Mago fastidioso
23 de febrero de 2026, 23:45
Mi querido Frodo:
Una vez me preguntaste si te había contado todo sobre mis… “Aventuras”, y aunque te puedo afirmar que ya te he dicho toda la verdad, tal vez hay algún par de cosas que preferí evitar.
Ya estoy grande, cariño. No soy la misma Hobbit que alguna vez fui y digamos que no creo hacerme más joven según pase el tiempo. Así que creo que ya es hora de que sepas la verdad.
Te puedo contar desde el inicio, pero hay cosas que te conté que no fueron del todo ciertas, como que la vida siempre ha sido lo más tranquila en la comarca y las reglas que están puestas todo buen Hobbit sigue.
Toda vida de un Hobbit se dice que comienza aquí y suele terminar aquí, pues la vida de cualquier Hobbit es igual. Todo inicia en esta tierra lejana, cerca del noroeste, escondida en los más hermosos bosques que se podrían encontrar en la tierra media y como cualquiera debería saber, todo inicia en un agujero, donde vivimos los Hobbits. Pero no son cualquier agujero, no son húmedos, sucios o repugnantes con restos de gusanos y olor a lodo como suelen creer, pues son agujeros de Hobbits y eso significa una sola cosa, que es un hogar, donde nunca falta la comida deliciosa, siempre es cálido y se tiene esas comodidades que un hogar mantiene.
Y tal vez te dije que toda historia de hobbit debía ser similar a todas las demás, pero no te conté que puedes escapar de ese mismo molde. Puede que la tuya empiece por tu voluntad, pero si quieres escuchar la mía, bueno, la mía inicio con un impertinente, molesto y arrogante mago afuera de mi casa, quien pese a que le dije que quería seguir una historia que no me pertenecía, insistió, quitando de mi historia lo respetable, puntual y nada inesperado que una vida de hobbit debía tener.
El inicio es lo único que trate de mantener igual a la realidad, sí, mi historia empezó conmigo sentada en la tierra de la entrada, sosteniendo un par de tijeras que duplicaban el tamaño de lo que un Hobbit podía cargar. Es verdad que me gustaba mantener el patio lindo y agradable, pues nuestro patio era conocido por mi madre quien siempre lo dejaba embellecido, y claro, tenía sus cosas molestas, pero poder sentir el sol de la mañana, sin tener obligaciones en la comarca más que poder tener la tierra entre mis manos, era un escape de lo repetitivo que se estaba volviendo mi vida. Como escucharas en uno de tus tantos viajes que espero que tengas, no siempre fui esta Hobbit aventurera y divertida, en aquellos tiempos era conocida al ser reservada, alguien que se mantenía tranquila y que seguía lo que mis mayores me decían, no era por gusto, pero creía que mi madre le hubiera gustado de esa forma. Al menos intentaba mantener esa apariencia, hasta que llego ese hombre, quien se detuvo afuera de mi casa, sosteniendo un bastón aún más alto a su lado. Se decía que las cosas diferentes eran de mala suerte y ese tipo, de barba larga y túnica gris, era la mayor marca de mala fortuna que se podría tener en Hobbiton, y no era bueno que estuviera justamente frente mi casa.
Lo que no sabía, es que estaban sucediendo cosas mucho más grandes que yo y por casualidades de la vida, y los deseos de ese mago molesto, me estaban volviendo parte de ese mismo relato …
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-Buen día- Saludo al notar al extraño hombre, quien vestía una túnica tan larga que cubría sus pies y que si no fuera por aquel listón que sostiene en su cadera pensaría que era un extravagante vestido.
- ¿A qué te refieres? – Me tomo desprevenido, estaba deseando que fuera aquellos hombres grandes que sufren en los bosques y terminan en la demencia. - ¿Me deseas un buen día o te parece que es un buen día, sea que yo lo quiera o no? – Lamentablemente no solo no era un loco, si no que era un tipo irracional y fastidioso, quien probablemente adora alardear. – ¿O tal vez quisiste decir que te sientes bien en este día en particular? O ¿Simplemente dices que este es un buen día para que uno se sienta bien?
No soy fan de que me molesten en mis días libres, la mayoría de los Hobbits lo saben y aunque les parece raro, están de acuerdo en no molestarme, menos en días como hoy; Era obvio que este tipo no sabría es, pero en tu primera platica obviamente no te lanzas a soltar tantas rimas y posibilidades pueda existir en un solo saludo. Es Hobbiton, un “Buen día” es una forma de desearte un grato día y saludarte por si llegas a necesitar algo. Soy consciente del tiempo que estuve en silencio, pero no de la expresión de desagrado y cansancio que se me forma en el rostro ante lo que dice y que cambio en seguida, no queriendo dejarme llevar por mi mal humor, pues soy una Hobbit, no se supone que deba ser así.
-Todos al mismo tiempo… supongo. -Me alzo de hombros, viendo de forma disimulada a las casas cercanas, donde noto a mis vecinos que intentan ver el extraño intercambio que estoy teniendo con el anciano. - Si sabes todos los significados que puede tener un saludo, entonces ¿por qué no le das tu propio sentir y saber? -Realmente me estaba fastidiando, seguía viéndome, cosa que me provocaba un escalofrío. - ¿Puedo ayudarte?
