ID de la obra: 1647

¡ESTE NO ES NUESTRO TIEMPO!

Gen
NC-17
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1
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planificada Maxi, escritos 16 páginas, 5.968 palabras, 2 capítulos
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KONOHA DEL PASADO

Ajustes
La sorpresa en sus rostros se empezó a desdibujar cuando la realidad los golpeó de lleno y el miedo invadió sus sentidos, estaban en el pasado. De alguna manera ese extraño pergamino, que parecía ser una simple broma, hizo lo que hasta para esa época era algo considerado imposible. —Es una broma, alguien nos está grabando —dijo Gina, intentando buscar con su biakugan alguna cámara oculta. —Parece muy elaborado para ser una broma —contestó su hermano. Frente a ellos estaba la antigua entrada a la gran aldea, más cuidada y servible que su versión en el futuro. Desde que tenían uso de razón el ingreso a Konoha era a través de la estación de trenes, solo aquellos que realizaban misiones en el bosque o alguna tarea de espionaje utilizaban la entrada corriente; sin embargo, esta no era tan vigilada como parecía estarlo en este tiempo. —¿Cómo llegamos al pasado, dattebasa? —gritó exaltado el Uzumaki. —No grites imbécil, no estamos sordos —dijo enojado Sahu, aún tenía ese fuerte dolor de cabeza debido a la caída. —No me digas imbécil, tarado. —No me digas tarado, imbécil. —¡Tarado! —¡Imbécil! —¡Tarado! —¡Imbécil! —Cállense, son insoportables —gritó Sarada golpeando a los dos chicos en la cabeza. —Eres cruel hermana. —Esa mierda dolió, dattebasa. —¡No sabes cómo regresar!—gritó enojada Gina a su hermano. —No, no lo sé ¿Qué quieres que haga? —respondió en el mismo tono. —Nos dijiste que si sabías —Shinki se cruzó de brazos mirando acusadoramente al Hyuga—. Te lo pregunté antes de que lo usáramos. —Les dije que estaba en otro idioma —Kento volteó el pergamino mostrando las extrañas letras que no formaban ninguna palabra conocida dentro de la escritura japonesa. —Ya dejen de gritar, la cabeza me está matando —Los regañó Shikadai mientras se frotaba la cien. —Tienes razón, debemos averiguar qué está pasando en vez de pelearnos entre nosotros —Lucy intentó calmar las aguas. —Ni siquiera papá pudo acercarse para ayudarnos —gritó Himawari— ¿Sabes lo que significa eso? ¡No me pidas que mantenga la calma! —¿Papá? ¿Cuándo llegó? —preguntó Boruto. —Llegaron —corrigió Shikadai—, al parecer ellos sabían lo que hacia ese pergamino y de alguna manera se enteraron que lo estábamos usando. —Yo no recuerdo nada de eso —murmuró Shinki. —Claro que no, estaban hipnotizados con esa luz rara. —Da igual, debemos volver —La chica Uzumaki se acercó a su primo para revisar el pergamino. —Pero ¿Qué pueden significar estos símbolos? —Boruto examinó el papel. El resto de los muchachos también se acercaron para intentar descifrar algo de ese extraño relato. —¿Bijuu? —susurró Shinki cuando por fin encontró un kanji conocido, pero antes de que pudiera decirlo en voz alta su vista se nubló y el frio invadió su cuerpo. —No me siento bien —dijo Inojin visiblemente pálido.  En ese momento todos se miraron entre sí, notando que estaban más o igual de descoloridos que el Yamanaka.  —¿Qué nos está pasando? —Boruto perdió la fuerza de sus piernas y cayó de rodillas. —Los efectos están dando inicio —susurró alguien escondido detrás de un arbusto cercano—, era cuestión de tiempo. —Fue demasiado tiempo perdido —contestó su compañero. —Mi chakra —susurró Shikadai perdiendo el equilibrio de su cuerpo y cayendo al suelo. De uno a uno los menores se desvanecieron con una fina capa de sudor resbalando por sus rostros. —Vamos por ellos —Intentó salir de su escondite. Sin embargo, como si de un mal chiste se tratara los dos chunin que vigilaban la entrada aparecieron. —Te dije que escuché un ruido. —No puede ser. —Malditos, esto no puede ser coincidencia. —¿De dónde salieron estos niños? —Se preguntó uno de los adultos— ¿Y estas ropas?   —No lo sé, pero no los podemos dejar aquí —Tomó la mano de uno de los menores para revisar su pulso, notando lo débil que estaba— ¿Es el niño demonio? —preguntó señalando a Boruto. —No, él está en una misión con Hatake. —Llevémoslos al hospital. —¿Estás loco? Y si es una trampa. —Son niños. —Son ninjas. —Son de Konoha —Señaló la bandana de algunos—. Lord hokage debe ver esto. Su compañero suspiró, sabía que lo convencerían al final. —Voy por ayuda, quédate con el resto —Tomó a dos niños en cada hombro y salió corriendo. Unos minutos después, refuerzos llegaron para ayudar a levantar a los menores y ser trasladados dentro de la aldea, dejando atrás el pergamino. —Es un fracaso —murmuró el que permanecía oculto. —O tal vez no —Señaló a un grupo que se acercaba a la entrada. —Rápido chicos, debemos llegar a la aldea. Kakashi y su equipo habían regresado de una misión, todos aburridos y cansados por el largo trayecto que recorrieron. —Esta misión fue una basura, dattebayo —dijo Naruto. —Tiene razón, estas misiones no son divertidas —Apoyó a su compañero la chica de cabello rosa. El tercer integrante solo se limitó a soltar un quejido dando a entender que estaba de acuerdo con sus amigos. —Saben que por ahora estas son sus misiones, son solo genin salidos de la academia, no esperen mucho si siguen en ese rango —respondió Kakashi sin levantar la mirada de su libro, ignorando el quejido de sus estudiantes. Continuaron con su recorrido en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos, pero unos metros antes de ingresar a la aldea Naruto se percató de un extraño brillo entre el césped. —¿Qué es esto? —Se arrodilló para recoger el objeto, era un viejo pergamino. —¡Naruto! Date prisa, vamos a comer. El gritó de su maestro lo hizo espabilar, con rapidez escondió su descubrimiento en uno de los bolsillos de su ropa y se volvió a incorporar. —Ya voy. En el hospital El actual hokage Hiruzen, intrigado por lo que sus vigilantes acababan de avisarle, no tardó en llegar al hospital para comprobar por sí mismo la veracidad de los hechos. —¿Qué les pasa a esos niños? —preguntó el viejo mirando a la enfermera que estaba a cargo. —Están estables, sus niveles de chakra estaban por los suelos, pero se recuperarán; puede entrar a verlos hokage sama. —Claro, con permiso —Entró a la sala, cuando vio quienes estaban recostados en las camillas contuvo la respiración— ¿Naruto? ¿Sasuke?  ¿Qué es esto? ¿Quiénes son ellos? Debido al fuerte tono que había empleado el hokage en su desconcierto anterior, Boruto se removió inquieto para posteriormente reincorporarse y abrir los ojos. —¿Dónde estoy, dattebasa? —Sus párpados aun cansados no le permitían ver con claridad a la figura que tenía frente, pero su instinto ninja lo hizo entrar en guardia— ¡¿Quién?! —Se talló los ojos para aclarar su visión y cuando volvió a abrirlos, el miedo invadió sus facciones— ¡¿El viejo Hiruzen?! —gritó. El fuerte sonido de su voz despertó a Sahu, quien dormía en la camilla del lado. —¿Por qué gritas? —reclamó frotándose la cabeza, pero cuando se topó con el anciano también se exaltó— ¡Un muerto! —gritó tapándose los ojos, unos segundos después se logró calmar, descubrió sus ojos para mirar a Boruto. Ambos amigos pensaban que todo era un sueño o tal vez una ilusión de aquel pergamino, así que con más calma volvieron a dirigir su mirada hacia donde estaba la figura; sin embargo, esta no había desaparecido y mucho menos tenía una expresión agradable luego de tanto alboroto. —¡Un muerto! —Volvieron a gritar, tan fuerte que despertaron a todos. —¿Muerto? Estoy viejo, pero no es para tanto —dijo ofendido el tercer hokage. —Por Dios, enserio estamos en el pasado —Debido al shock Kento dejó escapar la información.  —¿Pasado? —Fue el turno para gritar de Hiruzen. —Por favor, dejen de hacer eso —pidió Shinki tapándose los oídos.  —Que problemático, deben pensar antes de hablar —dijo Shikadai frotándose los ojos con frustración— Si, somos del futuro, un maldito pergamino nos acaba de traer aquí. —¿Pergamino? —Hiruzen se puso nervioso— y ¿Dónde está? Tal vez los pueda ayudar. Shikadai miró con desconfianza al líder debido a su reacción, cualquier persona normal se hubiera reído o hasta desmayado, pero bien le decía su papá, ellos saben más que nadie en esta aldea; al menos si de secretos se trata.  —¿No hará experimentos raros con nosotros? —preguntó nerviosa Himawari. —¿Experimentos? Aquí no hacemos eso —río nervioso el hokage—, ya no. —Lo tenía Boruto, dáselo —Lucy señaló al rubio. Boruto empezó a buscar el objeto entre sus ropas y la camilla, pero no había rastro del pergamino. —¿Qué esperas tonto? dáselo... —Sarada se levantó para ayudar al rubio. —Se van a reír cuando les diga —Sonrió nervioso el Uzumaki. —No me digas que... —Himawari frunció el ceño intuyendo lo que estaba a punto de decir su hermano. —No lo encuentro.  Los suspiros e insultos llenaron toda la habitación, Boruto solo bajo la cabeza por la pena de haber perdido su única pista para volver a su tiempo.  —Bueno, no se ofendan, pero todo esto es muy sospechoso ¿Cómo les puedo creer? —Le juramos que decimos la verdad, nosotros solo queremos regresar con nuestros padres —Intentó convencerlo Himawari.  —Créanos, el pergamino seguro se le cayó a este tonto o alguno de sus ninjas se lo llevó, pero si somos del futuro —suplicó Sahu. —Está bien, les daré el beneficio de la duda y hablaré con los chunin que los trajeron —Hiruzen se sentó en una silla cercana—, pero es mejor saber algunos datos, por ejemplo, sus nombres, sus padres, de donde exactamente vienen, tal vez solo están confundidos y sus recuerdos fueron alterados. —No estamos drogados —Fue tajante Shikadai. —Las drogas no so… —Tampoco somos armas que van a destruir su aldea, es nuestra también. —Se que no son armas —suspiró— ya los examinamos. —¿Cree que estamos locos? —dijo exaltado Boruto. —Como cualquier persona normal. —Escúcheme viejo, yo soy el hijo del séptimo hokage Naruto Uzumaki, tengo derecho a estar en esta aldea. El resto de sus compañeros lo miraron impactados al escuchar cómo se delataba, a veces parecía que el rubio lo hacía apropósito. —Así que Naruto… — Sonrió el viejo. “Eso explica como consiguieron el pergamino” —pensó acomodándose mejor en su asiento. —Fue una trampa —Boruto aplastó su rostro contra la almohada— Soy demasiado noble para mi propio bien. —Estúpido más bien —suspiró Sahu. —Créanme, me alegra saber que su padre tuvo una familia. —Bueno, pero no la aprovecha —Himawari interrumpió—. Me presentó, soy Himawari Uzumaki, hermana de Boruto; mucho gustó. —¿Ninguno de los dos tiene el biakugan? —Es complicado —dijo la chica intentando ocultar lo máximo de información. —Bueno, soy Sahu Uchiha, mi papá vive aquí, un gusto. —La viva imagen de tu padre, no te preocupes, no hay tantos Uchihas por la zona. Ese simple alago provocó que la sonrisa antes dibujada en el rostro del Uchiha cambiara a una de resignación, cuantas veces había escuchado lo mismo en el futuro. —Soy Sarada Uchiha, hermana de Sahu —Le sonrió al hokage. Este estaba a punto de preguntar algo, pero Sahu se adelantó.  —¿En qué época estamos? —Tu padre tiene tu edad. —Es todo un problema, soy Shikadai Nara, hijo de un Nara, aunque puede deducir cual es. —No he visto nunca un Nara con esos ojos. —Mi mamá es de la arena. —¿La arena? —Así es, soy Shinki, soy hijo de una familia de Suna y primo de Shikadai. —Se nota que eres extranjero —dijo con una sonrisa, aunque esta parecía aún más nerviosa que las anteriores—, pero, sabes que debido a eso necesito saber de que familia procedes. —¿Es tan importante? —Las cosas siempre han sido tensas entre las aldeas, te recomendaría que te quites tu bandana mientras estés aquí. —Es ridículo —susurró Boruto—, a ninguno nos ha interrogado tanto. —Claro que no —Le respondió Sarada quien seguía fuera de su camilla—, somos de aquí, sabe de dónde procedemos con solo revisar nuestra chakra o sangre, pero Shinki es un nuevo terreno. —¿Y bien? —No Sabaku. —Descendiente del actual Kasekage y un…  —Jinshuriki —Shinki terminó su oración, ya lo habían examinado, pero creía que los acusarían a los tres por igual. —Al parecer quieren tener registrados muy bien a quienes son poseedores de un bijuu en esta época —susurró Boruto mirando su muñeca, en donde una marca brillaba—, como si fuéramos animales —Miró al hokage con recelo. —Soy Kento Hyuga, mucho gusto. —¿Hyuga? —¿Es necesario saber también su procedencia? —comentó con tono irónico Shikadai. El hokage lo miró con una de sus sonrisas nerviosas y los ojos cerrados, tal vez evitando el contacto visual que delataría sus intenciones. —No es necesario, existen muchos Hyugas en Kon… —Neji Hyuga —aclaró el muchacho. —Son parecidos —murmuró el hokage, aunque no sonaba como un alago. —Soy Gina Hyuuga y soy gemela de Kento. —Los dos poseen el biakugan ¿no? Ambos jóvenes se miraron confundidos entre si ante la pregunta, sus ojos perlas resaltaron ante la luz del sol, pero solo se limitaron en asentir. “Está nervioso” —pensó Shikadai. —Bueno, soy Inojin Yamanaka, ya que es importante la procedencia mi madre es Ino Yamanaka, no creo que conozca a mi papá. —Apuesto a que tú eres su hermana —Señaló a la única rubia que faltaba presentarse. —Soy Lucy. —Es irreal —susurró más convencido—, nunca imaginé estar vivo para conocer a toda una nueva generación de ninjas, menos para que sean hijos de los niños que siguen siendo genin. —Entonces, ¿nos cree? —preguntó Himawari.  —Creo que no es imposible —dijo sincero— ¿Como consiguieron ese pergamino? Todos señalaron a Boruto, quien se encogió por la vergüenza. —Me cayó en la cabeza, pero todos estuvimos de acuerdo en utilizarlo. —Seguro se perdió cuando nos desmayamos, ojalá que nadie lo encuentre, es nuestra única forma de regresar —dijo Shikadai intentando aun procesar todo lo que estaba pasando. —Seria un desastre tener a nuestros genin en el futuro. —Es un desastre todo lo que esta pasando —El Nara se puso recto en su camilla— Necesitaremos su ayuda hokage sama. —Está bien, creeré en su historia —Se puso de pie—, hasta que encontremos su pergamino les designare un hogar, pero, espero no sea mucho pedir que respeten las normas. “Es extraño como se está comportando” —pensó Shikadai— “No cualquiera se cree esta historia con tanta facilidad” Aunque sus compañeros y el mismo eran el vivo retrato de sus padres, un líder nunca dejaría entrar a forasteros con una historia tan loca a su aldea, existen trucos que pueden falsificar la apariencia con facilidad; es como si un extraño tocara tu puerta diciendo que es un pariente perdido. Claro, al menos que supieras de su existencia.   “Hokage sereno y amable decían los libros, no parece tan amable cuando no conoce a quienes controla” —Está un poco alejada de Konoha para que nadie los vea. —La verdad, nuestros padres nos contaron que en esta época pasarán cosas malas, queremos ayudar a la aldea —explicó Himawari. Las miradas sorprendidas se dirigieron hacia ella, ni siquiera acababan de procesar que estaban en otro tiempo, mucho menos se les había pasado por la cabeza ayudar o quedarse tanto en esta época. —Incluida la de usted —dijo Shinki, quien le siguió el juego a su amiga, llamando la atención del hokage.  —¿Enserio? —murmuró Boruto enojado, no estaba entre sus planes ponerse en riesgo para salvar a unas cuantas personas. Shinki lo miró mal, advirtiéndole que se mantuviera callado, el rubio aún frustrado decidió acatar esa orden indirecta.  —Por eso se asustaron cuando me vieron —Hiruzen miró el techo un momento antes de seguir—, no se preocupen por mí, estoy viejo. —Quien sabe —susurró levantándose de la camilla para acercarse al hombre—, hay personas realmente viejas en la aldea, tal vez exista alguna posibilidad de que esté en el futuro, o al menos viva algunos años —Insistió. El resto se mantenía callado, a pesar de que podían negarse a ayudar y hace un momento pensaban hacerlo; ver al viejo hokage e imaginar que se podía cambiar el futuro con su presencia, era una tentación.  —¿Como podría darnos su confianza? —Shinki también se levantó—, si no cumplimos con nuestra labor de ninjas. —Me alegra saber que el futuro aun conserve estos valores —Sonrió por primera vez con sinceridad. “Así que eso es lo que buscabas” —pensó Shikadai entendiendo el plan.  El hokage se acomodó en su asiento, optando por una postura más relajada y encendiendo su pipeta. —¿Qué sucederá? —La guerra contra la arena —dijo Shinki. “Que un ninja de la arena sea tan leal para inculpar a los suyos, es de confianza” —Y el sonido —contribuyó Sarada, indirectamente aceptando ayudar en este plan. “Que un clan de traidores sea tan leal, es de confianza” —Creía que estábamos bien con la aldea de la arena. —Eso es lo que usted creé, debe tener cuidado con el Kasekage y sus aliados —dijo firmemente Lucy. —Lo tendré. “Que jóvenes ninja que, tú sabes son del futuro, estén de tu lado, es de confianza” —Entraremos a los exámenes chunin —Esta vez Shikadai intervino, sellando indirectamente que todos aceptaban ayudar a proteger el pasado. Si dejaba que cada uno diera su opinión no llegarían a un acuerdo, tal vez solo algunos participarían y eso significaba estar separados durante un periodo largo de tiempo sin opción a comunicarse, o aún peor, terminarían peleando. Eso era lo que menos deseaba en estos momentos. —¿Están seguros? Son muy parecidos a sus padres, pueden levantar sospechas. —No nos importa, ayudaremos a salvar la aldea —dijo sinceramente Gina. "Ahora somos héroes" —pensó Boruto con una sonrisa en su rostro— “Será divertido”.  —Está bien, los exámenes comienzan pasado mañana, esta noche les daremos de alta y podrán ir a su nueva casa —Se levantó de la silla—. Pero, por favor, les traeré ropa para que se cambien esta es muy llamativa, podrían sospechar. —Gracias hokage sama, le prometemos hacer todo lo posible para ayudar a salvar Konoha —dijo sonriendo Boruto. “No sabemos cuánto tiempo estaremos aquí” —Ojalá así sea, bueno, nos vemos más tarde, descansen. “Pero él debe creer” “Que somos de confianza” El hokage salió del cuarto dejando a los chicos solos.  —Mi padre y mis tíos probablemente lleguen estos días de Suna, creo que no debemos salir hasta los exámenes chunin —mencionó Shinki. —Es increíble, pelearemos contra nuestros padres —dijo Kento, sintiendo una pisca de emoción por primera vez. —Imagina conocer este tiempo, será toda una experiencia —mencionó Lucy, intentando disipar la tensión creada. —Conocer a nuestra familia —susurró en voz alta Sahu. —No, no lo creó —Sarada desvió la mirada. —Es una nueva oportunidad para cambiar algunas cosas —dijo Boruto con una sonrisa. Mientras la adrenalina recorría sus cuerpos, los chicos se imaginaban un sinfín de experiencias y posibilidades que podrían presentarse; ignorando, tal vez intencionalmente, las consecuencias que traerían sus actos dentro de sus vidas.
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