¿Saqueadora?
5 horas y 56 minutos hace
-Eso es de decoración. -Tomo el mantel de las manos de un enano, deseando en seguida no haberlo tocado al ver el estado en el que lo dejo. -No es…para limpiarte. – lo sostengo solo con dos dedos, caminando hasta mi lavabo para dejarlo sumergido en el agua.
-Pero tiene muchos hoyos…
-Es así, es crochet. -Me lavo las manos, girando a ver a otro enano, quien le da un trago largo a su tarro. -Esta tejido a gancho…- Explico un poco más al verlo que no entiende. -El punto es que debe tener todos estos hoyos.
-Oh, es un juego maravilloso. -Me detengo ante la contestación, no parecía burlarse, realmente estaba diciendo eso. -Pero debes tener las pelotas y un buen mazo.
La risa de un par de enanos me hace girarme y vuelvo a acomodar lo que puedo de la cocina al darme cuenta de que confundió Crochet con Croquet, haciendo que suene como algo subido de tono. Me concentro limpiando, intentando no sonrojarme por como termino la broma y eso solo parece aumentar las risas.
-Bofur, no seas así con nuestra querida Bella. – Entra Gandalf a la cocina, alzándose sobre todos nosotros y lo sigo en la cocina. Mi enojo ya no era el mismo de la primera vez que lo vi, pero el que llenara mi casa de tantos enanos y todavía tuviera el descaro de actuar tranquilo me estaba poniendo los pelos de punta. y no tardo en seguirlo, poniendo mis manos juntas sobre mi abdomen, como una costumbre mía.
-Una pregunta. – Pongo mis manos sobre mi abdomen al no saber cómo mantenerlas quietas, alzando un poco mi rostro para que Gandalf me escuche mejor. - ¿Qué es lo que están haciendo aquí? -Grito bajo, moviendo un poco mi rostro al ver cómo se pelean por lo poco que queda en mi cocina, iniciando una lucha en el suelo para ver quién se queda con los salamis que estaba dejando secar.
- ¿Ya te fastidiaron?
- ¿Tu qué crees? -Poso mis manos en mi cadera, alzando una ceja ante su absurda pregunta.
-Bella, son un grupo lleno de alegría, solo debes conocerlos. -Mi lado amable desaparece con este tipo, literalmente estaba viendo cómo se destruían en mi suelo por unos salamis y me dice que debo conocerlos.
-Creo que no me entiendes. -Camino por mi cocina, dirigiéndome al pasillo de mi entrada, sabiendo que me esta siguiendo. - ¡Mira como quedo mi casa! -le apunto el lugar, estando horrorizada al ver el suelo. -Hay lodo por todos lados, ¡mancharon la alfombra de mi padre!, la silla del abuelo Mungo esta destrozada, pulverizada, no hay forma de arreglarla y no me hagas hablar de mi alacena, el invierno está cerca ¿Sabes cómo terminan los Hobbits que no recolectan lo suficiente para pasar el invierno? ¡Muertos! Los depredadores aun con mi cambio de cabello me notaran pasando entre la nieve.
Peino mis cabellos, me agradaron al principio, pero son caos por donde sea que pasen, no les importan las reglas, la etiqueta, lo que digan de ellos, solo pasan y hacen lo que quieran.
- ¿Y me explicas por qué mi habitación parece esculcada?
-Tal vez querían saber más de ti.
- ¿En serio? Me podrían preguntar en lugar de recostarse en mi cama, tomar mis ropas y esculcar entre mis artículos de higiene para mi mes… ¿Sabes qué? Dejemos eso para después… - Respiro hondo, volviendo a pones mis manos sobre mi abdomen. -Es que no entiendo que hacen en mi casa.
-Disculpen, lamento mucho la interrupción…
-No parece. -Niego con la cabeza, mi batería de amabilidad disminuía cada segundo rodeado de tantos enanos y un mago que parecía no ver el problema en sus acciones.
