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Ya en el hospital y habiendo atendido debidamente a Akiho, Sakura la acompañó a su habitación habitual. –Tu madre ha ido a hablar con la policía. –le informó Sakura a una callada Akiho. Después cogió el bolso. –Encontré este bolso a tu lado. ¿Es tuyo, verdad? Al verlo, Akiho se aferró a él casi violentamente, lo que extrañó a Sakura. Entonces, Akiho, consciente de lo exagerado de su reacción, asintió con la cabeza y le dio las gracias a la castaña.00000000
Al ver el trasiego de la policía en el hospital, Yamazaki y Tanaka se pusieron a buscar en el internet del teléfono móvil qué había pasado. –Un hombre ha sido encontrado inconsciente en el Aeropuerto Internacional de Kanto. Aunque fue llevado al hospital, murió poco después. La policía baraja la posibilidad del asesinato. La víctima ha sido identificada como el Profesor Yuna D. Kaito, del Hospital Universitario de Tomoeda. –decía el periodista. –No puedo creer que también hayan matado al Profesor Kaito. ¿Qué diablos pasa en este hospital? –preguntó Yamazaki, pero Tanaka tampoco tenía la respuesta.00000000
Cuando Sakura llegó a la puerta de su edificio, vio que salía luz del restaurante de Kero a pesar de estar cerrado, por lo que decidió entrar. Lo que ella no se esperaba era encontrarse a Yue sentado en la barra tomándose una copa de vino tan tranquilo después de lo que había pasado. –Oh, Sakura. Qué tarde llegas hoy. –dijo Kero tras la barra. –¿Qué estás haciendo? –preguntó Sakura desde la entrada. –Estaba esperándote fuera, pero tu padre me ha visto y me ha dicho que esperara dentro. –dijo Yue mientras Kero lo reafirmaba asintiendo con la cabeza. –Te he llamado varias veces. –¿A qué viene esa cara larga, Sakura? Sonríe. –dijo Kero con una de sus muecas. –Hoy han ocurrido muchas cosas, ¿verdad? –dijo Yue. –¿Cómo qué? –preguntó Kero. –¿No has oído las noticias del asesinato? –preguntó Yue. –Ah, sí. Es verdad. Según han dicho, era un profesor del hospital de Sakura. –dijo Kero. –Exacto. –asintió Yue. –Qué horror. –opinó Kero mientras Sakura se sentaba junto a Yue. –Sólo de pensar en cómo lo encontró su familia se me ponen los pelos de punta. Tras terminarse la copa de vino, ambos subieron al apartamento de la castaña. Yue le debía una explicación. –Has sido tú quien ha matado a Kaito, ¿verdad? –Iba a hacerlo, pero no fui yo. Alguien se me adelantó. –confesó Yue. Flashback. Cuando Yue por fin encontró a Kaito, este yacía en un banco del aeropuerto. Junto a él, su desesperada mujer intentaba hacer que despertara. Con rabia, Yue lanzó el cúter al suelo por no haber podido ser él quien se cobrara la revancha por la muerte de su hermano. Fin del flashback. –Alguien ha ido un paso por delante. Según un contacto de la policía, en el café que estaba bebiendo Kaito había succinilcolina. –dijo Yue. –¿Qué? –Es el mismo relajante muscular que utilizaron para matar a Hien Li. –añadió Yue. –En resumen: Kaito y Li han sido asesinados por la misma persona. –Lo más probable. –asintió Yue. –Además, esto quiere decir que el asesino tiene conocimientos de medicina y tiene alguna conexión con Li y Kaito, por lo que podría estar relacionado con el Hospital Universitario de Tomoeda. –caviló Sakura. –Significa que en el fondo de este caso que dura ya quince años, hay una persona implicada más que no conocemos. –dijo Yue. –La única explicación que encuentro es que el asesino estaba colaborando con Li y Kaito para la cirugía ilegal y por alguna razón tuvo un conflicto con ellos y los mató. –dijo Sakura pensativa. –Además, ellos dos no han sido las únicas víctimas: Yukito, a quien le robaron el riñón y murió; mi padre, que intentó detenerlos y fue asesinado y personas que sin saberlo, acabaron colaborando en el crimen, como