El viaje inesperado de Bella Bolson

Mezcla
NC-17
En progreso
7
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planificada Midi, escritos 36 páginas, 18.051 palabras, 5 capítulos
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Saqueadora

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- ¡Dijo que es una experta! – Escucho una risa emocionada, usa su cuerno para escuchar, por lo que dudo que pudiera oír mi incertidumbre. - No… No, No, No. Yo no soy una ladrona. - Sonrisas animadas se alzan en sus labios al verme. Los detengo, sin saber cómo reaccionar. -Jamás he robado en mi vida… -Está siendo modesta… -Gandalf me interrumpe entre risas, deteniéndome de que siga hablando -Es una Hobbit muy rápida, es conocida por tomar cosas sin que te des cuenta. -Eso no es verdad, nunca he robado en mi vida. - ¿De dónde sacaste ese candelabro? -Apunta al que tengo en el pasillo y abro mis ojos cuando empieza a apuntar las cosas que tengo en mi casa. -No recuerdo que esos libros fueran de Belladona y ni hablar de las tijeras que usabas esta mañana… ya que lo pienso, tienes muy buenas cosas que no recuerdo que tuviera tu madre. -Lobelia es grosera. -Exploto después de unos minutos. - no me dejaron otra opción en la biblioteca y esas tijeras eran mías por justicia. – Me defiendo con cada una de las cosas con las que me señala, ya que, por el contexto de cada una de esas cosas, todas eran mías desde un inicio. -Pero dejando eso… No soy una ladrona. -Temo que concuerdo con la señorita Bolsón. – Agradecí tanto escuchar la voz de Balin, alguien que parecía defenderme de tales cosas. – El saqueo no parece lo suyo… -Aprieta sus labios, guiñándome un ojo con cariño, parecía ser el único que me entendía. -Sí, el Bosque no es lugar para una debilucha que no se puede valer por sí misma. – Okey, me defendía, pero no de la forma que me hubiera gustado. -Creo que fue suficiente… - Intento detener a los demás, sintiendo un pinchazo a mi orgullo cuando uno dice debilucha, un puñetazo a mi apariencia cuando soy llamada enana, otro grita diciendo incapaz y doy un golpe en la mesa cuando uno murmura fea. - ¡¿Quién es fea?! -Les gruño tratando de reconocer la voz de quien me llamo de esa forma. -No tiene nada de masa muscular, tiene la fuerza de uno de los niños más débiles de nuestro pueblo. - ¡Oye! – Me quejo al escuchar a Fili. – Decir que no tenía masa muscular o siquiera algo de masa era una falta de respeto, claro, me había saltado un par de mis 7 comidas, pero decirle a un hobbit que no luce lo suficientemente lleno sí que era un insulto. Me abrazo a mí misma, mi abdomen era menos abultado que el de otros Hobbit, pero daba lo mejor para subir de peso y mantener mi aspecto relleno. Me dejo de abrazar cuando el cuarto tomo un aura obscura, mis paredes cambiaban a un estilo más lúgubre y en cuanto me di cuenta, estábamos envueltos en una capa negra, sombría y fría. - ¡Ya basta! – Se levanta Gandalf de su silla con su actitud cambiada, luciendo como uno de esa gente alta. – Si les digo que Bella Bolsón es una saqueadora, es porque lo es. -Su voz tono un ritmo agresivo, casi peligroso y se alzó sobre todos. Retrocedí como la mayoría y mi agarre alrededor de mi se intensifico. -Todos los Hobbit tiene los pies livianos, es más, pueden pasar inadvertidos si así lo quiere y mientras el dragón que conoce el olor de los enanos muy bien, el de una Hobbit le parecerá desconocido, lo que será una gran ventaja… -Gandalf… -Le tomo de la túnica, tratando de que deje de hablar. -Me pediste encontrar al 14º miembro de esta compañía y elegí a la señorita Bolsón. -Se dirige a Thorin, sentándose en la silla de forma suave, regresando a su actitud de siempre. -Es mucho más de lo que aparenta a simple vista, y tiene mucho más que ofrecer de lo que cualquiera de ustedes se imagina… incluyéndola a ella. -Bofur sonríe con diversión, pasando su vista de Gandalf a mí, pareciendo incluso emocionado. -Debes confiar en mí esta vez… - Intento con todas mis fuerzas el no insultar a Gandalf quien insiste en ayudarme en algo en lo que no deseaba ayuda. -Muy bien… Lo haremos a tu modo. - ¿Es en serio?