ID de la obra: 1664

Un nuevo amor

Gen
NC-21
En progreso
1
Fandom:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 26 páginas, 10.019 palabras, 9 capítulos
Descripción:
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La ira de Mirai Trunks

Ajustes
Afuera transcurría un solo día. Dentro, un año entero. Así funcionaba la Habitación del Tiempo. Mientras el mundo seguía avanzando, allí dentro el tiempo se estiraba como una condena interminable. Vegeta entrenaba con un único objetivo: ganar el Torneo de Cell. Mirai Trunks, en cambio, entrenaba para algo muy distinto: salvar a las personas que amaba. A su madre. A Gohan. Con cada día que pasaba, Trunks intentaba acercarse a su padre. No por obligación ni por admiración ciega, sino por una necesidad que lo había acompañado desde niño. Siempre quiso conocerlo. No había fotografías. No había anécdotas familiares. No había recuerdos heredados. Solo un nombre… y un vacío imposible de llenar. Aun así, necesitaba saber quién era ese hombre. Qué clase de persona había sido. Y, sobre todo, qué había en él que justificara su comportamiento. Su madre lo había dado todo por él. De eso nunca dudó. Y aunque rara vez hablaba de Vegeta, Trunks siempre creyó que ese silencio se debía al dolor de haberlo perdido. “Fui la única que lo conoció como realmente era. Nadie más.” Eso era todo lo que Bulma decía. Siempre lo mismo. Y después, nada. Ni una palabra más. Ni una explicación. Solo una mirada vidriosa que Trunks aprendió a reconocer demasiado bien. Eso era lo que nunca había entendido. Si habían sido lo suficientemente cercanos como para traerlo al mundo, ¿por qué no existía nada más? ¿Por qué no había historias, ni recuerdos felices? Solo esas pocas palabras… y un silencio que pesaba más que cualquier respuesta. De niño no lo comprendía. Pero ahora sí. Compartir ese encierro con Vegeta le reveló la verdad. El héroe que había idealizado no existía. En su lugar había un hombre frío, orgulloso, incapaz de pensar en alguien más que en sí mismo. Todo encajó de golpe. Cada evasiva. Cada silencio de su madre. Cada mirada triste cuando él preguntaba. Si hubiera sabido cuánto le dolía recordarlo… Si lo hubiera entendido antes… Nunca le habría preguntado por él. Nunca. Aun así, Trunks insistía. Intentaba hablarle, incluso durante las comidas. Vegeta levantaba muros incluso ahí. No quería conversar. No quería entrenar con él. A veces parecía que no quería ni verlo. Y eso dolía. Mucho más de lo que Trunks estaba dispuesto a admitir. A veces pensaba que habría sido mejor no conocerlo. Seguir aferrado a una imagen idealizada antes que enfrentarse a esta realidad. Cuando finalmente reunió el valor para encararlo, solo obtuvo gritos, reproches y discusiones. Día tras día. Después de discutir, peleaban. Trunks lo llamaba entrenamiento. Vegeta lo llamaba ponerlo en su lugar. Una noche, después de cenar, Trunks hizo la pregunta que llevaba tiempo quemándole el pecho. —¿Por qué dejaste que el androide destruyera la aeronave? La paciencia de Vegeta se quebró de inmediato. —¿Cuántas veces más vas a hacerme la misma pregunta? —Hasta que obtenga la respuesta correcta. —Ya te la he respondido. Eres tú el que no la acepta, yo no tengo por qué convencerte de nada —respondió con frialdad. —Pudieron haber muerto. Vegeta se levantó de la mesa con clara intención de ignorarlo. Trunks también se puso de pie, siguiéndolo. —Ella se lo buscó —dijo Vegeta sin detenerse—. Nunca ha sido muy inteligente que digamos. Trunks le bloqueó el paso de golpe. —No te atrevas a hablar así de mi madre. —Muévete, mocoso. —Solo quiero entender —insistió, forzándose a calmarse—. Respóndeme y te dejaré en paz. Solo… dime por qué. Vegeta se detuvo. Lo pensó un segundo. No perdía nada con decirlo. Así se lo quitaría de encima de una vez por todas. —No me importa lo que le pase —respondió sin titubear, mirándolo fijamente—. Por eso no los ayudé. Me es completamente indiferente si algo le sucede a ella… o al mocoso. La frialdad de sus palabras fue un golpe directo al pecho. Trunks quedó helado. ¿Cómo podía decir eso? ¿Cómo podía hablar así de su madre… y de él mismo? Vegeta pasó de largo, dejándolo solo con un torbellino de pensamientos. Ellos habían estado juntos. Lo habían creado. Él era la prueba viviente de ello. Entonces una idea lo atravesó como un rayo. ¿Y si se había aprovechado de ella? La sola posibilidad lo revolvió por dentro. Lo asqueó, lo enfureció. Apretó los puños. Su ki estalló. La imagen del guerrero noble que había imaginado toda su vida se hizo añicos. Un resplandor dorado lo envolvió. —¡Aaah! Se transformó en súper saiyajin y atacó sin pensarlo. Su golpe impactó de lleno y lanzó a Vegeta cientos de metros. —¡Entonces dime! —rugió—. ¿Por qué quieres derrotar a Cell si no te importa nadie? Vegeta se incorporó lentamente. Sonrió de lado, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano. —¿No se habían acabado ya las preguntas? —¡Contesta! —gritó Trunks, fuera de sí. Vegeta se levantó por completo, aún sonriendo. Algo en verlo así —furioso, poderoso, dejando