-Me preguntaba, ¿Qué debo hacer con mi plato, señorita Bolsón? -Viendo al chico, me sorprendió al ver que es casi de mi estatura, con un aspecto tranquilo y que a diferencia de los demás parece menor. Mi actitud cambia un poco al verlo tan nervioso y estoy por tomar su plato para llevarlo a la cocina cuando Fili lo toma antes que yo.
-A ver, ori. Dámelo. – Lo veo cuando ya lo tiene en su mano, dándole vueltas sin preocupación al plato de porcelana, sonriéndome al mismo tiempo que lo lanza al otro lado del pasillo, donde Kili lo atrapa sin problemas.
- ¡No! -Un grito agudo sale de mis labios al ver como Kili lo vuelve a lanzar dentro de la cocina, teniéndome en mi mente la imagen de platos rotos, siendo preparados para machacarlos o quemarlos. -Son de mi madre, es su bajilla de la cuaderna oeste… ¡Tiene más de cien años! – Grito con fuerza, queriendo que me escuchen y se detengan de estar lanzando mis cosas.
- ¡Kili al centro! – Fili pate un plato hondo, pasándolo de un pie a otro antes de lanzarlo en dirección a Kili. Su rostro era de un tipo que buscaba impresionar y atrapando vasos, platos y cubiertos, mantenía su vista fija en mí, sonriendo con orgullo.
Mis ojos se fijan en aquel plato, decorado con gracia y que se supone que no esté afuera, un plato que paso de generación en generación, que mantiene las iniciales de cualquier Bolsón o Tuk que ha vivido, un recuerdo de toda la familia y por el cual me lanzo a Fili, tomando el plato de su mano, lo intento retirar de su agarre, pero su mano en mi espalda me atrapa. -Hola… -Murmura con un tono extraño que no es normal en su voz y piso su pie, no grita ni nada, solo suelta el plato para alejarse un poco.
Abrazo el plato con orgullo, estaba sucio de quesos y migas de pan, pero lo tenía conmigo y me bastaba eso. El juego de los cubiertos capta mi atención y la vista de un grupo tallando, chocando y rallando mis cubiertos de plata me eriza la piel.
El sonido chirriante me hace temblar y me acerco a uno para tomar el cuchillo, queriendo que paren con eso.
- ¡Le van a quitar el Filo! – Les regaño, sintiendo como mi mano con el cuchillo es tomada y en un giro el cubierto de metal desaparece para ser regresado al enano, quien vuelve a crear un ritmo con los demás.
- ¿Ya oyeron, señores? -Los escucho burlarse. -Dice que les quitaremos el filo.
- ¡El cubierto arruino! -Ríe Kili, acentuando su voz, creando un ritmo.
- ¡Moler botellas, quemar corchos! – Le sigue el ritmo Fili, quien parece divertido de molestarme y me sostiene cerca, atrapando platos para lanzarlos a Kili.
- ¡Oye no! – Me muevo entre su brazo, tratando de atrapar uno de los tantos platos que comenzó a lanzar entre los demás, estando aun aferrada al palto de la historia de mi familia.
- ¡Triza vasos y rompe ollas!
- ¡Lo que Bella Bolsón más odia! – Gritan todos al unísono.
- ¡¿Quién no odiaría eso?! – Me safo del brazo de Fili, corriendo para tomar una taza que era de mi padre, sosteniéndola junto al plato, viendo pasar mi bajilla por los aires.
- ¡En el mesón, grasa botar! -El ritmo llena el lugar, pero me concentro en tomar lo más valioso, temiendo que lo rompan. - ¡Los platos sobre la alfombra!
- ¡Eso no! – Amenazo, siendo consciente de los que ruedan por el piso.
- ¡Al suelo leche derramar! -Vuelvo a girar, abrazándome de lo que he podido rescatar, cayendo en unos brazos, pero viendo ahora a Kili, quien se divierte con mi estrés. - ¡Vino en puertas salpicar! -Me canta demasiado cerca del rostro, sintiendo su aliento espeso por las salchichas y la cerveza que devoro con los demás.
