Salva mi corazón roto.

Het
R
En progreso
1
Fandom:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 83 páginas, 28.466 palabras, 11 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
1 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Prólogo.

Ajustes
El sonido ensordecedor de los fuegos artificiales resonó sobre la fría sala del centro comercial. Billy Hargrove se encontraba encima de Once inmóvil con la mirada clavada en ella, justo en medio del suelo destrozado. Ce le sonreía débilmente con los ojos empapados en lágrimas, tocando su mejilla áspera delicadamente... tratando de hacerlo regresar en sí. Y al parecer estaba funcionando. Él la observaba arrepentido y muy confundido. Sus ojos azules reflejaban dolor, y sin poder contenerse más, lágrimas amargas cayeron traicioneramente sobre su bello rostro sin parar. El tiempo parecía haberse detenido solo para ellos dos. Billy no podía dejar de mirarla. Sabía que estaba asustada, podía sentirla temblar debajo suyo... y ella se veía frágil, rota... justo como él. De repente, ese pequeño momento de armonía entre los dos se rompió al escuchar el chillido mortal del desuellamentes aproximándose cada vez más hacía ellos. Once volteó aterrada, sabía bien que él venía por ella. Desesperada, buscó la mirada de Billy, pero él se levantó de golpe sin verla más... dejándola sola en el frío concreto a su suerte. El miedo se apoderó de su cuerpo, petrificandola. Ce trató de enderezarse... pero aún le dolía la pierna y sus extremidades parecían no responder debido al pánico. Ella sentía que el corazón se le saldría del pecho en cualquier momento, ya no sabía qué más hacer... Billy avanzó unos pasos hacía delante con la mirada llena de odio, colocándose frente a ella protectoramente. La bestia se encontraba a escasos metros de ellos, listo para atacar y terminar el trabajo. Sin mucha fuerza, Once comenzó a arrastrarse en sentido contrario, tratando de luchar por su vida y justo en ese momento el desuellamentes lanzó uno de sus tentáculos directo hacia ella, a punto de alcanzarla. Aterrada, Ce trató de protegerse formando un escudo con sus brazos temblorosos, cerró los ojos con fuerza, esperando el impacto... y cuando los abrió, su sorpresa fue aún mayor al darse cuenta que Billy estaba protegiendola con su propio cuerpo. Con determinación, atrapó el tentáculo con precisión antes de que pudiera alcanzarla. Billy se mantuvo firme sin mover ni un solo músculo, pero otra de las extremidades del monstruo impactó en uno de sus costados con fuerza haciéndolo gritar de dolor. Jane observó la escena horrorizada con la boca entreabierta, no podía procesar lo que sus ojos veían frente a ella. El desuellamentes perforó el cuerpo de Billy, lastimado una y otra vez sin piedad, dejándolo sin aliento... Lo elevó por el aire, sujetándolo cómo si de un muñeco de trapo se tratara y lo acercó más a su monstruosa cara. Casi inconsciente, Billy reunió la poca energía que le quedaba y dejó escapar un gritó lleno de rabia hacia la bestia. Y en ese momento, sin mucho esfuerzo, el monstruo estampó un tentáculo más directo hacia su pecho, justo en el corazón... dándole el golpe final. "¡Billy!" Escuchó Once a Max gritar desgarradoramente el nombre de su hermano detrás de ellos. Con desdén el desuellamentes dejó a Billy herido en el suelo, desangrándose. Once se tensó pensando lo peor, trató de acercarse a Billy pero el desuellamentes la observó con cautela. Ella se congeló, sudando frío y antes de que pudiera hacer cualquier movimiento para atacarla, de la nada comenzó a chillar del dolor; desplomándose en el centro del lugar sin moverse más. Mike se acercó corriendo hacía Once, revisando que estuviera bien y Max caminó insegura hacia donde yacía Billy tirado. Al verlo más de cerca, pudo notar el mal estado en el que se encontraba su hermano. Él estaba respirando con dificultad, casi a nada de apagarse... Max lo tomó de los hombros, tratando de hacerlo reaccionar y él la vio a los ojos con tristeza. —Lo siento...