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LA ESPINA DE ALICIA.
Capítulo 1. Humpty Dumpty y la Reina de Corazones. Era primavera. Después de tantos años, Sakura lo había conseguido aún con todas las dificultades que tuvo que sortear. Pese a su juventud, no sólo consiguió licenciarse en medicina, sino que había conseguido entrar a trabajar en el Hospital Universitario de Tomoeda. En realidad no lo había conseguido del todo. Lo más difícil comenzaba ahora, pero estaba decidida a lograr aquello que se había propuesto desde hacía quince años. A día de hoy, Sakura contaba con veintinueve años. Seguía manteniendo su cabello castaño corto como cuando era niña, ojos verdes y una cara fina, bonita y casi infantil, pese a la seriedad de sus facciones. Cuando entró en el hospital se dirigió a su taquilla, se puso su bata médica y antes de cerrarla, echó un vistazo al informe médico de Fujitaka Kinomoto para evitar dudas y recordarse a sí misma por qué estaba allí. Seguidamente, se dirigió a la reunión médica que solían mantener todos los departamentos del hospital, y donde los nuevos miembros del equipo serían presentados. Flashback. En los pasillos del Hospital Universitario de Tomoeda, una niña castaña de catorce años corría desesperada hacia los quirófanos. –¿Por qué?¡Papá! –al ver la camilla, con el cuerpo inerte de su padre se temió lo peor. Efectivamente, se apresuraron a cubrir su cara con la sábana. A continuación, a Sakura se le cayó el libro de tapa dura de color rojo púrpura. Fin del flashback. Al pasar por aquel mismo pasillo, Sakura volvió a revivir aquel fatídico día de forma muy vívida.00000000
–La nanocirugía robótica NOA ofrece prestaciones innovadoras con las cuales, el tratamiento quirúrgico se ve facilitado por la implantación de unas gafas con visión en 3D. Estas gafas ofrecen una visión estereoscópica del campo quirúrgico del paciente para tratamientos de alto nivel que con cirugías convencionales no tendrían éxito. Actualmente, NOA sólo se utiliza en el área de la neurocirugía, sin embargo, dependiendo de cómo se utilice, puede demostrar un gran potencial en el campo digestivo. No hay ningún hospital en el país que utilice NOA en el sistema digestivo. Por eso creo firmemente que el Hospital Universitario de Tomoeda debe liderar su implantación. –dijo la Dra. Madoushi al acabar su intervención en la reunión, que venía ilustrada con imágenes en una gran pantalla. Al acabar, dos médicos descorrieron las cortinas de la amplia sala para que entrara la luz tras la presentación. –Estoy de acuerdo en que es nuestra misión allanar el camino para la aplicación de la tecnología más avanzada de nuestro país. Y para ello NOA es indispensable. –opinó el Profesor Hien Li. –Sí, pero hay que considerar el enorme gasto que eso supone. –dijo el Profesor Kaito, Jefe del Departamento de Trasplantes. –Sí, pero los hospitales universitarios que no pueden promover innovaciones no tienen sentido. –volvió a opinar el Profesor. Li. –Cierto, pero así sólo invertiríamos para cosas selectas, en lugar de ir mejorando servicios e instalaciones que lo necesitan. –volvió a decir el Profesor Kaito. –Y aquí tenemos la atracción principal. El juego del gato y el ratón del Profesor Li y el Profesor Kaito. –cuchicheó Meiling, una enfermera de cabello negro y de cara pizpireta a otra enfermera. –Sí, la carrera hacia la dirección está servida. –asintió la enfermera. –Yo diría que el Profesor Li tiene la atención de los medios y que la Dra. Madoushi está a su amparo. Va un paso por delante. –comentó Meiling, mirada disimuladamente por un enfermero calvo que rondaba ya los cincuenta años. –Los últimos avances en tecnología médica no sólo beneficia a los pacientes, sino que también nos sirve para formación. –volvió a argumentar Hien. –No obstante, ya hablaremos de esto en la reunión de jefes de departamento. –medió otro médico para acabar con un debate que no debía tener lugar en aquel momento. –Tenemos noticias del Departamento de Cirugía Digestiva. –intervino el Dr. Takashi Yamazaki con orgullo. Yamazaki era un joven médico moreno de pelo corto que parecía que siempre tenía los ojos cerrados, lo que le daba un aspecto muy risueño. –El mes pasado la Dra. Madoushi realizó con éxito una esofagectomía laparoscópica a una velocidad alucinante. Sólo le llevó dos horas y media y salió en los titulares del periódico Maicho Shimbun. –Fue gracias a la guía del Profesor Li. –dijo la Dra. Madoushi. –Soy muy persistente y me esfuerzo al máximo con los pacientes y los avances médicos. Tras la noticia, Kaito comenzó a aplaudir seguido del resto de sanitarios presentes, que era la gran mayoría. –No es más que una idiota. –musitó para sí el Dr. Terada mientras aplaudía para no ser la nota discordante entre la multitud. –A continuación, los nuevos médicos del hospital se presentarán. –dijo un responsable de la reunión mientras Meiling aplaudía aburrida. La fila donde estaban sentados los ocho nuevos médicos se levantó y se puso frente a los que serían sus nuevos compañeros. –Soy la Dra. Sakura Asumi, del Departamento de Cirugía Digestiva. –se presentó Sakura una vez que sus siete compañeros se hubieron presentado.00000000
–Dra. Asumi. –dijo Meiling alcanzando a Sakura. –Soy Meiling, soy enfermera y también estoy en el Departamento de Digestivo. Encantada de conocerte. –Encantada. –dijo Sakura inclinando su cabeza respetuosamente. –Déjate de formalidades. Aquí somos más desenfadados. –dijo Meiling sonriendo. –Eh, Meiling. –llamó el enfermero calvo mientras Sakura y Meiling salían juntas de la reunión. –¿Desde cuándo eres tan espléndida como para hacer comentarios durante la conferencia? –Lo siento. –se disculpó Meiling. –Jefe de Enfermeros Spinnel. –dijo Sakura al leer la identificación del enfermero. –Soy Sakura Asumi. Encantada de trabajar con usted. –Una novata, ¿eh? Más vale que tengas esto en mente. Incluso los idiotas y los pacientes pueden ser útiles si se les maneja de forma sabia. –dijo Spinnel mirando a Meiling. –Iré a por sus cabezas si los consientes. Aparta… ¡Profesora!¡Felicidades! Spinnel se marchó tras la Dra. Madoushi cual perrito faldero tras haberlo visto pasar y advertir a las dos jóvenes. –Calvo de dos caras. –dijo Meiling de forma despectiva mientras miraban cómo Spinnel se colocaba junto a la doctora antes de que se cerrase la puerta del ascensor.00000000
Tras la reunión, Sakura se dirigió directamente al despacho de Hien para presentarse oficialmente ante él, ya que era el jefe del departamento de cirugía digestiva. –Vengo a presentarme oficialmente. Me llamo Sakura Asumi y hoy comienzo a trabajar en su Departamento. Espero aprender mucho de usted. –dijo Sakura a Hien. El Profesor Li era un hombre de semblante muy serio pero guapo y con porte elegante que se acentuaba con la bata que dejaba ver su chaleco y corbata. Era delgado y aunque su cabeza estaba prácticamente cubierta de canas, se intuía que en su juventud tuvo el cabello castaño por los resquicios de pelo que le quedaban sin canas. –¿Cuál es el pilar de un hospital universitario? –preguntó Hien, que miraba a la ventana. –La medicina clínica para el tratamiento de los pacientes, la formación de nuevos médicos y…–dijo Sakura, pero se vio interrumpida por su jefe. –La esencia de un hospital universitario es la investigación. Es nuestro deber contribuir al futuro de la medicina llevando a cabo investigaciones exhaustivas basadas en los datos obtenidos de los pacientes que están bajo tratamiento clínico. Los médicos que se ven superados por los pacientes y no pueden contribuir al avance de la medicina no se necesitan aquí. ¿Lo entiendes? –preguntó Hien mirándola por primera vez. –Sí. –dijo Sakura sonriendo.00000000