Spinnel, Madoushi y Terada. –Madoushi intentó suicidarse con veneno y sigue en coma. –dijo Yue. –Pero después de cambiar la vida de muchas personas, la persona detrás de todo esto sigue viviendo tan tranquila. –dijo Sakura. –Pero no importa dónde esté. Lo buscaré. Sakura y Yue decidieron subir a la buhardilla para ver si habían pasado algo por alto, ya que allí era donde Sakura tenía toda la información recopilada durante años. –¿Por qué el asesino que un principio era cómplice en la operación mataría a Kaito? ¿Sería por temor a ser descubierto después de que Kaito intentara huir y lo mató para sellarle los labios? –preguntó Sakura barajando las posibles hipótesis. –Pero sobretodo, ¿qué ganaba el asesino colaborando con Kaito? Yue se mantenía en silencio mientras miraba las fotos de la pared. –Por el contrario, el asesino es alguien que tenía un motivo para implicarse en el trasplante, incluso con los riesgos que ello conlleva. –continuó diciendo Sakura. Sakura pasó toda la noche buscando información entre sus archivos y anotando las diferentes hipótesis. Se enfrascó tanto en lo que hacía que ni siquiera se dio cuenta de que había amanecido hasta que Yue le tocó en el hombro mientras Sakura escribía una nota. –Deberías comer algo. –sugirió Yue. –¿De dónde has sacado todo eso? –preguntó Sakura cuando bajó y vio la mesa con algunas cosas para comer. –No tenías nada aquí, así que he ido a comprar algo. Estabas tan concentrada que ni te has dado cuenta. ¿Qué comes en tus días libres? –preguntó Yue. –Cualquier cosa. –No entiendo cómo has sobrevivido hasta hoy. –dijo Yue mientras sacaba unas rebanadas de pan del tostador. –Después de morir mi padre me quedé con unos familiares y al final estuve en el orfanato de Tomoeda. No me interesaba la comida. –dijo Sakura comiendo algo de ensalada. –Lo menos que puedes hacer es comer algo que te guste. Ya estás haciendo tu aporte a la sociedad siendo médico. Tienes derecho a comer lo que quieras y a reír cuando quieras. –dijo Yue. –Recuerdo que antes siempre estabas sonriendo, ¿recuerdas? Simplemente, vuelve a sonreír. Si no, estarás desperdiciando tu vida. –En aquel entonces tenía a mi padre. Pero ahora ya no está aquí. –dijo Sakura. Contra eso, Yue no pudo decir nada.00000000
–Sakura. –la llamó Meiling por los pasillos del hospital. –La esposa del Profesor Kaito quiere hablar contigo. Cuando Meiling giró la mirada, vio a la mujer de Kaito haciendo una reverencia. Sakura accedió a hablar con ella. Al fin y al cabo, por mucho que odiara a Kaito, la mujer acababa de perder a su marido y tendría que lidiar ella sola con la enfermedad de su hija. Las tres se dirigieron a una sala de reuniones para poder hablar con tranquilidad y privacidad. –Ya me han contado lo del vídeo que se retransmitió en los canales internos del hospital y lo siento muchísimo. –se disculpó la mujer. –No. No fue su culpa. –dijo Sakura. –Sí lo fue. Fui yo quien empezó todo esto. –confesó la mujer. –¿Cómo? –preguntó Sakura sin entender qué tenía que ver ella en toda la trama. –Hace muchos años, mi marido y yo teníamos otra hija. Se llamaba Momo. Murió en un incendio con sólo cinco años. Yo quise entrar a por ella, pero mi marido me lo impidió. Decía que si entraba moriríamos las dos. Es ahora cuando me doy cuenta de que él sólo intentaba protegerme. Pero le culpé de todo. Era incapaz de perdonarlo. A aquello le siguieron días muy dolorosos. Pero un día, un hombre que decía ser médico del mismo hospital de mi marido vino a nuestra casa. –¿Un médico? –Quería que mi marido lo asesorara porque su hija padecía una grave enfermedad renal. Estábamos muy sorprendidos cuando vimos a esa niña porque tenía un parecido asombroso con Momo. Al poco tiempo nos enteramos de que no tenía madre y yo pensé que una niña en ese