… - Jalo mis cabellos del estrés ante lo increíblemente fácil que fue convencer a ese tipo, no sé si Thorin era un despistado o realmente confiaba demasiado en Gandalf. Se supone que esto es algo de vida o muerte, siendo el líder que parece ser, no debería tomar estas decisiones a la ligera, soy pésima caminando largos tramos, pueden hacerme pruebas, juzgarme, dudar. ¡Pero no! Gracias al mago, están decididos a meter a una Hobbit que nunca ha salido en su grupo, no sé qué les espera a estos. -Dale el contrato… -Me enfrasco un poco más en mi sufrimiento, presionando mi frente en una pared. - ¡Excelente! - Festeja Bofur, poniendo su pipa en sus manos sin quitarme la vista. -Casi nos vamos. - Balin se levanta, sacando un papel de su saco para abrirlo con cuidado. -Es lo de costumbre, gastos… viáticos, tiempo requerido, remuneración… arreglos funerarios… -Dice lo último casi como un susurro para que no lo escuche y me giro a ver a Gandalf, que solo me da un empujón suave para que tome el papel. Regreso a los demás, sintiendo la mano de Thorin golpearme el busto, extendiéndome el contrato y lo tomo, cubriéndome el pecho en el proceso. Me alejo de él, girándome para ver mejor todo lo que dice el papel y lo que pensaba que era algo corto se convierte en un mar de palabras en lo que se desdobla con cada segundo, bajando tanto que me pierdo en todas las secciones que tiene. Gandalf me da un empujón para que le dé una leída, cosa que empiezo a hacer con las primeras pautas, asiento a algunas y niego con otras, murmurando un poco para que se me quede lo que dice todo el papel. - ¿Actividad sexual? – Leo en voz alta ante lo irreal que suena eso. - ¿Gustos? ¿Acaso me van a ver o qué? - ¡Si tú quieres, sí! – Grita con una sonrisa Kili, sacándole risas a sus compañeros. Ruedo los ojos para regresar a leer el contrato, pasando mi dedo por cada pauta para no perderme y volver a leer lo que ya había leído. – Pago en efectivo hasta una décima cuarta parte del total de las ganancias, si las hay… - Inclinó mi cabeza, sintiéndome un poco aliviada al ver la información de un contrato normal más abajo. – La compañía no será responsable de lesiones infligidas o recibidas como consecuencia de, incluyendo, pero no limitadas a … lacerases. – Abro un papel que parece seguir con las explicaciones tan explicitas. – Despanzurrarse… ¿Incineración? -Mi cara hacia Gandalf es todo un insulto y el solo se limita a fumar de su pipa con total tranquilidad. -No creo que deba preocuparse por eso, después de todo siempre está que arde. -No puede ser… - Paso mi mano por mi rostro, tallando mis ojos con sumo cuidado de no embarrarme aun más de maquillaje y me recargo en el marco de la entrada del comedor. - ¿Está bien, señorita? -Estaba empezando a amar la voz de Balin, parecía ser el único cuerdo del grupo. -Sí… Eso creo… - Bajo mi posición, recargándome de mis rodillas para no caerme. -Se va a sentir caliente… -Lo vuelvo a escuchar de forma morbosa y lanzo una mirada molesta, pues no me estaba sintiendo bien. - va a ser como un horno ardiente, pero con unas magníficas alas, que al inicio le dará un dolor punzante con él que se va a acostumbrar y pum… así quedo. - ¿Me estás diciendo algo muy sucio o algo muy serio? no entiendo… -Jadeo, pasando mis manos por mi camisa, desabrochando el primer botón al sentirme con falta de aire, necesitando quitarme un par de capas de ropa para refrescarme, queriendo respirar sin tanta cosa apretándome, pero me detengo ante una tos de Balin que me hace girarme, notando a más de uno de esos enanos atento a como me desabrocho la camisa. -Sucios. – Les reclamo, caminando fuera del pasillo para ir a mi sala, tambaleándome un poco por tantas emociones atacando en un minuto. -No ayuden tanto. – Tan solo entro a la habitación, fuera de las miradas de los demás, me desabotono mi camisa, respirando cuando paso mis manos por el molesto corsé, quitando los lazos para quitármelo, volviendo a abrochar mi camisa, estando más relajada. Esa lobelia y