Tras la reunión Spinnel comenzó a hacer ronda junto a otra enfermera. –¿Cómo se encuentra hoy? –preguntó Spinnel, el jefe de enfermeros con una cara sorprendentemente amable. –El tubo de la nariz le molesta bastante. –respondió la hija en nombre de su anciano padre señalando el tubo en cuestión. –¿Sería posible quitárselo cuanto antes? –Por supuesto. Lo entiendo. Se lo haré saber al médico. –respondió Spinnel. –Gracias. –Deja el tubo de alimentación tres días más. No es necesario quitárselo. –le ordenó Spinnel a la enfermera una vez que salieron de la habitación. –Pero… –De todas formas los pacientes no entienden lo que les decimos. –interrumpió Spinnel antes de que lo cuestionara. –Si se lo quitamos ahora tendremos que cambiar todo el sistema de alimentación y medicación. Después, Spinnel fue al control de enfermería, donde se puso a revisar un informe en un ordenador, sin cortarse en reñir a la enfermera que lo había hecho, la cual mantenía la cabeza baja. –¡¿Eres estúpida?!¿Por qué has escrito esto? Si no está en el informe luego puedes decir que no lo sabías. La escena no pasó desapercibida para Sakura, que salía en aquel momento de una habitación. Parecía que todo el mundo estaba acostumbrado, porque ningún otro sanitario prestó atención a la escena, excepto Meiling. –Ha estado riñéndola durante media hora. –dijo Meiling. –Pero…–intentó defenderse la enfermera a la que no le parecía nada ético obviar información en el informe. –Pero, pero… –imitó Spinnel. –No quiero oír más “peros”. Escucha. Los enfermeros también somos humanos y pueden olvidar anotar cosas, ¿no crees?¡¿O es que acaso eres perfecta?! –Jefe Spinnel. No hace falta hablarle de esa manera. –dijo Meiling, sacando a relucir algo de su carácter. –¿Qué problema tienes, Meiling? Los hospitales no son hoteles. Si quieren recuperarse, deben seguir nuestras instrucciones. –sentenció Spinnel mirando a los ojos a Meiling y acabando con la discusión.00000000
Tras salir del trabajo, Sakura llegó a su apartamento de luz tenue, o más bien habitación que constaba de un baño, una pequeña cocina abierta y una cama. Junto a la cama, había una mesita de noche presidida por dos fotografías enmarcadas. En una ella tan sólo era un bebé sostenida por su madre Nadeshiko, de la que sacó sus ojos verdes, y su padre, un hombre castaño, con gafas y aspecto afable. Se veían muy felices. En la segunda, Sakura ya contaba con catorce años y salía con su padre, ambos muy sonrientes frente a la parte trasera del hospital, donde había un bonito cerezo y donde muchos pacientes solían ir para tomar un poco el sol. Tras desprenderse de su chaqueta, Sakura cogió un libro de color rojo púrpura de tapa dura con el título en dorado. Era “Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas”de Louis Carroll e ilustrado por John Tenniel. Tras sacarse un botellín de agua de la nevera, subió unas escaleras donde en un altillo tenía unas estanterías llenas de blocs, una mesa con un ordenador y una pared llena de fotografías que había ido realizando a lo largo de varios años. Encendió el ordenador y mientras se cargaba, volvió a mirar dos informes que pertenecían a su padre. Aparentemente eran iguales, de no ser por algunos datos. Uno de los más llamativos decía que el paciente perdió 300ml de sangre, mientras que en el otro indicaba que había perdido 3000ml. En el informe venía reflejados tres nombres: Dra. Madoushi, el Dr. Terada como asistente y el enfermero Spinnel, pero Sakura se centró en éste último, que ejerció de enfermero de instrumental quirúrgico y al que recordaba como si todo lo que ocurrió hubiera pasado el día anterior. Flashback. En los pasillos del Hospital Universitario de Tomoeda, una niña castaña de catorce años corría desesperada hacia los quirófanos. –¿Por qué?¡Papá! –al ver la camilla, con el cuerpo inerte de su padre se temió lo peor. Efectivamente, se apresuraron a cubrir su cara con la sábana. El Dr. Terada tiraba de la camilla mientras que Spinnel se colocó delante de la niña. –Su condición empeoró durante la operación. –explicó Spinnel. –¿Qué ha pasado en la operación? –preguntó una desesperada y llorosa Sakura. –Espera al informe médico. –dijo Spinnel fríamente. A continuación, a Sakura se le cayó el libro de tapa dura de color rojo púrpura. Fin del flashback. La actitud y la forma de hacer que había observado en Spinnel le confirmó a Sakura que aquel enfermero no tenía demasiados reparos en ocultar o falsear información. Sakura miró a la pared, cogió una de las fotografías que a lo largo de esos años consiguió sacar al enfermero y la enganchó en otra pared libre. Seguidamente, cogió el bloc dedicado solamente a Spinnel, que incluía fichas, turnos, mapas con los recorridos que solía hacer, lugares que frecuentaba, así como diversas fotografías. Sakura puso la información más útil en la pared, junto a la otra fotografía. Después abrió el libro hasta dar con la ilustración de Humpty Dumpty,un personaje cuyo cuerpo y rostro era un huevo y que casualmente guardaba un gran parecido con Spinnel. Un parecido que no sólo era físico, sino que a juzgar por lo que Sakura había visto, era como el mismo personaje ya que tanto el personaje del libro como el enfermero ponen de manifiesto que quien ostenta el poder, utiliza el lenguaje como le da la gana y según sus propios intereses. Por tanto, quien ostenta el poder, pone la norma y está por encima de ellas. –Humpty Dumpty.Al final cae y se rompe. –dijo Sakura al ver una de las ilustraciones sobre cómo acababa ese personaje.00000000
Unos días después, Spinnel estaba en el turno de noche. Tras haber realizado una ronda entre los pacientes llegó al control de enfermería y encima de su mesa encontró un sobre gris. Cuando lo abrió, encontró un naipe negro. Al girarlo vio a Humpty Dumpty.La ilustración era en blanco y negro. Era un huevo con extremidades y rostro al que le salían unas culebras por la boca. Abajo rezaba El mentiroso de Humpty Dumpty. –¿Mentiroso? –se preguntó Spinnel extrañado. Entonces sacó un folio que también contenía el sobre. –Fujitaka Kinomoto. ¿Qué hace este informe aquí? Si esto sale a la luz estoy acabado. Entonces se fijó que en el pasillo contrario por el que había llegado había otra copia del informe. Rápidamente se dirigió hacia allí nervioso. Pero no sólo estaba esa. Había todo un reguero de copias que formaban un camino que Spinnel fue recogiendo rápidamente. Era una suerte que a esas horas no hubiera el tránsito de gente que solía haber durante el día. –¿Quién ha hecho esto? –preguntó para sí mismo y visiblemente nervioso. Cuando pensaba que había terminado, llegó a una puerta que le llevaba a una escalera de servicio. A su pesar, los informes seguían hacia arriba, hasta que llegó a la azotea del hospital. Cuando llegó hasta arriba, se echó las manos a la cabeza al ver todo el perímetro de la terraza empapelada. Mientras arrancaba todos los folios, vio que también había informes que eran perfectamente visibles pero en una zona mucho menos accesible. Entonces, miró hacia arriba y vio una escalera plegable que estaba en una zona más alta. Se subió allí y tras intentar superar el vértigo que empezó a producirle aquella altura intentó bajar por la escalera como si fuera un anciano que intenta bajar hasta el agua de la piscina. Mientras alargaba el brazo para alcanzar uno de los informes, escuchó una voz dulce. –Jefe Spinnel. –lo llamó Sakura. Spinnel miró hacia arriba sintiéndose como si lo hubieran pillado haciendo algo malo, cuando vio asomar la cabeza de la doctora castaña que había entrado a trabajar tan sólo hacía unos días. –¿Está usted bien? –¡Sakura!¿Por qué estás aquí? –preguntó Spinnel. Entonces vio como la castaña sacó unas grandes tijeras y cortó una de las cuerdas que sostenía la escalera. –¡Ahh!¡¿Qué haces, idiota?! –Había una vez una niña que perdió a su madre muy pronto en la vida. Por ello, fue criada por su bondadoso padre, que era médico. Sin embargo, hace quince años, ocurrió una tragedia. De repente, el padre enfermó en el hospital donde trabajaba y murió durante una operación. –¿Tú eres la hija de Fujitaka Kinomoto? –preguntó Spinnel al reconocer la historia y atar cabos con el informe que había leído previamente. –Tras la muerte de su padre, recibió de forma anónima un sobre con un informe médico. Era el informe de la operación de su padre. Pero era un informe completamente diferente al que le proporcionó el hospital cuando era niña. A día de hoy no sabe quién se lo envió, pero a la niña no le dijeron nada de la hemorragia severa ni del súbito descenso de la presión arterial que sufrió. Una operación. Dos informes. Y en ambos está tu firma. –¡Yo no sé nada! –exclamó Spinnel agobiado y aferrándose a la escalera desesperadamente para no caer. –Incluso los idiotas y las tijeras son útiles si se manejan sabiamente. –dijo Sakura reformulando aquellas palabras que pronunció el día que se presentaron tras la reunión del personal sanitario. –¡Para! –gritó Spinnel desesperado al ver que Sakura iba a cortar el otro lado de la cuerda. –¡Está bien!