Interludio: Lo que prende

Gen
PG-13
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planificada Midi, escritos 24 páginas, 6.828 palabras, 3 capítulos
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Interludio: Lo que prende

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Interludio: Lo que prende

(POV Katniss) Al menos por un segundo. —"¡Katniss!"— El grito de Prim me golpeó de lleno. Solo pude abrazarla con más fuerza. —"Shh, ya estoy aquí, Patito. No me voy a ir a ningún lado"— le susurré. Me ardían los ojos, pero me negué a llorar delante de nadie. —"Hija"— levanté la cabeza y me encontré con unos ojos azules. Mamá apenas se mantenía en pie, sosteniendo el paraguas con manos temblorosas. Alargué un brazo para atraerla y estrecharlas a las dos contra mí. —"Mamá, volví"— murmuré contra su hombro. La presión en mi garganta se volvió casi insoportable. —"Lo sé. Sabía que lo lograrías"— respondió ella, rodeándome con sus brazos mientras las lágrimas le cubrían la cara. Hice lo único que deseaba desde que me fui: abrazarlas. Cerré los ojos y sentí cómo la punzada en mi pecho cedía un poco. —"¡Catnip!"— Esa voz fue como un puñetazo en el estómago. Prim y Mamá me soltaron. Miré al único que me llama así. —"Gale"— dije. Seguía tan alto como recordaba. Se plantó frente a mí y me rodeó con sus brazos en un abrazo asfixiante. El olor a bosque y tierra me hizo cerrar los ojos. Le devolví el gesto, aunque entre nosotros los abrazos nunca habían sido algo normal. Cómo extrañaba todo. Nos separamos, pero él no me soltó del todo. Sonreí, contenta de verlo, pero él me miraba demasiado estático. Un escalofrío me recorrió. —"Katniss, yo—" —"¡Bájenlo por aquí!"— La voz del médico cortó el momento. Giré la cabeza para ver cómo la camilla de Peeta bajaba lentamente del tren, rodeada por cuatro agentes de la paz y con el doctor dando órdenes al frente. —"Peeta"— dije, liberándome de Gale. Estaba lista para ir tras él y ver qué harían. Pero algo me detuvo: una mano. Me giré para soltarme, pero la voz de Prim me dejó quieta. —"¿Qué hace él aquí?"— Mi mirada se clavó en ella. Me observaba con una expresión demasiado seria, para las lágrimas que aún bajaban por su cara. Miré a Mamá; tenía la misma cara. Gale seguía sujetándome la mano, sin intención de dejarme ir. Recorrí al resto con la vista: Daisy, Rory, Vick, Madge, su padre, era como si todo el Distrito 12 compartiera la misma mirada. Miedo, inseguridad, duda… Volví la cabeza hacia la camilla con Haymitch y Effie caminando lentamente hacia mí. —"¿A dónde vas?"— Preguntó Mamá, obligándome a mirarla de nuevo. Apreté la mandíbula. Las mentiras estaban de vuelta, igual que el clavo en mi pecho. Apreté la mano de Gale —la que aún me sujetaba— antes de liberarme lentamente. —"Yo… ah… debo—" las palabras se me murieron en la boca. Miré a Mamá, luego a Prim y terminé en Gale, que tenía el ceño completamente fruncido. ¿Qué se supone que haga? Mi cuerpo dio un paso atrás por instinto. Peeta, yo… Di otro paso. Mamá, Prim… Uno más. Vi que Gale abría la boca, listo para soltar un gruñido como siempre que algo no le gustaba. —"¡Oh, qué placer conocerlas al fin en persona!"— La voz de Effie a mis espaldas, junto con su mano apoyada en mi hombro, me forzó a dejar de retroceder. Levanté la cabeza para verla. Su peluca amarilla con la sonrisa enorme. Me miró un segundo como si esperara algo de mi parte. Arqueó las cejas. ¿Qué? Ah, claro. Me aclaré la garganta y volví a mirar a mi familia y amigos. —"Ella es Effie Trinket "— dije señalándola mientras tragaba saliva. Luego apunté a mi madre. —"Ella es mi madre, Astrid Everdeen"— pasé la mano hacia Prim. —"Y ella es Primrose, mi hermana"— bajé el brazo poco a poco. —"Sin duda es un placer; me encantaron sus entrevistas"— dijo Effie. Volví a mirarla como si me hubiera golpeado. Solo está intentando ser amable. Me lo repetí mentalmente, apretando los labios. Mi Mamá parecía perdida; sus ojos iban de Effie a mí sin entender nada. —"¡Me importa una mierda las presentaciones! ¿A dónde vas?"— Los ojos se me abrieron de par en par cuando Gale explotó, di un paso adelante al instante. Sentí a Effie ponerse rígida a mi lado; su cara era un poema de incredulidad. Daisy casi se atraganta al oír a su hijo. Empezó a avanzar deprisa para callarlo, como hacía siempre que Gale perdía el control. —"¡Gale!"