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Era un día bastante ajetreado en el hospital y Meiling pasaría la mañana como enfermera del Dr. Terada en las consultas del Departamento de Cirugía Digestiva. –Entonces, ¿el dolor se sitúa en la parte superior del abdomen? –preguntó el doctor mientras miraba el historial médico. –Sí, me duele desde hace un mes. –dijo la paciente, una mujer de mediana edad. –Entiendo. Esperaremos a ver cómo evoluciona. –dijo Terada con una sonrisa. –¿Qué? Pero si ya he esperado un mes. Y siento como si tuviera un bulto. –dijo la mujer. –Aun así creo que lo mejor es esperar un poco más. –insistió Terada sonriendo. Sin poder hacer nada, la paciente se marchó, dando paso al siguiente. –¿Cómo están las pruebas? –preguntó el paciente con un pañuelo en la boca haciendo un gran esfuerzo por aguantar las ganas de vomitar. –Esperaremos a ver cómo evoluciona. –dijo Terada sonriendo. –Te recetaré un poco más de la medicación que ya tienes. Meiling veía como se sucedían los pacientes sin que Terada realmente hiciera algo por ellos y cuando acabaron las consultas decidió intervenir. –Dr. Terada, el Sr. Hosokawa, el paciente de antes ha estado viniendo durante tres meses. –¿Te conozco? –preguntó el doctor. –Soy Meiling, enfermera del Departamento de Cirugía Digestiva. –dijo Meiling, sorprendida de que el doctor ni la reconociera después de haber estado trabajando allí durante bastante tiempo y habiendo pasado consulta con él. –Quizás debería de haberle prescrito alguna prueba para… –Sólo tiene unos pólipos gástricos. –interrumpió Terada. –¿Por qué no le dices a algún residente que le haga una endoscopia, o algo? Yo tengo que centrarme en escribir mi informe de investigación. –¡Papá! –dijo una voz infantil de una niña de cuatro años corriendo hacia el Dr. Terada, vestida con su uniforme escolar. –¡Miku! –dijo él contento y tomándola en brazos. –Has venido otra vez. ¿Has pasado de camino a casa? –Sí. Insistió en venir a verte. –dijo Rika, la esposa de Terada. –¿De verdad? –dijo Terada enternecido. –Menudo idiota. –dijo Meiling, a la que la actitud del médico casi le producía urticaria. –¿Te ocurre algo? –preguntó Sakura al ver a Meiling enfurruñada en el control de enfermería. –Es el capullo de Terada. Lo único que le dice a los pacientes con una sonrisa en la cara, que además esperan durante horas, o incluso semanas es “esperaremos a ver cómo evoluciona”. –dijo Meiling imitando la voz de Terada. –Lo único que le importa es escribir sobre su investigación. Sus pacientes le importan un bledo. Es increíble. Sakura miró hacia donde estaba Terada, que estaba con su hija y su mujer en mitad del pasillo. Entonces, un hombre de mediana edad apareció por el pasillo. –Dr. Terada. –dijo el hombre. –¿Quién es usted? –preguntó Terada. –¿Lo ha olvidado? Mi mujer y yo hemos venido muchas veces durante seis meses. Mi esposa es Enomoto Yumiko. Usted la diagnosticó con una gastritis crónica. –Ah. –Usted no la trató como es debido, y cuando hemos acudido a otro hospital nos han dicho que tiene cáncer de páncreas. –dijo el hombre. –Nos preguntaron que por qué no fuimos antes al médico. Mi esposa casi muere por su culpa. ¿Cómo va a responsabilizarse de esto? –¿Va a poner una queja?¿Tiene alguna prueba de que casi muere por mi culpa? Deme una explicación lógica, por favor. –dijo Terada con una sonrisa irónica. –¿Prueba? –¿Va a seguir acusándome falsamente sin ninguna prueba? –preguntó Terada. –Si me disculpa. Terada volvió para despedirse de su familia sin ni siquiera haberse puesto nervioso por la grave acusación de aquel pobre hombre desesperado. Con esa escena, Sakura volvió a revivir lo que ocurrió hacía ya quince años. Flashback. –Usted me dijo que se recuperaría. –dijo Sakura dirigiéndose esta vez al Dr. Terada. –Me dijo que ni siquiera haría falta pasar por quirófano. Me dijo que su vida no corría peligro. ¿Por qué ha fracasado la operación? –¿Va a poner una queja? –preguntó Terada poniéndose a la altura de Sakura. –Lo hemos hecho lo mejor que hemos podido. ¿Dónde está la prueba de que hayamos fracasado? Yo también tengo familia. No puedo dejar que destroces mi reputación por una acusación falsa y sin fundamento. Fin del flashback. –Papá. ¿Qué ha pasado? –preguntó la niña, que había notado cierta tensión. –Papá sólo se estaba deshaciendo de un hombre malo. –dijo Terada en tercera persona. –¿Nos vamos? A continuación, Terada le dio la mano a su hija y se perdieron por el pasillo junto a su mujer.00000000