¡Lo reconozco!¡Falsifiqué el informe!¡Pero sólo lo hice porque me obligaron!¡Es culpa de Madoushi, la cirujana!¡Madoushi intentó la cirugía laparoscópica, una técnica de vanguardia en aquel entonces con el único propósito de obtener reconocimiento para sí misma!¡Realizó la operación a pesar de que era una completa novata con ese procedimiento y tenía que consultar el manual constantemente!¡Y entonces todo se complicó! Flashback. –Dra. Madoushi, la presión arterial está bajando. Pulsaciones de 160. –informó el anestesista. –Veamos el duodeno en la ecografía. –dijo Madoushi mientras miraba el manual. –Doctora, tenemos que hacer algo. –dijo Spinnel. –Succión. –ordenó Madoushi, mientras dirigía la vista del paciente al manual y del manual al paciente. Fin del flashback. –¡Si hubiese cambiado a una operación convencional quizás tu padre no hubiera muerto, pero ella insistió con la cirugía laparoscópica hasta el final!¡Fue Madoushi la que mató a tu padre! –se defendió Spinnel. –Eso lo explica todo. –dijo Sakura, viendo que lo que le contó el enfermero tenía sentido. Al fin y al cabo, él sólo era un mandado. Quizás aquel fuera el inicio de su mala praxis al falsificar u omitir información en los informes. –¡Te lo he contado todo!¡Por favor, súbeme rápido! –exclamó Spinnel desesperado. Sakura se incorporó todavía con las tijeras en la mano. –Se suponía que Humpty Dumptydebía caer y romperse. –dijo Sakura sin dejar de mirar a Spinnel. –¡No, por favor!¡No cortes la cuerda!¡Si lo haces tú también serás una asesina! –gritó Spinnel mientras intentaba subir, comprendiendo que con Humpty Dumptyse refería a él mismo. –Mientras tú has estado viviendo tranquilamente durante estos quince años, yo he estudiado medicina, me he cambiado el apellido, he investigado y me las he arreglado para entrar en este hospital para vengarme de cada persona que condujo a mi padre hacia la muerte. –dijo Sakura fríamente mientras alzó la tijera para pinchar a Spinnel en la mano, que había conseguido subir unos metros. –¡Perdóname!¡Haré lo que sea! –exclamó Spinnel. Entonces, Sakura se detuvo. –¿Cualquier cosa? –preguntó Sakura. Quizás Spinnel le fuera de utilidad para llevar a cabo su venganza. –Lo que sea, pero te lo ruego. No me dejes caer. –dijo Spinnel casi llorando. –Tienes que expiar tus pecados. –dijo Sakura. –¿Me estás pidiendo que me entregue a la policía? –preguntó Spinnel. –No soy una defensora de la justicia. Es fácil. Sólo tienes que hacer lo que yo te diga, porque mi venganza sólo acaba de empezar.00000000
–¡Felicidades por su próxima boda, Doctora! –la felicitó una enfermera en nombre de todos sus compañeros mientras le regalaba un bonito ramo de flores. Los sanitarios aplaudían contentos, excepto Spinnel, que miraba cómo Sakura aplaudía disimuladamente. –Pronto celebraremos una fiesta en nuestra nueva casa. Estáis todos invitados. –dijo la Dra. Madoushi, que tenía su pelo recogido al igual que en la reunión que tuvieron el primer día de trabajo Sakura. Tan sólo por su porte se notaba que sería una boda de alto postín. Incluso las revistas del corazón se habían hecho eco de la boda, ya que además de ser una reconocida doctora, el novio formaba parte de la alta sociedad. Cuando el entusiasmo se calmó y la gente volvió al trabajo, el Dr. Takashi Yamazaki sostenía una revista donde salía Madoushi con su prometido brindando felizmente. –Su Majestad brilla con luz propia. –dijo Yamazaki a otro compañero, mientras el Dr. Terada se sentó a su mesa con cara aburrida. –Felicidades. –le dijo Terada a Madoushi, que tenía su mesa al lado, donde colocó el ramo. –Gracias. –dijo Madoushi. Entonces, vio que Sakura la observaba. –Por cierto, voy a dejar Noda, el médico residente, realice su primera operación de cáncer de colon. Tú serás su segunda. –De acuerdo. –dijo Sakura sonriente.00000000
Ya en el quirófano, la operación de cáncer de colon estaba en curso bajo la supervisión de Madoushi y las miradas de varios estudiantes. –No seas gallina y corta de una vez. –dijo Madoushi al notar las dudas del Dr. Noda. –Sí. –dijo Noda, que la forma de guiar de Madoushi le ponía más nervioso, en lugar de tranquilizarle. –Piensa en las operaciones como un entrenamiento. –le dijo a Noda, al que veía bastante nervioso. De hecho, quemó más de la cuenta. –Lo siento. –dijo Noda apurado. –Succión, por favor. Fórceps Korcher. –Aparta. –dijo Madoushi apartándolo de mala manera. Madoushi comenzó a operar con gran habilidad. –Sujeta esto. –Sí. –dijo Noda sosteniendo el fórceps. –Mirad, chicos. Siempre hay una primera vez para todos. –dijo Madoushi mientras continuaba operando. –Sólo pensad que estáis operando a una rata de laboratorio. No seréis médicos de verdad hasta que no os hayáis cargado al menos a tres pacientes. Sakura levantó los ojos hacia Madoushi durante un momento, impresionada con la naturalidad y frialdad con la que dijo aquello. A Sakura se le hizo patente la pobre escala de valores de aquella mujer.00000000
Tras la operación, Sakura acompañó a Madoushi a pasar consulta. –Así que es una contracción del esófago. –dijo Madoushi. –Sí. Prácticamente sólo lleva dieta líquida. –explicó el hombre, que fue a acompañar a su madre. –Déjeme un momento. –Madoushi palpó a la anciana por la zona afectada. –En otro hospital nos dijeron que sería difícil que mi madre resistiera la operación que requiere, pero queremos una segunda opinión. Me da pena que tenga que llevar una dieta líquida de por vida. –dijo el hijo de la paciente. –Tenía la esperanza de que en un hospital universitario se pudiera aplicar algún otro procedimiento. Tras palpar a la mujer, Madoushi puso el CD con las pruebas aportadas por el otro hospital. Entonces, sonrió al ver la radiografía. –El esófago se ha estrechado considerablemente. No se preocupe. Hay una forma. –dijo Madoushi. –¿De verdad? –dijo el hombre esperanzado. –Usted déjemelo a mí. Seguro que mejorará. Sakura no comprendía cómo la doctora le había dicho eso a la paciente. El esófago era demasiado estrecho, por eso decidió preguntarle a ella directamente. –¿Está considerando un balón de dilatación? De esa forma la invasión en la paciente sería mínima. –preguntó Sakura una vez que se marchó la paciente con su hijo mientras Madoushi no le quitaba ojo a las pruebas con el esófago de la paciente. –No seas tonta. Este caso es perfecto para NOA. Voy a eliminar esa contracción en el esófago superior y trasplantarla al intestino delgado, incluyendo vasos sanguíneos. –explicó Madoushi. –Pero no hay precedentes de NOA en la cirugía digestiva. –dijo Sakura. –Además, esa cirugía llevaría más de diez horas. Con la condición física de la paciente… –Precisamente por no haber precedentes es tan significativa. Con NOA los tiempos se reducirán. Es cierto que hay riesgo, pero es el único método para una cura completa. ¿No crees? –preguntó Madoushi. –Sí, pero… –A la paciente simplemente le podemos decir que se sentirá aliviada de quitarle esa contracción al utilizar la última tecnología. De todas formas no comprenderían los detalles. –dijo Madoushi sacando el CD y metiéndoselo en el bolsillo de la bata antes de salir, seguida por Sakura. –Si tenemos éxito realizando un injerto vascular al esófago con NOA seguro que seremos el centro de atención. Sería un desperdicio no realizarlo ahora. Me da la impresión de que me quieres decir algo. –No, en absoluto. –fingió Sakura, que lo que pensaba decirle se lo diría de otra manera. Aún así, Madoushi insistió. –No puede haber progreso en el tratamiento médico si vamos con miedo. No podrás hacerte un nombre en el mundo de la medicina si temes al fracaso. –dijo Madoushi, obviando el hecho de que la paciente no reunía las condiciones para someterse a ese procedimiento. –Ya lo dije en quirófano. Las cirugías son entrenamientos y los pacientes son los ratones. Flashback. En los pasillos del Hospital Universitario de Tomoeda, una niña castaña de catorce años corría desesperada hacia los quirófanos. –¿Por qué?¡Papá! –al ver la camilla, con el cuerpo inerte de su padre se temió lo peor. Efectivamente, se apresuraron a cubrir su cara con la sábana. El Dr. Terada tiraba de la camilla mientras que Spinnel se colocó delante de la niña. –Su condición empeoró durante la operación. –explicó Spinnel. –¿Qué ha pasado en la operación? –preguntó una desesperada y llorosa Sakura. –Espera al informe médico. –dijo Spinnel fríamente mientras la cirujana se escabulló rápidamente sin dirigirle una sola palabra a la niña. A continuación, a Sakura se le cayó el libro de tapa dura de color rojo púrpura. Fin del flashback. Entonces las palabras de Spinnel cobraron más sentido todavía. Flashback. –¡Si hubiese cambiado a una operación convencional quizás tu padre no hubiera muerto, pero ella insistió con la cirugía laparoscópica hasta el final!¡Fue Madoushi la que mató a tu padre! Fin del flashback. Mientras vio cómo Madoushi se alejaba, Sakura apretó el puño. La acababa de marcar como su próximo objetivo.00000000