— Le grité. Tenía los puños cerrados. La rabia me encendió por dentro. Me dieron ganas de golpearlo. Como siempre. Oí unos pasos pesados atrás de mí. —"Muchacho, deberías tener cuidado con esa boquita que te cargas"— soltó Haymitch, que ahora estaba a mi lado con una mirada cargada de advertencia dirigida a mi amigo. Todos nos quedamos quietos. —"¡Con un demonio, tengan cuidado!"— El grito del médico rompió la tensión de nuevo. Effie dio un paso al frente, recuperando su sonrisa. —"Ja, ja, ja... No se preocupen, entiendo que la emoción por ver a Katniss es tan grande que no quieren separarse de ella"— explicó animadamente. Levantó un dedo en el aire. —"Pero aún quedan cosas por hacer. Tenemos que instalar a Peeta Mellark, su nuevo vencedor"— enfatizó la palabra "vencedor" mientras miraba fijo a Gale, que alejó la vista. —"En su nueva casa compartida, en la villa de los Vencedores"— terminó, mirando a todos como si esperara preguntas. ¿Espera...? —"¿Compartida?"— Espetó Prim, mirando a Effie con duda. Effie se acercó a ella; mi hermana se ocultó un poco tras Mamá. Entonces, Effie le guiñó un ojo. —"Claro, se quedará con Katniss. Después de todo, están juntos"— mi mandíbula se me trababa en cuanto terminó de hablar. Sí pero… Vi a Mamá dar un paso atrás, buscando mi mirada. Prim dejó escapar un jadeo y los murmullos empezaron a correr entre la gente. Gale, por el contrario, recuperó esa expresión de estar a punto de estallar. Pero Daisy lo sujetó del brazo, callándolo con una sola mirada. Sentí que el suelo se movía bajo mis pies. —"Órdenes del presidente Snow"— añadió Haymitch, escupiendo amargamente. Al oír ese nombre, hasta los agentes de la paz se cuadraron, callando los murmullos de golpe. —"No es el lugar"— murmuró Daisy tan bajo que por un momento pensé que lo había imaginado. ​Pero su mirada me confirmó que no. Vi a Gale apretar los puños antes de darse la vuelta y simplemente marcharse, seguido de Daisy y sus hermanos. ​Daisy me lanzó una última mirada de ¿pena? antes de seguir caminando tras Gale. ​—"Bien, ¿qué les parece si nos acompañan? Después de todo, son la familia de Katniss"— propuso Effie, dejando de mirar a los que se iban para centrarse en mi familia. ​Posé la mirada en Prim. Ya tenía las mejillas secas, pero me miraba perdida. Las manos me sudaban. ​—"Iremos"— decidió Mamá. Miraba fijamente a Effie, quien se limitó a devolverle una pequeña sonrisa. ​Se quedaron un segundo evaluándose con la mirada antes de que Effie rompiera el contacto, se diera la vuelta y empezara a caminar. ​¿Qué fue eso? ​La mano de Prim me sacó de mis pensamientos. Me asintió con la cabeza, con un gesto decidido. ​¿Pero qué está pasando? ​—"Cuanto antes terminemos con esto, mejor"— farfulló Mamá mientras tomaba la mano de Prim y me miraba fijo. ​¿Terminemos? ​Empezamos a caminar con Effie al frente. Alcanzamos la camilla y avanzamos en fila, con Haymitch caminando detrás de nosotras. ​—"Todo estará bien, Katniss"— me dijo Prim en voz muy baja, lanzándole miradas a Effie. ¿Por qué actúan así? Negué con la cabeza apretando la mano de Prim. Estoy en casa, no más Capitolio. Sentía las miradas desde las ventanas y de algunos fisgones que nos seguían a distancia. Entrometidos. Caminamos en un silencio asfixiante hasta llegar a la entrada de los Vencedores: una hilera de casas lujosas que hacían que el resto del Distrito 12 pareciera un basurero. El estómago se me revolvió. ¿Cuántas veces pasé por esta misma calle quejándome del lujo de unos pocos mientras los demás moríamos de hambre? Ahora soy uno de ellos. Cerré los ojos un segundo para alejar esos pensamientos mientras las grandes puertas se abrían de par en par. La camilla y los agentes de la paz pasaron primero. Me detuve un momento frente a la entrada. El nudo en mi estómago se apretó todavía más. Miré las casas una vez más antes de soltar un suspiro y, por fin, poner un pie dentro. —"¿En qué casa?"— Preguntó el médico, deteniéndose con el resto del grupo. —"Se instalarán en la casa frente a la de Haymitch"— respondió Effie, señalando la construcción a nuestro lado. Estaba impecable, sin un solo rastro de haber sido usada. —"Muy bien, andando"— ordenó él, dirigiéndose a la puerta doble y abriéndola por completo para que pasara la camilla. Al cruzar el umbral, la camilla dio un salto por el desnivel y la mano de Peeta se deslizó hacia fuera. Solté a Prim y caminé furiosa hacia él para sujetar su mano con cuidado. —"¡Tengan cuidado!"