Me cubro la cara con el plato, sin querer sentir su aliento y no tardo en caer al suelo, soltando un quejido al haber caído de trasero, fijándome como Kili fue derribado por Fili con el que se comienzan a pelear en el suelo.
- ¡Vierte todo en un gran tazón! – Continúa cantando los demás, supliendo a los hermanos que se pelean no muy lejos, tirando mis platos con un ritmo terrorífico, atrapando en el segundo justo, evitando que alguno caiga al suelo. Alguno me tiende la mano y me levanta con una pirueta, siguiendo el ritmo de la canción improvisada que todos crean y yo continuo con mi misión de rescatar lo que pueda. - ¡usa un palo para moler y si uno entero al final quedó!
-Bella, déjalos ser… - Murmura Gandalf, deteniéndome para tomar los trastes de mis manos, lanzándolos a alguna parte de la casa, desubicándome.
- ¡Va rodando al corredor!
- ¡El que va a salir rodando vas a ser tú! – Amenazo, corriendo por el pasillo, yendo hasta la cocina, queriendo recuperar el plato de mi madre o la taza de mi padre de forma intacta.
- ¡Lo que Bella Bolsón más odia! – Paso mi mano por el cuarto, tratando de dispersar el humo de tabaco que hay en el aire y me detengo al ver mi plato ser tendido a mí, un plato limpio, sin olor a mal lavado e incluso parece pulido, se apartan para dejarme ver todos los trastes limpios y ordenados, sin tener un solo rayón sobre la mesa de la cocina, las risas no se hicieron esperar y todos los enanos en el cuarto se burlaban de mí expresión.
-Te lo dije, tienen su encanto. -Sonríe Gandalf, encendiendo su pipa con su dedo, tratando de no ser muy obvio al reírse de mí.
Me recargo en el marco de la entrada, sintiéndome agotada ante la energía de los enanos y sus constantes intentos de hacerme enojar, pero toda risa se apagó ante tres secos y calculados golpes en la puerta. Todos se giraron, cambiando sus expresiones a unas serias, pasando su vista de mí a la puerta donde se proyecta una sombra amplia desde abajo.
-Está aquí… - Susurra tenebroso Gandalf, causándome un escalofrió.
Camino ante la mirada de todos, saliendo de la cocina para volver a asomarme al pasillo. Hace un par de horas que por este mismo lugar me desmaye tras ver a Dwalin; Si Dwalin había sido suficiente para desmayarme, ¿Quién me dice que quien esté detrás de la puerta no me cause algo peor?
Parece que Gandalf entiende mi estrés, pues pasa entre los enanos, hasta llegar a mí, dándome un gentil apretón en el hombro para detenerme y caminar seguro hasta la puerta, abriéndola muy lento para mi gusto, dejando ver a un enano que no se parecía a nada de lo que me imagine en toda la noche. Todos murmuraban sobre aquel enano, quien fue a ver a su familia antes de venir aquí y por lo que decían, me esperaba alguien aterrador.
-Gandalf… - Su voz era un eco ronco que no era del todo desagradable, se veía arreglado como si este fuera su momento y a diferencia de algunos de aquellos enanos, tenía un aroma fresco a… limpio. Entra sin problema a mi casa, sonriéndole al mago. -Tú dijiste que la casa era fácil de hallar… Me perdí, dos veces. – Dice con un toque de humor y los enanos al lado de mí no tardan en inclinarse cuando pasa cerca de nosotros. -No la habría encontrado de no ser por esa marca en la puerta. – Me concentro un poco cuando se quita la capa con una mano, obviamente para asegurarme que no tenga algún tipo de arma, pero aquello de una marca en mi puerta me salto.