sus culturas de la gente alta, por su culpa las Hobbits tuvimos que empezar a usar estas cosas molestas. Me dejo caer en el sillón, lanzando el corsé a algún lado de la sala y creo que lo vieron unos enanos, pues gritaron en cuanto la prenda salió volando. Gandalfo no tardo en entrar en el cuarto, teniendo cuidado de no golpearse la cabeza. -Estoy bien, solo quiero sentarme en paz un momento… -Pido, aceptando gustosa la taza de Té que me extiende. -Has estado sentada en paz demasiado… - Me reprende, como si fuera un crimen querer estar tranquila. – Recuerdo a una joven Hobbit que siempre corría buscando elfos en el bosque, que regresaba al anochecer, llena de heridas y sucia, pero con una sonrisa de felicidad y orgullo, a quien le hubiera gustado ir más allá de la frontera de la comarca. -Sí, era una Hobbit que no conocía su deber y responsabilidad. -Dejo la taza sobre la mesita. – Tengo una reputación… Necesito mantener el nombre de mi madre en alto, debo ser una Hobbit ejemplar y por culpa de tus amigos se me va a complicar eso. -El peso de la velada me llego a los hombros. -Puede que el trabajo de mis sueños no suceda, ni que me pidan la mano ya que 14 hombres llegaron a mi casa. -El mundo no está en tus libros y mapas, está allá afuera. -Toma uno de mis libros con fuerza, usándolo como ejemplo y me levanto para tomarlo de sus manos, regresándolo a su estante. -No te importaba lo que dijeran, ni a tú madre le importaba. -Ella sufrió por esos comentarios, tuvo que dejar todo para que la dejaran en paz, ella merece que limpie su nombre. - ¿Acaso nunca leíste los libros de tu madre? -Cada uno… pero no sé qué tiene que ver eso con lo que estamos hablando… -Porque entonces no los comprendiste, si no, no pensarías que a tu madre le importaba lo que decían aquellos ignorantes. - ¿Ahora de que estas hablando? -Regreso a sentarme, fastidiada de la ropa que tengo y del maquillaje que seguramente ya se embarro en mis ojos. -Tu no viste lo que tuvo que pasar por gente como lobelia, a mi madre le importaba mucho su reputación… -Le importaba la tuya, que no te vieras afectada por lo que se decía de ella… -Se sienta cerca de mí, me hablaba, pero sentía que teníamos diferentes idiomas. -Tu madre era una viajera. -Me río ante lo ridículo que suena. -Tu madre era la protagonista de tan fantásticas aventuras que escribió. -Gandalf, no estoy de humor… -Gigantes, hadas, trolls, cambiantes, elfos… -Recita, enumerando varias especies, varias de las que solo he leído de niño, curioso por lo que salía de los libros de mi madre. -Cada una de ellas, tu madre las conoció, estudio… a tu misma edad. -No estoy de humor. -Aun me dolía un poco hablar de mi madre. -Eres una Tuk… -Giro los ojos ante su parloteo. - ¿Acaso no sabes la historia de tu familia? Seis generaciones atrás de los Tuk, se dice que un Tuk se enamoro de un hada y con ella tuvo hijos, lo que llego hasta ti. -…Yo… pienso que te lo estas inventando… -Tu madre lo sintió y seguramente tú también lo sientes, no eres como otro cualquier Hobbit de la comarca, Bella. -Me quedo pensando. -Tu conexión con la tierra, con lo que hay más allá de esos arboles es especial, algo que debes explorar. -No puedo dejar todo, así como si nada, Gandalf… -Mi tono se hace más suave, pues no podía negar que me sentía rara aquí, nunca encaje y seguramente nunca lo haga. -Las buenas historias merecen un buen final. -Me ve fijo y niego, era imposible que mi madre hiciera todas esas cosas. -Tú tendrás una o dos historias que contar cuando vuelvas… -Y este contrato… -Alzo el pergamino tan largo que aun si lo alzo más arriba de mi cabeza, este no termina de desenrollarse. - …Lo que necesitan es a un hombre, no creo que yo sea la mejor calificada para esto… -Si me permites, mi querida Bella… -Se acomoda en una silla y me quedo esperando alguno de sus tantos cuentos para convencerme. -Los hombres son brutos. - No me esperaba eso. - ¿Ves a ese grupo de enanos? Me asomo por la puerta del cuartito, siguiendo su dedo que apunta al comedor en donde siguen los enanos, que no tardaron mucho