— Le dijo Billy arrepentido, casi en un susurro. Max lo miró asombrada al escuchar su disculpa. Afligida juntó sus cejas y comenzó a llorar al notar que él ya no reaccionaba. —Billy... ¡Billy, despierta!— Gritó ella con horror, sin ninguna respuesta. El corazón de la pelirroja se rompió en mil pedazos y entró en un ataque de pánico tratando de despertarlo. Jadeó desconsolada y Ce se acercó a ella rápidamente, dándole un abrazo reconfortante tratando de calmarla. Once volteó a ver a Billy con tristeza y al darse cuenta de lo lastimado que estaba... cerró los ojos sollozando también. Mike igual le echo un vistazo extrañado, él ya no se movía. —¡¿Están bien?! ¿Qué diablos fue lo que pasó aquí?— Preguntó Steve exaltado corriendo hacia ellos y los tres se dieron la vuelta al mismo tiempo. Pero no hubo respuesta. Steve al sentir el ambiente tan pesado y el silencio total, supuso que algo muy malo había pasado aquí. La mirada del castaño se posó inmediatamente en Max, como si de una corazonada se tratase y al verla, pudo darse cuenta de que ella estaba hecha un mar de lágrimas en el regazo de Ce. Él arrugó las cejas, jamás la había visto tan vulnerable antes y eso no le gustaba en lo absoluto. Después examinó con la mirada el lugar, tratando de encontrar algo y fue allí cuando por fin pudo verlo... el cuerpo de Billy yacía sin vida en el suelo. Al observarlo tan magullado, se aproximó hasta él muy conmociónado por su estado. Billy estaba deshecho... su cuerpo estaba en muy mal estado y sabía que por el tipo de heridas que ese monstruo le había dejado, era imposible que siguiera con vida... pero tenía que intentarlo. —Oye, tranquila... todo estará bien.— Le dijo él con una sonrisa a Max, tocando su hombro reconfortantemente. Dió media vuelta y finalmente se acercó a él, revisando con sus dedos su cuello, tratando de encontrar su pulso todavía. —¿Steve qué estás haciendo?— Le preguntó Robin desde atrás extrañada. Él ignoró su pregunta, tratando de encontrar todavía un signo de vida en Hargrove.... y tuvo éxito. Los débiles signos vitales de Billy todavía seguían allí, luchando por sobrevivir. Harrington volteó a ver a Max y le sonrió otra vez. —Esta débil, pero tú tonto hermano sigue todavía con vida.— Confesó Steve, extrañamente aliviado. Max abrió los ojos y volteó a ver a Once sorprendida. Se levantó de golpe, acercándose más hasta los dos con los párpados aún más hinchados que antes por las nuevas lágrimas derramadas de sus pupilas celestes. —Billy... gracias a Dios.— Le acarició el cabello con mucha delicadeza, temerosa de lastimarlo más de lo que ya estaba. —¡Por favor resiste!— Gritó ella tomándole la mano, sin dejar de sollozar. Steve miró a su alrededor tratando de encontrar ayuda, tenían que hacer algo rápido... si no querían que fuera demasiado tarde de verdad. Todos estaban reunidos, observando a Billy con diferentes emociones... y entonces Jonathan y Nancy finalmente aparecieron. Al verlos, Steve centró su atención en la pareja de su ex-novia y con urgencia lo llamó. —¡Hey, Byers! ¡Necesito una mano aquí!— Gritó Harrington con el tiempo encima, señalando a Billy con su dedo. Jon lo observó extrañado, pero al notar a Max tan afligida se acercó rápidamente hacia ellos sin titubear. Entre los dos lo agarraron con cuidado, tratando de no lastimarlo más y Nancy se aproximó enojada, tratando de detenerlos. —¿Qué están haciendo? Si lo mueven de esa forma en su estado, será demasiado para su cuerpo.— Pronunció ella indignada, examinando a Billy. —No hay tiempo Nance, si no hacemos algo pronto él morirá.— Le contestó Steve un poco molestó, pasando su brazo por el cuello de su viejo enemigo con cuidado. —Oye Steve, creo que ella tiene razón... Lo mejor sería esperar por ayuda.— Externó Robin, desde atrás. —Además... ¿Que no se supone que él era el chico malo?— La rubia se encogió de hombros, haciendo una mueca con sus labios. Él la observó con cara de pocos amigos, poniendo los ojos en blanco, estresado... pero fue allí, cuando Dustin se aproximó hasta Steve apretando su hombro. —No puedes estar hablando en serio, mi amigo. ¿Ya se te olvidó cuando él casi te mata a golpes?