Cadenas

Slash
NC-21
En progreso
4
Tamaño:
planificada Mini, escritos 34 páginas, 12.973 palabras, 10 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
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10: Nadie te invitó

Ajustes
El viento chocando contra el casco y su cuerpo era la mejor sensación. Arin sentía en momentos así, donde eran solo él y su moto, que podía escapar, que si se desviaba y tomaba una ruta incierta podría llegar a cualquier destino que lo hiciera libre. A veces su mente se inclinaba hacia la idea de ir cerca de donde vive el señor Namura. De inmediato descartaba esa idea porque aunque se disculpara, aunque asumiera la responsabilidad de todo, Arin no podía. Frenó en un semáforo, observó a los peatones y suspiró. Era tentador. Pensar en que Namura lo perdonaría, que le daría de nuevo un hogar, pero Arin ya no estaba seguro. ¿Acaso merecía una segunda oportunidad? No. Porque había demostrado ser un monstruo, y nadie acepta a un monstruo. Cuando reanudó el camino, sin saber aún a dónde iba, se sentía más pesado; como si llevara toneladas sobre sus hombros.

***

Takiishi odiaba que las cosas se salieran de su control. Y Arin no era tan fácil de controlar, bueno, debió suponerlo, al fin y al cabo era una leyenda como él. Era fuerte como Takiishi y casi tan inteligente como Endo, la diferencia es que a Arin non le gustaba tener control sobre otros, iba por libre y no era alguien manipulable, la cosa solo cambiaba si en la ecuación entraban Takiishi y Endo. Las tres leyendas que giraban en órbita, Takiishi absorbiendo a Arin, Endo alrededor de Takiishi y Arin a punto de colapsar en una supernova. La situación era esta: Arin salió y no avisó a nadie, aprovechó que los otros dos salieron a atender asuntos, fue a su moto y se fue. Takiishi sabía que volvería, porque realmente no tenía a dónde ir, se habían encargado de eso y por mal que sonara, no se arrepentía. Aunque Takiishi seguía sintiendo vacío, seguía con su fijación por Umemiya. Arin no podía llenarlo, no si no estaba del todo subyugado al poder ajeno. Arin no servía si no era dócil con Takiishi, y el peliazul no lo ponía fácil. Daba igual que Endo pagara las facturas, le diera premios a Arin que luego este tiraba porque “no era un perro que premiar por buen comportamiento” cuando Takiishi pensaba que era precisamente eso. Arin era un perro, su mascota, y no dudaría en apretar la correa de ser necesario.

***

Arin no paró hasta que estuvo en medio del parque forestal. Supo de inmediato que estaba cerca de furin, había rodeado la ciudad dos veces en esas horas. No tenía ni idea de por qué estaba ahí, necesitaba descansar, respirar sin el ambiente asfixiante y sin nadie que rompiera aún más sus sueños. Un trabajo. Eso necesitaba. Y luego volver a huir, muy lejos, tan lejos que nadie lo encontrara, empezar de cero y ser un monstruo alejado de todos. Porque sentía que merecía la soledad, el odio y quedarse marginado. Tal vez uno de sus mayores defectos era la capacidad en que se hundía a sí mismo y el autodesprecio que cargaba sobre sus hombros. Las cosas tenía una forma más sencilla de solucionarse, pero ahora no podía verlo. Dejó la moto aparcada en la entrada al parque forestal. Caminó hacia el interior durante unos minutos, inconscientemente se acercaba a Furin, pero en ese momento no le importaba. Solo podía pensar en que alguna vez fue un chico con ilusiones, problemático, sí, pero con una sonrisa. Entonces llegó al caos del antiguo Furin y cambió todo, su vida dio un vuelco y se convirtió en cenizas. Ya nada era lo que alguna vez fue. Ni siquiera él era el mismo. Siendo honesto, no sabía quién era. Estaba tan perdido en sus pensamientos que no se dio cuenta de los pasos que se acercaban. Pausados, pasos que demostraban la firmeza y decisión del caminante. — ¿Perdido? La voz tras Arin hizo que este se girara. La simple voz de Umemiya Hajime le irritó, por supuesto debió haberlo esperado. Estaba en su territorio. Notó el matiz hostil en la voz contraria, y lo vio también en los ojos azules de Umemiya. Arin no era bienvenido allí, debió esperarlo. O tal vez no era eso, sino algo que Arin aún no podía ver, algo que no era tan simple ni tan perceptible. — Sí, ya sabes, no tengo buena orientación. — Dijo Arin con sarcasmo. Umemiya frunció el ceño, no estaba acostumbrado al carácter de Arin, le molestaba y no lo entendía. Y Arin tampoco entendía a Umemiya. Había una peligrosa línea entre ser malo y que todo sea un malentendido. Ellos no entendían la diferencia porque Umemiya no sabía nada de Arin, a diferencia de los otros dos, Ume no conocía toda la verdad de Arin. Mientras que Arin... Bueno, no entendía a Umemiya y a la vez sí, era más orgullo que razón. — No deberías estar aquí. — ¿Me estás echando? — Arin no tenía la necesidad de quedarse allí en medio de árboles y estaba oscureciendo, pero que pareciera que Umemiya decidía que se tenía que ir, le molestaba. La expresión de Umemiya se oscureció. Por una parte sintió la necesidad de decirle que podía quedarse, pero por otra pensaba en sus chicos de Furin, que no se sentían cómodos con la presencia de las leyendas ahí después de tantos problemas. No quería que Arin fuera un problema más. Tampoco sabía si podía ayudarlo, no entendía a Arin. No había manera de entender a alguien que no conoces bien, y la situación no era la adecuada para generar empatía o ganas de acercarse. — Sería mejor que te fueras.— Dijo Umemiya. Si dudó al decirlo, Arin no lo notó. Arin lo sintió como una puñalada, saber que el que salva a todos no le daría una oportunidad, aunque, él no quería una oportunidad. No lo necesitaba ni a él ni a Bofurin ni a nadie. La mirada oscura de Arin se dilató en anticipación, sabía que las palabras no eran suficientes y nunca lo serían, tampoco estaba dispuesto a abrirse y contarle todo a Umemiya. Así que no sabía qué quería. Se quedaron mirándose en un tenso silencio. En algún momento el aura de ambos saltó, como la fricción y tensión liberándose al fin, y se posicionaron Arin en pelea y Umemiya en defensa.
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