Estado de emergencia

Mezcla
NC-17
En progreso
2
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planificada Midi, escritos 11 páginas, 4.738 palabras, 2 capítulos
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Raro

Ajustes
-Mierda. -Suelto fastidiado, pasando mi mano por mi mueble, hasta que puedo tocar el espantoso despertador, apagándolo con brusquedad, aguantando mis deseos de destruirlo; Cuando acabe mi servicio, uno espantoso, por alguna razón les pareció buena idea darme esa cosa espantosa, pero era usar eso o tener que usar el celular, lamentablemente era mi mejor opción. Realmente odiaba despertar, cada timbre de esa horrible alarma me traía tantos recuerdos y para cuando podía despertarme, ya estaba completamente empapado en sudor y había pasado mucho más tiempo del que se supone que debía levantarme. Intentaba todo por despertarme, pero era complicado, era como si aun me encontrara en esos campos, en medio de los gritos y la crisis, sin poder reaccionar. Por un año busqué como tratarme, fui a varios centros donde pudieran darme algún tipo de apoyo, donde me ayudaran con las cosas de mi pasado, incluso me prometieron terapia por lo sucedido y mis años de servicio, pero nunca llego, al parecer tenían “tanta gente afectada” que era imposible que me trataran y digamos que el sueldo de un ex militar no era lo suficiente para poder arreglar tus problemas, a nadie le importa realmente que des tu vida por tu país. -Oppa… - Al menos tenía algo de que sostenerme. Me pase las manos por el rostro, tratando de quitarme el estrés, para girarme a ver al pequeño niño somnoliento que sostiene con cariño a su peluche que aparenta ser un tigre, ya que está completamente desgastado y que mantuvo su nombre por años, Tata. -Seo. – Sonrió, viéndolo en su intento de caminar, creando un ritmo lento y pesado, arrastrando sus pequeños pies por el frio suelo de mi habitación, intentando llegar hasta donde estoy sin poder sostenerse. Lo miro un momento, intentando no reírme y me levanto de la cama, caminando lentamente hasta donde esta para tomarlo en brazos. - ¿Qué haces despierto tan temprano? -Es culpa de Hee…- Lo escucho murmurar, sintiendo como se acurruca con cuidado contra mi pecho y manteniéndolo en mi pecho salgo con cuidado de mi habitación para caminar hasta donde los pequeños se quedan a dormir. -Su alarma no deja de sonar. Sonrió ante su tono, entendiendo su mal humor, yo también odiaba las alarmas, pero cuando me detengo a escuchar la famosa alarma que despertó a Joon-Seo, me doy cuenta de que el tono no era alegre, no parecía una canción de Demons Hunters que les había instalado, si no que era algo plano, fuerte y sospechosamente conocido. - ¿Hee? -Me apresuro a la habitación, viendo a la pequeña cubrirse las orejas por el fuerte ruido que sale de un viejo celular que esta sobre su cama. - ¿De donde sacaste eso? Bajo con cuidado al pequeño Seo que protesta por dejarlo sobre su cama, pasando sus manos a sus orejas en un intento de cubrirse del ruido, pasando de sus propias orejas a las de su peluche Tata queriendo protegerlo. Hee no contesta, probablemente no me escuchaba por el fuerte timbre, por lo que fije mi atención en el viejo teléfono, uno de esos que aparentar ser tan antiguos que no sirven, pero el punto era que no se notara que era útil. Me quedo viendo su pantalla, los tonos oscuros eran cambiados por tonos diversos, tonos peculiares que cambiaban rápidamente que aparentaban un ritmo. Lo veo por demasiado tiempo, para luego desactivarlo y apagarlo, acabando con el ruido. - ¿De dónde lo sacaste? -Vuelvo a preguntarle a Hee, que baja lentamente sus manos, sin verme al rostro, sabiendo que hizo algo mal. -Hee… - Ruego, sentándome en su pequeña cama, tratando de verla al rostro. -De tus cosas… - Confiesa de forma baja y desanimada, tratando de buscar ayuda en Seo. -No lo veas, veme a mí. -Espero hasta que lo hace, notando sus mejillas tornarse rosadas al tener intensiones de llorar por mi tono grave. - ¿Por qué? Escucho su primer lloriqueo, un bajo hipido que sale cuando crea un puchero en sus labios, temerosa de que la regañe y antes de que la pueda detener, escucho su grito de culpabilidad para comenzar a lagrimear, estirando su rostro al techo manchando sus mejillas de lágrimas. -Quería jugar- Confiesa sin dejar de llorar, tocándome el corazón y causando que caiga como un débil ante sus lloriqueos, acercándome con cariño para tomarla en brazos, sintiendo como me llena la