para ir por mi último barril de cerveza. -Son descuidados, ruidoso, algunos inconscientes y hasta brutos. - Sonrió un poco, era agradable saber que no soy la única que piensa eso sobre ellos. – Necesito a alguien hábil, confiable y no creas que no lo sé, pero eres dura, bella. Podrías derrotar a cualquier persona que te lo propongas, pero… intentas saber antes de atacar. -Toma mi mano de una forma cariñosa, casi como algo fraternal. – y eso es lo que necesito. Te necesitamos, Bella. -… ¿Tú también eres bruto? – Cambio un poco de tema, agradándome lo que dijo antes y sonrió al notar la risa baja que sale de sus labios. -Ahora mismo lo estoy siendo ¿No? – Me da una palmadita, soltando mi mano. - ¿Puedes prometerme que volveré? No tengo nada, ni familia, trabajo, pasiones, no había algo fijo que me enganchara a la comarca, pero eso no significaba que estaba lista para arriesgar mi vida por algo que seguramente no triunfe, no quería ser olvidada así y tampoco dejar lo que era de mi madre. -No… -Cierro mis ojos, presionándolos ante la respuesta. Ya me la esperaba, solo quería confirmarlo, necesitaba algo para evitar la culpa que sentiré cuando renuncie a esto. – Y si lo haces, no serás la misma… -Lo siento, Gandalf… -Interrumpo, parándome de mi sillón sin verlo a los ojos. -No hay contrato, yo no soy tu Hobbit. -Mi cuerpo no quería ceder, ni siquiera mi mente trazaba una sola decisión firme, una parte de mí gritaba que lo hiciera y no pensaba escucharla. Salgo de la habitación sin el contrato, los enanos se quedan mirándome y los evito para seguir caminando por el pasillo en dirección a mi habitación, cerrando la puerta tan pronto entre. Me quede un rato sentada sobre mi cama, viendo al suelo sin mirar nada realmente, repasando todo lo sucedido en el día, dándome cuenta de que, a diferencia de otras veces, no sentía sola la casa, tuve el ruido que tanto extrañaba e incluso disfrute un poco su compañía. Pero a diferencia de ellos que tienen algo especifico que los hace resaltar, yo soy una Hobbit sin nada especial, no era una aventurera y seguramente todo eso que dijo de mi madre era una mentira. Un zumbido capto mi atención y lentamente camine hasta mi puerta, escuchando a través de está las voces de los enanos que se unían para crear un cantico, seguramente de su pueblo. Con cuidado me senté en el suelo, abrazando mis piernas contra mí para darme calidez mientras escucho la canción. No entendía que cantaban, pero su ritmo era lento, casi triste, algo que contrastaba con su tono ronco, trataban de ocultar el miedo y el dolor con la dureza de su ser y sentí pena por ellos. El tiempo paso y con ello el sueño llego, me mantuve escuchando y me arrullé con sus voces hasta que cerré los ojos. El sol aun no salía lo suficiente para amanecer, pero alumbraba un poco para hacer una mañana, dejándola con un aire frío, siendo solo acompañado por el suave canto de las aves que despiertan para desayunar. Era normal que me despertara antes que la mayoría, supongo que era algo de familia y me agradaba. Mi mente era un caos desde la noche, mi mente y corazón me decían cosas contrarias sobre lo que debía hacer y me daba miedo elegir la incorrecta. Espere un poco y cuando el día alumbro un poco más, me levante, saliendo con cuidado de mi cuarto, escuchando ronquidos y gruñidos de las diferentes habitaciones donde duermen los enanos y me detuve ante el ruido de un golpe, acompañado de suaves risas que con el tiempo se fueron callando. Me fije en el pasillo, espere un poco a cualquier cosa y cuando no volví a escuchar eso, seguí caminando. Me detuve al ver a Gandalf sentado en la mesa, soplando de su pipa tan temprano y me acerqué en silencio, sentándome frente a él. -Te va a hacer daño fumar tan temprano… -Digo como forma de saludo. -Bella, querida… -Su tono era suave, débil a comparación de como me hablaba ayer. - ¿Qué haces despierta tan temprano? -…Creo que lo sabes… -Me recuesto en la mesa de madera, pasando mis dedos por el golpe que Thorin le dio en medio de su discurso motivacional. - ¿Qué es lo que realmente