Interludio: Lo que prende

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planificada Midi, escritos 107 páginas, 28.062 palabras, 12 capítulos
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Interludio: Lo que prende (Fuerza)

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(POV Katniss) ¿Pero qué…? Enfoqué a Peeta. Sentí su peso sobre mí. Sus ojos se clavaron en los míos… Sangre… Está sangrando. Le puse la mano en el pecho; mi corazón apenas empezaba a calmarse cuando volvió a desbocarse. —"¡ALÉJATE DE ELLA!"— el grito me recorrió la espina dorsal; me giré de golpe hacia la puerta. ¿Mamá? ¿Prim? Intenté levantarme, pero algo inmovilizaba mi mano derecha contra el colchón. Vi a mamá abalanzarse sin miedo, con la escoba en alto. ¡NO, ESPERA! Lancé la mano libre, intentando frenar el golpe… ¡PLOK! Mi mano quedó en el aire. Seguí con la vista el palo de la escoba que pasó a milímetros de mis dedos, hasta las cerdas… estrelladas contra la cabeza de Peeta. Él se quedó ahí pasmado, con los ojos muy abiertos y la mirada vacía. La sangre le seguía escurriendo por la nariz y la boca. … … Di un tirón para liberarme, arrebatándole a mamá el palo de la escoba en cuanto logré ponerme de pie. —"¡¿Qué demonios están haciendo?!"— aullé con la garganta seca, interponiéndome entre ellas y él. —"¡¿Qué no ves que él estaba intentando algo conti—?!" —"¡Claro que no, solo me estaba ayudando!"— apreté el mango de la escoba. Prim dio un paso al frente y ya anticipaba su grito… —"Kat, todo está bien, no pasa nada. Estoy bien"— me giré hacia Peeta. Se había sentado en la cama y se limpiaba la boca y la nariz con la mano, como si nada. ¡Claro que no! —"No te muevas, traeré papel para revisarte"— le advertí, volviendo la mirada hacia mamá y Prim. —"Ustedes dos, conmigo"— caminé, agarré a mamá del brazo y tiré de ella hacia la sala. Prim nos siguió. Las dos… simplemente… ¡Ah! La solté y las encaré. Levanté la escoba con incredulidad. —"¿En serio?"— bajé la escoba y la golpeé con fuerza contra la pared. —"¿Qué esperabas que hiciera? ¡Traes a un asesino a la casa y esperas que no duerma con un ojo abierto!"— replicó, alzando una mano. Me quedé sin aliento. Asesino… Me froté la cara con ambas manos, más intensamente de lo necesario. Me detuve cuando vi a Prim. Tenía el rodillo de amasar apretado entre las manos. —"¡Prim, baja eso!"— gruñí, pero ella solo negó con la cabeza. ¡Prim con un demonio! Espera… Cerré los ojos. Solo espera… … Los abrí. —"Bien… bien…"— levanté las manos para intentar calmar las cosas, recordando que Peeta seguía sangrando en la habitación. Ya basta de tonterías. —"Más vale que se acostumbren, porque a partir de la próxima semana nos mudaremos aquí los dos"— mamá abrió y cerró la boca varias veces, sacudiendo la cabeza. El rodillo cayó al suelo. (POV Peeta) ¿Por qué a mí? Me pasé el dorso de la mano por la nariz por tercera vez; la sangre no dejaba de escurrir por más que presionara. Vagué la vista por el cuarto, hasta detenerme en algo recargado contra la pared… Así que aún estás en una pieza. Me puse de pie y caminé hacia el paraguas rojo colgado en la pared, junto a un ropero anticuado. Mis dedos lo rozaron, y el sonido de la lluvia me vino a la mente, arrancándome una sonrisa involuntaria. Ella lo vale… Lo tomé con cuidado, girándolo con curiosidad. Estaba en perfectas condiciones, ni un solo rasguño. Realmente lo cuidó… un vacío se instaló en mi pecho. ~¿Y qué le diste a cambio, chico de oro? ¿Que su familia la odie?