-Eso es lo que vamos a averiguar…- Murmura, inclinando su rostro. – Estoy buscando a alguien que quiera tener una aventura. – Alarga las últimas palabras como si intentara hacer sonar aquello como la cosa más interesante en toda la comarca y realmente lo era, pero esas cosas eran peligrosas solo de nombrarlas en este lugar.
Sonaba impresionante, pero duro demasiado tiempo alargando las palabras, que lo único que salía de sus labios era el constante “sss” que por alguna razón se formó al no poder seguir repitiendo aventura como si imitara el eco. Este tipo o es un fastidio o realmente estaba loco. Lo deje seguir un poco, era una rareza que podría contar mañana en la reunión de la tarde, así que en lo que continuaba, deje mis tijeras de lado, quitándome mis guantes para ponerlo en la orilla de mi falda que se aferraba en mi cintura, para levantarme y acercarme a la cerca que dividían mi propiedad de aquel tipo.
-Creo que se está equivocando de lugar, si lo que necesita es un médico, está en el lugar equivocado, es por ese lugar. - Anuncio, apuntando al otro lado, intentando ver a la boticaria del señor tirón. -O si lo que necesita es un lugar en donde hospedarse, fácilmente puede dar la vuelta, ir por la izquierda y buscar a la señorita Margot. - Continuo, alzando un dedo para que me deje continuar, sin dejarle hablar. -Pero si lo que quiere es ir a comer, vaya por la derecha hasta ese local, que tiene literalmente el letrero un dibujo de comida, suelo escuchar que mucho tiempo sin comer te deja alucinando.
Sonrió de una forma forzada, sintiendo mis mejillas doler ante la expresión, alejándome del tipo mientras pongo mis manos sobre mis caderas.
-Descanse, medíquese o coma, pues no se me ocurre nadie al oeste de Bree con mucho interés en aventuras. -Me regreso, tomando mis tijeras entre mis manos, tratando de ponerlas en mi falda, asomando el mango del objeto filosos para que pueda verlo ese tipo loco, caminando con tranquilidad hasta mi buzón, agradeciendo en silencio que realmente tengo cartas en este y no haber quedado como una tonta. -Son cosas temibles, incomodas y feas. -Saco lo que parecen ser un par de felicitaciones que veo sin mucho interés, sin apartar mi vista del anciano que se mueve cuando me muevo.
De a poco me voy girando, sin quitar mi mirada de la molestia que me trajo el día y subo un par de escalones de forma rápida en dirección a la puerta de mi casa, queriendo irme, pero no queriendo verme tan grosero.
-Buen día- Repito, subiendo los siguientes escalones, siendo obvio que quiero entrar en mi casa.
-Quien me iba a decir que viviría para ver el día en que la hija de Belladona Tuk me dijera “Buenos días” como si yo fuera un vendedor de botones. – Hace tiempo que no escuchaba el nombre de mi madre, pero no me siento muy emocionado al saber que quien lo pronuncio probablemente sea un tipo loco que se escapó del bosque.
- ¿Disculpa? – Respiro hondo, esperando un poco para girarme a verlo, intentando mantener una actitud indiferente. - No sé de qué o quién me habla.
Lo decía mi madre y casi siempre tenía razón, si un desconocido o un tipo raro te decía el nombre de un familiar, finge demencia pues puede ser alguien que intenta afectarte y digamos que este tipo contaba con todo para ser un peligro.
-Has cambiado, pero no del todo para bien, Bella Bolsón. – Mi cuerpo se estremeció al escuchar ahora mi nombre salir de sus labios, luciendo tan seguro que asustaba. Pase de forma disimulada mis manos a las tijeras que se sostenían por el cordón de mi falda, relajándome un poco al darme cuenta de que tengo algo con que defenderme si se ponía aún más raro el asunto.
Me quedo en silencio, observando al hombre por si se mueve por la mínima cosa y rápidamente paso mi vista a las demás casas, sin poder ver a ningún vecino asomándose o sin poder escuchar alguna risa de alguien conocido. Esto no parecía una broma por mi próximo cumpleaños donde tendría mayoría de edad, si no que parecía que el pueblo se escondía del extraño hombre que llego a la casa de la extraña dama bolsón y podría traer mala fortuna, y lamentablemente eso es lo que está sucediendo.
Nadie salía, nadie reía, realmente hay un tipo loco afuera de mi casa que sabe el nombre de mi madre, no, también sabe el mío y eso no era bueno.
-No lo conozco…- Retrocedo de forma lenta, viendo la expresión del anciano que parecía disfrutar este intercambio.
-Me conoces. -Asiente, como si eso me ayudara. -sabes mi nombre, pero no recuerdas que le pertenezco. -Dice con una tranquilidad, como si esperara que por arte de magia sepa quien es. -Soy Gandalf…
- ¿Gandalf? – Repito, sintiendo como realmente algo comenzara a desbloquearse y acomodándose en mi mente… maldito anciano.