playera de lágrimas. -Me castigaste mi teléfono… -No te lo castigue. -Contradigo. -Si lo hiciste. -Se relaja un poco, tratando de mostrar su punto en medio de las lágrimas. -Saben que tienen tres horas de teléfono al día. -Le explico, girándome a ver a seo que asiente ante lo que digo como un niño bien portado, sacándome una sonrisa. -Y no pienso darles esas horas en la noche. -Pero quiero jugar roblox. -Eso nunca va a pasar. -Toco suavemente su nariz con mi dedo, notando como deja de llorar, manteniendo su puchero. - ¿Así que por eso tomaste el celular? -Sí… -Murmura, pasando su pequeño puñito por sus ojos, limpiando lo que quedaba de sus lágrimas. -Pero es viejo, no tiene nada. -Me ofende que digas eso, ese era uno de los mejores teléfonos de mi época. -…Pues que triste. -Me aprieto los labios, intentando no reírme por el comentario ofensivo, que obviamente Hee no sintió de forma ofensiva, ella realmente sentía pena por mí. - ¿y como lograste que sacara colores? -La siento separarse de mí, completamente recuperada después de haber llorado, bajándose con cuidado de su cama para ir a donde esta Seo. -Yo no fui, solo empezó a hacer todo eso de la nada. -Se alza de hombros, ayudando a bajar a Seo que se aferra a Tata. - ¿Podemos desayunar Hot cakes? -Pregunta inocente, guiando torpemente a Seo fuera de la habitación, probablemente para bajar las escaleras y ver un poco de tele. -Claro… -Contesto sin pensarlo mucho, viéndolos salir de la habitación emocionados. Me tomo un momento, repitiendo las palabras de Hee sobre lo del teléfono, dudando sobre si volver a encenderlo o no. Sostengo mi nariz distraídamente, viendo sin ver las cosas de la habitación de los niños. - ¿Puedo ver las noticias antes? -Salgo de su habitación, pasando por el pasillo para ir bajando las escaleras, viéndolos tomar el control, intentando prender la televisión. - ¿Y qué obtenemos? – Pregunta altaneramente Hee, quien se olvido por completo del berrinche que me hizo para que no la regañara, se parecía a su mamá. -Que no les quite sus tres preciadas horas de teléfono y su oportunidad de ver la tele. -Tomo el control de sus manos, haciendo un puchero, completamente enojada por lo que le dije. Pero simplemente paso mi pulgar por los botones del control, cambiando cada canal, caricaturas, Reality shows, anuncios de compras, juegos, y otras tonterías hasta que llego a la clasificación de noticias y reportaje. Espero un momento, escuchando los anuncios de la mañana, que se llenan de saludos y anuncios sobre el mar, no encuentro lo que quiero, así que paso al otro, solo hablan de robos menores, y doy otro, el gobierno, otro, abejas, otro, basura, otro y… nada, poniéndome aún más nervioso. -Okey, todo suyo. -Regreso los canales hasta llegar a las caricaturas de ese programa del perrito, que me parece un buen canal para su edad. Ellos lo aceptan felices, fijando sus miradas en los Dinoster. -Voy a hacer una llamada. -Les aviso, dándoles un beso en sus cabezas, levantándome para irme, pero me detengo cuando Seo alza a su peluche Tata, diciéndome en silenció que también le de un beso- Claro, Tata también merece un beso. -Me agacho, dándole un beso al tigre desgastado, lo que pone feliz a Seo, que regresa a su lugar para ver Dinoster. Sonrió viéndolos tan felices, pero mi preocupación regresa junto la sensación de que algo está mal. Me apresuro a la cocina, tomando el teléfono fijo que mantengo sobre la barra de la estufa como la única forma de comunicación que tengo con las demás personas y aprieto los botones que me se de memoria, para esperar. Un tono… Dos tonos… Tres tonos… y nada, no contesta. Estaba pasando algo y no era bueno. Me pase las manos por mi cabello, pensando en que es lo que debería hacer con la poca información que tenía. Era grave, no tenía las suficientes pruebas, pero tampoco dudas. 1.los colores que alumbraban la pantalla que aparentaban ser animados eran un estado de emergencia, su cambio repetitivo dejaba saber que no sabían de qué tipo, pero mandaban todos para estar alerta. 