ID de la obra: 1655

Cadenas

Slash
NC-21
En progreso
2
Tamaño:
planificada Mini, escritos 13 páginas, 5.369 palabras, 3 capítulos
Descripción:
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3: Un nombre que pesa

Ajustes
El día pasó con calma, casi parecía una burla por lo que estaba por venir. Arin entregó las llaves de un coche que ya había arreglado a su dueño y se concentró en la moto a la que aún le quedaba una revisión más como para darla por terminada. Todo era... Pacífico. De un modo que aterra. Los hombros permanecían tensos, su mirada se desviaba de vez en cuando como si se perdiera en sus pensamientos, como si el mundo se nublara a su alrededor. Casi sentía el miedo, la desesperación del ayer. La sentencia era clara y ya no podía escapar. Arin se juraba a sí mismo que solo sería una charla, pero con Takiishi nunca era solo hablar, era violencia, dolor y control. Aún así se prometió a sí mismo que solo cedería esta vez, que cerraría este capítulo de una vez por todas.

***

El corazón le pesaba y se estrujaba como un puño. Arin aparcó frente al almacén donde le habían citado. Solo había venido para evitar un caos mayor contra todo aquello que desea proteger, pero eso no apaciguaba la angustia que sentía, el aire parecía espesarse y cada paso que daba hacia el interior donde lo esperaban sus mayores temores sentía que un abismo iba abrirse bajo sus pies. Las dos siluetas aparecieron frente a sus ojos, aún lejanos, pero con un peso innegable. Arin sintió la ira burbujear en sus venas, respiró hondo para no dejarse llevar, aunque había algo más que sentía, algo más que no quería descifrar por el momento, que se asemejaba a emoción, adrenalina. Había olvidado lo que era sentirse así y últimamente se lo recordaban todo el tiempo. Endo notó la presencia de Arin, se giró hacia él con lentitud calculada y con la sonrisa maliciosa formándose en sus labios. — Takiishi, ya está aquí tu juguete. — Anunció con un tono que a Arin le resultó desagradable. Entonces Takiishi se giró también hacia el recién llegado, su mirada ámbar brillando en cuanto hizo contacto con la mirada carbón de Arin. El silencio pesó entre ellos hasta que Endo aplaudió con sus manos, manteniendo esa sonrisa. — Os dejaré solo, tenéis mucho de qué hablar. Con eso Endo se fue aunque Arin tuvo la certeza de que estaría cerca escuchando. La atención de Arin regresó por completo a Takiishi. Lo miró con detenimiento notando las diferencias de este Takiishi y el que él conoció hace dos años atrás. El pelo más largo, extensiones seguramente y una mirada llena de aburrimiento que antes no estaba. Seguía siendo atractivo de todos modos y ese pensamiento hizo que Arin se riñera a sí mismo internamente. — ¿Para qué me citaste?— Preguntó sin rodeos. Takiishi lo miró esta vez con más intensidad, tanta que Arin sintió que se iba a estremecer. — Arin. El nombre salió de los labios de Takiishi como si lo saboreara y el nombrado se sintió aturdido por un instante. ¿Acababa de decir su nombre? Nunca antes lo había hecho y Arin se sintió confuso. ¿Qué tanto había cambiado este Takiishi? ¿Ahora lo veía comouna persona y no como un peón? No. No tenía sentido y tampoco quería encontrarlo. Pero eso no evitó que la pregunta escapara de su labios. — ¿Cómo me has llamado? Takiishi sonrió apenas, una sonrisa sutil, casi imperceptible, pero que Arin notaría a kilómetros. — Alguien me dijo que debo nombrar a las personas para hacerles saber que las veo. Airn negó con la cabeza como si eso fuera imposible de entender. — Pero tú no me ves, nunca me has visto. ¿Por qué ahora? — Dijo intentando no caer en lo que se repetía que era una trampa. Takiishi que hasta ahora había mantenido la distancia entre ellos se acercó varios pasos hasta quedar a un metro de distancia. — Siempre te vi. Y esa afirmación casi rompe por completo la coraza de Arin quien tuvo que tragar saliva para bajar el nudo que se le estaba formando en la garganta. — No. — Se alejó un paso. — Solo vine a decirte que no volveré. La mirada de Takiishi se oscureció. — ¿Por qué tienes que ser tan testarudo? — Murmuró Takiishi mientras el ambiente se sentía más tenso. — Podría decirte lo mismo. Takiishi se acercó unos pasos, lo suficiente para que su postura intimidante llenara el ambiente de una sensación de peligro. Sonrió, una sonrisa de depredador. El silencio comenzaba a resultar inquietante para Arin, no quería estar allí, no sabía por quéhabía cedido, solo sabía que era una mala jugada. Takiishi se mantuvo en silencio unos segundos más que parecieron eternos. Miró a Arin con sus ojos ámbar y un destello de algo cruzó su mirada. Fue como si recordara algo. Acortó toda la distancia en un segundo y agarró a Arin del cuello de su chaqueta a la vez que presionaba sus labios contra los contrarios en un beso demandante y áspero. Arin sintió que el cerebro le dejaba de funcionar. Sintió que su cuerpo reaccionaba a Takiishi como alguna vez en el pasado lo había hecho y sus labios se movieron en contra de su raciocinio. Sabía que debía alejarse, pero era tan adictivo. Takiishi se separó apenas unos centímetros, susurró contra los labios contrarios. — Crees que puedes resistirte. Qué iluso, Arin. Arin sintió su mundo girar. No tenía sentido y a la vez lo tenía todo. ¿Resistirse? Sonaba a fábula, a cuento para niños, a algo ya imposible, pero Arin era terco y su orgullo pesaba más de lo que admitiría. Takiishi se alejó unos pasos y Arin sintió un vacío que no había sentido en mucho tiempo. Si Takiishi buscaba crear en él una necesidad: lo había conseguido. Aunque no estuviera preparado para aceptarlo aún. Una cosa estaba clara y era que Takiishi siempre conseguía lo que quería, Arin no sería una excepción.