te preocupa, Bella? -Le da una calada a su pipa, soplando el humo a un lado. -No tengo nada, Gandalf… -Me mantengo recostada en la madera, sin verlo a la cara. -Mi familia lo era todo para mí, con ellos sentía que pertenecía a algo. -Ya no están. -Dice sin tacto, arrastrando algo en la mesa hasta que choca en mi cabeza. -Y eso no fue tu culpa. Me enderezo, queriendo ver lo que empujo hasta mí, pensando que sería alguna broma. Solo que lo que me paso, era un cuaderno de piel que se le notaba los años que paso en este mundo, su pintura estaba desgastada y tenía partes faltantes. - ¿Qué es esto? -Lo tomo en mis manos, quitando el seguro del cuaderno para abrirlo en la primera página. -Thráin no fue el único que me dejo algo para su hijo… -aquello me toma desprevenida. -Era de tu madre. Bajo la mirada cuando dice eso, fijándome en la letra desgastada del cuaderno, una letra torpe y desaliñada que me saco una sonrisa al reconocerla. -Mamá. -Me cubro la boca con una sonrisa, dándole la vuelta a la página. Cada hoja tenía fecha, datos, relatos e incluso dibujos que hacia en sus viajes, donde ponía ideas para agregar a sus libros y cuenta como fue viajar por la tierra media. - ¿Por qué tienes esto? -Esta por ser tu cumpleaños… -Alzo una ceja ante ese comentario, sin entender la relación. -Tu madre me lo dejo y pensaba darte en medio de la misión, algo que te ayudara en todo eso. -… ¿Era un tipo de regalo premuerte? - Bella, hay peligros afuera, como cualquier lugar. -Su aspecto tomo una pizca de cansancio, mientras palabras que aparentaban ser sabias me inundaban. -Pero tú debes ser quien vea esos peligros, no vivir con el miedo y no solo pensar en lo que pudo ser. -Si no hacerlo pasar… -Lo interrumpo a media frase, enterrando mis dedos en mi cabello. -Mi madre solía decir eso. Realmente la conocías, ¿no? - ¿Tu qué crees? -Parece darle gracia y se levanta de la mesa. -Nunca te obligaría a hacer algo. -Se acomoda su túnico, caminando de forma pesada a la entrada de la casa, poniéndose su sombrero para abrir la puerta. -Solo piensa bien quien quieres ser y lo que harás para conseguirlo, Bella. - ¿A dónde vas? -Voy por los caballos y creo que necesitas tiempo a solas para revisar eso. -Cerró la puerta y todo volvió a concentrarse en los ronquidos y quejidos de los enanos que dormían como podían, repartiéndose mis habitaciones, abultados en medio de la sala y el comedor. Lo veas por donde lo veas, eran demasiados para una casa de Hobbit y eso…no me molestaba del todo. Trace mis dedos sobre la piel desgastada del cuaderno de mi madre. Es un poco emocionante tenerlo, como si aun pudiera conversar con ella pese a que ya no está. Moví mis orejas ante el sonido de una de las paredes de mi casa golpeando, era simultaneo, con un ritmo que me formo una mueca al reconocer lo que sucede en alguna de mis habitaciones y abrace el cuaderno, levantándome del comedor para ir hacia mi puerta, saliendo para no volver a escuchar aquello. No quería imaginarme como los enanos pueden dejar las cosas después de un emocionante encuentro. Trate de no reírme al darme cuenta de que algunos de aquellos 13 enanos tenían algo o metieron a alguien en medio de mi sueño, pero nadie cerca de Hobbiton aceptaría algo así o en un hogar de otro Hobbit. Hobbiton es un lugar muy cerrado, que tiene la mentira más grande de libertad o paz, pues tiene sus propios tabús y usualmente uno vive en estrés por las constantes idealizaciones de la propia gente del pueblo. Creo que es algo de los Hobbits, realmente se tiene miedo al cambio, a todo aquello que puede salir mal. Aún con todo eso, este lugar mantiene un aspecto cómodo, sus arboles que nos protegen de otras especies crean un ambiente de privacidad y si te escapas de los labores, el bosque mismo parece pedirte que descanses en sus tierras verdes, con el pasto tan alto que te puedes esconder recostada, siendo ambientada por el aire que sopla suave. Me gustaba eso, pero era una cosa buena entre tantas malas. El paisaje lo se de memoria, su gente aburrida parece que tiene incluso patrones