— Dustin alzó la cejas, enfatizando su punto en contra. Él resopló malhumorado, dándole una mirada de desaprobación al chico y Dustin agachó la mirada, moviendo sus pies. —¿Entonces qué sugieren? ¿Que lo deje en el piso helado hasta que se desangre?— Al decir eso, Max apretó sus brazos insegura y él suspiró, cerrando los ojos un momento. Dejó a Billy un segundo, hasta llegar a Max y con cuidado, posó su mano sobre su cabeza suavemente. Ella alzó la vista sorprendida, aguantando las ganas de llorar. —Él estará bien Max, te lo prometo.— Trató de reconfortarla y ella asintió con la cabeza débilmente. Once se acercó hasta su amiga, atrayéndola hacia ella en otro abrazo cálido y entonces Max comenzó a llorar de nuevo, escondiendo su cara avergonzada en el pecho de Ce. Lucas al verla tan afectada, se acercó también a su lado y le frotó la espalda, molesto por la actitud de los demás. —Si, tranquila. Todo saldrá bien Max.— El moreno le dio unas palabras suaves y Ce le sonrió, agradecida de su gesto con la pelirroja. Nancy agachó la mirada arrepentida y Robin comenzó a jugar torpemente con su camiseta. Ellas habían metido la pata. Steve se sentía impotente, ver así a Max lo destrozaba. Tratando de mantener la cabeza fría, regresó por Billy y al ver qué Jonathan ya lo tenía sostenido en sus brazos, se tranquilizó un poco más. —¿Dónde quieres que lo mueva?— Le preguntó indeciso. —A mi auto, necesitamos llevarlo rápido a un hospital.— Contestó con trabajó, cargando a Billy del otro lado. Caminaron a paso firme, con todos los demás detrás de ellos y al llegar finalmente hasta su auto, Nancy abrió la puerta, viendo a Steve sin decir nada. Él le sonrió derrotado y ella lo hizo también. Acomodaron al rubio en el asiento trasero con cautela y sin preguntar, Max se subió sin perder tiempo, apoyando la cabeza de Billy sobre sus piernas cuidadosamente. Steve suspiró una última vez, se sentó y encendió el motor del coche rápidamente. —¿Estás lista?— Volteó de reojo hacia ella. —¡Si, que esperas! Arranca está cosa ya.— Ella respondió impaciente y él sonrió de lado. Esa era la Max que conocía y escucharla así lo tranquilizaba. Un poco nervioso, Steve pasó la mano por su cabello y vio a Max por el retrovisor sin que ella se diera cuenta. Todo esto era una locura. Jamás se hubiera imaginado que él, entre todas las personas, sería quién llevaría en su propio auto al popular matón de la escuela en ese estado tan deplorable. El karma sí que era impredecible y cruel, pensó para él mismo amargamente, arrancando con velocidad. ... Inmediatamente después de llegar al hospital, Billy fue trasladado de urgencia a terapia intensiva. Él había perdido mucha sangre, sus heridas eran espantosas y las posibilidades de sobrevivir eran casi nulas. Max estaba desconsolada, no quería despegarse de su lado y Steve tuvo que obligarla a soltar a Billy para que realmente obtuviera la ayuda que necesitaba. Sin más remedio ella aceptó a regañadientes, con lágrimas llenas de rabia recorriendo sus mejillas. —Estará bien Max, te lo aseguro.— Trató de ser empático, pero ella lo vio de reojo, molesta sin decir nada, apartándose de su lado y dándole la espalda indignada. Steve se pasó la mano por la cara sin saber que hacer y agotado, se sentó en una de las sillas de la sala de espera, observando a Max de vez en cuando para cerciorarse de que estuviera bien. Y después de un rato, ella más calmada se sentó a su lado, sosteniendo su mano con fuerza sin verlo a la cara. Él volteó sorprendido y al tocarla, se dió cuenta de que ella estaba temblando ligeramente. Steve sonrió sin decir nada... y apretó su pequeña mano, tratando de animarla un poco. Pasaron varias horas e inevitablemente, Max se quedó dormida, apoyando su cabeza en el hombro de Steve sin darse cuenta. Al parecer ella no había querido avisarles todavía lo sucedido a sus padres y eso le preocupaba de cierta manera. Pero Steve