Sakura volvió a la sala de médicos y se puso a preparar un café. –¿Creéis que ahora que no está Madoushi el Dr. Terada se postulará como nuevo profesor? –preguntó uno de los médicos en voz baja a otro compañero. –Ahora que no está ella tiene vía libre. Cuando Sakura acabó de preparar el café, fue hacia la mesa de Terada. –Dr. Terada. Estaré encantada de formar parte de su equipo como el próximo profesor. –dijo Sakura. Terada no pudo evitar sonreír. –Oh. Deja lo de profesor. Creo que te estás precipitando. –dijo Terada, que aunque le encantara la idea de conseguir ese estatus, no quería reconocerlo. –Le he preparado un café. –dijo Sakura. Cuando este fue a coger la taza, ésta cayó al suelo, cosa que no pasó desapercibida para Sakura. –¿Qué haces? –preguntó él levantándose. –Lo siento. –dijo Sakura fingiendo que fue culpa suya. Sakura cogió unas servilletas y, ayudada por Yamazaki comenzaron a limpiar el estropicio. –¡Dr. Terada! –entró Meiling airada. –¿Por qué no respondes al control de enfermería? La condición de Imai ha empeorado de repente. –¿Quién es Imai? –preguntó Terada. –¡Uno de tus pacientes! –dijo Meiling harta de la dejadez de Terada. –Pídele al médico de guardia que se ocupe. –dijo Terada mientras se limpiaba las gotas de café que le habían caído al zapato. –¿Qué? Pero el médico de guardia es un residente de primer año. –dijo Meiling. –Entonces pídeselo a su supervisor. La hora de consulta es hasta las 17:00. ¿Qué hora es? Las 18:28. Lo entiendes, ¿no? –dijo Terada mostrándole su reloj de pulsera. –Oh, al diablo con usted. –dijo Meiling marchándose enfadada, mientras que Terada volvió a su sitio. –Si piensas quedarte en un hospital universitario como este, te aconsejo que recuerdes esto. Los médicos podemos conseguir trabajo en cualquier parte siempre que tengamos licencia para ejercer. El motivo por el que elegimos trabajar en un hospital universitario a pesar del sueldo bajo que tenemos es porque es el mejor lugar para investigar y es un lugar reservado para unos pocos. Si descubrimos algo durante nuestras investigaciones, miles y miles de pacientes pueden salvarse. Para Sakura era curioso que Terada hablara de salvar pacientes cuando no cuidaba a los suyos propios. –Para ello tienes que crear tu propia atmósfera para centrarte solamente en la investigación. La reputación de los médicos se construye por el número de artículos que publica, más que por las cirugías que realiza. Hay innumerables maneras de disimular el número de cirugías. Por lo demás, no tienes que hacer mucho, salvo ponerle una gran sonrisa a los pacientes. Los médicos no tenemos demasiado tiempo como para estar atados a los pacientes o al bisturí. –Lo recordaré. –dijo Sakura.00000000
Sakura salió de la sala de médicos para continuar con su trabajo cuando de una esquina apareció de repente la pequeña Nakuru en la silla de ruedas disparándole con una pistola de agua. –¿Te rindes ahora, novata? –preguntó Nakuru riendo al haber conseguido mojarla un poco. –¿Otra vez tú? –preguntó Sakura. A pesar de ser una bromista, a Sakura le caía muy bien la niña. –¡Nakuru! –exclamó Shaoran, que parecía ir en su busca. Entonces vio que la niña estaba junto a Sakura, lo cual lo puso un poco nervioso. –Dra. Asumi. Lo siento. –No te preocupes. –le dijo Sakura con una sonrisa. –Ah, y puedes llamarme Sakura. Entonces, Nakuru volvió a hacer lo mismo que la otra vez, se levantó un momento de la silla para empujar a Shaoran hacia Sakura, aunque esta vez Shaoran consiguió detenerse a tiempo. –Venga, ¿por qué eres tan tímido? –preguntó Nakuru. –Vámonos. Y esto te lo confisco. –dijo Shaoran arrastrando la silla y arrebatándole la pistola a Nakuru. Mientras se iba miró a Sakura y volvió a disculparse con la cabeza. Sakura sólo le sonrió de vuelta. –¡Ladrón! –exclamó Nakuru. –¿A quién llamas ladrón? –dijo Shaoran. –Soy pistolero. Por otro lado, el Profesor Yuna D. Kaito, que estaba un piso más alto se asomó y vio a los dos jóvenes médicos. –Son el hijo de Hien y la Dra. Asumi, ¿verdad? –preguntó Kaito al médico que lo acompañaba. –Sí. ¿Ocurre algo malo? –preguntó el médico, que no veía nada raro en que dos colegas se hubieran encontrado en un pasillo. –No. Nada. –dijo Kaito, tomando unas notas en una pequeña libreta.00000000
Tras hacer una ronda de pacientes con algunos residentes de primer año, el Profesor Hien Li vio por un ventanal de un pasillo a su hijo, que arrastraba una silla de ruedas con una niña castaña por el exterior del hospital. –Deja de seguirme, Residente. –dijo Nakuru, que había recuperado la pistola. –¿Por qué? –preguntó Shaoran. –Encima que te saco a que te dé el aire. –Se van a pensar que eres mi novio. –dijo Nakuru. –¿Y eso te avergüenza? –preguntó Shaoran. Entonces Nakuru disparó agua a unos pacientes que se cruzaron. –Deja de hacer eso. Eres demasiado traviesa. Fue entonces que Shaoran vio a su padre. Tras una reverencia con la cabeza se dirigió a él. –Buenas tardes, padre. –saludó Shaoran. –¿Es paciente tuya? –preguntó