- ¿Marca en la puerta? – Me apresuro a pasar entre los enanos, sosteniendo mi puerta antes de que Gandalf la cerrara, tratando de encontrar la disque marca en la madera, topándome con un rayón en mi hermosa puerta, un símbolo que marco con fuerza. - ¡Gandalf! ¡Está recién pintada! -Gandalf cierra la puerta de forma rápida, sin dejarme ver bien la marca, negándome a que la vuelva abrir, ocultando su travesura como si de un niño se tratara
-Bella Bolsón, permíteme presentarte al líder de nuestra compañía. -Cambia de tema más rápido que un gallo canta en la mañana y me obliga a girarme, presionándome para encontrarme de frente con el nuevo enano. –Thorin Escudo de Roble… - Aun con molestia, me mantuve callada. Por las expresiones de algunos, supuse que este tipo es un poco importante, por lo que tomé las esquinas de mi falda, inclinándome con una expresión neutra, saludándolo.
-Un placer. -Hablo bajo, tratando de verlo de reojo.
- ¡A mí no me saludaste así! -Escucho entre el bulto de enanos, girando los ojos ante el comentario.
- ¡Tal vez porque entraste a mi casa mientras estaba inconsciente! – Contesto con la misma energía, rompiendo el saludo para intentar ver quien de todos fue. Thorin dio un paso y mi atención regreso, su figura comenzó a rodearme con seguridad, viéndome de arriba hacia abajo, como si me examinara y su expresión fue similar a la del maldito Gandalf cuando me conoció, como si juzgara ciertos aspectos de mi apariencia y tachara algunos.
-Así que… - Sonríe con burla. -Esta es la Hobbit.
- ¿Disculpe? – Contesto brusca, ofendiéndome por ese tono.
-Señorita Bolsón, ¿Tiene experiencia en el combate? – Pregunta, como si esperara que mi respuesta fuera negativa y ni siquiera me deja contestar, cambiando de pregunta con ese tono arrogante. – ¿Hacha o espada? ¿Qué arma prefiere usted?
-Pues tengo mucha experiencia en romper varias bocas con mí puño, si tanto quiere saberlo… - El día había sido largo, y por eventos pasados, ya no tenía mucha reputación que destruir. Mi paciencia tenía limites y por primera vez ya no me importaba sobrepasarlos, y por obra del destino, un tipo arrogante, grosero y que por un momento me agrado, llego a mi casa, sería una falta no responderle con el mismo tono o incluso peor. Paso una mano por la manga de mi camisa, arremangando la tela para dejar libre mi brazo y no tardo en hacer lo mismo con el otro, acercándome con sumo cuidado al tipo que se giraba a ver a los demás enanos, hasta que Gandalf me detiene, sosteniéndome de los brazos y bajándolos. - ¿Por qué debería ser relevante? – Gruño con molestia, removiéndome de las manos de Gandalf que no tiene intenciones de soltarme, al menos no hasta que me calme.
-Como lo imagine… -Se cruza de brazos para lucir imponente, realmente quería golpear ese rostro hasta que esa sonrisa socarrona desaparezca. Parece más una tendera que una saqueadora. -Trata de hacer una broma por mi apariencia, por mi raza.
-Gandalf, suéltame. -Ordeno, removiéndome entre sus manos y el maldito anciano solo se carcajea nervioso, en un tono mínimo, pero que no se nota por las risas de los demás. Le estaba siguiendo la corriente a este tipo, ni siquiera tenia el valor de verme a la cara o de soltarme para que me agarre a este tipo como se merece, cosa que me estaba irritando.
Se espera a que ese cretino entre a mi cocina, sosteniéndome hasta que sea seguro y me suelta, recargándose en la pared con un aspecto nervioso.
-Tío, te traigo una cerveza. -Kili no tarda en entrar al comedor con las manos ocupadas, dejando un tarro de mí cerveza y un plato con un poco de la comida que les sobro, que también es mío y el idiota todavía se espera a que se lo acomode en la mesa, solo falta que quiera que se lo den en la boca.
-Estúpido… -Digo entre dientes y Gandalf me cubre la boca.
-Espero lo disfrute, lo hizo la Señorita Bolsón. -Cubre lo que digo, alejándose de mí para sentarse cerca de Thorin.