~ Cerré los ojos y apreté el mango del paraguas ante la putrefacta voz de Vander. Aunque no se equivocaba… Clavé la vista en la prótesis. Cerré la mano mecánica con fuerza. Tal vez… tengan razón. Mi agarre sobre el paraguas flaqueó. ~Claro que sí, basura. ¿Acaso crees que no se siente en deuda contigo?~ La voz regresó. Yo— ~Solo piénsalo: el pan, el paraguas, la arena, tu brazo. No importa cuánto te engañes, cuánto lo intentes, esa es la verdad~ ¡Silencio! Apreté los dientes hasta quedarme sin aliento. Bajé la prótesis para mirar el paraguas con detenimiento. Se me escapó un gruñido seco… pero, ¿qué podía hacer? No había más opciones, solo… esto. Era yo contra todos… por ella. Snow, Bran, el Capitolio, su distrito, su familia… yo mismo. Todo por la niña debajo del árbol. Tan ridículo… Tan cierto… El sonido de la puerta me sacó de mis pensamientos. —"Vamos a limpiarte y después che—" Katniss se quedó callada cuando levantó la vista del papel hacia mí. Bajó las manos, con los ojos muy abiertos. ¿Qué pa—? —"Peeta"— murmuró. Sus ojos se llenaron de preocupación; estiró la mano, acercándose a mí. Un escalofrío extraño me recorrió cuando sentí su diminuta mano sobre mi brazo. Sonreí sin saber qué estaba pasando, intentando mantener la fachada del buen ánimo. Ella subió la mano… Ya entiendo. —"Estoy bien, Kat, solo fue un golpecito, nada im—" las palabras se me atascaron en la garganta cuando su pulgar no fue a mi nariz o a mi boca, sino… a mi mejilla. Fue como si una tonelada cayera sobre mis hombros. Dejé el paraguas en su lugar y me giré, apartando su tacto para darle la espalda. Me llevé la mano rápido a la cara para limpiarme la humedad. ¿Pero qué demonios me pasa…? —"Peeta"— su mano me tomó del hombro intentando girarme, pero me sacudí para que me soltara. —"Estoy bien"— ladré, más duro de lo que pretendía; levanté la prótesis de metal como un escudo para que no se acercara. —"No es verdad"— su mano agarró el metal frío, obligándome a encararla. —"Solo me puse un poco emotivo, es todo"— le dediqué mi mejor sonrisa ensayada, encogiéndome de hombros con falsa indiferencia. Solo es eso… Ella no retrocedió. Dejó caer el papel sobre la cama sin apartar sus ojos de los míos. Levantó ambas manos, acunando mi rostro, y negó lentamente. —"Estamos juntos en esto"— sus palabras me golpearon directo en el estómago; por un segundo me quedé sin aire. ¿Lo estamos…? Sus ojos me dieron la respuesta. Sí. (POV Katniss) Lo estamos. Sabía que esto era importante… me aferré a su rostro. Me olvidé de todo por un segundo: de mamá, de Prim… y me concentré en él. —"¿Qué pasa?"— musité. Sus ojos se apartaron de mí con una mueca indescifrable. Vi que quería decir algo y no encontraba cómo. Se pasó la lengua por los labios. Me miraba y luego huía, pero no lo solté. Dale tiempo. Solo… —"Yo… estoy cansado"— su voz fue apenas un murmullo; sus ojos se quebraron, como si hubiera soltado un gran peso. Lo atraje y hundí su rostro en mi hombro, intentando controlarme. Sentí su mano aferrarse a mi espalda. Sus manos. Lo apreté un poco y le acaricié el cabello. Lo guié hasta la cama y lo senté, apartándome lo justo para inclinarme frente a él, quedando a su nivel. Sus ojos seguían enrojecidos y exhaustos. —"Yo también"— susurré. Tomé su mano y entrelacé nuestros dedos. —"¿Por qué no descansamos?"