las cuales parecían sombras, salieron del objeto tomando a cada uno de ellos para posteriormente atraerlos hacia el interior del resplandeciente brillo que se tornó a un color rojo oscuro. Los gritos de los más pequeños cesaron al momento del contacto porque repentinamente quedaron inconscientes, dejándolos de esa manera más propensos a ser llevados hacia la perdición roja. —¡Himawari! ¡Boruto! —gritó preocupado Naruto intentando actuar, pero todos sus intentos fracasaron. El resto de hombres tampoco podía hacer mucho más, sus pies estaban pegados a la tierra y su chakra no fluía con normalidad para realizar algún ataque, y aquellos que resultaban no llegaban lejos. Entonces las manos completaron su misión y se llevaron a los niños, quienes  desaparecieron junto al pergamino. —¡¿De qué era el pergamino Naruto?! —preguntó preocupado Sai. —Es una locura. En las afueras de Konoha La entrada permanecía tranquila, ambos guardias encargados de vigilar se encontraban jugando shogi mientras esperaban a algún intruso o visitante, ninguno miraba más allá del tablero y su rival, por lo que, no notaron la apertura que se formó en el cielo, ni como 10 paquetes caían de lleno al suelo. —¿Oíste eso? —preguntó uno de ellos, tomando su arma. —Lo único que escucho son tus excusas cuando estas perdiendo. —Ja, solo te estoy dejando ganar, no te confíes tanto —Se volvió a sentar olvidando el extraño ruido. Mientras tanto, a unos metros ocultos entre arbustos, los chicos despertaron tirados en el suelo, se miraron confundidos, sin entender aún que es lo que había pasado. —¿Dónde estamos dattebasa? —No lo sé, pero salte de mí encima —Se quejó Shinki, quien había caído sobre Sahu, quien había caído sobre Shikadai y por último la pobre Himawari parecía no tener signos vitales. —Lo siento —Boruto lo ayudó a levantarse junto al resto de sus compañeros. Todos seguían intentando ubicarse, aunque con el fuerte retumbar en sus cabezas la tarea se complicaba. —Estamos afuera de Konoha —Intuyó el Uchiha. —¿Afuera? Pero si estábamos en el monte —mencionó Sarada. —¡Chicos! —gritó Shinki atrayendo las miradas de sus compañeros. Estos se cubrieron los oídos por lo fuerte que se había escuchado ese llamado para sus tímpanos lastimados. —Solo hay cuatro rostros en el monte y están limpios. Las miradas sorprendidas de los jóvenes no se hicieron esperar, no entendían lo que estaba pasando, tal vez todo sea una alucinación debido a aquel pergamino raro. —Eso significa que... —Kento habló. —Destruyeron los rostros —dijo Sahu siendo catastrófico. —¿Estamos drogados? —preguntó histérica Lucy. —Un genjutsu —Intentó ser razonable Himawari. —Todos suenan igual de mal, dattebasa. —Estamos en el pasado —dijo Shinki finalmente al señalar la arcaica entrada de la aldea de la hoja, donde ambos guardias en vez de estar en sus teléfonos perdiendo el tiempo, lo hacían con el shogi. —Que problemático.
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