respeto su decisión y no se despegó de su lado en ningún momento, esperando pacientemente a que ellos llegaran por su cuenta. Y así fue, a los pocos minutos el Señor y la Señora Hargrove al fin habían llegado. Él trató de despertar a Max, pero ella no respondía... estaba exhausta. Steve alzó la vista y sonrió cordialmente hacia ellos, tratando de dar una buena impresión. Al verlos de esa forma, Neil alzó una ceja, observando con desprecio a Steve. Su físico en estos momentos no ayudaba mucho, estaba todo golpeado y lleno de moretones y sangre seca por todo su rostro. Harrington frunció el ceño extrañado, notando el anormal nerviosismo en la mamá de Max. Algo estaba muy mal por aquí. —Yo la despertaré cariño... no te pre—Pero él ni siquiera la dejó terminar. —¡Maxine!— Le gritó con rabia haciéndola reaccionar a la fuerza. Max se paró derecha y volteó a ver a su padrastro con terror, apartándose de Steve de inmediato. —¿Por qué mierda estás acurrucada de esta forma tan vulgar en público con este tipo?— Le reclamó furioso y ella agachó la cara avergonzada, temblando ligeramente. Steve apretó la mandíbula muy molesto... este hombre era realmente desagradable. —Cariño, por favor... no es el momento.— Le dijo Susan sonriendo incómodamente, viendo a Max afligida. Steve hizo una mueca con la boca, volteando él rostro enojado. Esto era solamente un absurdo malentendido. Inconforme, posó sus manos sobre su cadera, dispuesto a hablar. —Señor Hargrove, aquí no pasó nada. Max solo está cansada, ha pasado por mucho hoy y...— Ella volteó a verlo desesperada, negando levemente con la cabeza y entonces él suspiró. —No estaba hablando contigo, no te metas en donde no te llaman muchacho.— Amenazó Neil con voz grave y él extendió sus párpados sorprendido. Volteó a ver a Max y al notar lo ansiosa que estaba, trató de arreglar el malentendido. —Mire... creo que no empezamos con el pie derecho.— Sonrió torpemente, rascándose la cara. —Me presento, mi nombre es Steve Harrington, un placer.— Extendió la mano hacia él, pero el hombre lo vio de arriba a abajo ignorándolo por completo y pasándolo de largo, para acercarse a Max. —¿Dónde está tu hermano? Ese maldito canalla te metió en problemas otra vez, ¿no es así?— Max parpadeó confundida al escuchar la forma tan horrible en que su padrastro se expresaba de Billy. —No... ¿De qué estás hablando?— Abrió la boca indignada, alejándose de él. Esto era lo último que necesitaba en una situación como está y sin poder contenerse más ella explotó. —¡Billy ha estado agonizando desde hace horas!— Alzó la voz tan fuerte que su cara comenzó a tornarse roja. Steve bajó la barbilla y permaneció en la misma posición, sin alejarse de ella ni un segundo. —Él se lo habrá buscado, no me sorprende lo que le pasó.— Dijo con indiferencia y mucho odio en su voz. Max, apretó los nudillos con rabia. La irá recorría sus venas y por primera vez en su vida se armó de valor para confrontarlo. —¿Cómo puedes decir eso? Tú ni siquiera sabes lo que pasó.— Las facciones de Max se oscurecieron. —No necesito saberlo, sé como es el sinvergüenza de mi hijo. Seguramente ésto le ocurrió por otra de sus malditas peleas.— Rodó los ojos con fastidio, moviendo los brazos. —Es increíble... Billy jamás te ha importado, ¿Verdad? Admítelo de una vez por todas.— Restregó en su cara con desprecio y Neil rechino los dientes colérico. —No sabes lo que estás diciendo Maxine... ya fue suficiente, no me provoques.— Él le estaba dando su típica mirada de advertencia para que se detuviera, pero ella no cedió. Entonces Susan se acercó más a ellos, observando angustiada a su esposo. —Max, hija... tu padre tiene razón, tranquilízate.— Le suplicó, tratando de calmar las cosas, pero ya era demasiado tarde para eso. —No, no lo haré... ¡Él no es mi padre!– Ella le dijo a su madre con reproche total, volteando de nuevo hacia Neil. —¡Billy no hizo nada malo, él nos salvó a todos!— Max tragó saliva con dificultad, reprimiendo las ganas de llorar. —¡No le hables así a tu madre!