estado era demasiado para una persona sola. Entonces, le planteé a mi marido la posibilidad de adoptarla como si fuera nuestra propia hija. –¿Me está diciendo que Akiho es su hija adoptiva? –preguntó Sakura realizando la conexión. –Sí. –asintió la Sra. Kaito. –¿Dónde está ahora su verdadero padre? –preguntó Meiling. –No lo sé. Mi marido me dijo que no necesitaba saber nada de él. –respondió la Sra. Kaito. –¿Akiho recuerda algo? –preguntó Sakura. –Lo único que recuerda de su padre biológico es que le compró un poni de peluche en un parque de atracciones de Yokohama. –respondió la mujer. Entonces Sakura recordó que aquel peluche al que se refería fue al que Akiho se aferró fuertemente cuando le devolvió el bolso que lo contenía cuando se le cayó en el aeropuerto. Lo que la Sra. Kaito pretendía con esa charla era que aunque era consciente de lo mal que había obrado su marido, no cargara todas las culpas sobre él. Sakura seguía sin entender cuál era la culpa de la mujer, así que simplemente le dijo que no se preocupara, dando por finalizada la reunión. –Ha dicho que el verdadero padre de Akiho era médico, ¿verdad? –preguntó Sakura a Meiling una vez a solas, y que también había estado presente en la conversación. –Sí, ¿por qué? –Me preguntaba por qué el asesino estaría dispuesto a arriesgarse a ayudar en la operación de Akiho. No importa lo grande que sea el riesgo, si es su verdadero padre, naturalmente querría salvar a su hija. –reflexionó Sakura. –¿A dónde quieres llegar? –preguntó Meiling. –Lo que quiero decir es que el verdadero padre de Akiho es cómplice en el trasplante ilegal. –terminó diciendo Sakura. –¿Quieres decir que es la persona que está detrás del asesinato de Li y Kaito? –preguntó Meiling intuyendo la respuesta. –Es más que probable. Pero no tengo ni idea de dónde puede estar. –dijo Sakura. –¿No crees que podría ir a la habitación de Akiho en algún momento? –sugirió Meiling entonces. –Al fin y al cabo, es su verdadero padre, y ahora que el Profesor Kaito ha muerto, seguramente esté preocupado por ella. Akiho fue criada prácticamente por los Kaito y para ella no deja de ser la pérdida de su padre adoptivo. –Tienes razón, pero no hay forma de verificar eso. –dijo Sakura. –Sí la hay. –dijo Meiling sonriendo. –Desde el control de seguridad podemos ver las cámaras de seguridad que hay en los pasillos. Ambas sanitarias se dirigieron hacia allí. Sin problemas, el guardia las dejó mirar los monitores y los vídeos de los días previos. –¿Dónde está la habitación de Akiho? –preguntó Sakura mirando a los diferentes monitores. –Déjame ver…, es esa. –dijo Meiling localizándola en el monitor etiquetado como planta 3, cámara A-1. Entonces, fueron pasando los vídeos a cámara rápida hasta que apreciaran cosas sospechosas. –Ya hemos mirado el vídeo de los dos últimos días, pero nadie excepto las enfermeras o médicos se ha colado en la habitación. –dijo Meiling tras un rato. –Aunque supongo que es natural, teniendo en cuenta que la policía no le permite visitas, al menos temporalmente. –Espera. –dijo Sakura parando el vídeo. –Ese hombre lleva un gorro de pescador. También apareció en el vídeo de ayer por la mañana, aunque siempre sale de espaldas. –¿Estás segura? –Sí. Estaba en el vídeo de ayer por la mañana y en el de esta mañana, pero no llega a entrar en la habitación. –se fijó Sakura. –Ahora que lo dices, sí que es un poco raro. –admitió Meiling. Después, de que pasara el hombre del gorro, Sakura lo paró al reconocer a Yue aparecer tras él, dando una significativa mirada a la puerta de la habitación de Akiho, para continuar caminando.00000000