Hien. –Sí. Es una paciente de larga estancia, pero no tiene padres. –dijo Shaoran. –No dejes que tus sentimientos personales se interpongan. –le aconsejó Hien. –¿Qué? –Lo que quiero decir es que no le dediques una atención desmedida a pacientes en particular. Sería un mal ejemplo de cara a otros pacientes. –aclaró Hien. –No olvides que eres hijo de un profesor. No me avergüences. –No lo haré. –dijo Shaoran con tristeza. A pesar de que su padre no había alzado la voz en ningún momento, se sintió regañado. Además, él nunca había descuidado a ninguno de sus pacientes, pero pensaba que la situación de Nakuru era especial, porque al ser huérfana, no podía tener la atención que otros niños sí tenían gracias a sus padres. Él sólo intentaba compensar aquella situación y hacerle la estancia allí un poco más agradable.00000000
Un nuevo día llegó al Hospital Universitario de Tomoeda y el Dr. Terada debía realizar una cirugía. Takashi Yamazaki ejercería de asistente y Sakura también estaría allí colaborando. –Buenos días. –saludó el Dr. Terada entrando en el quirófano con las manos enguantadas. –Buenos días. –saludaron todos. –Bien, comencemos. Minowa Kotaro, cuarenta años. Vamos a proceder con una sigmoidectomía. Bisturí. Cuando la enfermera de instrumental le pasó el bisturí, la herramienta cayó al suelo. –Vigila lo que haces. –dijo Terada, aunque Sakura vio que no fue una torpeza de la enfermera. –Lo siento. –se disculpó ella. –Ah, diez segundos desperdiciados. –se lamentó Terada. La enfermera le pasó otro bisturí. Terada realizó una incisión en la zona a operar, y tras dejar el bisturí en la bandeja de instrumental usado se apartó. –Te dejo el resto, Yamazaki. –Sí, señor. –dijo Yamazaki, que parecía acostumbrado. –Bisturí eléctrico. A Sakura aquello no le pareció ni ético ni normal. Por eso, durante la comida en la cafetería decidió preguntarle a Meiling. –Oye, Meiling, ¿las cirugías del Dr. Terada siempre son así? –preguntó Sakura mirando a Terada, que también comía en otra mesa. –¿A qué te refieres? –En la operación de esta mañana hizo la primera incisión y ya está. Se marchó. –Ah, sí. Así le contabiliza la operación y además se lleva el crédito de la cirugía. Si no realizan muchas operaciones se les considera malos cirujanos y no podría subir la escalera hacia el éxito. –explicó Meiling. –Por eso hace la primera incisión, para que le contabilice como cirugía. Si no contabilizara ni pisaría el quirófano. –Entiendo. –dijo Sakura. Cuando Terada terminó de comer, cogió su bandeja y la dejó en el lugar correspondiente, se refugió en un rincón que había cercano donde había unos contenedores, se tomó una pastilla y se marchó. Sakura, que lo había estado vigilando, fue hacia la basura y cogió la tableta que había guardado aquella medicación. Al ver que era adapitnol, Sakura intuyó que Terada tomaba aquello por la torpeza de las que había sido testigo, primero con la taza de café, y luego con el bisturí. Dada la situación, era mejor que no operara. Antes de marcharse de allí, recibió un mensaje de Kero que ponía Emergenciay le pedía que fuera al restaurante en cuanto acabara de trabajar.00000000
–Aquí tienes, pastel de cordero. –dijo Kero sirviendo a Sakura. –¿Esta era la emergencia? –preguntó Sakura. –Es mi nuevo plato mejorado. –dijo Kero. –Esto es lo mejor para una joven y agotada señorita en la gran ciudad de Tokio. Cómelo. Cuando Sakura lo probó hizo un gesto raro. –Es repugnante. –opinó Sakura. –Ohhh. –dijo Kero, poniendo morritos y fingiendo dolor. –Por eso te pedí que no lo sirvieras a los clientes. –dijo Chiharu saliendo de la cocina. –Bueno, tendremos que esperar al próximo plato. –dijo Kero. Sakura sonrió porque a pesar de todo Kero se lo tomaba con humor. –Dime, ¿qué tal el trabajo? Sabes que le puedes contar cualquier problema a tu padre. Pero tu padre en el cielo también debe de estar contento porque su hija se haya convertido en médico, como él. Sakura no pudo contestar, porque un cliente llamó a Kero. –No estoy tan segura. –se dijo Sakura a sí misma. Después de cenar, Sakura subió a su apartamento y tras echar un vistazo a la foto de su mesita de noche, subió arriba y buscó para qué servía la medicación que tomaba Terada para confirmar sus sospechas. –Adaptinol. Indicaciones: degeneración pigmentaria de la retina. El campo de visión se estrecha con frecuencia. En concreto, se estrecha notablemente cuando el afectado está expuesto a situaciones de tensión. ¿Entra en quirófano en esas condiciones? Sakura abrió el bloc que contenía información de Yoshiyuki Terada y repasó toda la información que tenía al respecto, como por ejemplo, su currículum, que asistió a la Dra. Madoushi en la operación de su padre o que siempre que podía iba con su hija al parque. Después buscó en el libro que le regaló su padre. Si el Dr. Terada fuera un personaje de Aliciasería el gato de Cheshire, porque siempre estaba sonriendo. Destaca por su capacidad para aparecer y desaparecer. Indica el camino a sus pacientes, pero un camino que no es real. Incluso él mismo seguía un camino que como médico era impensable.00000000
