Interludio: Lo que prende

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planificada Midi, escritos 107 páginas, 28.062 palabras, 12 capítulos
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Interludio: Lo que prende (Asusta)

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Interludio: Lo que prende (Asusta)

(POV Katniss) Clavé la vista en Gale. Apretaba los dientes y los puños a unos metros de donde sus hermanos acababan de salir disparados. Genial… Solté la mano de Peeta y di un paso al frente, sin apartar los ojos de la furia de Gale. —"Llevamos a Prim a la escuela"— me crucé de brazos. No dejaría que me arrastrara a otra discusión estúpida para alimentar a los chismosos de la Veta. Aun así, sentí el peso de las miradas: los mineros, los agentes… todos nos observaban. —"Y vamos tarde—" —"¡Debes estar loca para dejar que se acerque a Prim!"— rugió, dando un paso hacia mí. ¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser tan terco? —"Tú debes ser Gale"— se me revolvió el estómago al escuchar a Peeta. Te dije que no te— —"Katniss me habló mucho de ti. Es un placer"— me giré. Tenía una sonrisa perfectamente amable en el rostro. ¿Qué…? —"¡No intentes hacerte el simpático conmigo, imbécil!"— mis manos se cerraron en puños. Me volví hacia Gale, lista para gritarle… —"¿Todos tienen los mismos modales aquí o qué?"— se quejó Peeta a mis espaldas. No… Sí. —"No hablaré más de esto, Gale. Las cosas son así, acostúmbrate"— concluí en voz baja, sin apartar los ojos de los suyos. Estiré la mano y tomé la de Peeta, entrelazando mis dedos con los suyos. Un día a la vez. —"Llegaremos tarde"— ignoré a Gale y tiré de Peeta. Le hice una seña a Prim, que no dudó en seguir caminando. Rory y Vick se apartaron al instante de un brinco para dejarnos pasar. Rory me esquivó la mirada. Caminamos en silencio por varios minutos… hasta entrar al pueblo. Donde las miradas regresaron. —"Si sigues frunciendo el ceño así, Kat, podría ser permanente"— paré en seco para encarar a Peeta. —"Solo digo"— sonrió, sin apartar la vista de mí. —"Peeta… solo camina"— intenté ponerme en marcha. Faltaba poco para llegar a la escuela. Y dejar atrás las miradas y los murmullos. Pero su mano me detuvo, tirando de mí para obligarme a mirarlo. Abrí la boca para regañarlo, para decirle que debíamos apurarnos… pero su expresión seria me calló. ¿Qué pasa? Soltó mi mano, apartándome a un lado para pasar él primero. Lo seguí con la vista… Oh… (POV Peeta) Después de todo este tiempo. Nuestro árbol. Me quedé quieto a unos pasos de él. El olor a tierra mojada y el repiqueteo de la lluvia llenaron mis oídos. Bajé la mirada lentamente, recorriendo la corteza hasta llegar al suelo. Ahí donde estuvo ella… —"Katniss, voy a llegar tarde"— la voz de Primrose hizo añicos el recuerdo. —"No pasará nada si llegas unos minutos tarde"— Katniss se colocó a mi lado. —"Después de tanto tiempo, aquí estamos una vez más"— una media sonrisa se dibujó en mi boca; la miré de reojo. Su vista se clavó justo donde yo miraba hace un instante, apretando los labios en una fina línea. Al menos dejó esa cara de "voy a matarte". —"Muchas noches soñaba con regresar aquí"— murmuré. Devolví mi atención al árbol, observando las hojas mecerse con el viento ligero. —"Ja, más de las que me gustaría admitir… Aunque había ocasiones don—" —"¡Que voy a llegar tarde!"