Sakura llamó a Yue y le explicó todo lo que le había contado la Sra. Kaito. Después le explicó lo que vio en los vídeos de las cámaras de seguridad. –¿Un hombre con un gorro de pescador? –preguntó Yue desde la redacción. –Sí. ¿Hay algo que me estés ocultando? –preguntó Sakura entonces. –No. –negó Yue. –Esta mañana estuviste en el hospital, ¿verdad? –Sí, para la cobertura de una historia. –respondió Yue. –¿Algún problema? –¿Estás seguro? –¿Estás insinuando que ese hombre del gorro es el que está detrás de los asesinatos? –preguntó Yue. –Probablemente. –Si fuera cierto, también estaría implicado en la operación que mató a tu padre. –dijo Yue. –¿Cómo piensas atraerlo? –Utilizando un bonito recuerdo del tiempo que pasó con su hija. –respondió Sakura. Tras colgar el teléfono, Sakura abrió el libro que le regaló su padre y extrajo un naipe. –Esta es la última carta. El primer motivo que tenía Alicia para enredarse en todos los problemas fue una pequeña mentira, al pintar unas rosas blancas en rojas. –dijo Sakura para sí mirando la ilustración en la que uno de los naipes de la reina pintaba las rosas.00000000
Cuando Yue salió de la redacción, se dirigió en su coche hasta un pequeño templo católico. Al entrar y mirar a su alrededor pensó que aquel lugar sería el idóneo para culminar la venganza.00000000
A la mañana siguiente, el pasillo del hospital amaneció con un montón de naipes en el que había ilustrado un naipe de “Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas”.El naipe estaba sonriendo mientras sostenía una rosa que estaba a punto de clavarle a Alicia, que yacía como si fuera una muñeca en una mesa. Con la otra mano, el naipe pintaba bajo Alicia como si fuera sangre saliendo de ella. De fondo había un tiovivo. En la parte de abajo se podía leer Carrusel, 5:00 p.m. La confusión reinaba entre profesionales, pacientes y visitantes. No entendían por qué el hospital estaba lleno de esos naipes. –¿Akiho ha desaparecido?¿Has llamado a su casa? –preguntó una enfermera a Naoko, que mientras miraba el naipe dedujo que estaba relacionado con Akiho. –Tampoco localizamos a su madre. Por lo visto las cámaras estaban desconectadas. –respondió Naoko. –¿Puede ser que la hayan secuestrado? –preguntó la enfermera. –Si es así, entonces, lo que hay en la habitación debe ser una amenaza del secuestrador. –Ambas miraron en la habitación de Akiho. Encima de la cama estaba el poni de peluche rasgado y un sobre gris con el naipe. Un hombre con gorro de pescador llegó al pasillo donde estaba la habitación de Akiho. Cuando lo vio, supo hacia dónde debía dirigirse. Había comprendido muy bien el mensaje.00000000
–Ya hemos llegado. –dijo Yue parando el coche. –¿Por qué estamos aquí? –preguntó Akiho. –Porque de vez en cuando necesitas tomarte un respiro. Ya he hablado con tu madre y estaba de acuerdo. –explicó Yue. –Nunca mejorarás si te pasas la vida encerrada en la habitación del hospital. ¿Vamos? Nos encontraremos con Sakura a las cinco de la tarde en el carrusel. Cuando Yue ayudó a sentar a Akiho en la silla de ruedas y la arrastró hacia el tiovivo, Akiho sonrió por primera vez desde que perdiera a su padre adoptivo. –Ah, esto me trae bonitos recuerdos. –dijo Akiho recordando que frente a ese carrusel su verdadero padre le regaló su poni de peluche. Yue miró hacia una esquina, donde estaba Sakura. Tan sólo faltaban unos minutos para las cinco de la tarde, pero para Sakura parecía que el tiempo no pasaba. Mientras esperaba, sacó el informe de la cirugía de su padre, fijándose en las personas que asistieron en la operación. Entonces lo vio claro. Había pasado por alto a una persona muy importante en aquel quirófano, pero que pronto descubriría quién era. –En aquel entonces, en el quirófano estaba Spinnel como enfermero de instrumental, Madoushi como cirujana, Terada como cirujano asistente, pero había una persona más. Un médico necesario para llevar a cabo una operación: el anestesista. –¿Yue?