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Mikhail llegó al ministerio a través de la red flu. Se limpió la túnica con las manos y caminó por los angostos pasillos. Trataba de no pensar en Regulus, no debía pensar en él. ¿Qué sentido tenía? Su alma estaba entrelazada con la suya, pero ya está, erasolo eso. Nada más. No debía dolerle lo idiota que era. Regulus le dijo que se quedara, se acercó por un momento, pero eso fue hace semanas. Ahora Regulus lo evitaba, sus respuestas eran escuetas o secas y ni decir se su obsesión con ese estúpido periódico. Mikhail podía entender la frustración de Regulus por no ser libre, pero también anhelaba que Regulus lo entendiera a él. Bueno, lo que más molestaba a Mikhail era la voz interna de su lobo. No paraba de decir tontería sobre pareja destinada. No tenía sentido, eso era imposible, se necesitaba un núcleo mágico poderoso y compatible. Se decía a sí mismo que su lobo se equivocaba, pero en el fondo sabía que no. — Mikhail, muchacho, qué bueno verte. — La voz de Arthur Weasley sacó a Mikhail de sus pensamientos. — Hola señor Weasley. — Saludó cortésmente. Los Weasley eran todos Gryffindor y aun así no lo rechazaban por haber demostrado ser un Slytherin “bueno”. No tenía claro que pensaran eso si supieran que escondía a Regulus Black. — Siempre tan formal. Llámame “Arthur”. — Claro, Arthur. — Dijo Mikhail sintiéndose fuera de lugar. El señor Weasley le dio una palmada en la espalda y sonrió. Después se fue a seguir con su trabajo. Mikhail rondó el ministerio por unos minutos más hasta que decidió ir al callejón Diagon.***
Las horas pasaban y en Regulus la inquietud crecía. Tal vez estaba pecando de dramático, tenía la sensación de que Mikhail no regresaría a él. Se sentía exagerado, pero no podía evitarlo. Leyó por enésima vez “El profeta”. Horas después Mikhail regresó. Su presencia fue silenciosa, no se anunció y en su cara mostraba un cansancio impropio de alguien de su edad, como si algo profundo lo molestara desde dentro. Regulus mantuvo las apariencias con la pierna cruzada sobre la otra y sus dedos pasando las hojas del periódico otra vez. Mikhail sintió un rastro de amargura en su ser y Regulus pareció sentirlo también lo que dejó confuso al mayor.***
El silencio dolía. Pero más dolía verse sin la voluntad de actuar. Mikhail sentía que el mundo caía sobre sus hombros, era como si estuvieran rechazando el vínculo y sabía cómo le afectaba eso sobre todo al ser un lobo en parte. Los días pasaban con lentitud. Mikhail ni siquiera sabía en qué fecha estaban. Fue una noche en la que Regulus decidió actuar, aunque no del modo en que Mikhail hubiera esperado. Mikhail estaba en su habitación sentado en el borde de la cama cuando Regulus entró. — Quiero ir a ver a Sirius. Sé que está en Grimmauld Place 12 y creo que es el momento. Mikhail vio la determinación en la mirada de Regulus y tragó saliva. Algo se removía en su interior pero no habló hasta segundos después. — ¿Cómo explicarás que estás vivo? Regulus lo miró sabiendo que esa pregunta estaría sobre la mesa. — Le diré la verdad. — Dijo. — No. Aún no sé cómo entender nuestra conexión como para que más gente lo sepa, ni siquiera entiendo cómo fui capaz de sacarte del lago y... No deberías estar vivo. — Pero lo estoy. Mikhail se incorporó de su asiento, su cuerpo tensándose. — Lo sé, pero no entiendo la necesidad de exponerte. — Murmuró. — Quizá ellos, la orden, puedan entender nuestra conexión y... — Regulus no terminó la frase porque Mikhail se levantó del todo con ira en sus ojos dorados. — Quieres romper la unión y ni siquiera sabes lo que significa. — Alzó la voz sin quererlo. — Entonces explícamelo. — Estamos unidos por magia, por alma. Mi núcleo mágico te reconoció y mi lobo también. Aún no sé que cambios implica para ti eso, pero sé que si lo rompes seguramente yo no sobreviva. — Las palabras salieron disparadas y Regulus hubiera preferido un maleficio. — Mikhail... — Comenzó a decir Regulus, pero ni siquiera sabía cómo seguir. — No, vete. — Murmuró Mikhail sintiéndose vulnerable y no queriendo que lo viera así. Regulus no hizo caso. Se acercó un paso y luego otro hasta estar a centímetros de distancia y envolver sus brazos en un abrazo apretado a Mikhail. Este se removió al principio, queriendo que lo soltara, no queriendo aceptar el consuelo, pero al final cedióy escondió su cara en el cuello de Regulus. — Eres un idiota. — Murmuró Mikhail otra vez. Y Regulus se dio cuenta de que quería proteger a Mikhail. Sintió algo removerse en sí mismo y una oleada de protección hacia Mikhail. Y por primera vez se sintió tranquilo con el vínculo.