Cuando Yoshiyuki Terada llegó aquella mañana al hospital, no esperó encontrarse con un sobre gris encima de su mesa. Al abrirlo, lo primero que vio fue un naipe negro que al darle la vuelta, contenía un dibujo que si no recordaba mal, era el gato de Cheshire, de “Alicia en el País de las Maravillas”,pero con el detalle de que el gato tenía los ojos vendados y se disponía a operar a un soldado naipe de la guardia de la Reina de Corazones. Debajo del dibujo ponía la palabra secreto. –¿Secreto? –se preguntó Terada sin comprender nada. –Una venda en los ojos. Entonces ató cabos. Parecía que alguien había descubierto su secreto. Tras mirar a su alrededor, rompió el naipe y el sobre y lo tiró a la papelera nervioso, sin percatarse de que Sakura había observado su reacción, sobre todo cómo abrió los ojos cuando hizo la conexión mental.00000000
Shaoran había terminado de colocar unos libros que había en una especie de biblioteca en los pasillos de la que los pacientes se podían aprovechar cuando se quedó con la mirada perdida. –¿Te preocupa algo? –preguntó Sakura al verlo ido. –En realidad es por Nakuru y…, mi padre. –confesó Shaoran. A lo lejos, Yue vio que Sakura hablaba con el hijo de Hien Li. –¿Tu padre? –¿Está mal que un médico apoye a su paciente? –preguntó el castaño. –Hay médicos que sólo miran el historial y los informes y que ni siquiera miran a sus pacientes a los ojos. Pero yo creo que para un médico es importante conocer a cada uno de sus pacientes. Deberías esforzarte por ser un médico que se adapte a tu propio estilo. Tras el consejo de Sakura, Shaoran no pudo evitar sonreírle. Era como si se hubiera quitado un gran peso de encima. Hasta ahora era lo que había estado haciendo, pero su padre le había hecho dudar de su trabajo.00000000
Cuando Sakura pasó al lado de los ventanales que daban acceso al patio del cerezo, vio a un hombre extender un mantel de campo para ponerse con su hija. Irremediablemente se recordó a sí misma con su padre, pero también le vino a la mente el día del funeral, donde todo el mundo acusaba a su padre de haberse aprovechado de su posición para ganar dinero. –Al Dr. Kinomoto le gustaba ese lugar, ¿verdad? –dijo Yue. Al ver quién era, Sakura intentó alejarse de allí pero al escuchar lo que el periodista dijo a continuación se detuvo. –Hace seis meses recibí el informe de la operación de tu padre. No sé quién me lo envió, pero cuando lo vi, sentí como si me estuvieran pidiendo que despejara esta nube de sospechas que tenía del pasado. ¿Realmente era el Dr. Kinomoto el tipo de persona que robaría y vendería medicación?¿No estaba todo planificado? También he examinado el flujo del dinero, pero no había ni una sola prueba que demostrara que tu padre robara y vendiera sustancias del hospital. Por no extenderme, creo que alguien se aprovechó de mí como periodista y me pasaron información falsa. Lo siento mucho y realmente quiero enmendar mi error. Por ti, y por tu padre. Sakura no se esperaba aquella confesión, pero no dijo nada, probablemente porque no sabía qué decir en aquel momento. –¿Antes estabas hablando con el hijo del Profesor Li para sonsacarle información? –preguntó Yue. –Si es así, quiero… –Yo ya no soy la niña que conociste. –dijo Sakura cortante.00000000
El Dr. Terada acudió al despacho del Profesor Li un poco nervioso. Intuía por qué lo habían llamado, pero aún así era demasiado importante como para no sentir nervios. –Hemos estado discutiendo sobre tu futuro. –le dijo Hien. –¿Mi futuro? –preguntó Terada con una sonrisa nerviosa. –Supongo que te lo imaginas, pero sólo con tus trabajos de investigación no puedes adquirir el rango de profesor. –Pero, Profesor… –Escúchame. –interrumpió Li. –La cuestión es que el presidente de la Constructora Oribe tiene que someterse a una operación muy pronto, como puedes ver en esa tablet. –¿Hay que extirparle los tumores de la submucosa gástrica? –preguntó Terada al ver la información. –Es un paciente muy especial que nos ha estado haciendo generosas donaciones. –dijo Hien. –Desafortunadamente, yo estaré en un congreso ese día y no podré operar. Me gustaría que te hicieras cargo de la operación. También es una oportunidad de oro para ti. Al escuchar aquella petición, la cara de Terada se tensó y al mirar la pantalla, esta se fue diluyendo poco a poco, desde el exterior hacia el centro. Entonces, se le vino a la mente aquel naipe que había recibido. –¿Podrás hacerlo? –Sin problema. Puede contar conmigo. –dijo Terada con una sonrisa nerviosa. –Bien, puedes retirarte. –Haré lo que hago siempre. –dijo para sí cuando salió del despacho, mientras hacía el gesto de la incisión. Del despacho fue hacia el departamento, buscó a Yamazaki y le contó las novedades. –¿Yo?