Durante un descanso de su turno, Sakura salió a la parte trasera del hospital. En aquel momento estaba lleno de gente, puesto que habían sacado a la mayoría de niños ingresados en el ala pediátrica para celebrar el hanami,la contemplación de los cerezos en flor. Sakura no dejaba de mirar aquel cerezo, lo que la llevó a un bonito recuerdo del pasado. Flashback. Con frecuencia, cuando Sakura salía de clases, se dirigía al hospital y siempre que su padre tenía un rato iba con ella justo donde estaba aquel cerezo. Incluso se había convertido en un hábito para ellos celebrar el hanami bajo el cerezo del hospital. Su padre era un hombre muy ocupado por su trabajo, pero siempre sacaba algo de tiempo para estar con ella y que ese tiempo fuera de calidad. –Sonríe, Sakura. –le dijo su padre preparando el temporizador de una cámara de fotos mientras las flores de cerezo volaban a su alrededor. Una vez preparada, Fujitaka se colocó junto a ella e inmortalizaron aquel momento. Esa era una de las fotografías que más apreciaba, hasta el punto que la enmarcó y la tenía sobre su mesita de noche. Fin del flashback. Tras haber rememorado aquel momento, Sakura despertó de sus pensamientos. –No te muevas. –escuchó Sakura. Allí, un hombre de unos treinta y ocho años la apuntaba con una cámara fotográfica y disparó pese a la cara de pocos amigos que llevaba Sakura. –Gracias. Cuando el hombre se apartó la cámara de la cara, a Sakura le resultó familiar. –Tu forma de contemplar los cerezos es realmente expresiva. –dijo el hombre acercándose a ella. –Es una pena que no permanezcan en flor más tiempo. Pero si estuvieran más tiempo en flor, supongo que estaría tan borracho que no podría ni trabajar. ¿Nos conocemos? Al decir aquello, Sakura volvió a recordar, puesto que era una frase que su padre solía decir. –No. –dijo Sakura. –Dra. Sakura Asumi. Departamento Digestivo. –dijo el hombre, que consiguió leer la identificación antes de que se diera la vuelta. –Yo soy Yue Tsukishiro. Escribo para la sección médica del diario Maicho Shimbun. –dijo Yue ofreciéndole una tarjeta de presentación. –Vengo muy a menudo a este hospital, así que, si quieres, puedo darte la fotografía que… –No, gracias. –interrumpió Sakura. –A pesar de mi nombre, los cerezos no son mi cosa favorita. De esa manera tan cortante, Sakura emprendió el camino hacia el interior, pero antes de entrar, volvió la mirada para ver a Yue seguir sacando algunas fotos al cerezo. Flashback. Aquella primavera, Fujitaka y Sakura fueron a celebrar el hanami al cerezo del hospital, pero aquel año invitaron a un paciente que iba en silla de ruedas y a su hermano mayor. El niño se llamaba Yukito y tenía nueve años. Se llevaba muy bien con Sakura, que de vez en cuando le hacía compañía al salir de clases. Su hermano mayor era Yue. Apenas acababa de licenciarse en periodismo y siempre estaba muy pendiente de su hermano. Aquel día no sólo celebraban el hanami, sino también el cumpleaños de Sakura. –Es una pena que no permanezcan en flor más tiempo. –comentó Fujitaka. Entonces, le dio su regalo. –Feliz cumpleaños, Sakura. Su padre le acababa de regalar una edición en tapa dura de “Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas”. Fin del flashback. A pesar de haber reconocido a Yue, que tenía un aspecto mucho más maduro que la última vez que lo vio, Sakura se había mostrado indiferente. Simplemente, tenía otros asuntos de los que ocuparse.00000000
Ya era noche cerrada y el coche se paró frente a un exclusivo restaurante tradicional. –La decisión de implantar NOA ya está tomada. –le dijo Hien Li a Madoushi, que iban en el coche con Eriol Hiragizawa, que era abogado y se ocupaba de los asuntos jurídicos del hospital. Al escuchar la conversación, Eriol se quitó la insignia que todos los juristas japoneses llevan en las solapas, como si al no llevarla ya no se rigiera por ningún código ético. –¿En serio? Gracias. Todo lo que tenemos que hacer ahora es producir resultados. –dijo Madoushi. –No importa el sacrificio. Tenemos que utilizarlo por el futuro de la medicina, así como por nuestro propio futuro. –dijo Hien. –¿Lo entiendes, no? –Obtendré resultados que te satisfagan. No fallaré. –dijo Madoushi. Entonces Eriol, que era moreno y llevaba gafas, bajó del coche. Allí esperaba Maki Matsumoto, que le hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo. A continuación bajó Hien y Madoushi. –Profesor Li, me alegro de volver a verle. –dijo Maki recibiendo a Hien. –Traigo una nueva profesora. –dijo Hien. –La Profesora Madoushi. –Gracias por venir. –dijo Maki. –¿Profesora? Venga, no exageres. –le dijo a Hien al no tener oficialmente el estatus de profesora, aunque ejerciera funciones formativas en el hospital. Una vez dentro del restaurante, los comensales continuaron hablando de Madoushi mientras les servían la cena. –Hien, yo creo que Madoushi no sólo es guapa y sofisticada, sino también buena cirujana y tu perfecta subordinada. –dijo Eriol. –Este abogado nuestro es un adulador. –dijo Madoushi. –Bueno, los médicos os ganáis la vida con el bisturí, y los abogados con la palabra.00000000
Por su parte, Sakura, ya en casa, tenía delante el bloc dedicado exclusivamente a la Dra. Madoushi. En él tenía montones de artículos donde ella era la protagonista. En algunos de ellos estaba acompañada del Profesor Li. Además, vio una fotografía del Profesor Li, que a veces salía con un joven castaño que se le parecía mucho. Por su aspecto intuía que era su hijo pero no estaba segura. Así que, como era una foto que no debía de estar allí, la puso en la pared junto con el resto.00000000
Un nuevo día llegó al hospital. Sakura caminaba por el pasillo ajena a que estaba siendo vigilada por una niña castaña en silla de ruedas con una sonrisa traviesa. Entonces le lanzó una cucaracha de goma. A pesar de no esperarlo, Sakura no se asustó mucho. –¿Te has asustado? –preguntó Nakuru dejándose ver. Sakura le sonrió mientras recogía el bicho. –Más o menos. –dijo Sakura sonriéndole y devolviéndole el juguete. –Venga ya, no seas aburrida. –dijo Nakuru, consciente de que no se había asustado nada. –Me hubiera gustado que hubieras gritado o algo. –¡Nakuru! –la llamó un joven castaño muy guapo. A pesar de ser médico, el se sentía más cómodo llevando sólo el pijama de hospital, por lo que no llevaba bata. Especialmente teniendo que estar continuamente detrás de Nakuru. –¿Qué haces aquí? –Déjame en paz, Residente. –dijo Nakuru tirándole la cucaracha. –¿Ya estás jugando otra vez con estas idioteces? –preguntó el joven atrapando el bicho al vuelo. Entonces se dio cuenta de la presencia de Sakura. –Lo siento. Sakura se fijó en la identificación del joven. Se llamaba Shaoran Li. Al leer aquello terminó de confirmar que el joven que vio en la foto era el hijo de Hien Li. Nakuru empezó ella misma a mover su silla seguida de Shaoran. –Disculpa. –dijo Sakura antes de que acabara de marcharse. –¿Qué le pasa a esa niña? –¿A Nakuru Akizuki? Un leve problema cardiaco. Ha estado aquí un tiempo, pero no consigo hacerme con ella. –reconoció Shaoran. –Por cierto, soy Shaoran Li. –Yo soy Sakura Asumi. –se presentó ella sonriéndole. Aquella sonrisa cautivó al joven, que por un momento se quedó un poco ido. –¿Estás bien? –Es que…es la primera vez que no me preguntan si soy el hijo del Profesor Li. –¿De verdad? Entonces, Shaoran recibió un empujón de Nakuru, haciendo que este acabara casi abrazado a Sakura. –¡Venga Residente! –dijo Nakuru huyendo de allí. –Lo siento. –se disculpó Shaoran. –Bueno. Me voy antes de que Nakuru derrumbe el hospital. Adiós. –Adiós. –dijo Sakura sonriéndole.00000000