de tiempo y nunca pasa nada… me cansaba su monotonía. Y no tenía a nadie o algo que me mantenga aquí. Me quedo por la costumbre. Me abrace, dejando el diario de mi madre a un lado, disfrutando el aire que me envolvía el cabello, que comenzaba a bailar con la fresca brisa y presione mi mejilla contra mis rodillas, dándome un tiempo. Conforme pasaba el tiempo, el sol alumbro Hobbiton y a lo lejos escuchaba como todo cobraba vida, probablemente los enanos ya estén saliendo de mi casa… Repase eso en mi cabeza, una, dos, tres veces, hasta que realmente lo entendí y me levante del pasto, saliendo de los bosques para entrar al pueblo, sosteniendo mi falda con fuerza para poder correr hasta mi casa, luchando con sostener mi vestido o el diario de mi madre, tropezando un par de veces, llenándome de tierra para volver a correr. Sonreí aliviada al ver mi casa a lo lejos, abriendo con fuerza mi puerta para ver a los enanos molestos o el fastidioso mago, pero estaba todo en silencio. Me detuve en la puerta, observando mi hogar que mantiene un aspecto limpio. Acomodaron todo antes de irse, pues no se encontraba a ningún arma de enano, ni comida tirada o muebles desacomodados, mi hogar lucia demasiado ordenado, generándome incomodidad. Lo único que quedaba de ellos, era aquel contrato que estaba en blanco donde se supone que va la firma de la “saqueadora”. Mi vida podía cambiar, las cosas como las conozco no serán las mismas y como bien dijo Gandalf, probablemente nunca regrese a lo que soy... y por primera vez …no le veía problema a eso. Tome el papel en mis manos, poniéndolo en el resorte de mi falda para apresurarme a mi habitación. Tengo poco tiempo, así que mi mente procesaba que necesitaba para prepararlo, solo que todo funcionaba al mismo tiempo. Me moví, necesitaba reaccionar o no lo lograría, por lo que me apresure a quitarme toda la ropa, una falda sería un caos si viajábamos, necesitaba algo más práctico, el problema es que todo lo que tenía eran vestidos, nunca me importo mucho el llenar mi armario y lo de mi madre era extravagante, no deseaba dañarlo. Las cosas de mi padre sonaban maravillosas, luego lo adaptaría a mi cuerpo. Entre salto me iba poniendo uno de sus pantalones, eran demasiados grandes para mí, así que me puse un cordón como pude en la cintura, para que se mantuvieran en su lugar. Me puse cosas demasiado holgadas para mí, pero no sabía lo que me esperaba y no tenía tiempo de arreglar la ropa. Corrí a tomar una mochila, llenándola de ropa de mi padre y un único vestido extravagante de mi madre, nunca se sabe cuando se puede usar esto. Kit de costura, listones para el cabello, una caja de medicinas, libro de hierbas medicinales, dinero, más libros y… el collar de mi madre. Lucia grande mi mochila y era grande. Até mi cabello con un listón, corriendo a tomar un mapa de la tierra media y la comarca que mi madre guardaba y con el contrato en mano, salí apresurada de mi casa, sin despedirme de mis cosas y puse seguro. Sabía que se me olvidaban cosas útiles, pero también sabía que lo resolvería después, tendría que aprender. Sostuve con fuerza las correas de mi mochila, pidiendo en cada paso que no terminara rodando colina abajo por lo grandes que son los pantalones de mi padre. El sol me alcanzaba y eso significaba que iba tarde, mi cuerpo tembló por el pánico y aun con miedo decidí acelerar. Sin orden, ni cuidado, corrí como ningún Hobbit ha hecho en su vida, saltando cercas, pasando por patios e incluso cayendo en el gallinero de la Señora Peckle. Recordé el contrato sin firmar y en medio de mi carrera saqué un bolígrafo, esta es la única vez que odiaba haber creado una firma tan larga. Choque con un par de Hobbits en el camino, gritando disculpas en lo que la firma me salía chueca en el contrato, pero una sonrisa ilumino mi rostro cuando logre firmarlo. Entre risas seguí corriendo, el contrato bailaba en mi mano y eso me causaba aun mas risa, estaba emocionada y como no estarlo ¡Voy a salir de la comarca! -Señorita Bella, ¿A dónde va? -Me pregunto un vecino cuando por accidente