¿Quieres que realice una operación tan importante? –preguntó Yamazaki. –Sólo creo que debo darle oportunidades a médicos más jóvenes. –dijo Terada. –Muchas gracias, pero, ¿qué le va a decir al Profesor Li? –preguntó Yamazaki. –No te preocupes por nimiedades como esas. Yo asumo la responsabilidad. –dijo Terada. –Muchas gracias, Dr. Terada. Puede contar conmigo para lo que quiera. –dijo Yamazaki agradecido, al pensar que sería una gran oportunidad para él. Cuando ambos médicos terminaron de hablar y tras haber escuchado la conversación, Sakura se dirigió hacia Terada. –Doctor, hay algo que me gustaría saber. ¿Qué cualidades debe tener un cirujano? –preguntó Sakura. –Pues…, habilidad y experiencia. –dijo Terada tras pensar unos segundos. –Y supongo que también es importante estar en buena forma física. –Entonces, como la vida de los pacientes está en nuestras manos y es una gran responsabilidad, es importante que nuestro físico esté en las mejores condiciones, ¿no es así? –Es lo natural como profesionales. –dijo Terada. –Pero hay algo más importante si quieres sobrevivir en este mundo. Lo más importante es evitar los riesgos. –¿Los riesgos? –Los pacientes molestos que muestran una preocupación desmesurada y te bombardean con preguntas y las cirugías largas son sólo riesgos. Déjaselas a los que quieran hacerlas. La verdad es que no entiendo cómo la gente corre esos riesgos voluntariamente. No pueden ser más estúpidos. Además, debemos pensar en nuestra propia familia. Al fin y al cabo, la familia es lo más preciado. –dijo Terada. –Por supuesto.00000000
Cuando Sakura llegó a casa puso toda la información que necesitaba en la pared de objetivos. Esta vez se llenó de información sobre Yoshiyuki Terada, incluyendo mapas de los sitios frecuentados y fotografías de su hija. Tras recordar lo borde que fue con ella al salir del quirófano después de operar a su padre, supo cómo lo haría caer. Utilizaría lo que él más quería: su hija.00000000
Miku estaba llorando junto al control de enfermería. Era muy común verla por allí, porque de vez en cuando acudía al hospital para visitar a su papá, o su madre la dejaba allí porque ella estaba ocupada y él se encargaba de ella, como había ocurrido en aquella ocasión. Pero esta vez, su padre estaba ocupado y no podía atender a la niña, por lo que la dejó en el control de enfermería. –¡Papá! –lo llamaba la niña. –Tu papá está ahora mismo con un paciente. No llores. –intentó calmarla una enfermera. –Necesito un respiro. –se quejó Meiling harta de escuchar los lloros de la niña. Desde un rincón, Sakura ya obtuvo lo que necesitaba, por lo que se acercó a la niña. –¿Estás bien? –preguntó Sakura poniéndose a su altura. –Seguro que termina pronto.00000000
–Mañana el Dr. Terada le operará. –dijo Hien presentando al cirujano que operaría al importante paciente, que estaba ya ingresado en una habitación bastante exclusiva. –Es un médico con mucha experiencia e investigaciones muy productivas. No podría estar en mejores manos. –añadió Eriol Hiragizawa. –Está bien, si un abogado tan prestigioso como tú lo dice, no tengo dudas. –dijo el paciente. –Gracias. –dijo Eriol por el halago. –Yo también soy un hombre muy ocupado, así que, cuento con usted para que me realice la operación de la manera más suave y rápida posible. –Puede estar tranquilo. –dijo Terada. –Cuento contigo, Terada. Descansa bien esta noche. –le dijo Hien al salir de la habitación del paciente. –No se preocupe. Habré terminado para cuando vuelva del congreso. –dijo Terada.00000000
Cuando Sakura salió del hospital se reunió con Spinnel para pasarle unas fotos y diciéndole lo que tenía que hacer. –Oh, venga. Dame un respiro. No me hagas hacer esto. –se quejó Spinnel. –¿Acaso tienes elección? –Pero… –Hazlo. –dijo Sakura, fulminándolo con la mirada.00000000
Al día siguiente, Miku estaba en el tobogán del parque mientras su madre hablaba con otras madres haciendo algo de tiempo antes de ir al colegio. Aprovechando la distracción de la madre de la niña, Spinnel, que llevaba un gorro de pesca, se acercó a ella. –Hola. –saludó Spinnel.00000000