Tras el encuentro con el hijo de Hien Li, Sakura se dirigió con Madoushi a la habitación de la paciente a la que pensaba aplicarle NOA. –Mañana a las ocho les explicaremos los detalles de la operación, una vez que hayamos analizado los resultados del TAC en 3D. –dijo Madoushi. Entonces comenzó a palpar a la paciente, que se quejó un poco. –¿Le duele? No noto nada anormal. –Tenemos un restaurante en el que servimos comida occidental. Cuando mi marido murió mi hijo se hizo cargo del restaurante, pero le está costando encontrar el sabor del estofado que hacía su padre, que es nuestro plato más representativo. –comenzó a decir la paciente. –Por aquí está bien. –dijo Madoushi, que hizo caso omiso de lo que le estaba contando la paciente, lo que no pasó desapercibido para Sakura. –Está trabajando duro para poder mantener el restaurante abierto. Sólo quiero vivir para decirle que el estofado sabe igual al que hacía su padre. –dijo la mujer. –Muy bien, nos vemos mañana. –dijo Madoushi cuando terminó el examen. Sakura hizo una inclinación hacia la paciente y salió tras Madoushi. –Los viejos siempre están con sus batallitas.0000000
Cuando Madoushi acabó su turno se fue a su apartamento, situado en un edificio de lujo. Tras dejar sus cosas, se fue a la piscina del edificio. –Creía que te estabas preparando para los juegos olímpicos. –dijo Keiichi, el prometido de Madoushi mientras esta acabó de hacerse unos largos y subía por la escalera. Al salir, su prometido la cubrió con una toalla. –Gracias. Para los cirujanos nuestro cuerpo es muy valioso. Debemos estar en forma. –dijo Madoushi. –Parece que todo lo relacionas con tu trabajo. –dijo él. –Por supuesto. Nuestros pacientes nos confían su vida. –Lo sé. Te dejaste la piel al tratar a mi abuelo. –dijo Keiichi. –No he olvidado a tu abuelo ni un solo día. –dijo ella. –Pero a pesar de haberlo operado, no pude salvarlo. –Hiciste lo que pudiste. –intentó animarla su prometido. –Es lo que se supone que tenemos que hacer los médicos. –dijo ella sonriéndole.00000000
Antes de subirse a casa, Sakura entró en el restaurante español que tenía abajo. De hecho, le alquilaba la habitación a Kero, el dueño del restaurante. Kero era un hombre risueño y de aspecto bonachón. Siempre probaba platos nuevos y a pesar de que presumía de servir comida española, lo que servía apenas se le parecía. Aún así, aunque era un restaurante pequeño más parecido a una taberna, le funcionaba lo suficiente como para poder llevar una vida más o menos normal. Tenía un aspecto muy familiar, hasta el punto que tenía una pared cubierta de fotografías. –Aquí tienes tu vino. –dijo Kero alegremente mientras Sakura cenaba en la barra. –Venga, di algo. Me siento como un extraño. –Porque lo eres. –dijo Sakura con toda confianza. –Oh, venga Sakura. Me esfuerzo mucho por animar a mi hija después de un duro día de trabajo. –dijo Kero, que a pesar de que Sakura no era su verdadera hija, él la sentía como tal. –A eso se le llama amor parental. –¿Qué?¿Padre? –preguntó Chiharu, la camarera que tenía Kero trabajando. –¿No te lo he contado? Sakura es hija de un viejo amigo mío. –explicó Kero yendo hasta la pared para señalar una fotografía. Era una copia de la foto del cerezo que Sakura tenía en su mesita de noche. –Pero ahora ella es mi hija. –Digamos que Kero me adoptó. –dijo Sakura. –¿En serio? –dijo Chiharu, que no sabía nada de aquella historia. –¡Buenas noches, amigo!¡Bienvenido! –recibió Kero a un cliente con buen ánimo. Lo que Sakura no se esperaba era que el cliente fuera Yue Tsukishiro. –¡Vaya!¡Qué coincidencia! –dijo Yue al reconocer a Sakura. –¿Me recuerdas del otro día? En el hospital. Eres aquella doctora. Pero Sakura no dijo nada y siguió cenando. –Señor, tiene un lugar muy acogedor. –dijo Yue a Kero, que le servía agua. –Se ve un poco descuidado, pero seguro que la comida es deliciosa. –Gracias. –dijo Kero con buen ánimo. –Empezaré con una copa de vino tinto, y la comida se la dejo a su elección. –dijo Yue sentándose en la barra junto a Sakura. –Marchando. –Parece que esté vinculado por el destino al Hospital de Tomoeda. –dijo Yue. –Mi hermano pequeño estuvo hospitalizado en ese hospital hace muchos años y lo visitaba todo el tiempo. Sakura sólo asintió sin decir nada, evitando a toda costa la mirada de Yue. No quería que la reconociera. –Noté por tu identificación que trabajas en el Departamento de Cirugía Digestiva. Estás con el Profesor Li, ¿no? ¿Eres nueva? –preguntó Yue. –Sí. –Por cierto, ¿es verdad que vais a eliminar una contracción del esófago con NOA? –preguntó Yue con una Sakura cada vez más incomodada. –Esa Madoushi es increíble, ¿no crees? Como doctora nueva en el hospital, ¿admiras a una persona con un hambre de poder como ella? –No especialmente. –Entiendo. Supongo que no sois del mismo tipo. ¿Por qué decidiste ser médico? –preguntó Yue. –¿Perdón? –preguntó Sakura, mirando a Yue por primera vez. –Aquí tiene, señor. –interrumpió Kero sirviéndole la cena y el vino a Yue. –Aquí tiene nuestra recomendación del día: pastel de cordero. –Si es un restaurante español, ¿por qué sirve pastel de cordero? –preguntó Yue, que hasta donde él sabía, ese plato era británico. –¿Qué te debo? –preguntó Sakura. –¿Cuántas veces tengo que decirte que no hace falta que me pagues nada? Eres mi hija. –dijo Kero. –¿Qué? ¿Sois padre e hija? –preguntó Yue. –Porque no os parecéis en absoluto. –Eso es porque… –cuando Sakura notó que Kero iba a señalar la fotografía de la pared, tiró la copa de vino de Yue con la mano “accidentalmente” para distraer la atención. No podía permitirse el lujo de que nadie descubriera su verdadera identidad o sus planes podrían verse comprometidos. –Lo siento. –se disculpó Sakura. Entonces a Yue le sonó el teléfono. –¿Diga? Está bien, iré ahora mismo. –dijo Yue antes de colgar. –Tengo que volver al trabajo. –Vaya, qué lástima. Espero que vuelva. –dijo Kero. –Hoy invita la casa. –Pero… –En serio, no te preocupes. –insistió Kero. –Gracias. Volveré otro día. Nos vemos, Sakura. –se despidió Yue. Cuando Yue se marchó Sakura salió y volvió a entrar por la puerta que daba acceso a los apartamentos de ese mismo edificio, hecho que no pasó desapercibido para Yue, que se quedó observando al final de la calle. Una vez arriba, Sakura volvió a mirar la foto con su padre. Siempre estaba risueño y le pedía a Sakura que sonriera. Entonces comenzó a recordar todo lo que le había contado Spinnel, o las palabras de Madoushi sobre lo que es un médico o una cirugía. –¿Y tú te haces llamar médico? –se dijo Sakura con rabia contenida. Entonces abrió el libro y encontró la ilustración que buscaba. Después, enganchó un artículo en la pared de los objetivos. Muy pronto completaría su venganza con ella.00000000
Madoushi, que estaba ultimando los detalles de su fiesta de compromiso, recibió un paquete en nombre del Profesor Li deseándole éxito en su intervención con NOA. En la posdata le recordaba que no olvidara regarlas cada mañana. Así que Madoushi, obediente, abrió el paquete, dejando ver un centro de flores moradas muy bonito que regó cuidadosamente antes de marcharse hacia el hospital. Cuando llegó, saludó alegremente a sus compañeros. –Te veo muy animada. –dijo el Dr. Terada al cruzarse con ella, lo que le borró la sonrisa. –Buena suerte con NOA. –Sólo siento hacerlo antes que tú, a pesar de que lleves más tiempo siendo médico. –dijo Madoushi. Tras decirle eso, Terada prefirió seguir su camino. Cuando Madoushi llegó a su mesa, encontró un sobre gris. De él sacó un papel y un naipe negro. Al girarlo vio a la que parecía ser el personaje de la Reina de Corazones de “Alicia en el País de las Maravillas”, señalando prepotentemente sobre un montón de huesos y calaveras. Pero en lugar de sostener un báculo con un corazón, sostenía lo que parecía ser un bisturí. Abajo pudo leer Loca de la muerte.–¿Qué diablos es esto? Confusa, miró a su alrededor, pero no vio nada extraño. Todo el mundo estaba con sus quehaceres. Entonces desplegó el folio y se dio cuenta de que era un informe de hacía ya quince años. Al ver que se trataba de una cirugía laparoscópica que ella practicó, comenzó a ponerse nerviosa, por lo que decidió romperlo todo y tirarlo a la basura. Mientras tanto, Yamazaki contestó al teléfono que sonaba en una mesa cercana. –Dra. Madoushi, tiene una llamada de los bomberos. –dijo Yamazaki. –¿Los bomberos? –Madoushi se puso al teléfono inmediatamente. –Madoushi. ¿Qué? Voy enseguida. Tras colgar, la doctora se marchó. –Doctora, tiene la consulta del preoperatorio de la Sra. Yoneyama. –dijo Meiling viendo salir a Madoushi como una exhalación. Pero la doctora no contestó. –¿Qué hacemos? –Iré yo. –se ofreció Sakura una vez que Madoushi se hubo marchado.00000000