¿Yue? –preguntaba Akiho comenzando a apurarse. Cuando Sakura miró tras escucharla, vio a la joven buscando con la mirada. Sakura tampoco entendía por qué Yue había dejado sola a Akiho y empezó a mirar a su alrededor. Entonces, entre los caballos del carrusel, vio un gorro de pescador que se dirigía hacia ella. Era el mismo gorro que vio en las cámaras de seguridad. Por fin descubriría quién era el anestesista que estuvo en la operación de su padre y que a su vez, era el padre biológico de Akiho y el asesino de Li y Kaito. Cuando Sakura lo vio no podía creer a quién tenía delante. –¿Kero?¿Qué haces aquí?¿Por qué estás aquí? –preguntó Sakura a un Kero anormalmente serio. –¿Acaso eres el padre biológico de Akiho? No puede ser. Tú no eres médico. Pero Kero seguía sin sonreír y bajó un poco la mirada. –¡Dime que estoy equivocada! –exclamó Sakura zarandeándolo por los hombros. –Perdóname por haberte ocultado este secreto. –dijo Kero. Sakura lo apartó de un empujón. –Mientes. Quien mató a mi padre para cerrarle la boca no puedes ser tú. –dijo Sakura todavía negándose ante aquella posibilidad. –Los médicos tenemos un trabajo único. Para los pacientes, lo que dice el médico es casi ley. Es exactamente como lo que ilustra ese naipe que has dejado en la habitación del hospital. Las palabras de un médico pueden ocultar rosas blancas haciéndolas pasar por rojas. Y lo que es más, una vez que tenemos a un paciente en el quirófano, su vida está bajo nuestro control. Abusamos del privilegio especial que tiene ser médico y cometimos un crimen imperdonable. –dijo Kero. Al darse cuenta de que Kero realmente era el anestesista de la operación de su padre, sacó una navaja de su bolso para culminar su venganza. –Me has engañado todo este tiempo fingiendo ser una buena persona prodigándote con sonrisas. ¡La gente así es escoria! –exclamó Sakura agarrándolo de la solapa de la cazadora. –¡Devuélveme a mi padre! Cuando Sakura se dispuso a utilizar la navaja, Yue la agarró del antebrazo y le dio un puñetazo en el estómago, tirándola al suelo.00000000
Cuando Sakura se recuperó, Kero, Yue y Akiho ya no estaban allí. Sintiéndose traicionada de la peor manera, volvió a su casa, pero antes miró en el restaurante que estaba abierto, pero estaba todo completamente recogido, como si se fuera a cerrar permanentemente. –Hola. Kero me ha dicho que va a cerrar el restaurante. Sólo he venido a recoger mis cosas. –dijo Chiharu. –Por cierto, me ha dicho que ha cocinado algo para ti. Cuando Sakura entró en la cocina y abrió el frigorífico había un plato con pastel de cordero envuelto en film transparente y sobre él, una carta dirigida a ella. Entonces, lo sacó todo, se sentó en la barra y se puso a leer la carta.00000000
Tras haber dejado a Akiho en el hospital en un viaje que se hizo en completo silencio, sobre todo para no desestabilizar a la joven, Yue le pidió a Kero que lo acompañara, hasta que llegaron al templo que Yue visitó previamente. Una vez dentro, Yue lo empujó hasta tirarlo al suelo. Kero conocía aquel lugar. Tras someterlo, le ató las muñecas por detrás como si lo estuviera esposando. –¿Desde cuándo lo sabes? –preguntó Kero. –Resulta que te vi en el aeropuerto. Al principio no sabía quién eras, pero tu espalda me resultaba muy familiar. Esperaba que no fueras tú, por eso, para asegurarme fui al restaurante. Luego dijiste que te estremecía la manera en que su familia descubrió el cuerpo de Kaito. El hecho de que la esposa y la hija de Kaito fueran las primeras en descubrir el cuerpo no trascendió en las noticas. Eso tan sólo lo sabían las personas que presenciaron la escena, la policía y el asesino. –dijo Yue. Después se quitó la chaqueta para acomodarse. –Y hay una cosa más. La succinilcolina, que también fue utilizada para matar a Hien Li, es un fármaco que se utilizaba mucho hace quince años, pero ahora ya no se utiliza tanto. Me he documentado al respecto. También miré en el directorio de personal del hospital todos y cada uno de los empleados que dejaron el hospital hace unos quince años. Cuál fue mi sorpresa al ver tu nombre como anestesista. No sé cómo a Sakura se le pasó por alto. Me das asco. Tras decir eso, Yue cogió una garrafa de gasolina que previamente había llevado al templo.00000000