Yoshiyuki Terada caminaba por un pasillo del hospital cuando recibió la llamada desesperada de Rika, su mujer. –¡No encuentro a Miku!¡¿Qué hago?! –lloraba Rika mientras corría desesperada por el parque. –¡Estaba jugando en el tobogán y de repente se ha esfumado!¡No está en ninguna parte! –Está bien. Cálmate. Sigue buscándola. Estará bien, ¿vale? –dijo Terada intentando calmar a Rika. Nada más colgar a su mujer, recibió una llamada de un número oculto. –¿Diga? –He secuestrado a su hija. –dijo una voz distorsionada. –¿La oyes? –¡Papá! –decía la niña llorando. –¡Miku! –La niña está bien cuidada. –dijo Sakura con la voz distorsionada desde el sótano del hospital. –¡Miku! ¿Qué quieres, dinero? –No quiero dinero. Sólo tienes que hacer lo que te diga. Tienes que ser tú quien opere al presidente de la constructora Oribe. –dijo Sakura. –Su operación está programada de todas formas. –dijo Terada sin comprender. –He dicho que lo tienes que operar tú. –dijo Sakura enfatizando la última palabra. –Degeneración pigmentaria de la retina y estrechamiento del campo visual. Y los síntomas empeoran en estado de tensión, por ejemplo, en cirugías, ¿me equivoco? Al escuchar aquello, a Terada se le heló la sangre a pesar de que comenzó a sudar y a soportar un calor agobiante. No comprendía cómo alguien sabía todo aquello, cuando ni si quiera su mujer lo sabía. Cuando llegó a su mesa, volvió a ver un sobre familiar. Era como el de la otra vez. Al abrirlo volvió a encontrar otro naipe. El dibujo era el mismo, pero abajo rezaba Otro secreto. La carta venía acompañada de un folio que cuando lo desplegó y leyó, el rictus de su cara no podía ser más tenso. Recordaba perfectamente aquella cirugía. Terada comenzó a respirar como si acabara de correr una maratón. –Dr. Terada. –dijo Yue entrando a la sala de médicos del Departamento de Cirugía Digestiva. Del susto, hizo el informe una bola y se lo metió en el bolsillo de la bata. No podía dejar que nadie viera aquello. –Quería hablar sobre el anuncio sobre la investigación sobre las células cancerígenas de la conferencia académica del otro día. Terada estaba visiblemente nervioso, sobre todo cuando empezó a vibrarle el teléfono, que buscó de forma torpe por sus bolsillos. –¡Ya hablaremos en otro momento! –exclamó Terada saliendo como una exhalación. Extrañado por la actitud de Terada, Yue salió y vio al médico hablando por teléfono en una esquina del pasillo. –¿Mi hija está bien? –preguntó Terada. –Está bien. Haré lo que me pides.00000000
La hora para el Dr. Terada había llegado. Cuando entró en quirófano, el equipo que asistiría la operación ya estaba allí preparándolo todo. Al entrar, hasta las voces de sus compañeros saludándole le sonaron sordas, porque lo único que escuchaba era el violento latido de su corazón. –Él nunca lo sabrá. Haré lo que hago siempre. –se dijo a sí mismo en un intento por tranquilizarse. –¿Se encuentra bien, Doctor? –preguntó Sakura, que también asistiría en el desarrollo de la operación. –No es nada. –dijo Terada tras un suspiro. –Procedemos a la operación. Koichi Oribe, de sesenta y cinco años. Extirpación de tumores de la submucosa gástrica. Bisturí. Cuando la enfermera de instrumental le pasó el bisturí, Terada percibió movimiento. En la zona superior de los laterales del quirófano había unas cabinas en las que podían asistir alumnos. Pero esta vez no eran alumnos los que entraron, sino representantes de la empresa del paciente. Aquello le recordó lo importante que era ese paciente para el hospital. Cuando pensaba que había conseguido dominar sus nervios, la tensión volvió a su ser, a lo que se le sumaba la distorsionada voz del secuestrador de su hija. De repente, su visión se fue reduciendo. –¿Doctor? –preguntó Yamazaki, al ver que no empezaba la incisión. –No es nada. –respondió él, aunque Sakura sabía perfectamente lo que le estaba ocurriendo. Pero Terada, aunque estaba con el bisturí preparado, seguía sin realizar la incisión. Tan sólo intentaba enfocar la mirada. –Doctor, ¿se encuentra bien? –volvió a preguntar Sakura. Entonces el aludido cerró los ojos. –Se cancela la operación. –dijo Terada dejando el bisturí en la bandeja. –No me siento bien. Y abandonó el quirófano. Cuando Sakura salió, se fue a la azotea y llamó a Terada. –Me he enterado de que has huido de la operación. –dijo Sakura sosteniendo un móvil con un dispositivo para distorsionar la voz, un auricular y una grabadora por si volvía a necesitarla. –¿Cómo lo sabes? –preguntó Terada mirando a todas partes, por si había cámaras ocultas, a pesar de estar en medio del pasillo. –No has cumplido con lo que te dije. –dijo Sakura. –¿Debo tomármelo como que no te importa lo que le ocurra a tu hija? –Espera. Dame otra oportunidad. –Supongo que tendré que hacerlo. Dile al presidente de la constructora las palabras exactas que te voy a decir. –¿Palabras? –Unas palabras que conoces muy bien. –dijo Sakura. Mientras le decía las palabras, Yue apareció en la azotea buscando a Sakura, pero ésta no se percató porque estaba de espaldas. –¿Cómo sabes eso? –preguntó Terada. –Hazlo. Palabra por palabra. No consentiré ningún error. No olvides que te estoy vigilando. –dijo Sakura, que colgó. Terada colgó el teléfono derrotado cuando algunos compañeros acudieron a él corriendo. –¡Doctor!¡El presidente dice que se marcha! –exclamó Yamazaki.00000000