-Y Gandalf significa… pues yo. -Realmente le estaba divirtiendo ese chiste tan malo de su parte.
Algunas cosas parecían tomar sentido en mi cabeza, pero también sus palabras eran demasiado extrañas para tomarlas como una verdad absoluta, así que seguí subiendo mis escaleras.
-Claro, amigo. -Suelto con una ligera probada de sarcasmo, realmente extrañaba usarla. –¿Me cree idiota? Gandalf es una marca de fuegos pirotécnicos que son famosos aquí o ¿Acaso lo sabes por los libros que se publicaron de Belladona?
-No sé si seas idiota o no. -Se alza de hombros, como si tratara de no reírse. – Pero al menos viene a tu mente algo sobre mí… Aunque sea una marca… debería pedir algo por usar mi nombre. -Pasa su mano por su barba, como si estuviera pensando seriamente lo último.
-Amigo, en serio, medíquese.
-No tenía idea de que Belladona escribiera. -Me detiene, cambiando de tema. -Tu madre fue toda una aventurera, una de las mejores si me preguntas… sin duda los viajes que hizo merecían ser contados.
- ¿Mi madre era una aventurera? -Eso si me hizo girarme, pero me arrepiento cuando esa expresión de gusto se asoma en el rostro del anciano.
- ¿No qué no conocías a Belladona? -Realmente estaba disfrutando tanto que cayera en su trampa. -Esto es perfecto Bella, está decidido. -Ríe de forma ronca y con eco, como si no tomara agua seguido.
- ¿Decidido qué? -Bajo la mano del mago de las tijeras, bajando un par de escalones para ver a los ojos al hombre.
-Seria bastante bueno para ti. - Me apunta, moviendo un poco su cabeza, observando con detenimiento y muecas mi apariencia, como si hubiera querido decir algo de como me veo y juzgando por su expresión es negativa, no quise ser obvio, pero sea lo que sea que quiso dar a entender, lo logro, pues me cubrí y pase mis manos por mi ropa, subiendo para sostener mi cabello, jalando un poco mis trenzas. -y bastante divertido para mí -Avanza un poco, alejándose de mi cerca. – Le voy a informar a los otros.
Me detuve, soltando mis trenzas en las que intentaba ver algo malo, cuando esas palabras me sonaron tan raro.
- ¿Informar a quién? ¿Qué? -Presto atención al verlo caminar en otra dirección, asustándome que se esté yendo después de decirme eso. - ¡No, No! -Grito al verlo con esa sonrisa, bajando tan rápido las escaleras que quedan que termino chocando con la cerca de madera de mi patio. - ¡Aguarde! -Ordeno en un grito, alzando tanto mi voz que resuena en la calle y no tardo en tapar mi boca cuando noto que algunas familias salieron para ver que sucedía. -Lo siento… -Hago señas con mi boca, esperando que me entiendan mis vecinos quienes lucen un poco molestos por el ruido.
Espero a que algunos se encierren y tomo el bastón del tal Gandalf, deteniendo su paso en el ultimo momento.
-Nosotros… -Me costo bastante decir eso. -Los hobbits… -Repito, asintiendo ante la sensación de esa palabra. -Los Hobbits no quieren aventuras aquí. Gracias… ahora no, ¡No! -Subo de nuevo los escalones, brincando sobre cada uno para llegar a mi puerta. -No queremos problemas, así que le sugiero que busque más allá de la montaña o… atravesando el rio, porque aquí no encontrara nada. -Respondo firme, peinando un poco mi cabello ante el silencio y la expresión del anciano. -Buen día… -Abro la puerta de mi casa para entrar, pero no tardo mucho en volver a salir. - ¡Y mi apariencia no tiene nada de malo!
Regreso dentro de mi casa, cerrándola puerta y pongo llave en la cerradura, ajusto el candado, pongo un tope y meto el pedazo de metal en una unión, muevo un poco la entrada, respirando aliviada cuando esta toda asegurada y presiono mi espalda contra la madera, pudiendo respirar de forma adecuada por primera vez desde que llego ese tipo.
De forma inconsciente vuelvo a cepillar con mis dedos mis trenzas desordenadas, hace meses que no me dedicaba tiempo para cuidarme la piel o el cabello y aunque me doliera aceptarlo, no estaba en mi mejor momento.
Continuo tocando mi cabello, deshaciendo mis trenzas en lo que camino a la ventana al lado de mi puerta, intentando ver si el anciano se fue, pero mis manos paran en mi boca cuando un ojo gigante se refleja en la ventana, sacándome un susto. Vuelvo a pegar mi espalda contra la puerta, escuchando algo raro desde afuera, hasta que todo se queda en silencio.
De forma silenciosa vuelvo a asomarme, viendo la túnica del viejo pasar por mi cerca y desaparecer, dudo, pero me muevo a mi otra ventana, deteniéndome cuando en efecto lo veo irse de mi propiedad, dejándome caer en el suelo, sintiéndome agotada.
-Maldito loco…-Muevo mi nariz tras el estrés, pasando mi dedo para quitar la comezón, descansado de que por fin se fue aquel tipo raro.