***

Arin no supo cómo llegó al taller otra vez. Solo supo que estaba allí y que cada movimiento se sentía mecánico, rígido. Se sentía un intruso en su propia piel. Pasó por los vehículos en reparación ignorando todo el mundo a su alrededor, siguió hacia el cuarto de aseo que había al lado del almacén. Cerró la puerta tras de él y puso el pestillo. Su respiración era agitada y aún podía sentir el roce de los labios de Chika como una promesa, como una amenaza, como más de lo que podía soportar. Sus manos se apretaron en puños sobre el lavabo. “Respira” se dijo a sí mismo. “No caigas” Intentó recuperar el aliento. Abrió el grifo como si el agua pudiera llevarse el peso que lo angustiaba. Como si pudiera borrar el rastro de incertidumbre que lo hacía sentir sucio. Metió sus manos bajo el agua fría y se frotó la cara como si pudiera dejar de sentirse un extraño así. Pero nada de lo que hacía funcionaba. En su mente no paraba de repetirse la escena de Takiishi Chika frente a él, con esa mirada intensa que parecía verlo por primera vez y lo hacía sentir diminuto. Lo nombró, por primera vez no fue una orden o un silencioagudo. Habría preferido un golpe, no saber que existía para Takiishi, porque ahora no sabía qué hacer con esa nueva realidad. — Maldita sea… — Murmuró para sí mismo. Takiishi era esa sombra que lo acechaba, casi más peligrosa que la sombra que representaba Endo, si lo pensaba, estaba acorralado entre dos entes que lo consumirían para luego desecharlo, era como estar contra la espada y la pared. Cerró el grifo y se secó la cara con papel. No se sentía limpio ni mejor. Parecía que no habría descanso para él, no quería ceder ni perder su mundo, pero se preguntaba si de verdad pertenecía a ese mundo de paz y calma. Tal vez no. Tal vez nunca pertenecería a algo más que el caos. Su nombre nunca había pesado tanto. Takiishi lo había usado como un arma y le había golpeado de lleno. Y Arin sabía que en esta guerra perdería. Aceptarlo estaba en su mano, como una pelota en su terreno de juego, le tocaba a él hacer la próxima jugada. Todo pendía de un frágil hilo. Era como saberse ya el final del cuento, y eso no menguaba la ansiedad.
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