— el chillido estalló, frustrado. Oh, pero qué… —"Sí, ya entendimos"— bufé, girando la cabeza hacia ella. Dio un respingo al instante y levantó las manos, como si esperara un golpe. Arqueé una ceja ante la exagerada reacción. ¿Y ahora qué le pasa? Le temblaban ligeramente las piernas y no dejaba de mirarme, tragando saliva con dificultad. Cierto… Abrí la boca para disculparme, pero la mano en mi hombro me calló. Miré a Katniss; ella solo negó con la cabeza antes de echar a andar, tirando de mi mano. Primrose no esperó y volvió a adelantarse rápidamente al menos un par de metros. Un día a la vez. Miré el árbol por última vez antes de devolver mi atención al frente. (POV Katniss) Miré la entrada de la escuela, igual de desgastada y despintada. Ahí estaba Madge, parecía esperar a alguien. Le apreté la mano a Peeta inconscientemente, ganándome una mirada de su parte. Solo… —"Hola"— Prim la llamó, deteniéndose frente a ella, que se había despegado de la pared con una sonrisa. —"Hola, ¿cómo estás?"— le pasó una mano por el cabello, agachándose un poco. —"Nada bien"— alcancé a escuchar la respuesta. Prim giró la cabeza para mirarnos. Prim, por favor… Madge frunció el ceño siguiendo su mirada y se topó con nosotros a unos pasos. El estómago me dio un vuelco al ver el miedo en sus ojos. Se enderezó de golpe. Empezó a jugar con sus manos y dio un paso atrás, sin dejar de mirar fijamente a Peeta. Como todos los demás, son unos idio— ¡Jrm… ejem! Peeta me miró un segundo antes de pasar a Madge. ¿Ahora qué? Me gané un apretón en la mano y una ceja enarcada mientras él le lanzaba miradas a Madge. Cierto. —"Madge, él es Peeta. Peeta, ella es Madge, una amiga"— señalé de uno al otro, clavando mis ojos en ella al decir "amiga". —"Oh, tú eres Madge. Primero que nada, te debo un gracias"— me soltó para tenderle la mano, mientras se llevaba la prótesis metálica al pecho. Pero ella solo se quedó ahí, mirando la mano extendida, completamente perdida. Se apretó las manos contra el estómago; miró la mano, luego a él, y después a mí. Algo se me removió en el pecho, tensándose con cada segundo que él pasaba con el brazo estirado. Hasta que la bajó lentamente después de lo que pareció una eternidad. Lo miré, con los puños apretados. Me encontré con una sonrisa amable a pesar de todo. —"Te debo las gracias porque, si no fuera por ti, no habría conocido a Kat en primer lugar"— explicó él, ignorando por completo el saludo fallido. —"Y eso es mucho, ¿o no?"— se volvió hacia mí, aún sonriendo. No es así… Solo… Dios, no me mires así. Me crucé de brazos, intentando ignorar su mirada. A mi mente solo vino el beso de ayer y sus manos tomándome… Vi de reojo que su sonrisa crecía; levanté la mano y le empujé el hombro. Él se echó a reír; yo solo puse los ojos en blanco. —"Y ahí está el toque Everdeen"— se burló, sacándome la lengua. —"No sé de qué hablas"— aparté la mirada hacia cualquier lado menos hacia él. —"Oh, claro que sabes a qué me refiero"— volvió a fastidiarme. Bufé, encarándolo; aún tenía esa sonrisita en la cara. —"¿Qué? ¿Esto?"— rodé los ojos. Él empezó a aplaudir de forma extraña, con un sonido hueco y profundo por el choque contra su mano metálica. —"Sí, exacto… eso solo te hace más hermosa"— me señaló, guiñándome un ojo. Espera… ¿qué? Su mirada se volvió seria de golpe. Luego sonrió con nostalgia, bajó la vista al suelo un segundo y volvió a mirarme. —"Aunque no creo que eso sea posible, ¿o sí?"— soltó, sin apartar los ojos de los míos. Eh. Yo… Mi cabeza se detuvo un segundo cuando levantó la mano y me rozó la mejilla. Apenas un toque. —"No, imposible"— agregó, todavía sonriendo. Sentí el calor en las mejillas y un vuelco en el estómago. Me rasqué la sien. Idiota. —"Sí, soy un idiota"— soltó de repente. Un escalofrío me recorrió la espalda. ¿Cómo es que… hace eso? —"¿Qué? ¿Leer tu mente?"— ladeó la cabeza. —"¡Ya deja de hacer eso!"