— Se alteró Neil gritándole con furia, dándole una mirada asesina. Un silenció mordaz apareció y al notar las intenciones del Hargrove, Steve dio un paso al frente. Susan también se aproximó hasta los dos con cara de espanto, indicándole a su hija con sus gestos que se detuviera, pero ella no estaba dispuesta a dejarlo así. Max respiró hondo, sin despegar su mirada retadora de su padrastro, decidida a hablar sin importarle lo que pudiera ocurrir después. —¡Aquí el único que ha sido un maldito canalla durante todos estos años has sido tú, no Billy!— Ella gritó con coraje, frunciendo el ceño enojada y arrugando la nariz. Susan tapó su boca con ambas manos y sin pensarlo, de inmediato Neil alzó su mano para golpearla. Max cerró los ojos esperando el impacto, ella no se arrepentía en absoluto y si tenía que pagar este precio por decir la verdad en la cara a este monstruo, lo aceptaría con gusto. Con temor subió sus brazos para protegerse inconscientemente, sabía que esto dejaría otra marca segura en su rostro. Pero cuando estaba apunto de abofetearla; Steve en un abrir y cerrar de ojos detuvo la muñeca del hombre con fuerza. —¡No Neil, detente!— Vociferó la mujer asustada tomando el brazo de su marido, suplicando que parara. Él comenzó a forcejear enfurecido pero Steven no estaba dispuesto a soltarlo. Harrington apretó con rudeza sus dedos sobre la piel áspera del padre de Billy y al darse cuenta de su atrevimiento, las cejas de Neil se fruncieron. Este mocoso lo estaba desafiando en silencio. —No me gusta la violencia señor Hargrove, por favor escuché a su esposa y no cometa una locura de la cual después pueda arrepentirse.— Le advirtió Steve calmadamente pero con una mirada fría. El hombre quitó su brazo con fuerza sin despegar su expresión asesina de él. Max posó sus pupilas azulinas en el castaño viéndolo con admiración. Nadie antes jamás la había defendido de esa manera... mucho menos de Neil Hargrove y al ver el rostro sombrío de su padrastro, un mal presentimiento recorrió el pecho de Max. Steve no conocía los alcances de este hombre... y si antes Billy lo había molido a golpes, con Neil le esperaba una muerte segura. Ella tenía que hacer algo rápido para detenerlos, si no quería que Steve saliera lastimado. Y de repente, como si de un milagro se tratase, una voz femenina captó la atención de todos. —Buenas noches, disculpen. ¿Ustedes son los padres de William Hargrove?— Preguntó la enfermera con calma. Entonces Neil asintió. —Si. ¿Cómo está mi muchacho?— Dijo él hipócritamente, haciendo que Max sintiera ganas de vomitar. —Acompáñame por aquí por favor, el doctor podrá aclararle todas sus dudas... pero les puedo adelantar que no son muy alentadoras.— Les confesó ella un tanto afligida. Steve al escucharla decir eso de inmediato se giró hacía Max preocupado, esto no era bueno. Él señor Hargrove también volteó y se acercó hasta ella, amedrentandola con el dedo. —Después hablaremos sobre esto en casa, quédate aquí y pórtate cómo si fueras una señorita decente.— Le advirtió Neil con un tono intimidante, dándole una última mirada de desprecio a Steve. La pareja se alejó con la enfermera y ellos se quedaron solos finalmente. Max cerró sus puños en silencio y sin querer una lágrima amarga rodó por su mejilla de porcelana. Ella bruscamente la limpió, cruzando sus brazos sin decir nada. Steve la observó afligido, tratando de decir algo alentador... pero fue imposible. Con calma, se sentó a su lado acomodando ambas palmas en sus rodillas. Harrington no quería presionarla y se quedaron así por unos cuántos minutos, hasta que él habló. —¿Estás bien?— Preguntó preocupado y ella entrecerro los ojos molesta. —Claro, estoy perfecta. De hecho me siento mejor que nunca.— Forzó una enorme sonrisa, contestando sarcásticamente y Steve ladeo la mandíbula, no satisfecho con su respuesta. Al ver su reacción, ella alejó su rostro sin querer verlo de frente... moviendo sus pies incontrolablemente por lo ansiosa que se sentía. La pupilas celestes de Max se veían tristes y no fue complicado para Steve descifrarlo. Él alzó una ceja no tan convencido de su respuesta, sin despegar los ojos de ella y al notarlo, Max volteó a la defensiva. —¿Por qué me miras así?