— me miró, confundido. —"Sí… solo un día a la vez… juntos"— le apreté la mano. Él miró nuestros dedos unidos y luego a mí. Solo pude sonreír un poco cuando me devolvió el apretón. Uno a la vez… Y ahí estaba esa sonrisa de medio lado. Eso que admiraba de él más que cualquier otra cosa. Esa determinación que a mí tantas veces me faltaba. —"Vamos, límpiame. Quiero estar presentable por si tu madre decide darme otro escobazo"— levantó ambas cejas un par de veces y yo solo pude… reír, estirando la mano hacia el papel. Lo limpié en silencio; aún faltaban un par de horas para el amanecer. Cuando pasé el papel por su nariz, se me revolvió el estómago. Él estaba así por mi culpa y, encima, mamá lo golpeó. Y aun así… Ni una sola queja. Como en la arena, parecía tragárselo todo, sin reproches, sin comentarios, sin… rencor. Detuve la mano sobre su mejilla para mirarlo bien. Esos ojos azules, la cicatriz que le atravesaba uno de ellos, sus pestañas, sus… labios. Yo… No supe quién se acercó primero, pero dejó de importar cuando uní mi boca a la suya. Dejé caer el papel para subir la mano y sujetarle la nuca, enredando los dedos en su cabello. Un suspiro se me escapó al separarnos un segundo para tomar aire. Un escalofrío me bajó por la columna cuando me agarró con firmeza, levantándome para sentarme a horcajadas sobre sus piernas. Su aliento cálido chocó contra mi boca. Sus ojos tenían un brillo oscuro que me obligó a tragar saliva. —"Será mejor dormir"— un calor repentino y pesado se instaló en mi estómago al escuchar su voz, ronca y entrecortada. No me dio tiempo de responder. Se recostó de golpe, tirando de mí para acomodarme sobre su pecho. El latido de su corazón me fue relajando… Apoyé la mano sobre él, acomodándome mejor. —"Ya les dije que nos quedaríamos aquí"— levanté un poco la cabeza para mirarlo. —"No quiero ser un problema—" —"No lo eres"— lo corté, clavando mis ojos en los suyos. Claro que no. Él solo sonrió y negó con la cabeza. Deslizó la mano por mi espalda hasta mi brazo, dándome un apretón suave. —"Buenas noches"— murmuró, besándome la frente antes de volver a acomodarse. —"Buenas noches"— mascullé, cortando la conversación. Un día a la vez… (POV Peeta) El frío en mis pies fue lo primero que sentí al abrir los ojos. Katniss descansaba tranquilamente sobre mi brazo izquierdo, tal como se había quedado hace un par de horas. Aunque adoro estos momentos… necesito ir al baño con urgencia. Tiré lentamente de mi brazo entumecido debajo de ella. No quería despertarla. Me mordí el labio al liberarme por fin; me quedé mirándola fijamente, pero su expresión no cambió ni un milímetro. Me deslicé de la diminuta cama y caminé en silencio hacia la puerta. Bien, ahora solo… ¡Ñiiiic! Eché la cabeza hacia atrás y cerré los ojos ante el chirrido de la maldita puerta. —"Mmm… ¿Peeta?"— me giré con mi mejor sonrisa para verla sentarse, con el cabello revuelto por todas partes. Necesito una foto mental de esto. —"Perdón, pero necesito usar el baño"— me disculpé, juntando las manos en súplica. Ella ni siquiera me miró; solo agitó la mano varias veces señalando hacia su izquierda. —"Es la puerta al final del pasillo"— murmuró, frotándose un ojo antes de bostezar. Asentí, abriendo la puerta para salir al pasillo. Giré a la izquierda hasta llegar al final. Al entrar, lo primero que noté fue el inodoro al que prácticamente le faltaba la mitad de las piezas. No tenía asiento ni tapa en el tanque de agua. Eso sí, estaba impecable. Aunque estuviera agrietado y remendado con cinta adhesiva. Todo un lujo. Después de orinar, me acerqué al minúsculo lavamanos que, igual que el inodoro, lucía agrietado y remendado. Abrí la única perilla disponible, de la que escupió un hilo de agua turbia y marrón. Tomé la pequeña barra de jabón hecha de varios restos unidos. Me analicé en el trozo roto que hacía