— gruñí, fulminándolo con la mirada. Él solo levantó las manos, riendo. No entiendo cómo, pero… —"Está bien, prometo no hacerlo más"— dijo, levantando la mano buena y poniéndose la metálica sobre el corazón. Cuando mi mirada volvió a cruzarse con la suya, ahora completamente seria, solo negué con la cabeza y dejé escapar una sonrisa. Tonto. —"Espera, de verdad está sonriendo"— un murmullo rompió mi burbuja con Peeta. Todo volvió de golpe… no estábamos solos. Miré al grupo de chicas que apartaron la vista en cuanto las descubrí. A su lado había unos chicos y, más allá, otros más. ¿Cuándo…? Eran demasiados… Pasé la vista rápidamente sobre todos hasta volver a Madge y Prim. Ambas tenían la mandíbula casi en el suelo. —"Paso por ti a la salida, Prim"— mascullé. Tomé a Peeta de la mano y eché a andar sin mirar a nadie más. Chismosos. (POV Peeta) Casi tropiezo por tercera vez intentando seguir el ritmo de Katniss desde que dejamos atrás la entrada de la escuela. Oh, vamos, no fue para tanto. Solo bajó la velocidad al cruzar las puertas de la Villa de los Vencedores, hasta detenerse por completo. —"Voy a comprar unas cosas en el pueblo y llevarlas a casa de mamá. Después de eso, regreso contigo"— anunció, dándose la vuelta para irse. No. Así no. Le atrapé el brazo y la giré hacia mí, callando su queja a mitad de camino con mi boca. Sus brazos me rodearon los hombros automáticamente. Subí la mano a su mejilla cuando nos separamos. —"Cuídate. Te veo más tarde"— la solté y empecé a caminar de espaldas. Ella se quedó ahí, pestañeando confundida, aún con las manos en el aire. Sacudió la cabeza y se dio la vuelta para marcharse. Así sí. —"Ustedes me van a hacer vomitar, por un demonio"— me detuve en seco y levanté la cabeza con fastidio. Dejé salir un suspiro pesado antes de girarme para encontrarme con Haymitch. Claro. —"¡Pero si es el señor 'i-intenté detenerlo'!"— me burlé, fingiendo que me faltaba el aire. —"Púdrete"— respondió, dándole un trago a su botella. —"Yo también te extrañé, viejo amigo"— escupí a un lado del camino antes de pasar junto a él, directo a la casa del médico. —"Veo que pasar tiempo en familia te ayudó mucho"— lo escuché decir a mis espaldas, robándome una sonrisa cínica. —"Oh, sí… el escobazo en la cabeza y el odio gratuito de todos me llenaron de vigor"— levanté la mano metálica en el aire, como si espantara una mosca molesta. —"Ja, ja, ja, no esperaba menos de Asterid"— lo escuché beber otro trago antes de carraspear. —"Así que conociste a sus amigos, ¿eh?"— me pasé la mano buena por la cara. —"Oh, sí. El tipo que me llamó imbécil y la chica que me dejó con la mano extendida. Se nota que son un encanto de personas"— le di un rápido vistazo y lo vi atragantarse con su bebida, intentando no reír. Lo disfrutas demasiado. —"Al menos ahora te haces una idea de lo que tuvo que aguantar ella sola"— murmuró con un tono más serio, obligándome a detenerme y mirarlo. —"Nunca es fácil regresar"— agregó, lanzando la botella vacía a un basurero. No. Supongo que no. —"¿Cuál es el plan para hoy?"— metió las manos en los bolsillos, sin apartar la vista de mí. —"Primero iré a ver a Fred; después le escribiré una bonita y sentida carta a Effie y, por último, lustraré mi flamante brazo nuevo"— enumeré, clavando la vista en la prótesis que sabíamos perfectamente que nos estaba escuchando. Él solo asintió; entendió el plan a la perfección. Metió la mano en su saco y me tendió el teléfono que le quitamos a Fred. —"Yo tengo que estar en el Edificio de Justicia; hoy llega el siguiente cargamento de comida"— explicó mientras yo tomaba el aparato. —"Así que los veré más tarde"— se despidió. —"Sí. Y no llegues tarde a la comida o, mejor dicho, no se te olvide traerla"— giré el teléfono entre los dedos antes de guardármelo en la pantalonera. —"Para que luego la chica se queje de mis gustos"— rezongó mientras se alejaba. —"¡Yo nunca me quejé!"