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Asfixiado. Así se sentía Arin. Nada callaba la voz de la razón en su mente, haciéndolo consciente de su realidad, algo que aún no quería aceptar. Si podía retrasar el golpe, lo haría. Pero se estaba perdiendo a sí mismo en el proceso. Lo notaba en cómo comenzaba a no importarle cómo lo tratara Takiishi, mientras lo nombrara, lo tenía sujeto a una correa y Arin no era capaz de romper la dinámica de poder. Se preguntaba si alguna vez de verdad fue el ancla de Takiishi, o solo un experimento, el juguete del momento.Y ahí estaba, siendo eso otra vez. La parte más sensata de sí mismo le pedía que volviera a huir, pero otra parte, la que por ahora ganaba, le hacía saber que siempre lo encontrarían y que tampoco estaba tan mal. Podría ser peor, sí, en todos los sentidos. ¿Qué importaba si se sentía usado? Prefería no pensarlo. No le quedaba nadie a quien acudir, qué más daba si se hundía en el fango, en el más sucio barro, no importaba. Su cuerpo pedía violencia cada vez que Takiishi terminaba de besarle, cada vez que Endo soltaba una de sus ocurrencias en tono de broma, que estaba lejos de ser una simple broma.Palabras hirientes y besos que le dejaban un sabor agridulce, por no decir amargo, eso es lo que tenía ahora y aunque fuera nada y menos, lo necesitaba. Se autoconvenció de que necesitaba estar ahí.***
Una parte de Arin anhelaba ser visto, y se ahogaba en la superficialidad de ser nombrado. “Arin”ya no era un nombre sino un arma de doble filo. Pero poco a poco, cada acercamiento de Takiishi dejaba de sentirse ajeno, cada deseo de violencia se sentía menos fuera de lugar e incluso tener a Endo revoloteando alrededordejaba de sentirse una intromisión. Arin poco a poco, con el pasar de los días, iba consumiéndose y enfocando su frustración hacia otro lado, ignorando que quizá el problema lo tenía frente a sus ojos. O queriendo precisamente ignorarlo. Lo único que conocía era esa espiral de odio y necesidad.