-Está delicioso. -Agrega Fili que se sienta al final de la mesa, sin despegar su mirada de mí.
Mi rostro se suaviza con él, casi le sonrió por el halago que me hace, aun cuando es obvio que como tal no prepare nada, pero con aquel tipo Thorin era muy diferente, mi rostro era de fastidio al verlo y me daban ganas de soltarle un puñetazo.
- ¿Qué paso en la reunión de Ered Luin? – Pregunta Balin, inclinándose en la mesa. - ¿Fueron todos?
-Sí, enviados de los siete reinos. -Sonríe orgulloso, dando un bocado del plato. -Todos ellos.
La mayoría sonríe en la sala, festejando tranquilos con la revelación.
- ¿Pensaste lo de los enanos de las colinas de Hierro? – Dwalin interrumpe el festejo, creando una leve tensión en la sala. -Dain podría ayudarnos…
-No vendrán.
-Necesitamos a más enanos, nosotros solos no podremos.
-Está misión es nuestra y solo nuestra. -Afirma, deteniendo en seguida cualquier queja que pudiera empezar y se enderezó en su silla.
Empiezo a tomar un par de cosas fuera del comedor, rondando cerca para poder escuchar un poco de su platica, sintiendo mi nariz picar y la muevo, estando un poco curiosa. Me detengo en la otra entrada, fingiendo como pongo algunas cosas y tomo otras cerca del lugar, dándome cuenta de la incomodidad de algunos enanos, quienes no parecen estar del todo de acuerdo con lo que dice Thorin. Muevo mis orejas ante la mención de una misión y ante el silencio que se da, no me quise quedar con la duda.
- ¿Se van a una misión? – Rompo un poco la fría tensión en la que nos envolvíamos. Claro, se que ya lo dijeron, pero no me esperaba ese tipo de miradas por una simple pregunta y Thorin incluso parece molesto ante lo que digo, pues baja su tarro para verme unos minutos, volteándose a ver a Gandalf.
-Bella, querida. -Me manda a hablar, bajando su pipa ante las miradas de los enanos e incluso parece palidecer ante mi pregunta. - ¿Serías tan amable de traernos una vela? -Pide, manteniendo aquella extraña expresión en su rostro, como si intentara cambiar el tema o hacer como que no dije nada.
-Claro… - Dejo lo que tengo en mis manos en cualquier lugar de mi casa, ya tenía un desastre por los enanos, no creo que sea malo que yo cree mi propio desastre. Tomo una de las velas de la cocina, cubriendo la flama con cuidado para caminar hasta donde esta Gandalf, manteniéndome inclinada hacia el anciano y no el enano Thorin.
-En el lejano Oeste, atravesando montañas y ríos. -Su voz toma un tono totalmente diferente mientras toma algo de su túnica, que empieza a desdoblar sobre la mesa, captando mi atención. -Más allá de bosques y desiertos, se encuentra un pico aislado…
Me inclino ante su movimiento de cabeza y bajo la vela cerca del mapa, alumbrando un camino largo que atraviesa toda la tierra media, algo que solo sabia por los libros o por cuentos para niños, pero que ahora veía de cerca, uno que mantenía palabras extrañas y trazos tan cuidadosos.
-…La montaña solitaria… -Murmuro lo único que puedo leer en el papel, frunciendo mi ceño al notar el dibujo de lo que parece ser un dragón en la cima de la montaña solitaria.
-Oin ha interpretado las señales. –Dejo de fijarme en el trazo, escuchando al enano que habla firme, causando muecas en los demás, observando al que tiene el cuerno en la oreja, quien es el único de acuerdo en lo que dice el otro. – ¡Y sus señales indican que ya es hora!
-Se han visto a cuervos regresando a la montaña. -Agrega otro, mientras una fuerte nube de humo sale de la barba de Gandalf, quien fuma de su pipa con estrés. –“Cuando las aves ancestrales regresen a Erebor, el reinado de la bestia terminara.”