— le respondí, dándome la vuelta para encarar la puerta de la casa. Bien, aquí vamos… Fred. (POV Katniss) Tomé el jabón y los demás productos de limpieza y los acomodé en la vieja alacena. Parecía a punto de venirse abajo por el exceso de peso. Mejor guardo el resto abajo. Miré el reloj de la pared: la una de la tarde. Había perdido demasiado tiempo regresando a la Villa de los Vencedores por la cartera que me dio Effie. Si Peeta no me hubiera distraído, no la habría olvidado. Sonreí al recordar la cara de Prim y Madge; parecía que habían visto un fantasma. Solo éramos Peeta y yo hablando; no había nada especial ahí. Solo exageran. Como todo lo demás. Apreté la bolsa con la mano. A estas alturas, todo el mundo parecía tener a Peeta catalogado como un demonio. Ignoraban que había más de lo que sabían, más de lo que jamás entenderían. No es un santo, pero… Dale tiempo. Me agaché para guardar el resto y me di prisa. Prim saldría en una hora, tenía que recogerla antes de ir por Peeta y averiguar qué demonios estaba haciendo Haymitch. Y pensar cómo lidiar con el micrófono de su brazo. Aunque él sabe mejor qué hacer. Recordé los focos reventando y su extraño experimento. No sabía dónde había aprendido a hacer todo eso; tendría que preguntárselo luego. Tendremos mucho tiempo. Unos pasos a mis espaldas me hicieron girar la cabeza. Era mamá. Aparté la mirada y seguí guardando las últimas latas. Termino y me largo. Solo no inten— —"Podemos hablar"— apreté los párpados, soltando un suspiro. ¿Por qué? —"Tengo que recoger a Prim y hacer otras cosas"— le respondí, poniéndome de pie mientras aplastaba la bolsa de papel. Solo… —"Hay tiempo, y esto es muy importante"— ella señaló la mesa. Tiré la bolsa a la basura y caminé hacia la mesa. Me senté y me crucé de brazos, mirándola fijamente mientras ella tomaba asiento enfrente. Sabía lo que quería decir. Y sabía exactamente qué iba a responderle. —"Él no puede quedarse aquí"— soltó por fin. Abrí la boca para defenderme, pero ella levantó una mano, pidiendo que me detuviera. —"Antes que nada, déjame explicarte por qué"— pidió, apoyando las manos sobre la madera. La imité, preparándome para escuchar cualquier tontería que dijera. —"Katniss, él es peligroso. Tal vez no para ti, pero sí para Prim. Para mí. ¿Dime qué pasará cuando tenga un arrebato como los tuyos o una pesadilla? ¿Quién lo detendrá? Tú misma pasas por lo mismo y a duras penas puedes controlarte. ¿Y él? ¿Qué hará con esa cosa en el brazo?"— soltó de golpe, sin apartar la vista. Eso… no. Yo… Clavé la mirada en la mesa, perdida. No había pensado en eso. Ni por un segundo. Aunque no había pasado ni una sola vez… Hasta ahora. ¿Y si pasa? —"Ves, no es tan sencillo. Yo… noto que hay algo entre ustedes, pero sé que al final no pondrás eso por encima de nuestro bienestar"— me obligó a mirarla; sus ojos me escudriñaban con intensidad. ¿Su bienestar? ¿Y el mío? ¿Y el de él? —"Hasta ahora no ha pasado ni una sola vez. Y aunque no puedo asegurarlo, correré el riesgo"— me puse de pie. La vi parpadear, desconcertada. —"E-espera, no puedes hablar en serio"— mi mano se quedó apoyada en la mesa. —"Hablo muy en serio, mamá. Confío en él. Y espero que en algún momento tú también lo veas de otra ma—" —"¡Eso nunca pasará!"— se levantó de golpe. —"Vi lo que hizo en la Arena. Escuché de la boca de esa chica del 2 lo que les hizo a sus padres. ¡No me pidas que lo vea como algo distinto a lo que es!"— me agarró del brazo. Las lágrimas asomaban en sus ojos. —"¡Y con eso te basta para negarte a conocerlo de verdad!"