espante a su gallinero, los cuales corrieron en todas direcciones y el hombre dudada sobre si verme o ir por sus gallinas. - ¡Perdone, no puedo hablar! - Sali por una cerca, casi tropezándome y seguí corriendo. - ¡Voy tarde! - ¡¿Tarde para qué?! - ¡Me voy a una aventura! -Grito incrédula, sin poder creer lo que sale de mis labios, riendo cuando atravieso la entrada y salida de Bolsón cerrado, respirando como si el aire fuera único. Gire en una esquina, bajando mis pasos cuando pase del valle verde de Hobbiton a un bosque totalmente cambiado, oscuro y tenebroso, con un paisaje totalmente apagado; Me di la vuelta, admirando el cambio de vegetación y como una pequeña mancha verde estaba debajo de mis pies, una que no recordaba haber visto y con el tiempo esa misma mancha aumento, pasando a un árbol el que cambio ligeramente de su tronco, siendo gris aterrador, a uno vivo. Admire de cerca, queriendo tocar el cambio, hasta que risas roncas y fuertes me alertaron, recordando porque corría. Era extraño, pero no vine corriendo por todo Hobbiton para dejarlos ir. Fui detrás de las risas, corriendo con torpea cuando pude verlos sobre lo que parecían ser unos ponis, sacándome una sonrisa. - ¡Esperen! -Grito agudo, bajando mi velocidad por quejas de mi cuerpo que había dejado de producir adrenalina. - ¡Ya lo firme! – Doy anuncio con la respiración seca, realmente necesitaba caminar más. Veo a cada enano, ninguno hacia alguna broma o queja y me ponía nerviosa. Camine hasta Balin que me estiro la mano, sonriéndole con emoción cuando lo puse sobre su guante. -…Parece que todo está en orden…- Dice después de un tiempo, acercando su lente en donde está el nombre de “saqueadora”, donde una firma chueca y desordenada brillaba al ser recién hecha. Mi cuerpo se relajó, pensaba que me iba a reclamar por lo horrible que hice el trazo, pero solo lo doblo con cuidado, con una sonrisa que delataba que se quería reír. – Bienvenida, señorita Bolsón a la compañía de Thorin Escudo de Roble. -Me tiende el contrato, guiñándome un ojo y estiro mis manos para recibirlo, solo que las bajo en seguida cuando el pantalón que tome del armario de mi padre cede tras tanto movimiento, bajando lo suficiente para que se escuchen los chiflidos de los demás. No tardo en acomodarlo, subiéndolo hasta mi cintura, amarrando el hilo con fuerza para que se sostenga, ignorando los comentarios morbosos de los demás para tomar el papel en mis manos. -Denle un poni. – Ordena Thorin con amargura y yo con mis manos regresando al pantalón, me giro como si me diera la peor sentencia. Cuando era niño uno de mis tíos me intento subir a un poni que era similar a estos, obviamente no me pude sostener y me caí, tuve que estar en cama dos semanas por el golpe tan fuerte, desde entonces, una alergia y un miedo me inundaban cuando me intentaba subir a uno. -No creo que sea necesario… -sonrió nerviosa, retrocediendo, queriendo llegar al final de la hilera. -Puedo caminar, realmente me serviría caminar un poco, debieron verme cuando empecé a correr. Yo… - No termino, pues Fili y Kili me alzan del suelo con sus manos bajo mis brazos, subiéndome a un Poni, sentándome con cuidado. Me sostuve de las riendas, teniendo un poco de miedo, pero me acostumbré al ritmo del animal, su pelaje era suave y caminaba tranquila, guiada de los demás. -Es la más pequeña. -Sonríe con burla Gandalf, algunos rieron ante lo que parecía ser un comentario de Gandalf a la poni, más le valía que solo fuera hacia la poni, pues pasaban su vista de mí y la pobre potra. Mi nariz comenzó a picar y tuve que frenar a la poni ante el fuerte estornudo, que me dejo con los ojos picando, odiaba las alergias. -Hagamos algo, tu no me tiras y puede que te de algo rico de comer al final. -Me inclino al rostro de la poni, moviendo mi nariz por la picazón y aun con lo molesto de mis alergias y mi miedo a caerme, me agradaba esta poni. Un suave relinchido salió de ella y me enderece en la poni, que trotaba con un ritmo agradable detrás de los demás.
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