- ¿Bestia? – Mi ceño se frunce y dejo la vela sobre la mesa, alejándome un poco del humo de la pipa de Gandalf, que parece sacar humo como chimenea.
-Smaug, el terrible… - Conocía la voz, Bofur comenzó a explicarme, alterando el tono de su voz para crear un ambiente tenebroso. – La mayor y principal calamidad de nuestra era… -Se alza de hombros y alzo una ceja al verlo como es que intenta molestarme. Asiento en silencio, girándome para ver a Gandalf, que no parece querer agregar nada a la conversación. -Vuela y escupe fuego, dientes como navajas … dientes como garfios, aficionado a los metales preciosos, es…
-Un Dragón… - Completo ante la obvia descripción.
- ¡No tengo miedo! - Se alza de golpe uno de los enanos, sobresaltándome por el repentino grito en el silencio. Aun con su cuerpo temblando ante la mención del dragón, se alza para verse seguro. - ¡Le voy a hacer probar el duro acero de los enanos directo por su narizota!
El comedor se animó con gritos de aprobación para el joven enano quien mostro valentía y parece decidido a luchar, mientras que uno a su lado lo toma del hombro y lo sienta de golpe, regañándolo por la declaración que hace. Anote eso, pues su acción se vio de alguien cercano, casi como un familiar que no quiere que se haga daño.
-Tal vez no seamos una multitud… - Fili se une a hablar frente a todos, alzándose de igual manera que el otro enano, manteniéndose firme sobre la mesa, atrapándome un poco. -Pero somos guerreros… ¡Todos nosotros! ¡Hasta el último enano! -Sonríe orgulloso, iniciando nuevos gritos que animan a todos y me quedo quieto cuando su mirada termina en mí. Solo fueron unos segundos, en los cuales sentí como todo lo demás se apagaba, escuchando solo esa risa orgullosa que por alguna razón me puso nerviosa y aparte la vista, observando la mesa.
-Y no olviden que tenemos a un gran mago en nuestra compañía. – Gandalf toma mi atención mientras se atragantaba con su pipa, quitándola de su boca para toser el humo de a pocos, casi escupiéndolo. -Puede que hasta haya matado a cientos de dragones en todo el tiempo que ha vivido.
-Yo… yo no… -Se vuelve a meter la pipa en la boca, sin intenciones de decir mucho. Observando con molestia a Kili que lo menciono en toda la disputa.
- ¿A cuántos, Gandalf? ¿A cuántos ha matado? –Presionan los enanos, todos atentos a la reacción del mago que no quiere hablar y Gandalf solo fuma, dando caladas largas. - ¡Adelante! ¡Diga un número!
Sus labios temblaban y el humo salía como si estuviera defectuoso, cosa que dio pie a qué el lugar estallara en gritos y quejas sobre el viaje que van a emprender, todos estaban nerviosos, preocupados y seguramente hasta sentían miedo. Si era cierto lo que decían, un dragón no debía tomarse a la ligera, cada relato los pone igual, codiciosos, tenebrosos y sin miedo a matar a cualquiera que se les acerque. Nada les aseguraba que regresarán vivos.
Tanto movimiento de tanta gente peleando por encima de mi mesa me causo una propia ansiedad, alce mis manos, intentando detener a alguno, pero eso solo los enojaba más. Fili intento ayudar, gritando que se calmen y sentando a los que están cerca de él. El problema era que su hermano parecía avivar el fuego de la ansiedad con cuestionamientos propios en voz alta, sobre si era seguro ir siendo tan pocos y sobre cómo no deseaba morir por las garras de un dragón.