2.esto no estaba reportado para los ciudadanos, era un asunto privado y nada bueno salía de eso. 3.Minji no contestaba, ella no se perdía los buenos días a sus hijos. Si algo realmente estaba pasando, no tenía tiempo y la ciudad era el peor lugar para estar en un estado de emergencia. - ¿Qué les parece ir de viaje? – Vuelvo poner el teléfono con cuidado en su lugar, apresurándome escaleras arriba para ir a las habitaciones, tomando las maletas de los niños, tratando de priorizar sus cosas. - ¿Y la escuela? -Escucho a Seo que siempre se preocupaba por sus clases. -La escuela les dio una semana libre. -Contesto con una mentira, alzando mi voz para que sean capaces de escucharme aun con la tele prendida. - ¿Y el desayuno? -Sin duda Hee no se interesaba por la escuela. -Pasaremos a comprar algo. -Abro sus armarios, sacando toda su ropa, poniéndolas sobre sus camas para escoger cosas prácticas, cosas que sirvieran para cualquier ambiente y que ellos puedan cargar por si llegaba a pasar algo. Espero alguna duda o reclamo de su parte, pero parecen tranquilos con lo que les dije, dándome espacio para preparar sus cosas sin que vean lo estresado que me estoy poniendo. Estuve suficiente tiempo en la militar y aprendí que cada señal de alerta, aunque sea mínima, debía tomarse en serio. Después de pensarlo, vuelvo a encender ese viejo teléfono, esperando unos segundos en los que esas palabras se anuncian en la pequeña pantalla, confirmando mis miedos. Alfa, Lima, Echo, Romeo, Tango, podrían parecer palabras al azar, pero sus letras iniciales eran lo que importaba y estas decían alerta, estado de emergencia, alerta en todos los sectores y estar preparados para una emergencia. Pase mis manos por mi rostro, respirando hondo para crear calma ante todo lo que estaba sucediendo, era muy rápido y necesitaba estar bien por los niños. - ¡Oppa! -Grita Hee y regreso en mí. -Llama. -La escucho, probablemente se acerco a las escaleras para avisarme bien y salgo rápido de la habitación, viéndola al pie de las escaleras, apuntándome con su pequeño dedo el teléfono de la cocina y paso al lado de ella, frotando su cabello para entrar a la cocina, tomando el teléfono antes de que cuelguen. - ¿Min-ji? -Hablo cansado, sintiendo mi corazón latiendo a toda velocidad, como cuando corro. - ¿Mamá? -Escucho a lo dejos a Seo, que probablemente escucho como dije el nombre de su madre. Espero un poco, dándome cuenta de que solo hay un silencio denso al otro lado, estando a punto de colgar, hasta que ese pequeño suspiro resuena. “-Jimin…” -Min-ji… -El oxigeno regresa a mis pulmones, agradeciendo por escuchar algo de ella en toda esta tensión. - ¿Dónde estás? – Bajo la voz, sin querer que los niños me escuchen. “-Salió mal…” - ¿Qué salió mal? “-Tienen que irse, no es se-…” -Se esta cortando. -Trato de hacerle saber, fijando mi atención en los ruidos del otro lado, percatándome de la desesperación en la voz de Min-ji. “-Sabes a donde ir, 38°N, 127°E –“ -Min-ji… -Intento detenerla, escuchando como se corta de su lado y como su desesperación crece. “-38°N, 127°E.“ Repite con la voz más alta, el eco en el lugar en el que esta y por lo que se escucha, está corriendo por algún lugar. “-Por favor, hazlo por mis hijos.” - ¡Min.ji! -Sale de mis labios, pero ella ya había cortado, poniéndome más tenso. - ¿Mamá está bien? – Recuerdo a los niños, cerrando mis ojos por un momento, procesando lo que está pasando. -Me regaño por solo darles tres horas de teléfono, que falta de respeto. -Me enderezo, dejando el teléfono en su lugar de forma temblorosa, dirigiéndome con una sonrisa a las escaleras. -Mamá nos apoya. -Ríe orgullosa Hee, quien parece feliz de que alguien piense que kles doy poco tiempo con el celular. -Pero no pienso darles nada. -Me burlo de ellos, subiendo las escaleras con una sonrisa, hasta que desaparezco de su vista, poniéndome serio. Esto esta pasando y era hora de moverse. Corrí hasta mi habitación, tomando ropa simple que meto a una mochila que usaba en mis misiones, era amplia y podía cargarla, así que priorice medicamentos y comida en lata que mantengo guardada en un mueble para ocasiones como esta, metiendo toda, incluso saque cosas mías para poder tener cosas para los niños. Mi vista se detiene en una baldosa del piso, me agacho y la toco, levantándola con cuidado, dejándome ver varias cosas que guardaba en este lugar, metiendo mi mando, sacando dinero y los papeles de los niños de abajo del suelo, pero me detengo ante la otra cosa, sacándola de golpe para mantenerla cerca. Aun con la mente en blanco me cambie de ropa, tomando mis antiguas ropas, pantalones gruesos, una playera delgada y pegada para ayudar con mis movimientos y mis botas. Pase un cinturón con bolsas por mi cadera, apretando el pantalón que me queda grande para tener seguridad y meter el arma que había sacado de la baldosa, ocultándola con mí suéter. Me puse mi mochila, pasando al cuarto