Sakura se mantuvo pensativa tras leer la carta que le había dejado Kero, pero el hilo de sus pensamientos lo rompió el sonido del móvil. –Soy yo. –dijo Yue. –¿Dónde estás? –Perdona por lo de antes, pero quería acabar con Kero yo mismo. –dijo Yue. –Decidí traerlo a la iglesia del orfanato en el que estuviste cuando murió tu padre. Creo que es el lugar adecuado para que pague por lo que ha hecho. Ven si quieres ser testigo de su final. Sakura salió del restaurante, no sin antes volver a mirar dentro, específicamente hacia el plato intacto y la carta que le había dejado Kero. Querida Sakura, Lo siento mucho. Te escribo esta carta para contártelo todo. Yo sólo era un anestesista normal y corriente. Mi pequeña hija sufría de una grave enfermedad renal y el trasplante suponía su única posibilidad para continuar viviendo. Quería salvarla de alguna manera y le pedí consejo al Profesor Kaito, que era un experto en trasplantes. Él me dijo que como condición para salvarla, dejara que la adoptara como hija propia. Con todo el dolor de mi corazón, accedí, porque para mí lo más importante era que Akiho se salvara. Mientras tanto, yo la querría en la sombra. Pero jamás imaginé que el Profesor Kaito recurriera a un método tan horrible para obtener un riñón para el trasplante. Además, Kaito me obligó a ser el anestesista en la operación que mató a tu padre, que descubrió la verdad. Para mí también fue muy doloroso. Fujitaka Kinomoto era mi mejor amigo y compañero. Aquel día te vi tras la operación. Incapaz de soportar mi sentimiento de culpa, te envié el verdadero informe de la operación para hacerte saber que ni tú ni tu padre hicisteis nada malo. Quería hacerte saber que ni tú ni tu padre estabais equivocados. Me di cuenta de que estabas planeando vengarte cuando me pediste que te adoptara. Me entró el pánico al descubrir que ibas tan en serio. Por eso, también le envié el informe de la operación de tu padre a Yue. Quería que él te apoyara. Un mes después, Kaito me llamó para decirme que Akiho necesitaba otro trasplante. Me horroricé cuando me confirmó que pensaba hacer lo mismo que le hizo al pequeño Yukito Tsukishiro. Iba a volver a sacrificar una vida inocente. Pero no podía volver a pasar por eso. Fue ahí cuando fingí estar enfermo y cerré el restaurante. Para ponerle fin a ese plan horrible, inyecté la succinilcolina en unos cigarros que le robé a Hien Li justo antes de dejar el hospital, sólo por si algún día los necesitaba. El día que murió se lo dejé en el techo del coche, pretendiendo que se los había olvidado allí. En cuanto a Yuna D. Kaito, lo abordé en el aeropuerto invitándole a un café con la excusa de interesarme por la operación de Akiho. Si mataba a Kaito, la vida de Akiho peligraría. Eso lo sabía, pero cuando pensé que para salvarla se perdería otra vida inocente, debía hacer lo que fuera para detenerlo, por eso, previamente le inyecté la succinilcolina al café que le ofrecí. Sakura, vuelvo a pedirte perdón. No sabía qué podía hacer para enmendar mis errores, salvo ofrecerte sonrisas e intentar hacerte sonreír como lo hacías cuando tu padre vivía. Cada día durante estos quince años he practicado sonrisas frente al espejo para poder sonreír delante de ti y poder recuperar tu hermosa sonrisa. Entonces descubrí que ese se había convertido en mi único objetivo en la vida. Al final, he sido incapaz de verte sonreír de corazón. Pero algún día, quiero que sonrías, porque la sonrisa es lo que mejor te queda.00000000