atrás al muchacho tranquilo y pusilánime— le provocó una extraña satisfacción. Orgullo. Uno que jamás admitiría. Decidió provocarlo más. —Quiero eliminar a Kakaroto. Cell solo es un obstáculo. —¿Eliminar al señor Goku? ¿De qué demonios hablas? —Eso no es asunto tuyo. Trunks pudo haberse callado. Pero era la conversación más larga que habían tenido jamás. —¿Y después qué? —Insistió, adoptando postura de combate—. ¿Qué ganas con eso? —Cuando lo mate… Vegeta se lanzó y le clavó un golpe brutal en el estómago. —…habré cumplido mi venganza. Trunks reaccionó de inmediato. Contraatacó con ambos puños en la espalda, obligándolo a encorvarse, y remató con una rodilla directa al pecho. Vegeta cayó de rodillas, riendo como un loco. —¿Te volviste más fuerte en cinco minutos? Eso le encantaba. Ver cómo el muchacho crecía a golpes. —¿Y después de matar a Goku qué harás? —preguntó Trunks entre jadeos. La pelea continuó. Golpe tras golpe. Palabra tras palabra. —Irme de este estúpido planeta. —¡No puedes dejarlos solos! —Puedo hacer lo que yo quiera. —¿Y si alguien intenta hacerles daño? ¿No es tu obligación protegerlos? —¡Ya te dije que no me importa ni ella ni el mocoso! El último golpe de Vegeta puso fin a la pelea. Trunks cayó de espaldas, perdiendo la transformación. Recordó a Gohan, su maestro en el futuro, en una conversación lejana. “No me lo tomes a mal, Trunks… pero si tu padre viviera, quizá tú serías muy diferente.” Y entonces, entendió lo que Gohan había querido decir. —Si te vas… será lo mejor —dijo incorporándose con dificultad—. Nadie te va a extrañar. —¿Crees que eso me importa? —Ella te olvidará… pero tú no. Vegeta frunció el ceño. Esa frase le dolió, aunque no supo por qué. —Mi madre del futuro es hermosa —continuó Trunks—, pero está sola. Triste. Vacía. En cambio, mi madre de este presente es todo lo contrario: alegre, luminosa, llena de vida. Sonríe con facilidad, cautiva sin esfuerzo… hace que cualquiera desvíe la mirada hacia ella. Vegeta sintió el golpe en el estómago antes de admitirlo: celos. La sola idea de que alguien más la mirara como él lo hacía le quemó la sangre. Bulma era exactamente eso que Trunks acababa de describir, sin exagerar una sola palabra. Eso fue lo que lo atrapó desde el inicio. Y se odió al imaginarla sonriéndole a otro, tratándolo con la misma cercanía, con esa calidez que —aunque no lo aceptara— sentía como suya. —Quizá hasta termine con Yamcha. Fueron pareja en el pasado. El nombre fue como veneno para Vegeta, arrugo su frente y su nariz sin darse cuenta de ello. —Me importa un carajo lo que haga. —¿Seguro? Díselo a tu cara. —¿Crees que siento algo por Bulma? —escupió Vegeta—. ¿Quieres la verdad? La usé. Nada más. Pudo haber sido cualquiera. Ella era la que estaba disponible. —Hmph… —Trunks apretó la mandíbula. Ya había tenido suficiente por ese día. Se dio la vuelta con la clara intención de marcharse a descansar. Pero Vegeta no estaba dispuesto a dejarlo ir tan fácil. Lo había provocado. Y ahora iba a hacerlo pagar. —¿No te lo contó? —añadió con una sonrisa torcida—. Fue ella la que se desnudó en mi habitación. Trunks se detuvo en seco. Lo supo de inmediato: alarde, veneno, palabras diseñadas para herir. Sabía que probablemente era mentira… o, peor aún, una verdad distorsionada a propósito. Aun así, el golpe fue certero. Respiró hondo. Tenía que controlarse. —Ella se me ofreció —continuó Vegeta con cruel ligereza—. ¿Qué podría haber hecho yo? —añadió con sarcasmo. Trunks giró lentamente el rostro hacia él. En sus ojos no había rabia… solo desprecio puro. —¿De verdad crees que fuiste planeado? —siguió Vegeta, clavándole la mirada—. Ahora que me conoces, dime… ¿de verdad te parezco alguien que quisiera un hijo? ¿Una familia? —Ahora que te conozco, sé no vales ninguna de las lágrimas que pudo haber derramado por ti. —Fue su error, no el mío. —En algo tienes razón… ella estará mejor sin ti. Haremos que todo esto termine y te puedas largar. —Aunque, ¿sabes qué? Podría visitarla de vez en cuando —rió Vegeta— Me aseguraré de que esté disponible cuando YO lo requiera —dijo Vegeta, con una sonrisa fría. Eso fue suficiente. Trunks se lanzó contra él sin pensarlo, envuelto en furia. Pero la reacción de Vegeta fue inmediata. Detuvo el ataque con facilidad y ambos quedaron frente a frente, mano contra puño, los músculos tensos, las miradas cargadas de odio contenido. El aire vibraba entre ellos. —En mi tiempo… —gruñó Trunks, empujando con todas sus fuerzas— ella se enamoró de alguien más. —¿No acabas de decir que está sola y acabada? —replicó Vegeta con desdén. Trunks apretó los dientes y avanzó un paso más, obligándolo a retroceder. El suelo cedió bajo los pies del príncipe, hundiéndose con un crujido seco. —Ese hombre fue como un padre para mí —escupió, con la voz quebrada entre rabia y dolor—. Mucho mejor de lo que tú jamás serás. Lo miró directo a los ojos, sin apartarse. —Todo lo que hizo… la máquina del tiempo, sobrevivir, seguir adelante… fue gracias a él. CONTINUARÁ.
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