Sakura comenzó a explicar a la paciente y su hijo qué realizarían durante la operación, con la ayuda de una tablet que ilustraba su esófago. –En primer lugar, quitaremos la contracción del esófago de la parte superior y lo trasplantaremos al intestino delgado, incluyendo los vasos sanguíneos. –explicaba Sakura, diciéndole lo que le dijo Madoushi. –Utilizaremos equipos de última generación y la operación durará al menos unas diez horas. Meiling, que estaba también allí, abrió los ojos sorprendida por el hecho de que consideraran realizar una operación así a una paciente con aquella condición física. –¿Diez horas? –dijo la paciente. –Es inevitable para completar una cura en la que pueda comer sólido. Como es la primera vez que este equipo se va usar en cirugía digestiva, existen ciertos riesgos y dependiendo de la situación, la muerte podría ser una posibilidad. –explicó Sakura diciéndole la verdad a la paciente. –Si está de acuerdo, firme el consentimiento informado.00000000
–Parece que la alarma de incendios se ha activado por el humo. –explicó un bombero. –¿Entonces no ha habido incendio? –preguntó Madoushi ya en su apartamento, donde parecía que todo estaba bien y controlado. –Había un nebulizador bajo las flores. Empieza a expulsar humo con el contacto con el agua. –explicó el bombero. –¿Quién me enviaría algo así? –se preguntó Madoushi. Entonces, al ver que no era nada grave, se miró el reloj. –Oh, la consulta preoperatoria. Para su sorpresa y disgusto, cuando Madoushi llegó al hospital, Sakura le informó que ella había realizado la consulta y que la paciente había rechazado someterse a la cirugía. –Asumi, ¿quién te crees que eres para realizar la consulta? –dijo Madoushi de mal humor. –¿Cómo has podido hablar con ellos y hacer que rechazaran la operación? –Lo siento. –dijo Sakura, consciente de que no había hecho nada malo, sino ejercer de doctora contándole la verdad a la paciente. –Disculpándote no arreglas nada. –dijo Madoushi, al ver su oportunidad perdida. –Encontré este mensaje en mi mesa. –dijo Sakura pasándole la nota. –Dice que me hiciera cargo de la consulta. Evidentemente, era una nota que Sakura mismo había escrito, pero eso no se lo iba a decir a Madoushi. –¡Yo nunca te he dejado este mensaje! –exclamó Madoushi tirando la nota al suelo con frustración. –Dra. Madoushi, el Profesor Li quiere verla. –dijo un médico que acababa de colgar el teléfono. Madoushi se puso su bata y se dirigió hacia el despacho de Hien. –Está acabada. –musitó Terada para sí, que había disfrutado aquel momento de frustración de la doctora. A Sakura no le pasó desapercibida aquella sonrisa sardónica con la que se le hizo evidente la mala relación entre colegas.00000000
Cuando Madoushi se presentó en el despacho de Hien, éste se encendió un cigarro esperando explicaciones mientras miraba hacia la ventana. No le hizo falta preguntar nada, porque la expresión de pocos amigos del Profesor Li le mostró que estaba al tanto de que la paciente no había firmado el consentimiento para la cirugía. –Esa novata de Sakura Asumi se presentó en la consulta mientras yo estaba fuera y… –se justificó Madoushi. –¿Podrás hacerla o no? –preguntó Li interrumpiéndola. No le apetecía escuchar rodeos. –Sí. –respondió Madoushi, tras haber dudado durante unos segundos. –¿Estás segura? –preguntó Li, mirándola por primera vez. –Sí. –se reafirmó Madoushi. –Lo estoy deseando, Profesora Madoushi. –dijo Li.00000000
–Vamos a realizar la operación con NOA como estaba previsto. –dijo Madoushi ante la sorpresa de todos entrando de repente al departamento donde cada médico tenía su mesa. Madoushi cogió unas cosas y se dirigía de nuevo hacia la salida. –Pero la paciente no ha dado su consentimiento. –dijo Sakura, haciendo que se detuviera. Volvió la cabeza hacia ella y la fulminó con la mirada. –¿Quién te crees que soy yo?00000000
Madoushi había tenido un día muy ajetreado entre el susto en su casa y el hecho de que la paciente no hubiera firmado el consentimiento informado para la cirugía. Pero no tener el consentimiento no la iba a detener. Ella era mucho más determinada y ambiciosa de lo que todos pensaban. Por eso, aprovechando la soledad del turno de noche, se puso al ordenador, buscó una prueba similar de otro paciente cuyo esófago no estuviera tan estrecho y modificó los datos.00000000
A la mañana siguiente, la Dra. Madoushi citó a la paciente para volver a realizar la consulta preoperatoria para intentar convencerla de que se sometiera a la cirugía con las pruebas alteradas. –Como puede ver, Sra. Yoneyama, el lado comprimido del esófago está en la parte de abajo. –explicaba Madoushi mientras señalaba la zona con el dedo. –Al no ser un área tan estrecha podré realizar la operación en unas tres horas. Madre e hijo se miraron incrédulos. –Pero ayer me dijeron que serían unas diez horas. –dijo la paciente. –Lo siento muchísimo. Verá, es que es una doctora nueva y parece ser que no comprendió bien la situación. Le prometo que utilizaré mis mejores habilidades en esta operación. –dijo Madoushi sin dejar de sonreír todo el tiempo. Al ver las dudas de la mujer, Madoushi la cogió de las manos. –Estará bien. Estará tan bien que podrá probar el estofado de su hijo.00000000
Después de haber convencido a la paciente, citó a Sakura en la azotea. Mientras la esperaba, sacó una botella de agua de una máquina expendedora y bebió mucho más relajada. –La paciente ha firmado el consentimiento. –dijo Madoushi al ver a Sakura aparecer. –Si hay algo que me quieras decir, dilo. –Eche un vistazo a esto. Es una imagen de la zona afectada. Es diferente a la que yo he visto de la Sra. Yoneyama. –dijo Sakura. –Quizás haya habido una confusión con los historiales, pero, ¿puede ser que esta imagen sea del historial de otro paciente? –Tenemos que hacerlo si queremos que se cure completamente. –dijo Madoushi, que con aquella respuesta le confirmaba que la confusión había sido a propósito. –Yo sólo quiero salvar a la paciente. Flashback. –Feliz cumpleaños, Sakura. Su padre le acaba de regalar una edición en tapa dura de “Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas”. –¿Está en inglés? –preguntó Sakura al abrir el libro. –Sí. –respondió su padre. –¿Podrás leerlo? –preguntó Yue. –Claro que sí. –dijo Sakura. –Alicia, la protagonista, vaga por un mundo desconocido y es avasallada sin piedad por personajes extravagantes, pero ella cree en ella misma y sigue adelante hasta el final. –explicó Fujitaka. –Yo también quiero que tengas esa fuerza. –Así que por eso me lo has regalado. –dijo Sakura. –Pero no puedo leerlo. –dijo Yue imitando la voz de Sakura. –Claro que puedo. –respondió ella. –Escucha, Sakura. Si crees en ti misma y trabajas duro… –…mañana será un día mejor. –dijeron padre e hija a la vez. Su padre solía decir esa frase muy a menudo. –Venga, vamos a comer. –dijo Yue. Fin del flashback. Flashback. En los pasillos del Hospital Universitario de Tomoeda, una niña castaña de catorce años corría desesperada hacia los quirófanos. –Soy Sakura Kinomoto. –dijo Sakura a la primera enfermera que se encontró. –Tu padre ha vomitado algo de sangre. Los médicos te lo explicarán con más detalle. –dijo la enfermera. Sakura se sentó a esperar a que alguien saliera, abrazada al libro que le había regalado. –¿Por qué?