— estallé, soltándome de un tirón. —"¡Qué más hay que conocer! ¡Tú eres la que está ciega! ¡Lo conociste medio mes y andas gritando por la plaza que lo amas! ¡¿Qué se supone que crea?!"— extendió los brazos, retándome. —"¡Hay cosas que no entiendes! ¡Crees que eso es todo, que esa es la historia completa, pero hay más!"— apunté al suelo, desesperada. —"¡Sí! ¡¿Dime cuál?! ¡¿Qué más?!"— exigió, cruzándose de brazos con la respiración agitada. Abrí la boca, pero la cerré de golpe… No… no hablaré de eso. —"Sé que no hay nada más… solo sé que te engatusó, que caíste en sus mentiras. ¡Despierta, hija, solo está jugando contigo! ¡Cuando tenga la oportunidad te dejará! ¡Se irá con alguien del Capitolio! ¡¿Qué no ves que solo somos juguetes para ellos?!"— me tomó por los hombros y me sacudió. No, tú no entiendes, solo… —"¡Ya te usó! Salió vivo de la Arena, eso es lo único que todos quieren, y él todavía está jugando contigo"— negué con la cabeza, cerrando los ojos para intentar contener el ardor de las lágrimas. —"No… cambiaré de opinión"— me aparté de sus manos para mirarla de nuevo, tragándome el nudo en la garganta. —"Estás—" —"¿Recuerdas lo que me diste mientras bañaba a Lady?"— la corté de tajo. Vi su confusión mientras bajaba las manos lentamente. Luego, noté la comprensión en su mirada. —"Ahora estoy luchando por ello"— finalicé, y salí de la cocina. En cuanto puse un pie fuera de la casa, sentí las lágrimas resbalar, pero me las limpié de un manotazo y eché a andar para buscar a Prim. Él no es así… (POV de Peeta) —"Sí, está bien, Effie. Gracias. Salúdame a Tigris"— bajé el teléfono antes de aplastarlo con la prótesis y dejarlo caer al cesto de basura. Miré el envoltorio de aluminio sobre el brazo. Un escalofrío me recorrió la espalda… Eché un vistazo a mi alrededor; estaba en la casa que se nos asignó, aunque no funcionaba nada. ¿Ahora qué pasa? Tomé el libro que amablemente obligué a Fred a darme. Era el manual de mantenimiento del brazo. Sin duda ahí encontraría cómo freír el micrófono sin electrocutarme o arruinar el funcionamiento de esta cosa. Solo un poco más y adiós, Snow. Salí de la cocina, pasé por el comedor y llegué a la sala principal. Me dejé caer pesadamente en el sillón y abrí el libro en el índice… Aquí está. Pasé a la página que detallaba qué hacer en caso de electrochoques. Aparte de enterarme de que un cable viajaba directo desde el metal hasta mi nervio principal, no había nada útil en sí. Nada que no supiera ya… Tal vez debería ver cómo está ensamblado y dónde podría ocultarse el dichoso chip. Revisé el índice nuevamente y avancé hasta la sección del bíceps. Sabía que esa cosa estaba ahí. Y… bingo. Golpeé con el dedo el diagrama varias veces, justo donde el manual señalaba un espacio hueco entre el músculo falso y el hueso metálico. No sería nada fácil llegar hasta ahí. No sin dejar una marca visible. Fred debe tener herramientas para el mantenimiento de esta basura y, tal como van las cosas, el pobre no pondrá ninguna objeción en prestármelas. Cerré el libro de golpe. Lo resolveré mañ— ¡Toc! ¡Toc! El golpe en la puerta me arrancó de mis pensamientos. ¿Acaso Haymitch olvidó sus llaves? Me levanté y abrí para encontrarme a Fred, sosteniendo una bolsa marrón. —"Joven Mellark, vengo del Edificio de Justicia. Creo que debería saber que el señor Abernathy está en problemas"— soltó y, sin más, dio media vuelta. ¿Problemas? —"Ah, y no se sobreesfuerce; aún está débil"— me advirtió sin dejar de alejarse. Oh, no… Cerré la puerta de un tirón y comencé a caminar de prisa hacia la salida de la Villa.
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