–¿Qué diablos estás haciendo? –preguntó Yue arrebatándole la grabadora a Sakura, pero ya era tarde. La llamada ya había acabado. –¿Has llegado al punto de secuestrar a una niña por tu venganza?¿Acaso no sabes que eso es un delito muy grave? Sakura le arrebató la grabadora. –Precisamente tú no tienes derecho a criticarme. –dijo Sakura. Tras decirle eso, se marchó. Tenía que observar si Terada iba a hacer lo que he había ordenado.00000000
Terada fue corriendo seguido de Yamazaki y otro médico en busca del presidente de la constructora para evitar que se marchara. Cuando llegaron al hall principal, Meiling ya estaba intentando que no se marchara, pero el hombre parecía decidido. –¡Aparta!¡No quiero estar ni un segundo más aquí! –exclamó enfadado. Había permanecido ingresado un día, le habían anestesiado y cuando despertó no habían hecho nada. Era algo que no podía tolerar. Se sentía engañado, humillado y había perdido el tiempo. –¡Espere, por favor! –se interpuso Terada. –¡Tú!¿Por qué has cancelado mi cirugía? –preguntó enfadado. –Porque no me encontraba bien. –dijo Terada. –¡Sandeces!¡Si te encontraras mal no podrías correr como lo acabas de hacer! –exclamó enfadado y apartándolo. Mientras sus compañeros intentaban detener al presidente, Terada recibió un mensaje que decía: No olvides que te estoy vigilando. Terada miró a su alrededor, pero no identificaba a nadie que pudiera estar llevándolo hasta ese límite. Por si no le podían ir peor las cosas, vio entrar por la puerta principal al Profesor Li y a Eriol Hiragizawa. –¡Presidente, espere! –gritó Terada yendo hacia él. Pero Li vio el revuelo que había montado. –¿Qué quieres? No tengo tiempo que perder. –dijo enfadado. Pero Terada sólo balbuceaba. –¿Vas a hablar o no?¡Suéltalo de una vez! –¡Yo también tengo familia! ¡No puedo dejar que destroces mi reputación por una acusación falsa y sin fundamento! –gritó Terada. Sakura sonrió mientras que todos los que estaban allí no entendían nada. –Muy bien. Veremos si vuelvo a este hospital. Dile al director que de ahora en adelante no voy a donar ni un solo yen más. –dijo el presidente, que se dio la vuelta mientras Meiling y Yamazaki intentaban detenerlo. Hien y Eriol fueron hacia el presidente de la constructora. –Profesor, hay un motivo para esto. –intentó justificarse Terada. –Le pido disculpas por todo lo que el Dr. Terada ha hecho. –dijo Hien inclinándose bajando la cabeza, a lo que se unió Eriol y el propio Terada. –Haremos todo lo posible por recuperar su confianza. ¿Podría darnos otra oportunidad? –Se lo rogamos, Presidente. –dijo Eriol. –Lo siento muchísimo, pero la próxima vez…–dijo Terada, que se vio interrumpido por Hien. –No habrá próxima vez para él. Desde ahora mismo ya no forma parte de la plantilla. –interrumpió Hien. –Le enviaremos una notificación oficial con una nueva fecha para la operación. –Está bien. –dijo el presidente de la constructora. Eriol y Hien acompañaron al presidente a un lugar más privado. Tanto Meiling como Yamazaki pensaron que la aparición de Hien fue providencial. Gracias a él y a su calma pudo reconducir la situación. Quien no salió tan bien parado fue Terada, que había sido despedido fulminantemente de la manera más humillante. El Profesor Kaito apareció allí alertado por otros trabajadores. –¡Si no me necesitáis, me iré a un hospital en el que sepan apreciarme! –exclamó Terada mientras veía cómo se marchaba Hien. –¡Aunque no sea un hospital universitario!¡No me hace falta besarte el culo, Li!¡Hay montones de hospitales por ahí! –Al menos no vas a tener que lidiar con él. –le dijo Eriol a Hien. El Profesor Kaito se dirigió hacia donde estaba Yue, que había sido testigo de todo. –Hola, Profesor Kaito. –saludó Yue. –La medicina existe para los pacientes. Pero parece que hay demasiados médicos aquí que no se dan cuenta de algo tan obvio como eso. –dijo Kaito. Tras el escándalo montado en el hall, Sakura volvió a la azotea y envió un mensaje a Terada con la dirección en la que podría encontrar a su hija. –Hice lo que me dijiste. –dijo Spinnel, reuniéndose con Sakura en la azotea. –Buen trabajo. –dijo Sakura. –Esta es la última vez, ¿me oyes? –dijo Spinnel antes de marcharse. Una vez que se fue, Sakura sacó la grabadora de su bolsillo y reprodujo el llanto de la niña que grabó previamente en el hospital el día que la niña tuvo que esperar a su padre durante más tiempo.00000000