— La pelirroja alzó la voz furiosa, frunciendo el ceño con molestia. —Conmigo eso no funcionará Max, puedo notar en tus ojos que no estás nada bien.— Le sonrió ligeramente y ella lo evitó de nuevo. Max agachó la mirada y permaneció callada un buen rato, hasta que habló otra vez con la voz entrecortada. —No debiste haber hecho eso tonto... él de verdad podría haberte lastimado.— Jugó con sus manos nerviosa, sin atreverse a verlo a la cara todavía. Steve contrajo el cuello indignado por lo dicho, apresurándose a contestar. —Ese hombre está loco, no podía solo observar y dejar que te hiciera daño.— Negó con la cabeza, moviendo su sedoso cabello y al presenciarlo, Max se sonrojó levemente. —Ahora entiendo por qué Billy es como es...— Dijo lo último pensando en voz alta y al darse cuenta de su indiscreción, se aclaró la garganta apenado, tratando de disimular su comentario. —De todas formas, no quiero que vuelvas a hacer algo así.— Exigió ella con seriedad, tratando de dejarle clara su petición. Pero en ese momento Max se detuvo. Un nudo en su garganta le impedía seguir hablando, no quería llorar más... ya no podía. —Max...— La llamó por su nombre afligido, pero ella lo ignoró. —Max, mírame.— Steve insistió otra vez, tomando su mentón con delicadeza. Eso la tomó por sorpresa. La chica californiana quiso apartarse de su lado, pero las pupilas comprensivas de Steve le impedían hacerlo. Ella solo apretó los labios, evitando su mirada. Sabía bien a lo que quería llegar... —¿Él te golpea?— Y al escucharlo decir eso, la pelirroja abrió sus ojos a la par desconcertada. Ella quería salir corriendo, este era un tema que la avergonzaba muchísimo. Sabía bien que todo el pueblo de Hawkins había esparcido rumores sobre la conducta agresiva de su padrastro hace tiempo y ella había optado por ignorar las habladurías de la gente, pero el hecho de que fue Steve el que lo presenció en persona, la hacía sentir vulnerable pero también extrañamente vulnerable. Max no quería que él se diera cuenta de su miserable vida al lado de los Hargrove. —No quiero hablar de eso Steve. Ya hiciste lo suficiente por nosotros, eso no te incumbe.— Hizo una pausa, apretando sus manos con fuerza sobre sus rodillas. Max encajó sus uñas fuertemente sobre su piel desnuda, haciéndose daño inconscientemente. Y fue entonces, cuándo pudo sentir como los grandes brazos de Steve la estaban envolviendo en un torpe abrazo. Max se congeló, su corazón latía con fuerzas y podía sentir sus mejillas ardiendo. Definitivamente él la había sacado completamente de su zona de confort... Era como si un balde de agua fría la golpeara de repente, su mente estaba en blanco y su cuerpo parecía no responder. Max no era una persona que disfrutará tanto del contacto físico, pero había algo en Steve que la hacía sentir en paz... cómo si estuviera en casa. Pasaron unos cuantos segundos y él se separó despacio con una gran sonrisa en sus labios. La pelirroja trató de disimular su nerviosismo y puso una cara sin emociones visibles en sus facciones. —Está bien, ya no insistiré más. Pero prométeme que si algo sucede, aunque sea pequeño, me contarás de inmediato.— Steve insistió y ella lo vio con cara de pocos amigos sin querer responder. Tenia claro que si no aceptaba, no se iría hasta convencerla... así que asintió a regañadientes. —Si, sí... cómo sea.— Cruzó los brazos irritada. Él la vió divertido, sus reacciones seguían siendo muy infantiles. —Además, ya estamos a mano, ¿No crees?— Steve se levantó y se estiró con pereza. Ella alzó las cejas desconcertada y él suspiro. —Tú me salvaste una vez de la irá infernal de tu hermano... y esas si son ligas mayores.— Él puso una de sus manos en su cadera, viéndola con cariño. —No lo creo, esa vez también estabas tratando de protegerme y quedaste peor de lo que imaginé.