de los niños, guardando sus celulares en sus mochilas, para tomar algo de ropa y bajar con todas las cosas hasta la sala, notando que no se han movido de sus lugares, gracias a Dinoster. -Manos arriba. -Doy orden, y estos hacen caso, facilitándome el quitarles su ropa, para ponerles nuevas, combinaciones sin colores que se ponen para sus eventos escolares y que gracias a dios ayudan a que se camuflajen. -Es hora de irnos. -Apago la tele, regresando mi atención para terminar de ponerle la ropa a Seo, teniendo tenis de velcro. - ¿A dónde vamos? – Pregunta Hee, poniéndose su mochila, como si fuera una excursión de la escuela, relajándome ya que sin saber me están ayudando. -Bueno…- Dudo, ayudando a Seo a ponerse su mochila, regresándole su peluche cuando me estira los brazos. -Primero iremos a ver a un viejo amigo de su tío. - ¿Tienes amigos? - Auch, me esperaba el comentario ofensivo de Hee, pero hasta mi tranquilo Seo sabia que no hablaba con nadie. -Aunque no lo crean, tengo varios amigos. -Les sonrió, deteniéndolos de que salgan para salir yo primero y actuó de forma juguetona, sacándoles pequeñas risas que me ayudan a distraerlos. Me fijo afuera de la casa, todo aparentemente tranquilo, gente pasando y avanzando como siempre y tomo la mano de los niños, guiándolos con cuidado fuera de la casa, abriendo la puerta trasera, subiéndolos con cuidado, abrochando los cinturones de cada uno, sacando sus mochilas para dejarlas sobre el suelo de la camioneta. -Buenos días. -Me sobresalto ante la voz, girándome para ver a Jeongyeon que sostiene a su bebé en brazos. -Algo temprano para la escuela ¿No? Jeongyeon se mudo con su esposo hace un año, es una chica animada que siempre intenta llevarse bien con todos y hace poco tuvo a su bebé, volviéndola más dulce de lo que ya era, muchas veces intento acercarse a mi para intentar ser amigos, pero después de la militar no volví a ser cercano a nadie. -Nos dieron una semana. -Se adelanta a contestar Hee, que baja la ventana de vidrio. -Sube la ventana. -Le ordeno y esta la sube, regresando a su típico puchero mientras la sube. -… ¿Una semana? - Jeongyeon se espera a que Hee suba la ventana para preguntarme de cerca, ella tenía una niña que iba a la misma escuela que mis sobrinos. -Es… complicado. -Bueno, yo también puedo hacer como que tiene una semana. -Me dice de forma animada y con un guiño amistoso, tratando de ser amable, pero mi vista pasa a su marido que se sostiene la mano. - ¿Paso algo? - ¿Uh? -Se gira, sin dejar de arrullar a su bebé para girarse a ver a su marido que sube a su auto a su niña. -Ah, eso. Un compañero loco de Yun su lo mordió en una reunión, lo detuvieron y dicen que esta todo bien, pero le duele e iremos a que lo chequen. Tal vez no tenia relación y probablemente no estaba pasando nada, pero Jeongyeon no ha sido mas que amable con nosotros. -Salgan de la ciudad. -Digo de forma baja, causando una risa en ella al no entender. - ¿De qué hablas? -Voltea a ver a su hijo que parece despertarse y yo intento que me vea. -Hablo en serio, necesitan salir de la ciudad, vayan a las afueras o los recintos de protección de Seul. – Camino hasta la puerta del conductor, sin dejar de ver a Jeongyeon. -Es peligroso, deben resguardarse, tomen comida y salgan. -Me subo a la camioneta, quitándome mi mochila para dejarla en él asiento del copiloto, sacando las llaves de la camioneta para introducirlas y encenderla. -Jimin, me estas asustando… - Susurra, acercándose a la ventana para verme. -Probablemente debas estarlo, si se van, no se detengan hasta llegar a un lugar seguro. – Trato de no hablar fuerte, fijándome en los niños que se hablando tranquilamente sobre sus dinosaurios favoritos y regreso mi vista a Jeongyeon. -Nos vemos. -Jimin… -Se mueve para intentar verme de nuevo mientras avanza la camioneta, pero ya no me giro a verla, enfocándome en el camino. Dando la vuelta para salir de mi espacio, me fijo en su marido y en su hija, quienes nos saludan; Tanta gente que puede que este en medio de un caos que no pueden evitar, pero tenía que hacer una elección egoísta, arriesgar a mis sobrinos para salvar a tanta gente o dejarlos en la deriva para poder protegerlos, en medio de mis pensamientos paso mi vista a la pequeña ventana de la camioneta, fijándome en Jeongyeon que aún nos ve desde lo lejos y desvió la vista a la calle, acelerando. -Perdón…- Susurro, sin pensar en nada realmente, tratando d
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