¡Papá! –al ver la camilla, con el cuerpo inerte de su padre se temió lo peor. Efectivamente, se apresuraron a cubrir su cara con la sábana. El Dr. Terada tiraba de la camilla mientras que Spinnel se colocó delante de la niña. –Su condición empeoró durante la operación. –explicó Spinnel. –¿Qué ha pasado en la operación? –preguntó una desesperada y llorosa Sakura. –Espera al informe médico. –dijo Spinnel fríamente. A continuación, a Sakura se le cayó el libro de tapa dura de color rojo púrpura. –Usted me dijo que se recuperaría. –dijo Sakura dirigiéndose esta vez al Dr. Terada. –Me dijo que ni siquiera haría falta pasar por quirófano. Me dijo que su vida no corría peligro. ¿Por qué ha fracasado la operación? Fin del flashback. Flashback. Llegó el día del funeral. El lugar estaba presidido por una fotografía de un sonriente Fujitaka Kinomoto. Yue lanzó un periódico al suelo, justo delante de Sakura. –Yo he escrito ese artículo. Lo he contrastado con el hospital. –dijo Yue. –Es imposible que mi padre haya hecho esto. –dijo Sakura al ver el titular. –El Dr. Kinomoto se ha reído de todos nosotros. –siguió Yue. –Cuando mi hermano estaba al borde de la muerte, él estaba ganando dinero sucio. –Eso no es cierto. –No era diferente a un asesino. Espero que vivas avergonzada el resto de tu vida. –sentenció Yue. Entonces Sakura se dirigió al Profesor Li con el periódico. –Este artículo es un error. Por favor, haga algo. –le pidió Sakura. –Profesor, ¿es esto cierto? –preguntó el Dr. Terada. –Tu padre sacó provecho de su posición y se llenó los bolsillos. Tu padre era escoria. –le dijo el Profesor. Li. –¡Eso es mentira!¡Mi padre nunca haría nada como eso! –exclamó Sakura. Fin del flashback. Sakura volvió a rememorar aquellos dolorosos recuerdos mientras veía como Madoushi se marchaba. –Nunca te perdonaré. –dijo Sakura cuando Madoushi ya se había perdido de vista.00000000
Cuando volvió a casa, Sakura intentó buscar el modo de detener a Madoushi. –Madoushi ha cambiado los historiales. –se dijo a sí misma. Entonces recordó que Madoushi se echó al bolsillo el CD con las pruebas del otro hospital, y entonces le vino la inspiración. Al girar la mirada vio el artículo de la fiesta de compromiso de Madoushi, cuyo subtítulo rezaba Lo conocí por la cirugía de su abuelo. Entonces supo qué hacer. –Su casa. Sakura cogió el teléfono y marcó el número de la persona que la ayudaría a completar su venganza contra Madoushi. –¿Spinnel? Tengo que pedirte un favor.00000000
Llegó el día de la fiesta de compromiso que Madoushi celebraba en su apartamento de lujo y a la que estaban invitados todos sus compañeros. La gente hablaba animadamente mientras los trabajadores del catering se afanaban por complacer a todos los invitados, que felicitaban a los novios y halagaban la belleza de la futura novia. No importaba que llevara bata o llevara un vestido de cóctel como en ese momento. Madoushi era una mujer que desprendía sofisticación por cada poro de su piel. Entre ellos, compañeros como Yamazaki aprovechaban la situación para hacerle la pelota a su jefa. Aunque Madoushi restaba importancia, realmente estaba disfrutando cada vez que alguien le regalaba los oídos. –Eh, Sakura. ¿Por qué sólo estás bebiendo zumo? –preguntó Meiling a una Sakura que había estado observando el comportamiento de Madoushi desde lejos. –Rara vez nos van a servir un vino tan caro como este. Hay que aprovechar. –Es que tengo un pequeño problema de sueño. –dijo Sakura sonriéndole. –Oh, venga. Qué desperdicio. –intentó animarla Meiling. –Incluso los médicos no tenéis un buen salario en el hospital universitario. Deberíamos beber de este vino mientras podamos. Entonces, Sakura escuchó el timbre de la puerta. El momento se acercaba. –¿Sí? –atendió Madoushi en el portero automático. –Sra. Madoushi, tiene un paquete. –dijo el repartidor. –Adelante. –dijo Madoushi desapareciendo del campo visual de Sakura para poder recibir al repartidor. –Voy al baño. –dijo Sakura, interrumpiendo a Meiling, que hablaba de un invitado que le parecía simpático pero demasiado mayor para ella. Pero Sakura no fue al baño, aprovechó el momento y se dirigió hacia el novio, que bebía de su copa mientras miraba por la ventana en soledad. –Hola. La Dra. Madoushi es mi supervisora. Soy Sakura Asumi. –se presentó Sakura. –¿De verdad? Encantado. –¡Atención todos! –reclamó Madoushi la atención unos minutos después, que venía acompañada por un miembro del catering que llevaba un carrito con una caja bastante grande. –¡Es un regalo del director del hospital! Los invitados aplaudían con entusiasmo. Las únicas que no aplaudían era el equipo de enfermeras, que no sabían cuándo se verían otra vez probando productos gourmet. Entonces Keiichi levantó la caja. Allí había una bonita tarta que tenía una rosa clavada. Madoushi la sacó, pero entonces, de allí empezó a salir lo que parecía ser sangre. En la rosa venía adjuntado un naipe. Era como el naipe que había recibió en el hospital. Entonces, Madoushi comenzó a toser. La tarta desprendía un olor extraño que comenzó a afectar a los invitados, que comenzaron a toser. Sakura se cubrió la nariz y la boca con un pañuelo tranquilamente. –¿Qué es ese olor? –preguntó Meiling. –Me escuecen los ojos. –dijo otra enfermera. Madoushi se dirigió hacia la ventana para abrirla, pero Sakura la detuvo. –Dra. Madoushi, lo mejor sería sacar a todo el mundo de aquí. –dijo Sakura. –Buena idea. ¡Por aquí, por favor!¡Vamos a la calle! –exclamó Madoushi. Cuando todos fueron evacuados entre toses, Sakura buscó el despacho de Madoushi, encendió el ordenador e insertó una memoria USB. Entonces, Keiichi entró en el despacho, pillando a Sakura con las manos en la masa.00000000
Los invitados se marcharon a casa. Cuando Madoushi volvió al apartamento, vio a su prometido abriendo las ventanas del salón y Madoushi suspiro aliviada al verlo. –Creo que ya se ha aireado todo. –dijo Keiichi. –Qué alivio. ¿Quién nos gastaría una broma así? –preguntó Madoushi abrazándose a su futuro marido.00000000
Al día siguiente tendría lugar una conferencia muy importante. Madoushi iba a presentar frente a todo el equipo médico del hospital la operación que iba a llevar a cabo. Era un hito tan importante que hasta había representación de los medios de comunicación. Entre ellos, Yue Tsukishiro, al que Sakura vio allí sentado cuando entró en la sala. –Hola de nuevo. –saludó Yue. –He venido a cubrir la conferencia sobre la operación de la que todo el mundo habla. Sin mediar palabra, Sakura se marchó a su lugar. –Vamos a comenzar la conferencia. –dijo Yamazaki. La Dra. Madoushi preparó la presentación en el ordenador y se dirigió al estrado. –Para esta cirugía vamos a emplear el robot médico NOA por primera vez para deshacer la contracción del esófago, acompañado de un injerto vascular utilizando el intestino delgado. La paciente es una mujer de setenta años. –introdujo Madoushi, que cambió a la diapositiva siguiente. Sus compañeros, pasaron la página de la documentación que les había sido entregada previamente. –Los vasos sanguíneos del intestino delgado serán trasplantados a la zona extirpada del esófago y serán reconstruidos hacia la arteria esplénica con la ayuda del endoscopio y utilizando la nanocirugía. ¿Alguna pregunta? El Profesor Kaito alzó la mano. –¿Sí, Profesor Kaito? –Esto es como ir a la casilla de salida, pero, ¿no es la paciente demasiado mayor para un procedimiento así? –preguntó el Profesor Kaito. –Eso no supondrá ningún problema. Por favor, si miráis la página siguiente, la contracción no es tan estrecha. Realizaré la operación en tres horas. –dijo Madoushi, que pasó a la siguiente pantalla para ilustrar lo que estaba diciendo. Sakura sonrió, mientras los médicos no entendían nada. –Estos documentos no muestran la misma información de la pantalla. –intervino el Profesor Kaito. Entonces, Madoushi miró a la pantalla y vio la prueba real de la paciente, sin comprender cómo había llegado allí. Estaba segura que había modificado la prueba. –Si haces eso en tres horas, tendrías las manos de dios. –La imagen de la pantalla es errónea. La real es la de los documentos que tenéis. –dijo Madoushi apurada. –No, no lo es. –Madoushi no se esperaba ver allí plantado al lado de la puerta a su prometido. –La información real es la de la pantalla. –Keiichi. –dijo Madoushi sin comprender nada. –¿Por qué? –He recibido