— Le grité al agente de la paz. El hombre retrocedió de golpe, fulminado por mi mirada. Mi pecho subía y bajaba por la rabia. Volví a poner la mano de Peeta en su sitio; seguía inerte. —"Ya escucharon a la dama. Tengan cuidado, por favor; esta máquina cuesta más que todos ustedes juntos"— soltó el médico. ¿Máquina? Apreté los dientes. Abrí la boca lista para mandarlo al diablo a él también, pero la mano de Effie en mi hombro me obligó a tragarme el insulto. —"Solo acomódenlo, por favor"— comentó ella sin mirarme. Los agentes de la paz asintieron lentamente para continuar su camino. Entramos a una habitación enorme. Los agentes apartaron una cama tan ridículamente grande como las del Capitolio para dejar la camilla en su lugar. Salieron cargando la cama, y lo último que oí fue el sonido de las puertas dobles cerrándose. El médico se movió rápido, escribiendo y revisando notas en una pantalla al costado de la camilla. Presionó dos botones que soltaron un chillido. A mi lado, Prim dio un respingo y observó a Peeta con pánico. —"¿Qué pasa?"— Preguntó Haymitch. —"Nada. Solo me pidieron que le hiciera un examen en cuanto llegáramos. Estoy ajustando los niveles de oxigenación, es todo"— respondió con los ojos entrecerrados, perdido en la pantalla antes de presionar más botones. —"Bien, listo"— dijo, girándose hacia nosotros. —"Hoy me quedaré en el tren a terminar el informe, ya que ahí tengo todas mis cosas. Mañana me instalaré en la casa de al lado"— informó con tranquilidad, echándole a Peeta un último vistazo. —"¿Y... qué pasa si despierta?"— Cuestionó Prim. Miraba a Peeta como si fuera a atacarla, y eso me dolió más de lo que esperaba. —"Bueno, tendríamos a un exconvicto muy peligroso y completamente desorientado, con un brazo mecánico capaz de aplastar cráneos como si fueran huevos"— le explicó el doctor con una sonrisa mientras terminaba de anotar algo. Quería hablar, pero Mamá se paró a mi lado, atrajo a Prim hacia ella y me puso una mano temblorosa en el hombro. —"Eso sin contar con que tal vez piense que sigue en la arena"— remató, levantando las cejas. No. Él no... —"Ejem. ¿No se iba a retirar ya, doctor? ¿Por qué no me acompaña al tren?"— Interrumpió Effie, señalando la puerta con una sonrisa muy forzada. Él asintió y salieron sin más. Antes de cruzar la puerta, Effie me lanzó una última mirada de preocupación. Me aparté de Mamá, arrastré una silla y me senté contigua a Peeta y su aparente tranquilidad. Si supiera todo el desastre que está causando sin siquiera hablar… Se me escapó una media sonrisa. Mi mano se estiró sola para tomar la suya. Por un momento quise que Prim me abrazara, sentir el calor de la mano de Mamá sobre mí. Pero solo había frío. Ninguna se movió. El sonido de los tacones de Effie regresó. —"Ah, Haymitch, dale un recorrido por la casa a la señora Everdeen"— escuché decir a Effie a mis espaldas, antes de que sus pasos se alejaran de nuevo. El quejido de Haymitch no se hizo esperar. —"Bien, vamos"— dijo simplemente. Sin más, sentí a los dos salir de la habitación. Quería decir algo, cualquier cosa. Pero me quedé sin palabras. El día había sido demasiado abrumador. Lo único que quería era abrazar a Prim y no soltar la mano de Peeta. Mi cabeza volvió a Gale y su explosividad. Más de una vez le advertí que esa actitud solo le traería problemas. ¿Pero me oye? No. Solté un suspiro. Me giré hacia Prim, dispuesta a presentarle a Peeta como es debido. Pero ella estaba pegada a la puerta por donde se marcharon Mamá y Haymitch. ¿Qué está...? —"¿Patito, qué—?" —"Katniss, ya se marchó"— dijo ella, dándose la vuelta con una sonrisa enorme. —"Espera, ¿de qué hablas?"— Pregunté, completamente perdida. —"Haymitch ya se fue, así que ya puedes soltar... eso"— contestó ella, apretando el paraguas contra su pecho. ¿Eso? Mi mirada bajó hacia donde apuntaba la suya. La mano de Peeta. Sentí una apuñalada en el pecho, pero negué con la cabeza. No. Mi Prim no es así. —"¿A qué te refieres con eso?"— Le pregunté, con la vista clavada en el suelo. Cada parte de mi cuerpo me gritaba que algo andaba mal. Que ella no… —"Ya sabes, Katniss, el acto. Puedes dejarlo, ya nadie nos ve"— por un segundo, la mano de Peeta se sintió como plomo puro. Yo… No… La puerta se abrió, mostrando a Mamá con el rostro desencajado por el pánico. Sentí que me ardían los ojos. La pequeña esperanza de que ellas entendieran las cosas después de los Juegos, se apagó de golpe. Me giré para ver su rostro. Esos ojos azules que extraño, ahora cerrados. Esperando. Aguantando. Como yo…
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