— Contrajo su boca en desacuerdo. Steve giró su rostro avergonzado, rascándose la nuca. Ella tenía razón, Billy realmente lo habría matado esa misma noche si hubiera tenido la oportunidad. —Es por eso... qué no quiero que te involucres en esto. Ya te he dado suficientes problemas.— Insistió ella impaciente. —Oye, no digas eso.— Le pidió suavemente. —¿Sabes que puedes contar conmigo verdad?— Dijo Steve sinceramente y ella volvió a evitar su rostro, tratando de esconder sus sentimientos. —Mira, se que aveces puedo ser un idiota, pero...— Ella lo interrumpió con rapidez. —¿A veces?— Max sonrió de lado divertida y él puso los ojos en blanco. —El punto es... qué quiero que entiendas, que no estás sola Max. Muchas personas nos preocupamos por ti y queremos ayudarte.— Acercó su mano a su hombro y ella le sonrió débilmente. —Supongo que tienes razón. Gracias por traernos hasta aquí, sin tu ayuda Billy... tal vez él...— Ella no se atrevió a terminar la frase, el solo hecho de pensar que su hermano podría haber muerto la enfermaba. Entonces Steve le habló en un tono dulce, tratando de animarla. —No te preocupes, no tienes nada que agradecerme. Estoy seguro de que ese cabeza hueca lo logrará, ni el diablo lo quiere allá abajo.— Bromeó y ella enroscó la nariz, mostrándole la lengua para después comenzar a reír. Eso era lo que él quería escuchar. Por fin podría irse a casa tranquilo, ya estaba satisfecho. Max acomodó su cabello y borró su sonrisa, buscando la mirada de Steve. —Será mejor que te vayas, tu familia debe estar preocupada por ti.— Ella cambió el tema drásticamente y Harrington frunció el ceño disconforme. —¿Qué? Por supuesto que no, no voy a dejarte sola... mucho menos después de lo que pasó.— Se opuso, cruzándose de brazos tratando de lucir autoritario. Max movió su cabeza en negación, alzando su mentón intimidante. —No necesito que te quedes aquí para protegerme como si fuera una tonta damisela en peligro, puedo cuidarme sola Harrington.— Le dio una mirada fría, con cara de enfadó. —Además, mírate. Tú también necesitas que alguien te ayude con esas heridas, si no se te infectarán y será mucho peor.— Max señaló con su dedo el ojo morado de Steve y él se tocó la herida, haciendo una mueca de dolor. No dijo nada en un buen rato, indeciso y terco... Hasta que finalmente hablo otra vez. —Está bien, tú ganas... pero solo me iré porque tú me lo pides, no porque yo esté de acuerdo. ¿Okey?— Steve se puso serio y Max lo arremedo, copiando sus ademanes burlonamente. Él rodó sus pupilas y le dio un codazo suave en el brazo, reprimiendo la risa. Max dejó escapar una débil carcajada en voz baja, viéndolo a los ojos con gratitud. Steve significaba mucho para ella y le debía bastante. —Entonces... nos vemos después, trata de dormir un poco. Él te necesitará fuerte.— Señaló la habitación donde estaba Billy, alzando las cejas y juntando las comisuras de sus labios en una cálida sonrisa. Steve apretó su brazo y se alejó lentamente de su lado. Max se quedó cabizbaja, con la mirada perdida. Se puso su máscara de indiferencia, tratando de que él no se diera cuenta de sus verdaderas emociones. No quería que se fuera, pero sabía que era lo correcto. —¡Steve!— Lo llamó desesperada y él volteó hacia ella de inmediato. —¿Si?— Se quedó inmóvil, esperando a que hablara y Max aclaró su garganta. Ella alzó el rostro con determinación, dispuesta a hablar sin remordimiento. —Prométeme que ya no vendrás más hasta que las cosas se hayan calmado.— Le suplicó con sus grandes ojos azules y él se quedó cabizbajo. —No creo que...— Abruptamente, ella volvió a interrumpirlo desesperada. —¡Promételo!— Alzó la voz, con los ojos húmedos. Al verla así, él no tuvo más remedio que aceptar y asintió con la cabeza débilmente. Max fingió una sonrisa y Steve volteó una última vez antes de cruzar la puerta, agitando su mano lentamente en un adiós. Ella copió el mismo gesto tímidamente, observando cómo se alejaba de su lado hasta perderse de su vista finalmente.
Notas:
1 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)