de espejo y me acomodé el cabello. Cerré el grifo y me sequé las manos en la pantalonera. Revisé mi aliento… podría ser peor. Bien. Primero, ir a ver a Fred. Segundo, hablar con Effie. Tercero, ver cómo demonios me quito el microchip del brazo sin matarme en el proceso. Fred… Estiré la prótesis, tomé el pomo y salí al pasillo. Al cerrar la puerta detrás de mí… me topé con un par de ojos azules a escasos pasos. Genial. —"Buenos días, señora Everdeen"— le sonreí con amabilidad, imperturbable ante su mirada fija y su rostro de piedra. Esperé un segundo por si se dignaba a saludar, pero ella simplemente se hizo a un lado, esquivando mi mirada. Bueno, yo lo intenté. La puerta de Katniss se abrió, revelándola ya lista… con unos pantalones desgastados y unas botas que parecían quedarle un poco grandes. Tenía las manos en el cabello, terminando de atárselo en una coleta. —"Mamá, dejaré a Prim en la escuela de pasada, ya que tenemos que regresar a la Villa para los estudios de Peeta"— anunció con total naturalidad, volteando hacia la sala, donde la cabeza de Primrose asomó con los ojos muy abiertos. Casi pude escuchar la mandíbula de la pobre mujer estrellándose contra el suelo. —"Mientras le hacen los estudios a Peeta, iré al pueblo a surtir la alacena. ¿Necesitas algo?"— su mirada se posó en su madre otra vez… … Vi cómo arqueaba una ceja. … —"¿Mamá? ¿Que si necesitas algo?"— levantó la mano, casi chasqueando los dedos frente a la estatua que era su madre. Ella salió de su trance, cerró la boca y negó con la cabeza. Katniss asintió levemente antes de pasar su mirada a mí. —"Vamos"— me hizo una seña con la cabeza. Un día a la vez… claro. —"Que tenga un excelente día, señora Everdeen"— le sonreí otra vez con mi mejor cara de niño bueno, obligándola a mirarme… Solo puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos. Así que de ahí lo sacó Katniss. El sol apenas se asomaba cuando salimos a las calles de tierra. Primrose caminaba unos pasos por delante. Con su atención en el suelo, noté cómo cada persona que aparecía se quedaba paralizada al instante; y en cuanto mi mirada se cruzaba con la suya, clavaban rápidamente los ojos en el polvo. —"Ignóralos"— murmuró Katniss, que vigilaba a Primrose atentamente. Ese no es mi estilo… —"Buenos días"— le sonreí a un hombre en muletas que casi se va de boca por mi repentino saludo. Se recompuso a duras penas y me devolvió un torpe gesto de reconocimiento. La mano de Katniss se cerró sobre la mía, tirando de mí hacia un lado. Primrose también se apartó a la orilla del camino. Estaba a punto de preguntar qué pasaba cuando los vi… una enorme fila de hombres cubiertos de polvo de carbón apareció, marchando con la mirada apagada. Iban escoltados por agentes que caminaban a sus flancos. Como si estos pobres diablos pudieran hacer algo más peligroso que toser hasta escupir un pulmón negro. O al menos eso parecía; las miradas tensas continuaron dividiéndose entre el grupo de mineros y los agentes. —"¡Prim, espéranos!"— el grito la hizo detenerse en seco, levantando la mirada para ver a los dos niños que llegaron corriendo. De reojo, vi cómo Katniss giraba la cabeza en la dirección por donde aparecieron los chicos; regresé mi atención a ellos, que se apoyaban sobre las rodillas intentando recuperar el aliento. Esos son los que estaban en la sal— —"¡¿Qué hace él aquí?!"— una voz cargada de furia rompió mis pensamientos, obligándome a voltear. —"No te metas"— me advirtió Katniss en voz baja y cortante. ¿Qué?
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