Terada, todavía con el pijama del hospital salió corriendo hacia la dirección que el secuestrador le había enviado. Cuando llegó, se dio cuenta de que era el colegio de su hija. Tocó en el portero automático. –¿Quién es? –Terada. –respondió él. Cuando abrieron las puertas, entró en el patio. –¡Miku, tu papá ha venido a recogerte! –dijo la maestra. La niña salió. –¡Hola, papá! –saludó la niña desde lejos. –Pero quiero jugar un poco más. –Lo sé, pero tu papá ya está aquí para ir a casa. Ve a recoger tus cosas. –dijo la maestra. –Miku. ¿Ha estado aquí todo el tiempo? –Al saber que era tu hija, la dejé en el lugar más seguro. –dijo Sakura, apareciendo tras él. –¿Has sido tú? Zorra, ¿cómo te atreves a tocar a mi querida hija? –dijo Terada enfadado cogiéndole de la solapa de la chaqueta, pero Sakura no borró su sonrisa. –¿Y tú cómo explicas lo que hiciste hace quince años? Tú me arrebataste a mi querido padre. –dijo Sakura. –¿Tú eres la hija del Dr. Kinomoto? –preguntó Terada al realizar la conexión entre el informe que recibió y todo lo que había ocurrido. –No tienes derecho a seguir siendo médico. –dijo Sakura, que sacó su móvil y le enseñó la escena que había montado en el hall del hospital. –Si cuelgo esto en internet, no importa a qué hospital del país vayas, la gente hablará del papá de Miku a sus espaldas. Dirán que su padre es escoria. ¿Qué vas a hacer? –¿Me estás pidiendo que deje la medicina? –preguntó Terada. –¡Papá! –exclamó la niña que salía corriendo. –¡Espera, Miku!¡Has olvidado tu corona de cartulina! –dijo la profesora tras ella. Terada miró a su hija. –Mi padre fue apartado de su hija por tu culpa. –dijo Sakura. –Y no te perdonaré hasta el día que me muera. Derrotado, Terada cayó de rodillas. Sakura se dio la vuelta para marcharse, pero Terada empezó a hablar. –Intenté informar. En realidad no queríamos encubrir la negligencia. Por eso intenté denunciarlo. Pero ese abogado, Eriol Hiragizawa, para manteneros a la familia callada incriminó a tu padre diciendo que robaba y vendía sustancias del hospital. Y nos amenazó con denunciarnos si decíamos algo. ¡Él está detrás de todo!00000000
Eriol bajó al aparcamiento subterráneo del hospital donde le esperaba un coche al que se montó. –Después de la Dra. Madoushi, ahora el que se ha portado mal ha sido el Dr. Terada. –dijo Eriol. –¿Y? –preguntó Hien, que fumaba un cigarro. –Sólo que se me ocurre que hay una extraña conexión con lo que ocurrió hace quince años. –dijo Eriol. –La verdad sobre ese incidente jamás saldrá a la luz. –Por supuesto que no. –dijo Eriol. –El quirófano es una blanca caja negra.00000000
Después de lo que Terada le había dicho, Sakura se marchó al patio del hospital y se sentó en unos escalones frente al cerezo. A pesar de que no era tarde, ya había oscurecido. Yue, que salía en aquel momento del hospital, no pudo evitar recordar a su hermano al ver el cerezo y se acercó a Sakura. Al verlo acercarse, Sakura se levantó para marcharse. –Estoy sorprendido de que estuvieras dispuesta a hacer algo tan atroz. –dijo Yue. –Supongo que tienes razón y ya no eres la misma Sakura que conocí. –¿Me vas a delatar? –No. Voy a ayudarte. Creo que es la forma en la que puedo resarcirme por lo que hice. Se lo debo a tu padre. Además, yo también quiero saber la verdad. –Haz lo que te dé la gana. –Entonces es lo que haré.00000000
Shaoran deambulaba por los pasillos del hospital sin poder quitarse de la cabeza las palabras que le dijo Sakura. –Mi propio estilo. –dijo Shaoran para sí con una sonrisa soñadora. Mientras iba pensando en Sakura, Meiling giró con un carro, pero se le cayeron un montón de sobres con gasas. –Oh, mierda. –se quejó Meiling. –Déjame que te eche una mano. –se ofreció Shaoran al verla. –¡Ni hablar! Si me ve el profesor me reñirá. –se negó Meiling. –No te preocupes. –dijo Shaoran insistiendo. –Sólo soy yo. Cuando todo estuvo en su sitio, Meiling quedó cautivada por la sonrisa y la amabilidad del castaño. Tras un agradecimiento con la cabeza, Meiling continuó arrastrando el carro. Tras varios pasos se le volvieron a caer las cosas y Shaoran volvió a ayudarla mientras reían por la tontería. Cuando Meiling por fin consiguió llegar al control de enfermería, Sakura la vio con una sonrisa bobalicona. –¿Qué te pasa? –preguntó Sakura al ver la expresión de Meiling. –Te lo diré en cuanto tengamos un rato. –dijo Meiling por lo bajo. –Por cierto, ¿te has enterado? Parece que el idiota de Terada ha dejado la medicina y ha vuelto a su pueblo. –¿De verdad? –Le está bien empleado. Pero, ¿no crees que es extraño lo que pasa últimamente? –¿A qué te refieres? –Todo el mundo habla de ello. Es como si alguien estuviera arreglando las cosas en este hospital. –dijo Meiling. –Dra. Asumi. ¿Tienes un minuto? –preguntó el Profesor Kaito. –Claro. –dijo Sakura. Continuará…