Mientras que Sakura llegaba, Yue se dedicó a rociar de gasolina a Kero, que estaba sentado en el suelo, apoyado contra una baranda de madera que separaba la zona del altar de las bancadas de los feligreses. En ningún momento opuso resistencia, sabiéndose merecedor de todo. Cuando Sakura llegó al templo, Yue estaba sentado junto al órgano del templo. –Me estaba cansando de esperarte. –dijo Yue. –Déjame preguntarte. ¿No habrás venido a detenerme, no? Este es quien ayudó a matar a tu padre y a mi hermano. No hay forma de que lo puedas perdonar. –No hay manera de que lo perdone. –dijo Sakura fríamente. Después se dirigió a Kero. –Tú dejaste morir a mi padre por tus egoístas razones. Egoístamente me enviaste su informe de cirugía y egoístamente te presentaste ante mí justo en este lugar hace quince años. Has destrozado la vida de mucha gente. Jamás podré perdonarte. –Lo siento. –dijo Kero. –Siento haberte mentido. Siento todo lo que ocurrió con Fujitaka y con Yukito. Realmente lo siento muchísimo. Yue fue hacia él y poniéndose a su altura lo agarró de la pechera. –No nos vengas con sandeces. Si no te hubiéramos descubierto, ¿qué ibas a hacer? –preguntó Yue enfadado. –Yo te lo diré. Ibas a quedarte callado y a seguir como si nada hubiera pasado. ¿Verdad?¡¿Qué pasa con Yukito?! Dime, ¿cómo estaba al final?¿Cómo era cuando murió?¡Él murió frente a tus ojos!¡¿Lo estabas mirando, no?!¡Contesta! Yue lo empujó al suelo y pateó la garrafa con frustración mientras Sakura permanecía sentada en uno de los bancos sin hacer ni decir nada. –Toda la culpa es mía. –dijo Kero con la cabeza apoyada en el suelo. Con el empujón, Kero había quedado de perfil mirando a la castaña. –Sakura, sé que soy el responsable de haberte robado la sonrisa de tu cara y durante todo este tiempo, cada vez que me encontraba con tu mirada, recordaba todo lo que hice. No sé cuántas veces he pensado en disculparme contigo, pero simplemente no podía. Puse una barrera en mi recuerdo y fingí haber olvidado el pasado. Todo este tiempo he estado huyendo. No tengo derecho a estar vivo. Déjame que repare lo que hice muriendo. –Por supuesto. Es lo que pretendemos hacer. –dijo Yue encendiendo un mechero tipo Zippo. –Antes de que lo hagas, tengo que pedirte una última cosa. Desátame las manos, por favor. –le pidió Kero. –¿Por qué? –quiso saber Yue. –Si mis manos están atadas no parecerá un suicidio. No quiero que Sakura se convierta en una asesina. Al menos quiero que viva con la cabeza bien alta. Te lo ruego. –dijo Kero con lágrimas en los ojos. Entonces Sakura se percató de que Kero la había cuidado todo el tiempo y tal y como confesaba en su carta, siempre intentó que sonriera y hacerle su vida más llevadera. También ahora, a punto de morir lo estaba intentando. No parecía importarle su final, sino como continuaría ella su vida. Sin duda esta era la venganza más complicada y dolorosa de todas. Sin poder contener más las lágrimas, Sakura empujó con frustración el banco de delante. –Papá, voy a dejarlo correr, ¿vale? –dijo Sakura mirando hacia arriba como disculpándose con Fujitaka. Después se levantó y se dirigió lentamente hacia Kero. Tras ponerse a su altura, lo abrazó. –No dejaré que mueras. No quiero hacerle más daño a nadie. ¡No quiero perder a nadie más! Mientras Sakura lloraba abrazada a Kero, que también estaba llorando, Yue cerró el mechero.00000000