- ¡Atkât! – El grito de Thorin resonó por toda la cocina, un idioma totalmente diferente sale de sus labios y los chirrido a de las sillas de los enanos no tardaron, se sentaban ante lo que parecía haber sido una orden; seguían enfadados, pero ninguno se negó al grito de quién parecía ser su líder y se mantuvieron en sus sillas. -Si nosotros hemos notado las señales, otros también. – Su forma de hablar era fuerte, luciendo imponente e incluso yo me quedé quieta, pero solo por la mano de un mago molesto que intentaba mantenerme en mi lugar, sentándome en una silla cerca de él. -El dragón Smaug no se ha aparecido en 60 años… El gran tesoro de nuestro pueblo esta desprotegido. -Alza la voz. - ¿No haremos nada mientras otros se apoderan de lo que nos pertenece? ¿O aprovecharemos esta oportunidad para recuperar Erebor? -Los demás sonríen con orgullo por lo que dice Thorin. Estrella su puño en mi mesa, regresándome un poco a la situación al escuchar el crujir y hago una mueca al ver cómo es que le dejo un hueco en mi mesa, que ahora se mantenía dañada. Me quedo viendo la madera destrozada y me levanto sin saber que los demás lo harían, pero ellos festejaban las palabras de Thorin, y yo solo observaba lo que le hizo a la mesa el maldito.
-Pero el portal está sellado. -Aparto la mano de Thorin de la mesa, tratando de ver que tan grave fue su golpe y maldiciendo como es que puede tener tanta fuerza. Pongo mi mano en la mesa, sintiendo un ligero toque, pero mando al diablo el toque, mi mesa fue destruida. -No hay forma de entrar en la montaña…
-Eso mi querido Balin, no es del todo cierto… -Gandalf hace por fin presencia, pasando entre sus dedos algo metálico que brilla con la luz de las velas. Pese a su tamaño, brillaba de una forma única y eso… no me podía importar menos.
- ¿Cómo obtuviste eso? … -Sin previo aviso Thorin me pone una mano en el pecho, empujándome fuera de la mesa para poder acercarse más a Gandalf, queriendo ver la llave.
-De manos de tu padre, Thrain… para guardarla. – Revela en lo que yo sigo en el suelo. Gandalf baja su mano, girándola un poco hasta que se la extiende a Thorin. – Y ahora, es tuya.
-Si existe una llave… Debe haber una puerta. -Me siento en el suelo, sobando mi espalda en lo que ese nefasto enano recibe la llave.
Gandalf asiente, apuntando con su pipa unas runas antiguas en el mapa, trazándolas un poco, como si las leyera. -Hay un túnel secreto por los salones inferiores, de donde tu padre salió en el ataque.
-Así que hay otra entrada. – Juro por todos los árboles del bosque encantado del sur, que me contuve de soltar cualquier comentario sarcástico ante lo que dice Kili, quien parece estar tan orgulloso por lo que dijo y dudo mucho que fuera la única que pensara en alguna forma de burlarse de lo torpe que sonó.
Me giro ante la sensación de alguien levantándome, alzando una ceja al ver a Bofur que me toma de debajo de los brazos para ayudarme a levantarme del suelo. -Gracias… -Sacudo mi falda.
-Si la encontramos, pero las puertas de los enanos son invisibles al cerrarlas. -Suspira. -La respuesta está en el mapa, pero no soy capaz de encontrarla …aunque conozco a algunos en la tierra media que sí. – Thorin no parece satisfecho ante lo que dice Gandalf, siendo obvio su fastidio. -La tarea que tengo en mente requerirá muchísima cautela… y valentía… -Me ve de reojo en lo que me limpio la falda y Bofur regresa a su lugar. -Pero si somos capaces y hábiles, yo sé que podremos lograrlo.
- ¡por eso necesitamos un saqueador! – Gritan como si fuera lo más obvio y me acerco de nuevo a la mesa, empujando un poco a Thorin para que me deje ver el mapa.
-Y uno muy bueno, si van por un Dragón necesitan a un experto.
- ¿Y lo es? -Por alguna razón todos se giran a ver en mi dirección y yo me giro con ellos, esperando ver a alguien detrás de mí del que no me he dado cuenta, pero no hay nadie detrás y me giro, dándome cuenta de que a quien ven es a mí, sobresaltándome.
- ¿Qué yo qué?