una nota anónima que decía que has cambiado pruebas de un paciente a otro y que pretendes seguir adelante con una cirugía muy arriesgada. –explicó Keiichi, sin revelar que fue Sakura la que le contó todo. –¿En serio? –musitó Yue para sí mientras se sucedían los murmullos en la sala. –He venido a confirmarlo. Esa prueba es información de un CD que tenías escondido en un cajón de casa. –dijo Keiichi señalando a la pantalla. Flashback. Cuando el prometido de Madoushi entró, tal y como le pidió Sakura durante la fiesta, le explicó lo que pretendía hacer su novia. Para demostrárselo, Sakura, sacó su móvil y le enseñó un vídeo que inteligentemente había grabado con la ayuda de Spinnel. En él, aparecía Spinnel hablando con Madoushi frente al control de enfermería. –Dra Madoushi. Hay algo que quiero preguntarle sobre el caso de Shozo Takeuchi. –dijo Spinnel, tal y como le pidió Sakura. –¿Quién? –Aquel hombre mayor que murió durante la cirugía por un cáncer de esófago. ¿No lo recuerdas? –intentó aclarar Spinnel. –¿Cómo se supone que voy a recordar a cada paciente que ha muerto bajo mi bisturí? –preguntó Madoushi. –Morir bajo el bisturí significa morir durante la cirugía. –aclaró Sakura al finalizar el vídeo y ante la cara de desconcierto de Keiichi. –Ese Shozo Takeuchi era tu abuelo, ¿verdad? Fin del flashback. –Los pacientes no son ratas de laboratorio ni herramientas para escalar puestos en tu carrera profesional. Alguien que no entiende algo tan obvio como eso no… –¿Pero qué dices? –interrumpió Madoushi dirigiéndose hacia su prometido. –Sabes que no hay manera de que yo manipulara la información. –Madoushi. –se levantó el Profesor. Li. –Dinos la verdad. ¿Qué información es la real? –La de los documentos, por supuesto. –respondió Madoushi. Entonces, Sakura se levantó e interrumpió a Madoushi. –Yo estuve presente en la primera visita de la paciente. –dijo Sakura. Entonces miró a Madoushi, que le pidió con la mirada que mintiera. –La información real es la de ahí. Cuando Sakura señaló a la pantalla los presentes no paraban de murmurar. –Para poder llevar la cirugía a cabo en una paciente que no podría resistir, la Dra. Madoushi intercambió la información con la de otro paciente, engañando a la paciente para que firmara el consentimiento informado. –explicó Sakura. –Das vergüenza. –dijo Keiichi con desprecio, abandonando la sala y poniendo fin así a su compromiso y a su relación. –Lo siento mucho, Dra. Madoushi. –se disculpó Sakura. –Pero si los pacientes no pueden confiar en sus médicos, ¿en quién pueden confiar? Madoushi lanzó una mirada desafiante a Sakura y Yamazaki decidió intervenir para poder poner fin a aquel escándalo. –Lo siento, pero con esto damos la conferencia por concluida. Por favor, vayan abandonando la sala. –Esto es lo que te mereces por dejar que se te subiera a la cabeza. –dijo el Dr. Terada para sí, que había disfrutado sobremanera de aquel inesperado espectáculo en el que su mayor enemiga había sido ridiculizada públicamente. Madoushi miró al Profesor Li, que la miraba con decepción infinita. –¡Yo estoy en lo cierto!¡Esa cirugía es de gran importancia para el avance en el tratamiento médico y de este hospital!¿No lo veis? He dado resultados todo el tiempo. No puedo acabar así. –insistió Madoushi en un intento desesperado por retomar el control. Pero el daño estaba hecho y la doctora había perdido toda credibilidad. Al igual que la Reina de Corazones, Madoushi es tan inteligente y goza de tanto poder que la soberbia le puede. No ve más allá de lo que quiere ver, como por ejemplo, que su mayor enemiga había estado a su lado todo el tiempo.00000000
Madoushi esperó a Sakura, que caminaba por un solitario pasillo del hospital después de la fallida conferencia de su supervisora. –Espera ahí. –dijo Madoushi con rabia. Pero Sakura comenzó a caminar más rápido seguida de Madoushi. –¡He dicho que te esperes! Finalmente la alcanzó, la cogió del brazo y la enfrentó. –¿Qué tienes contra mí? –preguntó Madoushi. –Yo te envié esto. –dijo Sakura, pasándole un folio. Mientras Madoushi veía a quién pertenecía ese informe médico, Sakura sacó una pistola táser del bolsillo de su bata y se la puso a Madoushi a la altura del pecho, generando una descarga que la dejó inconsciente.00000000
Cuando Madoushi abrió los ojos vio las luces de quirófano y escuchaba el pitido de los monitores. –Los efectos de la anestesia aún no se han ido, así que no puedes levantarte todavía, Doctora. –dijo Sakura, que sabía de antemano que Madoushi la buscaría para pedirle explicaciones, por lo que había preparado el quirófano con antelación a la reunión. –¿Qué intentas hacer? –preguntó Madoushi débilmente. Sakura cogió el informe de su padre y se lo mostró. –¿Recuerdas lo que hiciste hace quince años durante esta operación? –preguntó Sakura, refiriéndose al informe que sostenía. –¿Quién diablos eres? –Para hacerte un nombre dentro de la medicina, insististe en utilizar unos procedimientos que todavía no dominabas y mataste a un paciente que se suponía que no debía de morir. Esa cirugía… –Eso fue porque la condición del paciente… –¡No seréis médicos de verdad hasta que no os hayáis cargado al menos a tres pacientes! –exclamó Sakura, diciendo las mismas palabras que Madoushi dijo una vez en quirófano a médicos que todavía se estaban formando. Después cogió otro montón de informes y se los mostró a Madoushi como si le enseñara los naipes. –Estas son las ratas que has sacrificado. Gente cuyo futuro fue robado por tus manos. Gente que asesinaste en este quirófano. Gente como mi padre. –¿Tu padre? ¿Eres la hija de aquel paciente? –¿Paciente?¿No lo llamas por su nombre? Se llamaba Fujitaka Kinomoto. No era una rata sin nombre. Era un padre que amaba a su hija, a su trabajo como médico y a toda la gente a su alrededor. –dijo Sakura. Después cogió un bisturí de la bandeja y la amenazó. –¡Tú mataste a mi padre! –¡No, para, para! –gritó Madoushi. –¡Está bien, lo admito! Es cierto. Me equivoqué. ¡Pero no fui la única responsable!¡Terada, que era mi supervisor en aquel entonces dijo que nuestra reputación peligraba si abríamos el estómago al haber comenzado la laparoscopia!¡Me dijo que no me planteara ni abrirlo! Flashback. –¡No hay manera de que lo abras!¿Quieres que mi reputación caiga por los suelos? –dijo el Dr. Terada. –¡Tenemos que parar la hemorragia! –dijo Madoushi. –¡No tengo suficiente campo de visión! –argumentó Terada. –¡Saquemos la cámara, entonces! –propuso Madoushi. –¡Las constantes vitales están al límite! –exclamó Terada. Fin del flashback. –¿Terada? –Por favor. Siento lo que hice. –se disculpó Madoushi. –Jamás volveré a hacerlo. Seré una médico decente por el bien de los pacientes. Por favor, perdóname. Sakura retiró el bisturí y Madoushi suspiró aliviada. –No tienes derecho a ser médico. –dijo Sakura. A continuación, inyectó más dosis de anestesia en la vía. –¡No!¡Para!¡Por favor! –Si le hablas a alguien de mí, te llevaré a juicio con cada una de las familias de tus víctimas. Entonces, te convertirás en una asesina en serie. –amenazó Sakura. –Si no quieres que eso ocurra, no te atrevas a llamarte médicode nuevo. Tras la amenaza, Madoushi perdió la conciencia.00000000
Cuando Madoushi despertó, sólo deseaba que aquello sólo hubiera sido un mal sueño, pero se dio cuenta de que continuaba en el quirófano. Al incorporar un poco la cabeza, vio que la parte de la sábana que cubría su vientre había sido el área de operación. Retiró el retal y dio un grito al ver lo que Sakura había hecho. En su abdomen venía grabado F. Kinomoto. Madoushi pegó un grito ensordecedor.00000000
Al día siguiente, en los tablones informativos de los médicos informaba que la Dra. Madoushi había dimitido voluntariamente del Hospital Universitario de Tomoeda. Aquel día, Sakura fue especialmente contenta a trabajar, pero la alegría se le esfumó en cuestión de segundos. –Sakura Kinomoto. –a Sakura se le heló la sangre al escuchar su verdadero nombre. Finalmente, Yue Tsukishiro, que estaba sentado en una de las butacas del hospital, la había reconocido a su paso. –Te reconocí desde el primer día. Tú también me recuerdas, ¿verdad? ¿Qué intentas hacer en este hospital al cambiarte el apellido?¿Vengarte por tu fallecido padre? Continuará…