Tras dejar que se diera una ducha para quitarse los restos de gasolina, Yue, Sakura y Kero se dirigieron en coche hasta la Comisaría de Policía de Tomoeda. –Adiós. –se despidió Kero desde el asiento de atrás. –Adiós. –dijo Sakura. Kero salió del coche y abrió un paraguas para resguardarse de la lluvia. –Sabía que me pararías. –confesó Yue. –La venganza sólo engendra más venganza. No importa lo que ocurra. Sólo trae infelicidad. Además, Yukito tampoco habría querido que lo matáramos. Probablemente esta sea la última vez que lo veas. ¿Estás segura de que quieres recordarle así? Entonces Sakura giró la cabeza para ver como Kero se acercaba a la puerta de la comisaría cabizbajo. La castaña se quitó el cinturón, bajó del coche, abrió el paraguas y corrió hacia Kero, que estaba llegando ya a la puerta de la comisaría. –Kero. –lo llamó Sakura. Kero se giró para escuchar lo que Sakura tenía que decirle. –Tu último pastel de cordero seguía sin estar bueno. –¡Vaya! –exclamó Kero poniendo una de las muecas que Sakura tanto le había visto poner cada vez que le daba una valoración negativa de sus platos, que era siempre, aunque lo cierto era que siempre se los había terminado todos. –Prepárame un plato delicioso para la próxima. –dijo Sakura regalándole una sonrisa como Kero no había visto en muchos años. Era una sonrisa como la que tenía inmortalizada en la fotografía con su padre con el cerezo de fondo. –Te estaré esperando. Kero asintió con la cabeza y aunque seguramente pasaría muchos años encerrado, se sintió perdonado, que era lo que más le importaba. Cuando Kero entró, la lluvia se detuvo y se formó un bonito arcoíris.00000000
–Nakuru, te has recuperado muy bien. –dijo Meiling llevando a Nakuru en la silla de ruedas. –Es cierto, estás mucho más fuerte. Sabes que nos lo debes a nosotros, ¿no? –dijo Yamazaki bromeando. –Muchas gracias, Ojos Cerrados. –se burló Nakuru alegremente por el hecho de que Yamazaki parecía que siempre estaba con los ojos cerrados. –¿Cómo te atreves? –dijo Yamazaki. Pero Nakuru se defendió con su pistola de agua.00000000
La Sra. Kaito estaba a las puertas del hospital con Akiho, Yue y Sakura. –He oído que Akiho va a ingresar en un centro especializado en el tratamiento con diálisis, ¿no? –dijo Sakura. –Sí. –confirmó la Sra. Kaito. –Recuerda que lo importante es confiar sin base racional. –le dijo Yue a la que seguía siendo la portadora del riñón de su hermano. –Mientras recuerdes eso, estoy seguro de que todo irá bien. –Sí. –dijo Akiho sonriéndole a Yue.00000000
–Esto es todo lo que hay. –dijo Sakura tras la barra del restaurante de Kero. Sakura puso un plato de lo que parecían ser unos trozos de queso. Yue puso una lata de cerveza junto a la foto enmarcada de Sakura y su padre, como si fuera una ofrenda, aunque en realidad era para la castaña, que salió de la barra para sentarse al otro lado. –Por cierto, ¿piensas ir a Oxford? –Sí. –dijo Sakura. –Pues créeme. No creo que te guste. La comida apesta y llueve todo el tiempo. –dijo Yue. –El otro día me dijiste que era buena idea. –En aquella situación era lo único que podía decir. –¿Qué se supone que significa eso? –Olvídalo, pero tráeme un buen regalo. –dijo Yue. –Dime, ¿qué vas a hacer a partir de ahora? –Me estoy planteando trabajar en una clínica móvil. –dijo Sakura sentándose en un taburete. –Entiendo. Así que, vas a hacer realidad el sueño de Shaoran Li. –En parte sí. Pero un médico que puede ser de ayuda a un paciente de forma tan individual, creo que podría hacer muy feliz a mi padre. Bueno, en realidad a mi padre y a Shaoran. –dijo Sakura sonrojándose. Cada vez le gustaba más esa idea. Además, se lo debía a Shaoran, y ya que él no había podido ver realizado aquel sueño, era lo menos que ella podía hacer por él. –Entonces se acabó de verdad, ¿no? –reflexionó Yue. –Sí. –Entonces brindemos. –sugirió Yue. Tras abrir las latas de cerveza chocaron y bebieron un trago. –Mañana será un día mejor, ¿no crees? –dijo Sakura emulando las palabras de su padre. –Sí.Fin.